domingo, 30 de diciembre de 2007

Juan Nadie


Juan Nadie

(Meet John Doe. USA, 1941)



(Autor: Daniel Miera Arnáiz*)


Director: Frank Capra
Guión: Robert Riskin
Música: Dimitri Tiomkin
Fotografía: George Barnes (B&W)
Reparto: Gary Cooper (John Doe, Long John Willoughby) Barbara Stanwyck (Ann Mitchell) Edward Arnold (D.B. Norton) Walter Brenan (Coronel) Spring Byington (Sra. Mitchell) James Gleason (Henry Connell, editor del periódico The New Bulletin) Gene Lockhart (Alcalde Lovett) Rod La Rocque (sobrino de Norton) Irving Bacon (Beany).

[Este artículo está protegido por derechos de autor. Ver detalles al final del mismo] Si hay dos películas que durante años han sido proyectadas en épocas navideñas, esas son: Qué bello el vivir y Juan Nadie. Ambas fueron realizadas por el mismo director, Fran Capra, el cual demostró en su cinematografía una sensibilidad especial hacia los valores positivos de la raza humana, los cuales son capaces de alzarse por encima de la maldad y las circunstancias adversas en los momentos en los que realmente son necesarios. [Autor del artículo: Daniel Miera Arnaiz. Licenciado en Periodismo]

Sobre el director y los actores poco voy a decir, porque ya han sido tratados con la suficiente profesionalidad en ésta misma página Web y poco más podría añadir a la información aquí facilitada. (Ver Frank Capra en Qué Bello es Vivir y Gary Cooper en La Jungla en Armas).
[Autor: Daniel Miera Arnaiz para www.unmundodecine.com]
La historia de Juan Nadie comienza cuando un magnate, Edward Arnold (D.B. Norton en el film), compra un periódico y ordena a su editor (James Gleason en el papel de Henry Connell) despedir a casi todo el personal. Una de las periodistas que ha sido despedida, Barbara Stanwyck (como Ann Mitchell), no puede permitirse el lujo de perder su empleo y, ante los motivos aducidos por el editor del periódico para su despido: “Su columna no me sirve de nada, es cursi y aburrida” y “no es cuestión de dinero si no de tirada. Necesitamos periodistas que provoquen polémica”, decide demostrar que ella es capaz de eso y más. Antes de despedirse del periódico, como último artículo, escribe una falsa carta en la que una persona desesperada por la pérdida de su empleo y por las dificultades y adversidades que le presenta en su vida la injusticia de la sociedad de esa época, amenaza con suicidarse el día de Navidad lanzándose desde el tejado del ayuntamiento si los políticos no hacen nada por combatir la situación. La carta produce tal conmoción social que el dueño del periódico se ve obligado a continuar con la farsa para no quedar como mentirosos y manipuladores delante de la competencia y a readmitir a Ann Mitchell para que lleve el asunto. Pero… ¿dónde encontrar al autor de una carta que realmente no existe y que esté dispuesto a suicidarse en Navidad? La única forma es la de realizar un casting y “contratar” a un vagabundo desesperado que acceda a ello porque no tiene nada que perder. : El elegido es Gary Cooper (Long John Willoughby), que representa el prototipo del americano medio, tanto por su físico como por la pérdida de su sueño de continuar siendo jugador de béisbol tras una lesión. “¿Qué hay más americano que el béisbol?”, preguntará Ann en su exposición al editor para convencerle de la perfección del candidato.
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El periódico necesita mantener y potenciar el personaje que han creado, ya que el público está tan interesado por el asunto que la tirada del periódico aumenta vertiginosamente. Pero las apariciones en la radio y en prensa tienen tal impacto que el dueño del periódico decide emplear esa popularidad para sus oscuros manejos políticos.
[Autor del artículo: Daniel Miera Arnaiz. Licenciado en Periodismo]
El problema de la elección el vagabundo hubiera sido más difícil si aquella carta recibida hubiera estado firmada por alguien que no fuese Juan Nadie (John Doe en inglés).
[Autor: Daniel Miera Arnaiz para www.unmundodecine.com]
¿Quién es Juan Nadie?
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La respuesta es bien sencilla: Juan Nadie somos todos y cada uno de nosotros.
John Doe es el nombre que se utiliza en los países anglosajones para: reemplazar, valga la redundancia, un nombre existente y así mantener su anonimato, o porque se desconoce su nombre real. Los cadáveres o los pacientes de las salas de urgencias, cuya identidad se desconoce, son conocidos como John Doe. Sería lo que en España equivaldría en nuestra jerga a “Fulanito” y “Menganito”.
[Autor del artículo: Daniel Miera Arnaiz. Licenciado en Periodismo]

