domingo, 25 de noviembre de 2007

La Lengua de las Mariposas


La Lengua de las Mariposas

(La Lengua de las Mariposas. España, 1999)

-Autor: José Luis Urraca Casal-

El despertar de un niño al mundo de los mayores
Pocas veces hemos asistido en el cine a historias tan sumamente bellas y al mismo tiempo tan tristes como la protagonizada en La Lengua de las Mariposas por un niño que se estrena en el campo de la actuación (Manuel Lozano) y un actor en el otoño de su vida en el que sería uno de sus últimos papeles (Fernando Fernán Gómez).

Esa combinación de inocente infancia y experimentada senectud nos ha brindado títulos memorables en la historia reciente del cine, como las parejas formadas por Alain Cohen y Michel Simon en los tiempos de la ocupación nazi de Francia en El Viejo y el Niño (1967); Pelle Hvenegaard y Max von Sidow en la conmovedora y oscarizada película sueca sobre la pobreza y la dignidad Pelle el Conquistador (1987); Sebastián Ryce-Edwards e Ian Bannen en la vida de un niño y su familia durante los bombardeos alemanes sobre Londres, en la recta final de Esperanza y Gloria (1987); y Salvatore Cascio y Philippe Noiret en esa historia también galardonada con el Oscar sobre el propio cine en un pueblecito italiano visto desde los ojos de un niño de Cinema Paradiso (1988).

En La Lengua de las Mariposas, Moncho, un niño que no ha acudido nunca al colegio debido al asma que padece y en su lugar ha ido siendo educado por sus padres, asiste por primera vez
a la escuela de un pueblo gallego. Su primer día de clase acaba casi antes de empezar ante las burlas de sus nuevos compañeros, pero a partir de ese momento, comienza a entablar una gran amistad con Don Gregorio, el viejo maestro, quien imbuirá en él un espíritu ávido por conocer y aprender.

El director José Luis Cuerda, de nuevo lleva al cine una historia ambientada en la Galicia rural (ya lo hiciera en El Bosque Animado), basada esta vez en la unión de una serie de relatos del libro ¿Qué, me quieres amor? de uno de los más importantes autores gallegos, Manuel Rivas (La Lengua de las Mariposas, Un Saxo en la Niebla y Carmiña), los cuales son adaptados al guión por el más insigne de nuestros guionistas, Rafael Azcona, quien ha escrito importantes títulos como Plácido (1961), El Verdugo (1963), La Escopeta Nacional (1978), La Vaquilla (1985), Ay Carmela (1990), Belle Époque (1992) o El Rey del Río (1995) a las órdenes de consagrados directores como Berlanga, Saura, Trueba o Gutiérrez Aragón.

El niño y el maestro

Aunque la historia se desarrolle en un pequeño pueblo gallego y en un reducido marco temporal, la primavera y el comienzo del verano de 1936, son muchos los contenidos reflejados en el guión (incluidas las fotografías en blanco y negro de los títulos de crédito iniciales) que nos permiten conocer diferentes aspectos de la España de la época en múltiples vertientes, sociales y políticas. Moncho (gorrión) un niño lanzado de pronto a conocer la vida que le rodea, encuentra en el maestro un pozo de sabiduría que le abre las puertas a un mundo de conocimientos que le cautiva y no deja de sorprender, un maestro que no pega (como pegaban los de su padre y su hermano mayor), al contrario, utiliza el razonamiento y la palabra; un maestro (inspirado en la figura de Antonio Machado) que trata de inculcar en sus alumnos el gusto por aprender, y no sólo dentro del aula, sino también experimentando sobre el terreno, visitando la naturaleza; que les enseña a convivir y a pensar como auténticos hombres libres (prototipo del modelo de educación de la Institución Libre de Enseñanza que fue adoptada por la II República). Uno de esos maestros que como dice el padre de Moncho “son las luces de la República”.

Galicia como escenario de la II República y las dos Españas

La II República (1931-36) es el marco en que se desenvuelven los personajes de la historia y en sus caracterizaciones quedan reflejadas tanto determinadas figuras del momento como las diversas sensibilidades hacia el nuevo sistema republicano. Ya hemos hablado de la figura del maestro, a la que el régimen franquista castigó y represalió duramente tras la guerra por su significación republicana. Otra de ellas, es el señorito o cacique del pueblo, figura característica de las décadas anteriores, representante de la oligarquía local, que con la llegada de la República vio limitado su poder. El párroco, otro poder local, quien le espeta al maestro que sus enseñanzas alejan a Moncho de la religión (durante la II República se secularizó la enseñanza al tiempo que se estableció su obligatoriedad y su gratuidad) exponente de esa España profundamente católica que el gobierno republicano con muchas de sus medidas y afirmaciones no supo integrar, convirtiéndose en antagonista primero y en enemiga después. La división podemos hallarla en la propia familia de Moncho: su padre, el sastre, es republicano convencido, seguidor de Azaña (presidente de la República), mientras que su madre, fiel devota, mantiene una actitud recelosa (“ya veremos adónde va a ir a parar la República”) y vive temerosa por la significación política de su marido (en una secuencia la vemos advertirle sobre la presencia de la Guardia Civil). La escena de la fiesta de carnaval, es una muestra de fiesta pagana y secular, que sería suprimida posteriormente por la España nacional.
La Lengua de las Mariposas también alude a diversos acontecimientos. A una mujer a la salida de misa la oímos referirse con preocupación a la quema de conventos (desde 1931 hasta 1936 fue recurrente la quema de iglesias y conventos). Otra recuerda que es la República la que ha traído el voto para la mujer (España reconoce este derecho en 1931, antes que Francia o Italia, ambas en 1945). La radio es el medio por el que asistimos al tenso debate en el Congreso de los Diputados del 16 de junio de 1936 entre Casares Quiroga (presidente del Gobierno), Gil Robles y Calvo Sotelo (parlamentario conservador que será asesinado al mes siguiente), fiel reflejo de la situación de enfrentamiento de las dos Españas dentro de la República, marcando un punto de inflexión en la trama de la película, a partir del cual se desatan los instintos y pasiones más bajos del ser humano.

