viernes 2 de noviembre de 2007

La Jungla en Armas

La Jungla en Armas

(The Real Glory. USA, 1939)


Aventura con Gary Cooper en la Edad de oro de Hollywood

La década siguiente a la Gran Depresión del 29, hizo prosperar en las pantallas de cine las comedias y las películas de aventuras en un claro intento de evasión y búsqueda de entretenimiento. Estas últimas fueron de lo más variadas. Las que trasladaban al público a tiempos pretéritos, ya fuese en los bosques de Sherwood, en la corte de Isabel I o a bordo de barcos piratas que surcaban los océanos, las conocidas como películas de “capa y espada”, con el jovial y atlético Errol Flynn como principal baluarte, del que anoche vi El Señor de Ballantrae (1953). Por otro lado las ambientadas en los tiempos presentes, bien fuera en el Pacífico, en África o en la India. Aparte del extenso campo de posibilidades que por supuesto ofrecía el western. Pero el género y el prototipo de héroe de toda una época lo encarnó mejor que nadie, Gary Cooper.

Filmada en el año 1939, y con un reparto de lujo encabezado por el propio Cooper (en un momento álgido de su carrera) junto a David Niven, Broderick Crawford, Reginald Owen y Andrea Leeds, esta película que rondaba recurrentemente la televisión española las tardes de los sábados en las décadas de los años 80 y 90, todavía hoy gracias a un ritmo muy logrado, no ha perdido ni un ápice de su atractivo original.

La Jungla en Armas es una de esas obras que pone de manifiesto la maestría de directores como Henry Hathaway a la hora de rodar una película de aventuras. Director estrella de la Paramount que dominaba el género a la perfección, a él le debemos títulos tan emblemáticos como Niágara, El Príncipe Valiente, Los Cuatro Hijos de Katie Elder o Valor de Ley. El director y Cooper ya habían trabajado antes en otro título de aventuras, magistral y de gran éxito cuatro años antes, Tres Lanceros Bengalíes (8 nominaciones a los Oscar, incluidos mejor película y director) el cual puso de moda toda una serie de películas ambientadas en las colonias, principalmente en la India. La Jungla en Armas, es una de esas películas coloniales que sin estar a la altura de aquella, sin embargo posee muchas de sus características.

Basada en la novela de Charles L. Clifford y producida por Samuel Goldwyn, la acción nos sitúa en Filipinas en el año 1906, cuando el mando norteamericano ha decidido que sus tropas abandonen el territorio de Mindanao, incluida la aldea de Mysang, donde queda un reducido grupo de 4 oficiales, que se refuerza con la presencia de un médico, el doctor Canavan (Cooper). El propósito es que las tropas nativas asuman el control de la isla emancipándose de la presencia estadounidense. Sin embargo el reto parece bastante difícil ante la inexperiencia de los filipinos y el terror que le tienen a los moros que rondan las islas comandados por el malvado Alipang. El Doctor Canavan, al llegar a la isla se reencuentra con dos viejos amigos (Niven y Crawford) con los que competirá por ganar la atención de la hija del capitán Hartley (Andrea Leeds). Precisamente es en presencia de esta actriz cuando asistimos a la escenas más intimistas dentro de la trama, bastante bien logradas.

En esta película de entretenimiento sin muchas pretensiones, Hathaway logra salvar el material con que cuenta imprimiendo rapidez y agilidad tanto en el desarrollo del guión y la acción, como en la presentación de los personajes, acompañado por una buena puesta en escena que no carece eso sí, de elementos propios de la inocencia de la época (los malos son muy malos, se talan árboles y se construyen balsas en menos que canta un gallo…). Gary Cooper se desenvuelve en uno de sus mejores papeles como hombre valiente y decidido, con notables toques de humor, pocas veces ha estado tan bien en su papel de héroe abnegado ante la adversidad que ha de salvar al grupo, imagen en la que le acompañan llegando incluso más lejos en su entrega, Niven y Crawford. (Ese mismo año 1939 Cooper rodaría otro título mítico del género, Beau Geste, de nuevo en el papel de legionario en el Norte de África).
En este caso, Hollywood buscó uno de los pocos territorios de ultramar donde había presencia norteamericana, Filipinas. Y situó la acción en 1906, cuatro años después de haber finalizado al menos oficialmente, el conflicto Filipino-Estadounidense, el cual se había iniciado en 1899 después de finalizar la Guerra Hispano-Estadounidense (1898). Los filipinos, tras liberarse de la dominación española, habían visto como esta era sustituida por el poder de quien inicialmente se había presentado como liberador, Estados Unidos. La Guerra, aunque finalizada en 1902 se prolongaría por medio de guerrillas hasta 1913 y la ocupación hasta 8 años después de rodarse la película, en 1946. La Jungla en Armas obvia todo esto, plantea una convivencia idílica y presenta como única amenaza de la paz garantizada por los Estados Unidos a los moros (musulmanes) caracterizados como feroces, sanguinarios y traicioneros (Datu y Alipang son buena prueba de ello). Los musulmanes poblaban sobretodo las islas del sur, y siempre presentaron resistencia (hasta 1996 ha existido un Frente Moro de Liberación Nacional) en el único país cristiano y católico del Lejano Oriente, hecho que sí queda reflejado a través del padre Rafael, quien ante la marcha de los soldados estadounidenses proclama “Los que vamos a morir te saludan”, enlazando con la necesidad de la presencia norteamericana, algo muy común en estas películas coloniales que de algún modo justifican la benigna presencia extranjera de la metrópoli.

A pesar de ser ejemplo de dudosa rigurosidad histórica, cinematográficamente es una película muy agradable de ver, mezcla de aventura, drama y un certero buen humor en diálogos y diversas situaciones vividas por sus carismáticos protagonistas, todo ello bajo los acordes de una banda sonora compuesta por Alfred Newman al viejo estilo, de gran viveza, subrayando cada uno de los estados anímicos del guión.