El término inglés también tiene un apartado El nombre que se emplea para un niño o bebé que se encuentra en el mismo caso es Baby Doe. ¿Por qué aporto éste último dato? Porque la imagen de un bebé al comienzo del film es un perfecto resumen de toda la filosofía de la película y del significado de Juan Nadie.
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Según van apareciendo los títulos de crédito las imágenes que el director nos muestra son de grupos de personas; grandes multitudes que a pesar de estar compuestas por personas en singular, (por paradójica que parezca ésta mezcla de plural y singular), todos están dentro de una pluralidad. Pluralidad que las imágenes nos muestran sólo en base al pueblo llano; no a las clases adineradas. Sólo hay imágenes de gente corriente haciendo tareas cotidianas: trabajar comprar etc. Son las imágenes de los miles de Juan Nadie que pueblan el planeta. Sin embargo, el último momento de ésta presentación es la de un grupo de bebés vestidos igual y en cunas similares. Bebés que también forman parte de esa masa, pero que gracias a un pequeño trávelin de la cámara y un posterior enfoque… se cierra el plano en un único bebé. El autor, con éste simple y pequeño paso, que al mismo tiempo podemos calificarlo de genialidad, nos muestra como dentro de la masa todos seguimos siendo alguien único. Juan Nadie somos todos y todos somos Juan Nadie; pero cada uno, individualmente, es especial y no sólo un ente borroso entre la multitud.
[Autor: Daniel Miera Arnaiz para www.unmundodecine.com]
La imagen de un bebé es símbolo del nacimiento de una nueva persona, símbolo de algo que aún es puro y que no conoce la maldad. Símbolo de todos los valores positivos que albergamos dentro y que aún no han sido corrompidos: somos la inocencia.
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El comienzo de una mentira.
[Autor: Daniel Miera Arnaiz para www.unmundodecine.com]
Tras la imagen del bebé, la siguiente secuencia nos muestra el contrapunto a lo anteriormente dicho. La inocencia y candor que nos evocaba la presencia de ese niño, se rompe de forma violenta con el sonido que un taladro que destroza parte de la pared de un edificio para sustituir el antiguo nombre de un periódico por el de otro nuevo: se acaba de taladrar un elemento positivo, (el periódico que daba de comer a tanta gente), por otro negativo; ya que inmediatamente después de esto empiezan los despidos de los periodistas.
[Autor del artículo: Daniel Miera Arnaiz. Licenciado en Periodismo]

Los siguientes sucesos van creciendo en tal magnitud que llegan a involucrar a todo Estados Unidos. Se realiza el casting y Long John Willoughby es el nuevo Juan Nadie. Al mismo tiempo Ann comienza a escribir los textos de queja contra el mundo que Juan empezará a exponer como suyos. Primero aparecen en el periódico y luego en la radio. La gente comienza a seguir sus discursos sobre la nobleza de la humanidad y la necesidad de ayudar a tus vecinos. Llegan a creer tanto en él, en su mensaje y que todos son Juan Nadie, que comienzan a crear “Clubs Juan Nadie”, basadas en la bondad y la ayuda al vecino, por todo el país. De hecho… incluso Long John Willoughby hace el mensaje suyo y desde lo más hondo de su corazón, se da cuenta de que su mensaje debe ser llevado a toda la humanidad. De manera paralela el director del periódico y las autoridades locales apoyan esas asociaciones, pero no es más que un ardid para aprovecharse de la situación y hacerse con el poder. Conseguir el voto de los millones de Juan Nadie que aparecen por la geografía de los Estados Unidos puede llevarles a conseguir la presidencia del país. Además saben que realmente Juan Nadie jamás escribió aquella carta y que nunca quiso suicidarse ¿Quién ganará?
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La partida de ajedrez
[Autor del artículo: Daniel Miera Arnaiz. Licenciado en Periodismo]
Lo verdaderamente fascinante de este film es el juego de ajedrez en el que el director transforma su película y que lleva con maestría durante toda la narración. En un lado la mentira y el anhelo de poder; en el otro la verdad y la bondad.
El juego comienza con piezas individuales de pequeños peones que avanzan sus casillas. Con las fichas blancas: un vagabundo convertido en Juan Nadie y una periodista despedida. Con las fichas negras: el director de un periódico que quiere aumentar la tirada a cualquier precio. Cada uno de ellos será ayudado por otras pequeñas piezas. Las blancas cuentan con el Coronel (vagabundo y amigo inseparable de Juan Nadie) y la madre de la periodista, (que le ayuda en sus discursos, que son reflejo del diario de su padre). Las piezas negras cuentan en el otro lado del tablero con los poderes económicos y políticos que quieren aprovechar la situación en beneficio propio.
[Autor: Daniel Miera Arnaiz para www.unmundodecine.com]