No desvelaré más del argumento de esta película que se desarrolla en Galicia, donde el bando nacional se sublevó a raíz del 18 de julio de 1936 y se hizo con el control sin apenas oposición, tan sólo tres días después de haberse entregado en el Congreso de los Diputados su Estatuto de Autonomía, el cual había sido refrendado mayoritariamente por los gallegos, con 1.000.963 de votos a favor y 6.171 votos en contra. Los sucesos que vemos acontecer tuvieron réplicas idénticas en toda la geografía española, donde los sublevados planearon una actuación contundente para eliminar cualquier tipo de oposición o resistencia, civil o militar. Posteriormente les seguirían episodios similares protagonizados por partidarios del bando republicano.

El Reparto

Para el papel de Moncho se realizó un casting entre más de dos mil niños, siendo seleccionado finalmente Manuel Lozano en el que sería su debut como actor (al año siguiente encarnaría al niño de You´re the One). Su cara o por mejor decir, sus caras, en esta película son un auténtico poema infantil. Junto a él el reparto se completa con Uxía Blanco, Gonzalo Uriarte, Guillermo Toledo, Tamar Novoas o Eduardo Gómez (el padre del portero de Aquí no hay quien viva). Y por último, en esta historia donde además de ver reflejados valores como la amistad o el descubrimiento del primer amor al son del saxofón en el devenir de una orquesta por las fiestas de los pueblos, se alza la figura de Fernando Fernán Gómez en uno de sus papeles más profundos y emblemáticos. Representando un hombre firme defensor de las luces de la razón que han de iluminar a España y los españoles pero que choca con la tradición y los propios españoles, que guarda cierta semejanza con el interpretado en Esquilache (1989) y de cuyo diálogo con Manuel Lozano en La lengua de las Mariposas cito aquí lo que bien pudiera reflejar lo sucedido tanto en la película como en la historia real.

Moncho: Cuando uno se muere, ¿se muere o no se muere?
Don Gregorio: ¿En su casa qué dicen?
Moncho: Mi madre dice que los buenos van al cielo y los malos al infierno.
Don Gregorio: ¿Y su padre?
Moncho: Mi padre dice que de haber juicio final los ricos irían con sus abogados pero a mi madre no le hace gracia.
Don Gregorio: Y usted qué piensa.
Moncho: Yo... tengo miedo
Don Gregorio: Es usted capaz de guardar un secreto… pues en secreto, ese infierno del más allá no existe… el odio, la crueldad, eso es el infierno… a veces el infierno somos nosotros mismos.

Autor: José Luis Urraca Casal. Licenciado en Historia por la Universidad de Cantabria. Para www.unmundodecine.com

Otros enlaces recomendados en Un Mundo de Cine:

· Los Girasoles Ciegos (José Luis Cuerda, 2008)
· You're the one (José Luis Garci, 2000)
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sábado, 24 de noviembre de 2007

Las Aventuras amorosas del Joven Molière


Las Aventuras Amorosas del Joven Molière
(Molière. Francia, 2007)
- En Cines de toda España. Santander: Cines Groucho -

Un elegante e ingenioso compendio de comedia y romance

Es un poco triste que películas europeas bien realizadas y de gran éxito dentro de su país, cuando llegan al nuestro se estrellan con un gran desconocimiento, unos gustos demasiado estereotipados y frente a la mayor publicidad que disfrutan las grandes superproducciones norteamericanas. Y las distribuidoras, conscientes de ello, condenan su exhibición, como es el caso de Moliére, a un número limitado de salas y tiempo en cartel.

Molière (en España se ha añadido la ilustrativa a la vez que más “atractiva” introducción de Las Aventuras Amorosas del Joven), sigue la senda de notables producciones que como la oscarizada Shakespeare in Love
(1998), han buceado en la vida y obra de grandes autores clásicos para contarnos historias de amor. Este mismo año asistíamos a la española Miguel y William (sobre Shakespeare y Cervantes), y tiempo atrás, de la mano de Pilar Miró, a El Perro del Hortelano, aunque quien revitalizó y puso de moda el lenguaje de los clásicos fue la también oscarizada y llena de ingenio obra de Jean Paul Rappeneau, Cyrano de Bergerac en 1990.

Su excelente reparto, en el que destaca tanto su principal protagonista, Romain Duris (quien lleva el mayor peso y realiza un gran trabajo en el papel de Molière) como el resto de actores, considero que es quien logra imprimirle mayor brío a la historia. Fabrice Luchine (ganador del premio a mejor actor del Festival de Cine de Moscú por esta película) aporta la ingenuidad y torpeza necesarias que convierten al burgués Monsieur Jourdain en un personaje cómico emblemático en Molière). Laura Morante con una belleza serena, creíble como madre, esposa y amante. Edouard Baer, resulta un miembro de la nobleza graciosamente cínico, hipócrita y aprovechado como Dorante. Ludivine Sagnier como Celimene, atractiva e ingeniosa. La historia en sí habrá a quien le parezca que se alarga en su desarrollo más de lo debido (a mi desde luego que no) y el guión está escrito con ingenio en cada una de sus frases, desarrollándose la historia a través de elegantes interiores de palacio (con buena fotografía) y bucólicos jardines del XVII. El colorido vestuario de los personajes así como de la propia banda sonora (obra de Frédéric Talgorn)
que aporta viveza a la narración, terminan por conformar una historia que en sí es un tanto ligera hasta la mitad de su metraje, cuando el argumento empieza a cuajar, terminando por cautivar en su recta final, y cómo no, logrando emocionarnos.

La película nos traslada a parís en el año 1657, Molière regresa a la capital de Francia después de varios años recorriendo con su compañía los pueblos de provincias. Ahora va actuar para la Corte, pero a pesar de su éxito, el autor se muestra apesadumbrado porque no quiere seguir representando comedia, género para él inferior a su confesada pasión, la tragedia. Es en ese punto cuando retrocedemos 13 años en el tiempo, a los de sus orígenes como actor, los de sus 22 primaveras, momento en el que su horrible representación de un drama es interrumpida por unos alguaciles que lo detienen debido a las deudas que acarrea. Ya en prisión, el joven artista recibe una nada desdeñable proposición para escapar de ésta, poner su intelecto al servicio de un rico burgués enamorado.

