domingo, 2 de diciembre de 2007

El General De La Rovere


El General De La Rovere

(Il Generale Della Rovere. Italia, 1959)

-En recuerdo de Jesús Rebollo Álvarez-Amandi-


Una visión amable de cómo el bien y el mal conviven en el hombre

Galardonada con el León de Oro de Venecia de 1959, El General De La Rovere es una de esas películas que profundizan como pocas en el conocimiento del comportamiento del hombre, y lo hace dentro de un escenario como la guerra, en el que los seres humanos revelan su verdadera condición cuando son puestos ante el reto último y capital de la supervivencia.

La acción de la película nos sitúa en Génova en el año 1943, la Segunda Guerra Mundial ha entrado ya en su cuarto año. Los aliados han desembarcado en el sur de Italia, pero el norte aún se encuentra bajo el control fascista gracias al ejército alemán, que controla y defiende palmo a palmo el territorio. La resistencia y la oposición al gobierno de Mussolini es cada vez mayor. Victorio Emanuele Bertone es un hombre que, ajeno a cuestiones políticas juega con la desesperación de quienes tienen preso algún familiar o ser querido. Haciéndose llamar Coronel Grimaldi se presenta como el mediador que a cambio de importantes sumas de dinero puede lograr la ansiada libertad, impedir la temida deportación a Alemania o evitar el fusilamiento. Su gran improvisación y teatralidad lo convierten en el perfecto embaucador que no puede remediar apostarse el proverbial dinero en el juego, una vez tras otra. Hasta que un coronel alemán ve la posibilidad de darle utilidad a sus dotes de comediante, haciéndole pasar por el verdadero General De La Rovere. Y hasta aquí puedo contar…

La historia de este film está basada en una historia real que adquirió la forma de relato por obra de Indro Montanelli, un periodista emblemático del siglo XX (premio Príncipe de Asturias en 1996), uno realmente independiente, de los de verdad, de los de entonces. Durante la II Guerra Mundial por su oposición al fascismo estuvo encarcelado en la cárcel de San Vittore, en Milán (donde se sitúa gran parte de la película) y fue allí donde conoció la historia del General de la Rovere, la cual retrató.

Y fue esta historia la que de la mano de dos genios vería la luz en la gran pantalla en el año 1959. Roberto Rosselini, era uno de los directores que habían liderado una nueva corriente cinematográfica en Italia, el Neorrealismo, el cual, desprendido de todo ornamento artificioso, sirviéndose del blanco y negro, y utilizando los escenarios reales, había retratado la vida y las miserias del ser humano tanto durante la contienda como en la posguerra, adquiriendo sus obras un fuerte compromiso social. Su obra Roma, Ciudad Abierta (1945) obtuvo un rotundo éxito a nivel mundial y marcó la senda del movimiento, en el que Rosselini volvería a tratar la crudeza de la posguerra, esta vez a través de las desventuras de un niño en Alemania, Año Cero (1947). El General de la Rovere (1959) es la película con la que cierra esta etapa, adentrado ya en el mundo de la televisión. Y para protagonizar el papel principal, el del impostor Bertone que habrá de suplantar al verdadero General, contó con otro de los grandes realizadores del Neorrealismo italiano, el gran Vittorio de Sica (director de obras como El Ladrón de Bicicletas o Milagro en Milán). De Sica compone aquí un papel rico en matices, verosímil tanto en su faceta de hombre que comercia con la desgracia ajena, jugador empedernido, como en la de héroe de la resistencia italiana al fascismo y los alemanes, probablemente el más célebre de toda su carrera.

El dramático final de la Italia fascista de Benito Mussolini

En el período de entreguerras (el que va desde el final de la I Guerra Mundial en 1918 hasta el comienzo de la Segunda, 1939) en Europa surgieron los fascismos, los cuales aprovecharon el descontento popular y la crisis de las incipientes democracias para en algunos casos lograr alcanzar el poder, dando lugar a estados autoritarios. El primero de los mismos fue el fascismo italiano de Benito Mussolini, que a partir de 1922 (cuando el Rey le entregó el poder) serviría de ejemplo a todos los demás. En 1939 Italia entró en la II Guerra Mundial junto a su aliada Alemania. Italia combatió principalmente en el Norte de África y en la región de los Balcanes. Desde el principio se evidenció su inferioridad militar frente a los aliados, por lo que precisó de la constante ayuda alemana. Entre 1942 y 1943 la evolución de la contienda experimentó un giro a favor de los aliados, quienes en el verano del 43 desembarcaron en Sicilia y el Sur de Italia. El 23 de julio de ese año, el Consejo General Fascista y el Rey destituyeron a Mussolini, se nombró al General Pietro Badoglio nuevo presidente del gobierno y el 8 de septiembre se hizo pública la firma del armisticio con los aliados. Fue en ese momento cuando el ejército alemán ocupó toda Italia (salvo la parte controlada por ingleses y americanos) para evitar que cayera en manos aliadas y restituyó a Mussolini en el poder, al frente de la que sería la República Social Italiana o también conocida como República de Saló (por residir su gobierno en esta localidad).

