(Vozyraschenie. Rusia, 2003)
Un bello y duro viaje a la infancia de dos hermanos
Desde el primero al último de sus fotogramas El Regreso no sólo nos fascina con el uso extraordinario de su fotografía (obra de Mikhail Kristman) sino que también nos atrapa irremediablemente con la fuerza psicológica de la historia que nos cuenta. Dos hermanos, uno de 12 años, Ivan, y otro de 14, Andrei, viven los umbrales de su adolescencia sin tener más recuerdo de su padre que el de una vieja fotografía, hasta que un día, éste regresa y comienza la desconcertante aventura de conocerse mutuamente.
Hacía tiempo que no me quedaba tan maravillado ante la pantalla por cómo están rodados cada uno de los planos, estudiados los encuadres, y el propio color de la película, en tonos azules, fríos, gélidos… de una belleza y preciosismo como decía al principio, cautivadores. Ya puede mostrarse un bello paisaje junto al lago Ladoga, que los interiores de una humilde casa de la era postsoviética, que el primer plano de uno de los protagonistas, todo ello es pura poesía cinematográfica en la ópera prima de Andrey Zvyagintsev. Y no destinado al mero ejercicio de deleitarnos plásticamente, sino de sumirnos más desconcertantemente en el ritmo lento de esta historia.
Galardonada con el León de Oro en el Festival de Venecia en el 2003 y nominada al año siguiente como Mejor Película Extranjera en los Globos de Oro, sus t
res protagonistas masculinos lograron el premio especial del Jurado del Festival de Cine de Gijón en 2003 junto al de mejor guión. Y es que junto a un logrado Konstantin Lavronenko en el papel de padre, en especial los dos jóvenes actores, Vladimir Garin e Iván Dobronravov bordan un difícil y duro papel en el que se profundiza en las relaciones tanto de hermanos como de padre e hijos. Desgraciadamente, dos meses antes de recibir el León de Oro, Vladimir Garin, el mayor de los hermanos, se ahogó en el mismo lago en el que se rodó parte de la película.
El Regreso tiene ciertos ecos de La Infancia de Iván (1962) ópera prima de Andrei Tarkovski, y de la obra de este director, sobretodo en el uso de la fotografía como puede ser un ejemplo también recomendable, Solaris (1972). Posee además una importante carga metafórica que incluye la caída del comunismo y la actual Rusia, el agua omnipresente, el valor, la semejanza de dos escenas con un retrato de Mantegna... y se presta a múltiples interpretaciones, casi tantas como revisiones se desee realizar.
Hacía tiempo que no me quedaba tan maravillado ante la pantalla por cómo están rodados cada uno de los planos, estudiados los encuadres, y el propio color de la película, en tonos azules, fríos, gélidos… de una belleza y preciosismo como decía al principio, cautivadores. Ya puede mostrarse un bello paisaje junto al lago Ladoga, que los interiores de una humilde casa de la era postsoviética, que el primer plano de uno de los protagonistas, todo ello es pura poesía cinematográfica en la ópera prima de Andrey Zvyagintsev. Y no destinado al mero ejercicio de deleitarnos plásticamente, sino de sumirnos más desconcertantemente en el ritmo lento de esta historia.
Galardonada con el León de Oro en el Festival de Venecia en el 2003 y nominada al año siguiente como Mejor Película Extranjera en los Globos de Oro, sus t
res protagonistas masculinos lograron el premio especial del Jurado del Festival de Cine de Gijón en 2003 junto al de mejor guión. Y es que junto a un logrado Konstantin Lavronenko en el papel de padre, en especial los dos jóvenes actores, Vladimir Garin e Iván Dobronravov bordan un difícil y duro papel en el que se profundiza en las relaciones tanto de hermanos como de padre e hijos. Desgraciadamente, dos meses antes de recibir el León de Oro, Vladimir Garin, el mayor de los hermanos, se ahogó en el mismo lago en el que se rodó parte de la película.El Regreso tiene ciertos ecos de La Infancia de Iván (1962) ópera prima de Andrei Tarkovski, y de la obra de este director, sobretodo en el uso de la fotografía como puede ser un ejemplo también recomendable, Solaris (1972). Posee además una importante carga metafórica que incluye la caída del comunismo y la actual Rusia, el agua omnipresente, el valor, la semejanza de dos escenas con un retrato de Mantegna... y se presta a múltiples interpretaciones, casi tantas como revisiones se desee realizar.














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