Posteriormente comenzarán a moverse el resto de fichas. Aparecen más personas e incluso masas de gente. Las figuras blancas de la bondad parecen llevar la ventaja absoluta en toda la partida; tienen millones de piezas más en forma de clubs y “Juanes Nadie” que van surgiendo por todo el país y que pueblan la tierra. Recordemos que ¡todos somos Juan Nadie! Pero las negras, aunque muchos menos, tienen en su mano dos piezas muy poderosas: la reina, (los medios de comunicación) y el rey: la mentira sobre la que se basa la creación de Juan Nadie. ¿Logrará una estrategia cuyo movimiento de salida fue una mentira imponerse a la de su adversario?
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La puesta en escena de la batalla
[Autor del artículo: Daniel Miera Arnaiz. Licenciado en Periodismo]
¿Pero cómo se escenifica esa partida imaginaria? Pues mediante el movimiento consecutivo y alternado de cada contrincante. Cada escena en la que aparece Juan Nadie llevando a cabo algún tipo de acción hacia la unión y conversión de la humanidad en un ente positivo, siempre viene seguida de otra en la que los poderes fácticos confabulan contra lo que sucede. Un bando realiza un movimiento y luego el otro.
[Autor: Daniel Miera Arnaiz para www.unmundodecine.com]

Estas escenas en las que aparecen los actores y sobre todo los decorados, marcan la evolución de cada personaje. Si la verdadera creación de la imagen de Juan Nadie se realiza dentro de un lujoso hotel, rodeado de gente influyente y continúa con la aparición en programas de radio… en el momento en el que Long John Willoughby ve lo que está sucediendo y que él no quiere engañar al mundo, abandona el espacio lujoso para convertirse otra vez en un vagabundo en un escenario tan “de pobres”, como la parte de debajo de un puente. El escenario continúa en la cafetería de un pequeño pueblo pero, cuando le reconocen, es llevado al ayuntamiento… allí, entre la presencia del Alcalde y la del presidente del Club Juan Nadie que hay en ese pueblo, vuelve otra vez a su actividad. Pero hay un cambio. Si nos fijamos ese encuentro se ha producido en diferentes situaciones que al principio del film, ya que ésta vez sólo hay un peón negro; el alcalde, frente a Juan Nadie y los miembros de su Club; aunque se produce en un espacio propio y de la parte mala de la historia: ¡las piezas blancas han conquistado el territorio enemigo!
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Ahora todas las fichas están en movimiento. Las imágenes de Juan Nadie y su séquito, van acompañadas de secuencias de reuniones con mayor número de magnates, en mesas más grandes y decorados más opulentos. Pero… ¿qué estrategia podrán usar las piezas negras para parar a millones de personas que les han invadido?
[Autor del artículo: Daniel Miera Arnaiz. Licenciado en Periodismo]
El movimiento definitivo
[Autor: Daniel Miera Arnaiz para www.unmundodecine.com]
La estrategia que utilizarán el director del periódico y el resto de personas con pretensiones económicas y políticas, llevará una de las dos escenas más emotivas e impactantes del film. Cuando he dicho que las piezas de ésta batalla cada vez eran más… no ha sido un símil elegido gratuitamente. 15.000 partidarios de Juan Nadie se dan cita en un estadio de fútbol y camiones de gente del bando contrario aparecerán allí también.
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El sonido ensordecedor, el griterío de la multitud y la lluvia cayendo sobre todos ellos, son, exactamente tan grandiosos, como el sentimiento que es capaz de provocar el director con lo que allí va a suceder. De hecho, la lluvia que cae, puede ser menor que las lágrimas que pueden surgir de tu rostro en ese momento. Pero el verdadero final de la partida se desarrollará en el ayuntamiento. Al igual que en un enfrentamiento del mencionado juego, las piezas que quedan se han reducido al mínimo. Aun así, el director es capaz de lograr el mismo efecto que en la secuencia anterior. Quizás éste sea el final más conmovedor de todas las películas realizadas por Fran Capra y al mismo tiempo, desde mi punto de vista porque siempre se vende desde el lado del positivismo, el más agridulce o ambiguo. Sólo puedo decir que, según seas buena o mala persona… pensarás que ha ganado un bando o el otro.