El relato de Montanelli y Rosselini nos traslada a esos días en que podemos escuchar al coronel Mueller referirse a cómo los napolitanos han expulsado a los alemanes de su ciudad y los romanos tampoco les quieren. Es el ejército alemán el que verdaderamente soporta y ejerce el poder en Italia, pues los fascistas no son capaces de hacerlo. Los italianos no desean combatir por algo en lo que ya no creen y son arrestados por ello (la República Social Italiana apenas logró formar 4 divisiones a base de reclutas, en su mayoría forzosos). Unos italianos que nunca fueron muy apreciados por sus socios de la Alemania nazi, y que a estas alturas de la contienda, no merecen siquiera ya su confianza, pero les necesitan, como indica un carcelero. En el norte, los partisanos combaten tanto a los ocupantes alemanes como a los últimos vestigios del Partido Fascista, a cuyos miembros, las brigadas negras, podemos ver en la parte final del film. Ambos, partisano
s y desertores, son fusilados o encarcelados junto a disidentes políticos, que llenan cárceles como la de San Vittore en Milán, donde se practica la tortura. La muerte de mandos alemanes o italianos se salda con cruentas represalias entre la ciudadanía y los opositores. Es el principio del fin de un régimen que agoniza, lo oímos por la radio, los aliados han desembarcado en Anzio (al sur de Roma, 22 de enero de 1944), cada vez están más cerca.

Luces y sombras de héroes de carne y hueso

Pero ello no pone fin a las miserias de la gente sencilla. La bella fotografía en blanco y negro con sus luces y sus sombras nos permite hacer un recorrido por un país en ruinas (en esta ocasión Rosellini no pudo rodar en los lugares tal y como quedaron al final de la guerra, pues habían sido reconstruidos y utilizó decorados de Cinecitta). Una Italia oscura, como lo son sus calles y sus edificios, o la misma prisión, sobre los que se abate la miseria y la muerte, también (ambigüedades de la vida) bajo los bombardeos de los propios aliados. Esas luces y sombras de la fotografía igualmente alcanzan a los propios seres humanos, pues la película al fin y al cabo nos muestra como hasta aquellos que no parecen pensar más que en si mismos, quienes son caracterizados por sus acciones viles y cobardes, también pueden ser capaces de los gestos más nobles y con ello redimirse de sus pecados. Y es que los héroes, como en Lawrence de Arabia, a veces son personas sencillas, llenas de aristas y claroscuros, con sus virtudes y sus defectos. Y en mi opinión, Rosellini cree aún entre tanta miseria, en el hombre.

Si se me permite, incidiré en algunas escenas que realmente son extraordina
riamente emocionantes. Cuando Vittorio de Sica entra por primera vez en su celda y comienza a leer lo que sobre sus paredes han dejado grabado sus últimos ocupantes, cuatro jóvenes, antes de ser fusilados. El bombardeo seguido desde el interior de la prisión de San Vittore (para mí el clímax de la película) que siembra el miedo y el desconcierto. O cuando el falso General De La Rovere lee la carta dirigida al verdadero por la mujer de aquél.

Pero hay algo más, y con ello finalizo. Para los personajes de la película parece haber una clara diferenciación entre el bien y el mal. En esa guerra está perfectamente definido, y es eso lo que por ejemplo al humilde barbero de la prisión le da valor y coraje, saber que está luchando, como
él mismo dice, por un mundo mejor.

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Un año sin Jesús

Este miércoles día 5 de diciembre se cumplirá un año de la muerte de un buen amigo, de una de esas personas que no pasan desapercibidas porque su trato te marca y no lo olvidas. Jesús se fue casi repentinamente a sus 65 años en plena flor de la vida, con la mente lúcida, un corazón henchido de amor por su mujer, Susan, y con todas las ganas y el gusto del mundo por leer, pintar, charlar, nadar o viajar.
Un hombre culto como pocos, con el don de la palabra a través de esa voz grave, elegante e inconfundible que destacaba siempre entre las demás. Un hombre que en los delicados tiempos de la Transición española, desde su puesto de Gobernador Civil de Tenerife, entre 1978 y 1981, se esforzó con su tolerancia y su capacidad de diálogo en contribuir a que la democracia fuese una realidad para España. Todavía hoy, gracias a su facilidad para hacer amigos, le recuerdan con cariño en la Isla. Sin duda fue uno de esos hombres típicos de la Transición que la hicieron posible. Más tarde además de desarrollar su trabajo en RENFE llegaría incluso a ser profesor de la Universidad de Cantabria. Compartí con él muchas tardes de trabajo juntos (incluido un Día de Navidad de 1994, yéndonos los dos hasta el Diario Montañés), recuerdo que la tarde de los jueves me escapaba recurrentemente de clase para trabajar junto a él una nota de prensa o una tribuna para nuestro querido CDS, porque Jesús siempre encontraba la frase adecuada y el argumento más idóneo.
Años más tarde, una noche de verano, mientras cenábamos junto a otro amigo, nos recomendó una película, cuyo personaje, un simple estafador (interpretado por Vittorio de Sica) al ponerse en la piel de otro personaje y ser confundido con él, acababa adquiriendo su misma nobleza e integridad. No sé si El General De La Rovere sería su película preferida, pero sí la única que me recomendó con especial insistencia.