Cuando me han preguntado por mi actriz favorita, siempre he respondido lo mismo, que no puedo quedarme con una sola, que únicamente podría hacerlo con dos, una Ava Gardner y la otra, Deborah Kerr, de quien acaba de conocerse su fallecimiento este martes 16 de octubre a la edad de 86 años.
Nacida en Escocia en el año 1921 comenzó su carrera como actriz en su país a los 19 años, realizand
o una serie de títulos entre los que destacó sobremanera el melodrama Narciso Negro (1947) ambientado en el Himalaya, película que le supuso el pasaporte al estrellato.
Junto a otros actores británicos de su época como Stewart Granger o James Mason (con los que compartiría cartel en diversas ocasiones) dio el salto a Hollywood a finales de los años 40. Precisamente fue junto a Stewart Granger con quien protagonizó dos de las películas de aventuras más míticas de la historia del cine, donde encarnó el papel de heroína, en busca de Las Minas del Rey Salomón (1950) y El Prisionero de Zenda (1952). Entre medias, un papel en el que aún hoy sigue conquistando, el de Varinia en la superproducción Quo Vadis (1952), cuyo cartel enmarcado ha venido presidiendo mis diferentes mesas de trabajo desde hace varios años.
Pero no sólo lució su aureola de dama ideal, sino que también supo demostrar su valía interpretativa, oportunidad que le llegó al protagonizar la oscarizada
De Aquí a la Eternidad (1956), por la que obtuvo su segunda nominación y con la que dio un giro a su carrera, convirtiéndose en auténtica devoradora de hombres en los brazos de Burt Lancaster en la famosa escena de candente pasión en la playa (que hoy es visitada por los turistas en Hawai gracias a este reclamo), cuyo beso es considerado el más erótico de la historia del cine.
Junto a Cary Grant y a las órdenes de Leo McCarey, rodó una de las películas románticas más bellas de todos los tiempos Tú y yo, 1957 (que recomiendo encarecidamente y de la que salí encantado de la Filmoteca de Santander tras la disertación de Miguel Marías). Y justo al año siguiente, protagonizaría también junto a Burt Lancaster y David Niven una auténtica obra maestra en la adaptación de la obra teatral de Terence Rattigan, Mesas Separadas (1958). Su conmovedor papel de una hija solterona asfixiada po
r el carácter de su madre (Gladys Cooper), que encuentra en Niven (oscarizado por su papel) la persona con quien poder ser ella misma, le valió una nueva nominación, que sin embargo ese año lo obtuvo Susan Hayward.
Otros títulos señalados de esta gran actriz fueron la adaptación teatral Julio César (1953), el musical El Rey y yo (1956), el thriller de suspense Sombras de Sospecha (1961) en compañía de Gary Cooper, o el drama La Noche de la Iguana, (1964), esta última junto a Ava Gardner. Dio réplica a su compatriota David Niven en un buen número de títulos como Buenos Días Tristeza (1958), El Ojo del Diablo (1966), Casino Royale (1967) o Prudencia, Prudencia (1968). Nominada en seis ocasiones a la preciada estatuilla, sin embargo hubo de esperar al Oscar honorífico que le fue concedido en reconocimiento a su carrera en 1994.
Hoy le decimos adiós a esta mujer poseedora de una fina y distinguida elegancia que siempre supo estar tanto dentro como fuera de la gran pantalla, auténtica estrella para quienes llenaban las salas de cine en su época y de imborrable recuerdo para los que la hemos visto años depués.
Nacida en Escocia en el año 1921 comenzó su carrera como actriz en su país a los 19 años, realizand
o una serie de títulos entre los que destacó sobremanera el melodrama Narciso Negro (1947) ambientado en el Himalaya, película que le supuso el pasaporte al estrellato.Junto a otros actores británicos de su época como Stewart Granger o James Mason (con los que compartiría cartel en diversas ocasiones) dio el salto a Hollywood a finales de los años 40. Precisamente fue junto a Stewart Granger con quien protagonizó dos de las películas de aventuras más míticas de la historia del cine, donde encarnó el papel de heroína, en busca de Las Minas del Rey Salomón (1950) y El Prisionero de Zenda (1952). Entre medias, un papel en el que aún hoy sigue conquistando, el de Varinia en la superproducción Quo Vadis (1952), cuyo cartel enmarcado ha venido presidiendo mis diferentes mesas de trabajo desde hace varios años.
Pero no sólo lució su aureola de dama ideal, sino que también supo demostrar su valía interpretativa, oportunidad que le llegó al protagonizar la oscarizada
De Aquí a la Eternidad (1956), por la que obtuvo su segunda nominación y con la que dio un giro a su carrera, convirtiéndose en auténtica devoradora de hombres en los brazos de Burt Lancaster en la famosa escena de candente pasión en la playa (que hoy es visitada por los turistas en Hawai gracias a este reclamo), cuyo beso es considerado el más erótico de la historia del cine.Junto a Cary Grant y a las órdenes de Leo McCarey, rodó una de las películas románticas más bellas de todos los tiempos Tú y yo, 1957 (que recomiendo encarecidamente y de la que salí encantado de la Filmoteca de Santander tras la disertación de Miguel Marías). Y justo al año siguiente, protagonizaría también junto a Burt Lancaster y David Niven una auténtica obra maestra en la adaptación de la obra teatral de Terence Rattigan, Mesas Separadas (1958). Su conmovedor papel de una hija solterona asfixiada po
r el carácter de su madre (Gladys Cooper), que encuentra en Niven (oscarizado por su papel) la persona con quien poder ser ella misma, le valió una nueva nominación, que sin embargo ese año lo obtuvo Susan Hayward.Otros títulos señalados de esta gran actriz fueron la adaptación teatral Julio César (1953), el musical El Rey y yo (1956), el thriller de suspense Sombras de Sospecha (1961) en compañía de Gary Cooper, o el drama La Noche de la Iguana, (1964), esta última junto a Ava Gardner. Dio réplica a su compatriota David Niven en un buen número de títulos como Buenos Días Tristeza (1958), El Ojo del Diablo (1966), Casino Royale (1967) o Prudencia, Prudencia (1968). Nominada en seis ocasiones a la preciada estatuilla, sin embargo hubo de esperar al Oscar honorífico que le fue concedido en reconocimiento a su carrera en 1994.
Hoy le decimos adiós a esta mujer poseedora de una fina y distinguida elegancia que siempre supo estar tanto dentro como fuera de la gran pantalla, auténtica estrella para quienes llenaban las salas de cine en su época y de imborrable recuerdo para los que la hemos visto años depués.














1 comentarios:
Siempre resulta doloroso para los amantes del cine clásico, la muerte de una de sus celebridades.
Yo solo soy una iniciada en el tema y por ello, aún solo he visto a Deborah Kerr en "De aqui a la eternidad", una película extraordinaria y con la que siempre recordaremos a esta actriz por la archiconocida escena del beso con Burt Lancaster.
Mi más sentido pésame, José Luis.
Publicar un comentario en la entrada