En resumen. Una bellísima película que nos habla de que una idea tan sencilla como que la gente descubra que su prójimo no es tan malo, llega a hacerles felices y podría llegar a solucionar los problema del mundo. En el fondo, una película que tiene mucho que ver con los valores que transmitía Jesucristo en su época. De hecho, un análisis comparativo entre la vida de Jesús y el periplo de Juan Nadie, nos sorprendería con la cantidad de semejanzas que hay entre ambas.

Autor: Daniel Miera Arnaiz. Licenciado en Periodismo por la Universidad del País Vasco. Para www.unmundodecine.com

Otros enlaces recomendados en Un Mundo de Cine:

· Las uvas de la ira (John Ford, 1940)
· Qué bello es vivir (Frank Capra, 1946)
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A continuación puede visionarse esta escena que se corresponde con el proceso de selección de Juan Nadie en la redacción del periódico.

*Los redactores de Un Mundo de Cine informan de que esta página está bajo licencia de Creative Commons. La cita de partes de este artículo debe hacer constar: 1º) Autor: Daniel Miera Arnaiz, 2º) Fuente: www.unmundodecine.com, y 3º) incluir un enlace al artículo original. La reproducción total está PROHIBIDA y requiere autorización.

jueves, 27 de diciembre de 2007

El Último Hombre Vivo

El Último Hombre Vivo

(The Omega Man. USA, 1971)

Thriller apocalíptico de corte antibelicista y ecologista

Rodada a comienzos de la década que hizo suya el cine apocalíptico y de catástrofes, El Último Hombre Vivo (1971) supuso la segunda adaptación a la gran pantalla de la novela Soy Leyenda de Richard Matheson con Charlton Heston en el papel del solitario protagonista que estos días podemos ver en el cine encarnado por Will Smith.

En 1969, el director Franklin J. Schaeffner contó con Charlton Heston para protagonizar una película de ciencia ficción sobre la evolución de la humanidad, El Planeta de los Simios, el resultado fue una obra maestra así como todo un éxito de público y crítica que asombró a quienes acudían a las salas de cine. Esta incursión de una estrella como Heston en la ciencia ficción no sería la última, en 1971 rodaría El Último Hombre Vivo y tan sólo dos años más tarde Cuando el Destino nos Alcance (Soylent Green).

A estas alturas de la vida en el cine prácticamente hemos visto de todo en lo que se refiere a la ciencia ficción, por otro lado la era digital ha permitido recrear mundos y escenarios con una perfección y detalle nunca vistos, pero no siempre fue así. En los años 70 era todo mucho más artesanal y aun así en ocasiones muy logrado. De niño
, cuando vi El Último Hombre Vivo, me quedé pegado al televisor completamente atento a las andanzas de un Charlton Heston que había cambiado la épica de las tierras bíblicas o las vastas extensiones del lejano oeste por la de las calles de una ciudad desierta en un mundo en el que había desaparecido la vida humana. La otra noche, a pesar del paso del tiempo, al que la película no es inmune y el devenir de mis años, volvió a entretenerme por sexta o séptima vez, la verdad es que he perdido la cuenta.

Mi aprecio por la película y por el propio Charlton Heston quizá mediatice mi valoración, y cierto es que El Último Hombre Vivo es la menor de los tres títulos de ciencia ficción por él protagonizados citados al comienzo. A diferencia de aquellos, mejores en su guión y puesta en escena, donde la crudeza es mayor de principio a fin, aquí hay concesiones a la ironía, la esperanza y puesto que se desarrolla en un mundo contemporáneo (no muy lejano) a un controvertido look de los años 70.

