domingo, 14 de octubre de 2007

Fracture


Fracture
(Fracture. USA, 2007)
-estreno en cines el próximo 19 de octubre-

Ryan Gosling y Anthony Hopkins frente a frente

El próximo viernes día 19 llega a nuestras pantallas este thriller judicial bastante solvente cuyo principal atractivo radica en poder ver el duelo interpretativo entre el joven Ryan Gosling y Sir Anthony Hopkins. Y digo duelo no sólo porque compartan protagonismo sino porque además disputan un auténtico juego de ajedrez legal y psicológico de principio a fin del metraje.

El veterano Anthony Hopkins, quien se desenvuelve a la perfección y casi sin esfuerzo en este tipo de papeles un tanto dementes, da vida a un ingeniero de estructuras, Ted Crawford, que ante el engaño que sufre por parte de su esposa con un negociador de la policía, decide llevar a cabo el crimen perfecto. Su mirada, sus siempre cuidados gestos y su voz acostumbran a ser creíbles y dignos siempre de ser disfrutados, junto a en este caso una fina y estudiada ironía.

Por otro lado la réplica se la da el joven canadiense Ryan Gosling, a quien la mayor parte del público conocerá por protagonizar el drama romántico El Diario de Noa (2004), a partir del cual ha realizado distintos papeles en pequeñas producciones, una de las cuales, Half Nelson (2006), donde interpreta a un profesor de historia con problemas de drogadicción, le ha llevado a ser nominado a los Oscar este año. En Fracture se mete en el papel de William Beachum, un joven ayudante de la oficina del fiscal, competente, astuto y ambicioso, que sabe siempre elegir bien sus casos. Un auténtico ganador.

El resto del reparto lo componen un cada vez más en boga David Strathairn (del que ya hablé en We Are Marshall) en papeles secundarios como este de fiscal Joe Lobruto, y Rosemund Pike (una de las hermanas Bennet en Orgullo y Prejuicio (2005) como la dura y pragmática miembro de una firma de abogados.

A veces puede pensarse que todo está ya muy visto en este tipo de películas y en este sentido habrá para todo tipo de opiniones. Sin embargo, Hopkins y Gosling consiguen hacérnoslo olvidar, el guión en este caso no es del todo predecible, y apunta a lo largo de la trama a las diferencias existentes entre trabajar para el ministerio público o hacerlo en un gran bufete de abogados. Además tiene ciertos toques de humor como cuando vemos a Gosling presentarse por primera vez en los juzgados.