Jean-Baptiste Poquelin,
conocido como Molière, (su pseudónimo) es (junto a Corneille y Racine) el dramaturgo más insigne de la Francia del siglo XVII, considerado el padre de la Comedia Francesa. En 1643 se une a la Compañía que vemos en la película, la del Ilustre Teatro, de la que se convertirá en director al siguiente año. En carcelado por sus deudas, durante un tiempo no se sabe nada de su vida, espacio que ha aprovechado el guión para construir su propia historia sobre lo que ocurrió. Cuando reaparece, sus tragedias no encuentran gran aceptación, no así sus farsas (a las que traslada los temas que le preocupan), en las que también destaca por su voz y su expresividad como actor, algo que logra transmitirnos el propio Romain Duris en la piel del comediógrafo.

Un reflejo de la obra de Molière y el Antiguo Régimen

Pues bien, aunque la presente historia es un puro ejercicio de invención, este se realiza sobre la base de los argumentos de las obras por las que posteriormente adquiriría fama, las cuales, eran una pura crítica a algunas de las costumbres de la sociedad de la época, satirizando sus prejuicios sociales (Y tenía el valor de representarlas ante el propio Luis XIV). Por ejemplo, el personaje de Monsieur Jourdain (un espléndido Fabrice Luchini) recuerda a El Burgués Gentilhombre, una comedia-ballet en la que se ridiculizaba a un ingenuo y enriquecido burgués que aspiraba a ennoblecerse y llegar ser recibido en la Corte. Preparándose para tal día, en la película le vemos dedicarse al aprendizaje del arte de la pintura, la esgrima, la música, el baile, la equitación… Por otro lado, Edouard Baer encarna con gran cinismo a otro de los protagonistas de la comedia, un noble sin blanca que se aprovecha de la ingenuidad y las aspiraciones del burgués para estafarlo. Los Enredos de Scapin, se vería reflejada en los propios enredos que aquí el personaje de Molière obra para favorecer a los jóvenes enamorados, y en el hecho de que en la época no podía contraerse matrimonio sin el consentimiento paterno. Y cómo no, la obra posiblemente más transcendente y prohibida en su época, El Tartufo, nombre que adopta en la película el personaje de Molière bajo la sotana de un sacerdote que encubre bajo la encomienda de ser guía espiritual de la hija del burgués, su verdadero cometido. Torpe y simulando una gran devoción, sin embargo a través de sus lecciones de moral y las palabras del burgués, se nos refiere la influencia de la Iglesia (en la Corte) de la época y algunas de sus posturas, como la referente al teatro. Y por último, Celimene (la marquesa culta pero frívola) nos recordaría las nobles que Molière retrató en Las Preciosas Ridículas.

Edouard Baer, en su papel de Dorante, realiza una fina interpretación que representa el estereotipo de noble, que en el Antiguo Régimen no podía dedicarse a realizar trabajos manuales, con lo cual, no realizaba tareas productivas (vivía de rentas) y sin embargo era quien detentaba los privilegios y el poder. (Es genialmente cómica la cara del noble y su reacción cada vez que su hijo habla de actividades fabriles o mercantiles, a quien le espeta “el dinero no se gana trabajando, sino casándose”). Mantener el lujoso tren de vida al que estaban acostumbrados (Versalles es la Corte suntuosa de Luis XIV que deslumbra como rey Sol) conllevaba grandes gastos, y aquí Dorante, al que no le deben de llegar sus rentas, necesita dinero y se aprovecha del burgués Jourdain. Este último por el contrario, perteneciente a la burguesía enriquecida con la industria y el comercio (tiene unos talleres de telares) sin embargo aspira a ennoblecerse. La película también nos muestra algo habitual, los matrimonios convenidos sin importar la voluntad de los hijos. Dorante ve una mina de oro en el casamiento de su hijo con la hija del burgués y Jourdain por otro lado un título en el enlace.

miércoles, 21 de noviembre de 2007

Fallece Fernando Fernán Gómez


Fallece Fernando Fernán Gómez
La figura del Cine español con más Goyas en su haber

A las 18.00 horas de hoy ha fallecido el actor Fernando Fernán Gómez tenía 86 años y había rodado casi 200 películas, entre las que destacan El espíritu de la colmena (1973), Mamá cumple cien años (1979), El Viaje a Ninguna Parte (1986), Esquilache (1988), Belle Epoque (1992), El abuelo (1998), Todo sobre mi madre (1999), La lengua de las mariposas (1999) o Tiovivo c. 1950 (2004). Figura clave del cine español, escritor, actor, novelista, director de teatro y de cine, había recibido el Premio Príncipe de Asturias de las Artes en el año 1995.
Su sóla presencia otorgaba prestigio a cualquier producción que se preciase, era y seguirá siendo una de las figuras más representativas del cine español. Nacido en Lima durante una gira de su madre (la actriz Carola Fernán Gómez) por Iberoamérica, en el año 1921, fue inscrito en el Consulado de Buenos Aires, conservando la nacionalidad argentina hasta 1970.
Comenzó actuando sobre las tablas del teatro en la década de los años 40, siendo auspiciado por el autor Jardiel Poncela, para poco después emprender sus primeros pasos en el cine en papeles secundarios.
Casado en 1947 con la actriz y cantante María Dolores Pradera, compartiría con ella protagonismo en diversos títulos como Es peligroso Asomarse al Exterior (1946), Los habitantes de la Casa Deshabitada (1946), Embrujo (1947), Tiempos felices (1950) y Vida en Sombras (1952).
Ya en los años 50 inició su carrera como director de cine, con títulos como La vida por Delante (1958) , junto a Analía Gadé y sería en 1985 cuando llevó al cine una de sus obras, El Viaje a Ninguna Parte, a la que seguirían entre otras Mambrú se fue a la Guerra, y El Mar y el Tiempo, protagonizada por él mismo.
Casado durante sus últimos años con la igualmente actriz, Emma Cohen, siempre reconoció ser un antipático, lo que le valió fama de temible gruñón, pero un gruñón cuyas interpretaciones, además de la fuerza que transmiten, resultan entrañables, como el maestro de escuela de La Lengua de las Mariposas, uno de sus últimos trabajos.
Un Mundo de Cine le rendirá homenaje comentando dos de las películas que protagonizó, Esquilache (la cual vi recientemente) y La Lengua de las Mariposas.

lunes, 19 de noviembre de 2007

You´re the one

You´re The One

(You´re The One. España, 2000)


Una historia de entonces

Aprovechando que antes de ayer el director José Luis Garci ha estrenado su última obra (Luz de Domingo) y que lo prometido es deuda, hoy voy a comentar esta película ganadora de cinco premios Goya que nos transporta a los últimos años de la década de los 40, los tiempos de la posguerra española.