El Argumento

El Último Hombre Vivo nos sitúa en un mundo (el de 1977) en el que ha desaparecido la vida humana. Dos años antes, una guerra entre China y la Unión Soviética, además del empleo de las armas nucleares desató una guerra bacteriológica que es la que ha terminado por acabar con la raza humana víctima de una plaga. El Doctor Neville (Charlton Heston) es un antiguo militar que ha logrado sobrevivir a la hecatombe. Por el día recorre la ciudad de Los Ángeles rifle en mano en busca (para su eliminación) de los miembros de “la familia”, bajo cuyo nombre se agrupan aquellos que habiendo sobrevivido a la tragedia han experimentado una serie de mutaciones que los ha convertido en una especia de zombies nocturnos. Por la noche se refugia entre los recuerdos de las paredes de su casa y ahoga sus penas en
un vaso de whisky.

La película está basada en la aclamada novela de Richard Matheson titulada Soy Leyenda (1958), la cual ya había conocido una primera adaptación cinematográfica previa con El Último Hombre Sobre la Tierra protagonizada por Vincent Price en 1964. Sin embargo, a diferencia de la novela y al igual que otros títulos para los que ha sido velada fuente de inspiración como La Noche de los Muertos Vivientes (1968) o 28 Días Después (2002), en este caso, el protagonista no se encuentra con un mundo en el que todos se han convertido en vampiros, sino que estos son sustituidos por una especie de zombies. Eso sí, al igual que las criaturas de la noche, estos mutantes que han adquirido un aspecto albino y tienen alteraciones psicóticas ambas efecto de la plaga, también padecen una gran sensibilidad a la luz que los hace guarecerse del sol y por la noche protegerse con gafas de sol.

Análisis: Heston tiene el mundo para él sólo

Las escenas del comienzo de El Último Hombre Vivo, cuando en la pantalla asistimos a como Neville recorre las calles desiertas de la ciudad de Los Ángeles, son sin duda lo mejor de esta película, y las que más impactaron en su momento. Para su rodaje se sirvieron de los fines de semana y los días festivos, rodando a primeras horas del día, lo que facilitaba el vacío de las calles. La fotografía de Russell Metty (Espartaco, Sed de Mal) hizo el resto,
logrando retratar con sumo efectismo una ciudad en la que la vida humana había cesado dos años atrás. Esa misma ciudad de calles desiertas, la hemos visto años más tarde convertida en Madrid (Abre los Ojos), Nueva York (Vanilla Sky) o Londres (28 Días Después).

Los diez primeros minutos, en los que Heston deambula con su descapotable rojo (ro
jo también es ahora el de Will Smith en Soy Leyenda) convertido en el único habitante de la ciudad, nos legan los mejores momentos. Nos transmiten la sensación de soledad a la que se enfrenta el personaje. Cambia de automóvil simulando mediante un diálogo ficticio la compra de uno tras un accidente o elige ropa nueva a su gusto de una tienda cuando ha de cambiarse. Emblemáticas las escenas de cuando entra en un cine y proyecta Woodstock (la película que se supone se estaba pasando en el momento de la hecatombe) y le escuchamos repetir los diálogos que ya ha memorizado de tanto verla, o cuando ya en la calle comienzan a sonar los teléfonos en su cabeza y tiene que convencerse a si mismo de que nadie está llamando, que está sólo en el mundo.

La interpretación de Heston aunque sí transmite soledad, no refleja del todo la desesperación ni el desasosiego de vivir sólo en un mundo en el que es perseguido por aquellos mismos a los que trata de dar caza, ni se da en él la duda razonable sobre quién es en realidad el monstruo, como sí ocurre en el libro de Matheson. El director Boris Sagal y los guionistas optaron más por un sufrido héroe de tin
tes épicos enfrentándose con absoluta determinación a la adversidad (en lugar de un antihéroe) a los que el actor había encarnado tantas veces ya en la gran pantalla. Y sustituyeron la fuerte carga pesimista de la novela por algún que otro rayo de esperanza y un tono más llevadero, del que son buen ejemplo los irónicos comentarios de Heston en diversos momentos de la película. Así cuando concluye la proyección de Woodstock comenta “ya no se hacen películas así”, al estrellar su automóvil “no se ve ni un guardia cuando se necesita” y otras frases por el estilo.

La película se rodó al inicio de los años 70 y no escapa a las modas del momento. Para empezar la banda sonora, a tono con la época, obra de Ron Grainer (compositor que se desenvolvió gran parte de su carrera en la televisión, hecho que se deja notar) es denostada por muchos de quienes ven el film. Sin embargo, son pocos los momentos en que la música no resulte apropiada para las escenas, encajando perfectamente la mayoría con el ritmo y el sentido del film, como por ejemplo en la tensión de la escena del ascensor. Woodstock estaba reciente, así como la estética hippy de una generación cansada de guerra, tradición y del sistema, lo cual se puede apreciar en el joven que cuida de los niños a los que encuentra Heston o en la propia ropa de gala que se pone éste para cenar (chaqueta de pana y camisa con volantes). Otro tinte moderno que tampoco se ha beneficiado con el paso del tiempo, es el look afro de los actores de color que se llevaba entonces. Sobretodo en lo que se refiere a su caracterización como albinos.