Nos encontramos a finales de los años 40, cuando Julia, una joven de clase media que atraviesa una profunda depresión decide marcharse de Madrid a la vieja casa de la familia en Asturias, donde vivió sus felices días de infancia, con el fin de cambiar de aires. Y al tiempo que conduce su coche camino de su destino vamos conociendo a través de breves pinceladas la vida en Cerralbos del Sella, a su párroco, a su maestro, a los guardeses de la Casona familiar…

Una vez más (lo mismo que en Luz de Domingo) Garci elige Asturias, la tierra de sus ancestros para contarnos también de nuevo un emotivo y cuidado melodrama ambientado en un momento de nuestra historia pasada, la de su infancia, la de la posguerra española. Y lo hace acompañado del excelente y sólido reparto al que ya nos tiene acostumbrados, esta vez compuesto por Lydia Bosch, Julia Gutiérrez Caba, Manuel Lozano, Juan Diego, Iñaqui Miramón, Ana Fernández, Carlos Hipólito (el padre de la serie Desaparecida), Fernando Guillén y el gran Jesús Puente (quien fallecería pocos días antes de su estreno).

Garci apostó en la película por una actriz acostumbrada a trabajar en televisión como Lydia Bosch para interpretar el papel principal y conductor de esta historia, quien logra encarnar con acierto uno de los mejores papeles de su carrera, pocas veces ha estado tan bien dirigida y se nos mostrado tan bella. Nominada al Goya a mejor actriz, su personaje de Julia claramente se diferencia del resto de los lugareños de Cerralbos del Sella y nos hace sentir no sólo la tristeza de su alma, sino también su condición de mujer de ciudad, instruida y que ha visto mundo. Con su rubio platino, en las escenas en que la vemos cigarrillo en mano mientras fuma exhalando bocanadas de humo, no sólo nos recuerda a importantes actrices del cine negro sino también el signo de liberación que ello representaba en la época, lo mismo que la espléndida Julia Gutiérrez Caba. El personaje de ésta última (Goya a la Mejor Actriz Secundaria), la tía Gala, ya en sus días de vejez, de vuelta de todo y refugiada en la sencillez de los placeres del día a día, pegada a su puro y disfrutando de la serenidad de la playa de Cuevas del Mar, es quien aporta su sabiduría al resto de personajes, además de ser capaz de cerrarle la boca al cura del pueblo. Don Matías, quien no es tan malo como lo pintan, y bajo cuyos hábitos Juan Diego (significado actor de izquierdas metido de nuevo en un papel de derechas como ya hiciera en el de Franco en Dragon Rapide) a través de sus sermones y amonestaciones nos descubre la severa moral de la época por la que vela la Iglesia.

Retrato sosegado de una época

Cuando uno termina de ver You´re the One, tiene, aparte del sosiego que produce su disfrute, la aparente sensación de que le han dejado casi donde comenzó, de que no ha pasado nada, lo mismo que en Tiovivo c.1950, que la historia no ha avanzado, pero, si nos fijamos bien, es mucho lo que nos ha contado, el viaje no sólo nos ha permitido ver retratada una época sino también muchos aspectos de la vida misma. Y lo hace en blanco y negro, el color de los clásicos, y el de muchos recuerdos gráficos que guardamos de la historia de aquel entonces, obra de Raúl Pérez Cubero, quien logra una gran belleza en todos los planos de You´re the One.

Garci nos retrata una historia de posguerra, y lo hace sin amargura, sin rencor, pero también sin obviar ni ignorar. Duros tiempos en que las escenas del film nos permiten comprobar la humildad y sencillez de la vida, de los hogares, gracias a la ambientación del oscarizado Gil Parrondo. Donde la Iglesia en comunión con el Régimen contribuye a mantener el orden y lograr la unidad de la sociedad tras la guerra. Donde en un pueblo pequeño, hay que ir a misa ya sea por convicción o por simple disimulo, con las llamadas al orden contra la lujuria de los sermones del cura, quien desde el púlpito previene de la mujer y del pecado, haciéndose eco de esa preocupación que existía por los nuevos hábitos en el vestir que van adquiriendo los hombres, y sobretodo, las mujeres. Moral de la que no escapa esa pequeña ventana al mundo, real y de los sueños que es el cine que se proyecta en el Bar España por las noches. Siendo películas extranjeras como la romántica Tú y yo duramente criticadas por la Iglesia sobretodo en las décadas de los años 40 y 50, por introducir elementos que distorsionaban la observancia moral de los españoles. (El cine enseña posturas, Pilara aprende como se posa sensualmente cuando se fuma).

Los ecos del conflicto que enfrentó a los españoles todavía perviven en You´re the One. A las tres mujeres protagonistas de la película las vemos solas. Julia tiene a su hombre preso y el de Pilara acabamos sabiendo que es un maqui que desconoce si continúa en el monte o logró escapar a Francia. Pero la película también refleja la añoranza de los tiempos de la niñez. Ese humilde y honesto maestro de escuela que bajo el poco agraciado nombre de Orfeo, Iñaqui Miramón construye magistralmente con tanto cariño (“Los sueños de un maestro de escuela son sueños de pobre”). Ese aula donde, cual cicerón, entre viejos pupitres les despierta la ilusión por estudiar y conocer mundo para ampliar sus horizontes. Su patio (prado) de juegos, donde disfruta Juanito (Manuel Lozano, La Lengua de las Mariposas), quien con su pasión por el cine (para él lo mejor de su pueblo), los tebeos (El Hombre Enmascarado), la pesca y aplicado estudio, es la mirada inocente de esta historia y a quien se dirigen el resto de miradas confiando en que tenga la posibilidad de vivir algún día una vida y un tiempo mejores. Recuerdos de esa Iglesia y de la Navidad, donde en Nochebuena todo el pueblo se reúne en torno a la representación del nacimiento de Jesús. De ese Bar España, de día con su café y sus partidas de dominó y de noche con la ilusión mágica de películas de aventuras como Gunga Din o la final de Copa entre el Valencia y el Madrid.

Y todo ello es el marco de una historia de amor (y de amistad), esencialmente el de Julia, con sus palabras pronunciadas con voz casi susurrante mientras mantiene largamente esa mirada de ojos acuosos, a quien su amante le recuerda por medio de una carta, que como la canción de Cole Porter, noche y día "you´re the one".

El director que durante años nos regaló la noche de los lunes y los martes el programa Qué Bello es el Cine, no oculta en esta película de corte intimista su pasión por los clásicos, ni por la ópera. La belleza estética de su fotografía y sus encuadres, acompañados por la emotiva música de Pablo Cervantes consigue envolvernos mientras vemos pasar el tiempo; junto a un esmerado guión de gran riqueza literaria donde sus personajes elegantemente cincelan sus pensamientos.
P.D. Quienes quieran ver un video con escenas de la película acompañadas de música, pueden hacerlo en eolapaz

domingo, 11 de noviembre de 2007

La Última Primavera

La Última Primavera

(The Ladies in Lavender. GB, 2004)


In Memoriam - José Félix García Calleja

-Autor: José Luis Urraca Casal-


Un amor tardío en la Inglaterra de Entreguerras

Este próximo jueves día 15 de noviembre, en el Centro Cultural Fernando Velarde (Biblioteca Municipal) de Suances se va a proyectar, dentro de un ciclo de cine europeo organizado con el patrocinio de la Dirección General de Asuntos Europeos y Cooperación al Desarrollo, la película La Última Primavera. [Este artículo está protegido por derechos de autor. Ver detalles al final del mismo]

Dos hermanas ya ancianas viven el otoño de sus vidas juntas en una pequeña comarca de la costa de Cornualles, al suroeste de Inglaterra, junto al Canal de la Mancha. Es el año 1936 y pasan sus días apaciblemente, entre el cuidado del jardín, tazas de té y veladas junto a la radio antes de acostarse en un entorno idílico. A la mañana siguiente a una noche de fuerte tormenta de esas que arrecian en el Canal, ambas descubren y rescatan de la playa a un joven náufrago, Andrea, al que dan cobijo en su casa.

Así comienza esta adaptación cinematográfica de un relato corto de William J. Locke, que nos transporta de una manera muy sugerente no sólo a una bella y sensible historia de amor otoñal, sino a la vida en los años inmediatamente anteriores a la II Guerra Mundial. Debut en la dirección del actor Charles Dance (el jefe de la base aérea de Un Mundo Azul Oscuro), éste transformó el relato y la edad original de sus dos protagonistas para poder contar con dos actrices británicas de talla excepcional, ambas ganadoras de dos Oscar, Judi Dench (popularmente conocida por encarnar a M en la saga de James Bond) en el papel de Ursula, la hermana menor, y Maggie Smith en el de Janet. De la unión de ambas, surge una química realmente conmovedora, es difícil decir quién está mejor en su papel, aunque yo me quede con la siempre aparentemente fría pero tremendamente dulce dama de la escena inglesa Maggie Smith (Una Habitación con Vistas, 1985; la profesora McGonagall de la saga de Harry Potter) con su voz de inconfundible y profundo acento inglés.

Junto a la excelente caracterización de los lugareños, en su reparto también destacan, Daniel Bruhl (que descubrió el éxito con Good Bye Lenin, 2003); David Warner, como doctor perdidamente enamorado; Myriam Margolyes cual sirvienta que logra aportar momentos de agradable comicidad, lo mismo que otros personajes de la historia; o la misteriosa pintora alemana, Natascha McElhone.

Una historia de sentimientos

El mundo de los sentimientos en el que nos adentramos de manos del trío protagonista, es el de dos mujeres ya mayores que aún conservan toda su vitalidad pero que han asumido ya su papel en la recta final de la vida. El joven Andrea (Daniel Bruhl) irrumpe en sus vidas creando un misterio no sólo acerca de su procedencia sino también sobre sus posibles intenciones, despertando la curiosidad y al mismo tiempo haciendo florecer entre las dos hermanas sentimientos adormecidos o nunca vividos, mezcla de ternura, protección y … ¿amor?. Y es que la película nos plantea el hecho de que no importa la edad para poder experimentar la atracción, la a veces infundada susceptibilidad o incluso los celos propios de un primer amor o una última primavera. Y lo hace de una manera tan poética y con tal profundización en el corazón y los sentimientos de sus protagonistas, que hasta un simple mechón de cabello nos puede transmitir un momento de contenida pasión.

El retrato de una época

Pero la película, aunque de un modo, como ya se ha señalado, bastante sugerente, al espectador avezado también le permite adentrarse en la Europa de aquel período de entreguerras del año 1936 en que comenzó la Guerra Civil Española, preludio de la contienda que llegaría tan sólo tres años más tarde. Charles Dance a través de la aldea pesquera donde viven los protagonistas nos recrea una Inglaterra feliz, que discurre ajena en su día a día a los tenebrosos tiempos que empiezan a hacer su mella en el continente. La única ventana al mundo exterior, y pocos disponen de ella, es la radio, a través de la cual los noticiarios de la BBC nos recuerdan en dos brevísimos momentos, primero una reunión diplomática y después la evacuación de población de ciudades en España ante los inminentes bombardeos de la guerra, lo cual hace estremecerse a Janet al tiempo que expresa su deseo de que “no se vuelva a repetir”, haciendo alusión a la que hasta entonces era conocida como la Gran Guerra (la de 1914). La imagen de América como lugar soñado para huir de esa vieja Europa de la década de los 30 donde comienza a ser difícil la existencia, tiempo de ascenso de los fascismos, antisemitismo y donde democracias como Francia y Gran Bretaña practicaron la política de apaciguamiento para con la Alemania nazi en un continuado intento por aplacar y evitar la guerra. En ciertos aspectos nos recuerda a La Vida Manda (This Happy Breed, 1944) de David Lean, en la que se hace todo un recorrido por la vida familiar en el período.

El logrado retrato costumbrista incluye el poder conocer una población rural, cómo se dedica a la pesca; ver cómo se realiza la cosecha, con la maquinaria de la época existente en un país industrializado como Gran Bretaña para trillar el trigo; sus automóviles o incluso saber cómo se viste, a través de la escena en la sastrería. El ambiente de las tabernas inglesas, lugar de importante socialización en un tiempo en el que sin medios audiovisuales el ocio no se había todavía individualizado. Y asistir al poder de la radio y cómo una retransmisión radiofónica podía convertirse en todo un acontecimiento social.

Los parajes elegidos junto al mar son bien recogidos por la fotografía sumando un carácter más idílico, si cabe, al conjunto. La bellísima música compuesta por Nigel Hess e interpretada magistralmente al violín por Joshua Bell, posee en esta película (animo incluso a ver sus títulos de crédito finales) una importancia capital, lo mismo que la voz original de sus protagonistas (en español se pierde como pocas veces he visto no sólo la interpretación que sus propias voces aportan a sus personajes sino también los diferentes idiomas hablados).

Hay muchas formas de emocionar, pero pocas tan bellas e intensas como la recta final de La Última Primavera, donde es difícil no estremecerse del mismo modo en que lo hacen sus protagonistas.
P.D. Se puede encontrar todavía en muchos videoclubes.
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He querido dedicar esta película a una gran persona a la que conocí hace ahora trece años, en mi etapa como miembro de la Comisión Permanente del Consejo de la Juventud de Cantabria. Cuando ayer mismo tuve la oportunidad de intercambiar de nuevo con él unas palabras, lejos estábamos de saber todos quienes compartimos la tarde, que poco más de una hora después, fallecería en un accidente de tráfico. Con José Félix hemos perdido no sólo alguien lleno de vitalidad y energía, sino también un excelente Director General de Cooperación al Desarrollo y Asuntos Europeos comprometido con los Derechos Humanos y de la Infancia.
Agradecemos que aportes aquí tu opinión dejando un comentario

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lunes, 5 de noviembre de 2007

El Buen Alemán (Película, 2006)


El Buen Alemán

(The Good German. USA, 2006)

-Autor: José Luis Urraca Casal-


Un Homenaje al cine negro ambientado en el Berlín de 1945

[Este artículo está protegido por derechos de autor. Ver detalles al final del mismo] Prueba de que la Segunda Guerra Mundial sigue estando vigente a la hora de proporcionar al cine historias y el marco en el que éstas se desenvuelven, es el hecho de que el pasado año se realizaron tres buenas películas que sin ser propiamente bélicas, giran en torno a la contienda o a sus consecuencias más inmediatas, El Libro Negro (Paul Verhoeven, 2006), El Buen Pastor (Robert de Niro) y El Buen Alemán (Steven Sorderbergh), que es la primera de la que me voy a ocupar.
[Autor del artículo: José Luis Urraca Casal. Licenciado en Historia]
Tras rodar junto a George Clooney tres exitosas a la vez que provechosas entregas de Ocean´s (Eleven, Twelve y Thirteen) el director de Erin Brockovich (2000) o Traffic (2000) nos ha sorprendido enfrentándose al reto de rodar una película que, no sólo es un claro homenaje al cine negro de los años cuarenta y cincuenta, sino que además está abordado utilizando los medios y la tecnología de aquel entonces para filmarla.

Mucho se ha hablado de homenaje o plagio, según el parecer, de títulos tan míticos como Casablanca o El Tercer Hombre, principalmente por su parecido con algunas escenas (las cloacas de la cinta de Carol Reed), el mimetismo del cartel o el dibujo
de algunos personajes. Y es que es conveniente comenzar advirtiendo que la cinta ha sido recibida desde su estreno con un escaso éxito de crítica. Críticos y cinéfilos son responsables muchas veces de encumbrar a los altares, cual religión profesada por adeptos, determinados títulos de la historia del cine y condenar otros al más mísero desprecio o indiferencia, en este caso, quizá, por el hecho de atreverse a tocar títulos sagrados, entrando en el funesto calvario de las “odiosas” (pues puede haberlas de otro tipo) comparaciones.
[Autor del artículo: José Luis Urraca Casal. Licenciado en Historia]
Rodada en blanco y negro, bajo los acordes de Thomas Newman, la película comienza trasladándonos mediante imágenes de archivo al Berlín de 1945, una ciudad rendida, completamente devastada por los bombardeos aliados y la lucha mantenida en sus calles, palmo a palmo, contra el ejército soviético. Estamos en el mes de julio, sólo Japón sigue combatiendo en el Pacífico, mientras en Europa, los máximos dignatarios de los vencedores de la Segunda Guerra Mundial (Churchill, Stalin y Truman) se han reunido en la
Conferencia de Postdam (cerca de Berlín) para decidir la administración de Alemania y trazar un orden mundial de postguerra.
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El Reparto
[Autor del artículo: José Luis Urraca Casal. Licenciado en Historia]
George Clooney (de nuevo en blanco y negro) es el ingenuo capitán Jacob Geismer, quien ejerce como periodista para la prestigiosa revista norteamericana “The New Republic” y llega a Berlín para cubrir la Conferencia donde se decide el destino del mundo. Para sus desplazamientos se le asigna un chofer, Patrick Tully, un joven soldado estadounidense que ha aprendido a sacar provecho de la situación que vive la ciudad, interpretado por Tobey Maguire. Tully no ha conocido nada mejor en toda su vida, el dinero de papel le convierten a él, un sencillo soldado, en un pequeño rey, ayudado por la escasez que hacen del contrabando y el estraperlo un negocio lucrativo. Resulta un poco extraño ver al bueno de “Peter Parker” y protagonista de Spiderman en este papel, pero está bastante correcto mostrando como situaciones límite como las creadas por la guerra, dan rienda suelta a los sentimientos más pragmáticos e incluso viles de supervivencia. Y de sobrevivir, a esa Alemania que ha vivido la barbarie nazi y el martillo devastador de la guerra, trata el personaje interpretado por Cate Blanchett (a quien este viernes podremos ver en el cine de nuevo en el papel de Isabel I de Inglaterra). Ella es Lena, una mujer cuyo mayor deseo es conseguir papeles para dejar atrás Berlín y todo lo que éste representa, su traumático presente y su horrendo pasado. Y Blanchett, quien para esta película estudió la forma de interpretar de Marlene Dietrich e Ingrid Bergman, está como casi siempre, superior, con una dosis de mujer fatal, fría, hastiada y sobretodo, atormentada. En parte su papel recuerda al de la Dietrich en Testigo de Cargo (1957), frecuentando locales nocturnos, esperando a que un Tyrone Power la rescate. A ellos hay que añadir en un papel secundario a un veterano como Beau Bridge, bien en su papel de coronel.
[Autor: José Luis Urraca Casal para www.unmundodecine.com]
Un rodaje al estilo de los clásicos
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Es necesario seguir con suma atención la trama de este thriller que conjuga intriga política y romance, la cual a pesar de lo lenta que en apariencia pueda parecer (neutralizado por su corta duración) no cesa de proporcionarnos detalles e información que si se pierden puede llevar a confusión. La puesta en escena es muy buena, los artistas están bastante correctos en sus papeles, pero uno tiene la sensación de que no llega a surgir la química entre todos los elementos y concretamente entre la pareja protagonista. Quizá eso ayude a esa sensación de escepticismo y desengaño de la época que parece querer trasmitir el film. Nada es lo que parece. Ni siquiera la Conferencia.
[Autor del artículo: José Luis Urraca Casal. Licenciado en Historia]
El Buen Alemán está rodada en blanco y negro, con gran uso del claroscuro, sacando provecho del efecto sobre los rostros de los actores. Como las pantallas actuales de cine no soportan el formato de imagen de los años 40, únicamente los títulos de crédito crean un efecto de pantalla cuadrada ayudados por franjas negras a los lados, pasando a con
tinuación al formato panorámico. Pero además su director se ha ceñido a la tecnología existente en aquella época, utilizando lentes fijas, sin posibilidad de zoom, rodando gran parte en estudios, notándose sobretodo en la iluminación utilizada y manejando los micrófonos de grabación de entonces (no los inalámbricos actuales) por lo que los artistas tuvieron que alzar considerablemente la voz y sobreactuar hasta cierto punto. La propia banda sonora recuerda el estilo de la época dorada de Hollywood, con una mezcla de melancolía, tragedia, lo siniestro y lo romántico. Está a cargo de Thomas Newman, hijo de Alfred Newman (quien compuso para la película del anterior comentario de este blog).
[Autor del artículo: José Luis Urraca Casal. Licenciado en Historia]
Berlín, nuevo tablero de juegos de poder
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Es raro encontrar un plano a lo largo de El Buen Alemán en el que no nos encontremos con escombros o ruinas. Su comienzo es muy similar al de Vencedores y Vencidos (1960) con las imágenes de una ciudad devastada. Si en aquella era Spencer Tracy el que llegaba a Nuremberg en calidad de juez y a quien se le asignaba un chofer, en esta es Clooney quien ocupa ese lugar. Pero el gran parecido con la cinta de Kramer, es en el trasfondo de toda la historia. Hasta 1945 Alemania ha sido el gran enemigo a abatir, pero una vez neutralizada ésta, sus dos grandes vencedores (USA y URSS) se miran frente a frente. Un nuevo orden mundial se ha ido perfilando sobre los campos de batalla y conferencias como la de Postdam, del mismo han surgido dos superpotencias, cada cual defensora de un modelo de vida opuesto, el capitalista y el comunista. El amigo coyuntural en la adversidad, termina por convertirse en nuevo enemigo y las tornas se vuelven. Está a punto de comenzar la Guerra Fría y Berlín es donde se desarrolla este juego de poder. Y al igual que algunos personajes de El Buen Alemán, la preocupación es ahora sobrevivir y prepararse para la supervivencia. Si en Vencedores y Vencidos vemos como Tracy, presidente de un tribunal, asiste a como la política de Estados Unidos para con los criminales de guerra nazi y con la búsqueda de justicia cambia y se atempera en aras de ganarse al pueblo alemán, aquí el personaje de Clooney y el fiscal Bernie Teitel (encargado de abrir procesos a sospechosos nazis) se encuentran en la misma situación. Un congresista (bastante cínico por cierto) que acude a la conferencia introduce el dilema: Por unas manzanas podridas culpar a todos sería venganza. En esto marca claramente la diferencia con las películas de los años 40, no evita la dureza, ni siquiera al hablar de lo vivido en Alemania, especialmente con los judíos y no resulta nada épica.
[Autor: José Luis Urraca Casal para www.unmundodecine.com]
La crudeza de esa Alemania de El Buen Alemán en la que los soviéticos desmantelan fábricas y se las llevan a Moscú, en que vemos un gran retrato de Stalin ocupando toda una fachada de un edificio, en el que comienzan a eliminarse a golpe de cincel los símbolos nazis, donde contemplamos colas esperando al racionamiento, y a soldados haciendo negocio en el mercado negro… podemos verla también en títulos de gran dureza como Alemania Año Cero película italiana de 1948 o en Los Ángeles Perdidos, protagonizada por Montgomery Clift ese mismo año.
[Autor del artículo: José Luis Urraca Casal. Licenciado en Historia]
La película tan sólo hace aguas en lo que se refiere al libro en el que está basada. Quienes han leído la obra de Joseph Kanon, coinciden (incluido mi padre) en que no tienen nada que ver, ni en los desenlaces, ni en la emoción, ni en el protagonismo y el papel asignado a cada personaje dentro de la historia. Así y todo a quienes gusten del cine clásico el conjunto de este thriller les agradará y quienes no estén muy familiarizados con el mismo, tendrán la oportunidad de ver una apuesta original, todo un homenaje al cine negro. Y después pueden aprovechar para leer el libro (no al revés).

P.D. La película está disponible en los videoclubs. Recomiendo verla en versión original subtitulada para apreciar el acento empleado por la actriz Cate Blanchett.

Autor: José Luis Urraca Casal. Licenciado en Historia por la Universidad de Cantabria. Para www.unmundodecine.com

Otros enlaces recomendados en Un Mundo de Cine:

· Anónima, una mujer en Berlín (2008)
· Europa, Europa (1989)
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A continuación puede verse el tráiler de El buen alemán:

*Los redactores de Un Mundo de Cine informan de que esta página está bajo licencia de Creative Commons. La cita de partes de este artículo debe hacer constar: 1º) Autor: José Luis Urraca Casal, 2º) Fuente: www.unmundodecine.com, y 3º) incluir un enlace al artículo original. La reproducción total está PROHIBIDA y requiere autorización.

viernes, 2 de noviembre de 2007

La Jungla en Armas

La Jungla en Armas

(The Real Glory. USA, 1939)


Aventura con Gary Cooper en la Edad de oro de Hollywood

La década siguiente a la Gran Depresión del 29, hizo prosperar en las pantallas de cine las comedias y las películas de aventuras en un claro intento de evasión y búsqueda de entretenimiento. Estas últimas fueron de lo más variadas. Las que trasladaban al público a tiempos pretéritos, ya fuese en los bosques de Sherwood, en la corte de Isabel I o a bordo de barcos piratas que surcaban los océanos, las conocidas como películas de “capa y espada”, con el jovial y atlético Errol Flynn como principal baluarte, del que anoche vi El Señor de Ballantrae (1953). Por otro lado las ambientadas en los tiempos presentes, bien fuera en el Pacífico, en África o en la India. Aparte del extenso campo de posibilidades que por supuesto ofrecía el western. Pero el género y el prototipo de héroe de toda una época lo encarnó mejor que nadie, Gary Cooper.

Filmada en el año 1939, y con un reparto de lujo encabezado por el propio Cooper (en un momento álgido de su carrera) junto a David Niven, Broderick Crawford, Reginald Owen y Andrea Leeds, esta película que rondaba recurrentemente la televisión española las tardes de los sábados en las décadas de los años 80 y 90, todavía hoy gracias a un ritmo muy logrado, no ha perdido ni un ápice de su atractivo original.

La Jungla en Armas es una de esas obras que pone de manifiesto la maestría de directores como Henry Hathaway a la hora de rodar una película de aventuras. Director estrella de la Paramount que dominaba el género a la perfección, a él le debemos títulos tan emblemáticos como Niágara, El Príncipe Valiente, Los Cuatro Hijos de Katie Elder o Valor de Ley. El director y Cooper ya habían trabajado antes en otro título de aventuras, magistral y de gran éxito cuatro años antes, Tres Lanceros Bengalíes (8 nominaciones a los Oscar, incluidos mejor película y director) el cual puso de moda toda una serie de películas ambientadas en las colonias, principalmente en la India. La Jungla en Armas, es una de esas películas coloniales que sin estar a la altura de aquella, sin embargo posee muchas de sus características.

Basada en la novela de Charles L. Clifford y producida por Samuel Goldwyn, la acción nos sitúa en Filipinas en el año 1906, cuando el mando norteamericano ha decidido que sus tropas abandonen el territorio de Mindanao, incluida la aldea de Mysang, donde queda un reducido grupo de 4 oficiales, que se refuerza con la presencia de un médico, el doctor Canavan (Cooper). El propósito es que las tropas nativas asuman el control de la isla emancipándose de la presencia estadounidense. Sin embargo el reto parece bastante difícil ante la inexperiencia de los filipinos y el terror que le tienen a los moros que rondan las islas comandados por el malvado Alipang. El Doctor Canavan, al llegar a la isla se reencuentra con dos viejos amigos (Niven y Crawford) con los que competirá por ganar la atención de la hija del capitán Hartley (Andrea Leeds). Precisamente es en presencia de esta actriz cuando asistimos a la escenas más intimistas dentro de la trama, bastante bien logradas.

En esta película de entretenimiento sin muchas pretensiones, Hathaway logra salvar el material con que cuenta imprimiendo rapidez y agilidad tanto en el desarrollo del guión y la acción, como en la presentación de los personajes, acompañado por una buena puesta en escena que no carece eso sí, de elementos propios de la inocencia de la época (los malos son muy malos, se talan árboles y se construyen balsas en menos que canta un gallo…). Gary Cooper se desenvuelve en uno de sus mejores papeles como hombre valiente y decidido, con notables toques de humor, pocas veces ha estado tan bien en su papel de héroe abnegado ante la adversidad que ha de salvar al grupo, imagen en la que le acompañan llegando incluso más lejos en su entrega, Niven y Crawford. (Ese mismo año 1939 Cooper rodaría otro título mítico del género, Beau Geste, de nuevo en el papel de legionario en el Norte de África).
En este caso, Hollywood buscó uno de los pocos territorios de ultramar donde había presencia norteamericana, Filipinas. Y situó la acción en 1906, cuatro años después de haber finalizado al menos oficialmente, el conflicto Filipino-Estadounidense, el cual se había iniciado en 1899 después de finalizar la Guerra Hispano-Estadounidense (1898). Los filipinos, tras liberarse de la dominación española, habían visto como esta era sustituida por el poder de quien inicialmente se había presentado como liberador, Estados Unidos. La Guerra, aunque finalizada en 1902 se prolongaría por medio de guerrillas hasta 1913 y la ocupación hasta 8 años después de rodarse la película, en 1946. La Jungla en Armas obvia todo esto, plantea una convivencia idílica y presenta como única amenaza de la paz garantizada por los Estados Unidos a los moros (musulmanes) caracterizados como feroces, sanguinarios y traicioneros (Datu y Alipang son buena prueba de ello). Los musulmanes poblaban sobretodo las islas del sur, y siempre presentaron resistencia (hasta 1996 ha existido un Frente Moro de Liberación Nacional) en el único país cristiano y católico del Lejano Oriente, hecho que sí queda reflejado a través del padre Rafael, quien ante la marcha de los soldados estadounidenses proclama “Los que vamos a morir te saludan”, enlazando con la necesidad de la presencia norteamericana, algo muy común en estas películas coloniales que de algún modo justifican la benigna presencia extranjera de la metrópoli.

A pesar de ser ejemplo de dudosa rigurosidad histórica, cinematográficamente es una película muy agradable de ver, mezcla de aventura, drama y un certero buen humor en diálogos y diversas situaciones vividas por sus carismáticos protagonistas, todo ello bajo los acordes de una banda sonora compuesta por Alfred Newman al viejo estilo, de gran viveza, subrayando cada uno de los estados anímicos del guión.