Realizada en el momento álgido del Black Power (años 60 y 70) en Norteamérica
, los actores de color tienen una importante presencia (el niño por ejemplo). Heston mantiene aquí una relación (incluidos beso y cama) con una joven de color, Lisa (Rosalind Cash) a la que encuentra después de dos años de soledad, relación interracial muy poco frecuente de ver en el cine todavía en su época y mucho más en una estrella de la talla de Heston, aunque éste ya desde los años 50 se había revelado como un firme defensor de la igualdad entre ambas razas, llegando a manifestarse portando carteles por las calles o liderando al grupo de actores que acompañó a Martin Luther King en la Marcha sobre los Derechos Civiles sobre Washington de 1963 (cuando la mayoría de los mismos eludían todo esto por no perjudicar sus carreras).

Esta relación interracial se nos presenta con toda naturalidad, posible en parte dado que al no haber más seres humanos, sólo son un hombre y una mujer, libres de prejuicios y convencionalismos sociales, que necesitan no sentirse solos después de tanto tiempo. En la parte erótica de la película, además del torso desnudo de un maduro Charlton Heston, tantas veces explotado, el aspecto más llamativo son los desnudos de Rosalind Cash. Superado el Código Hays (de censura) en 1967, el cine norteamericano había empezado tímidamente a incluirlos. Junto a ellos, también llama la atención por su atrevimiento, la escena en que Heston y Rosalind visitan la parte del supermercado dedicada a los productos de control de natalidad e ironizan sobre la utilización de las píldoras anticonceptivas (ahora que no hay exceso de población pues la especie humana ha desaparecido).

El bajo presupuesto seguramente influyó en la puesta en escena, sobretodo en lo referente al maquillaje y caracterización de los miembros de la familia (muy lejos del logrado en El Planeta de los Simios) llevándose la peor parte los actores de color. Aunque lo más pobre de la película es el accidente de helicóptero o el nulo disimulo del doble de Heston manejando la moto, pocas veces el uso de este recurso ha resultado tan descarado.

Cine apocalíptico en plena Guerra Fría

La sensación de seguridad y estabilidad experimentada por las sociedades occidentales en la década de 1950, entró en crisis a lo largo de los años 60 debido principalmente a la amenaza nuclear existente en el contexto de la Guerra Fría. La Crisis de los misiles de Cuba en 1962 puso de manifiesto lo cerca que el mundo estaba de un holocausto nuclear. El mismo miedo infundían las armas bacteriológicas. La posibilidad de que el desarrollo humano podía llevar implícita su autodestrucción empezó a hacers
e patente. En la década de los años 70 a esto se sumó la crisis moral resultado de la sangrante Guerra de Vietnam, una crisis industrial y energética provocada por el petróleo y la preocupación del ecologismo por la contaminación del planeta. La literatura y el cine fueron reflejo de esas preocupaciones (del miedo) y se sirvieron de su capacidad de inventiva para mostrarnos diversas formas de cómo sería el futuro que esperaba a la humanidad.

Todo esto se refleja en la película. La sustitución de los vampiros originales de la novela por esos mutantes (aquí organizados) que visten una especie de hábitos, viene a colación de introducir el debate (más o menos ingenuamente planteado) sobre si el progreso lleva a la destrucción. Así, los miembros de la familia que han sobrevivido estigmatizados a la hecatombe, liderados por Mathias (un acertado Anthony Zerbe) son detractores de la ciencia, el militarismo, la tecnología, la cultura (queman libros y destrozan bibliotecas) por haber llevado al hombre a su extinción. El fuego es su arma purificadora y las máquinas son tildadas de infernales. Para el falso profeta de Mathias un científico es un “hombre que no entiende nada hasta que no hay nada que entender”. Esta fanática religión, junto al hábito, el hecho de llamarse hermanos entre sí y el miedo a la luz parece conferirles ese aura inquisitorio propio del imaginario creado sobre la Edad Media (o Edad Oscura para los anglosajones). Y Neville (Charlton Heston) encarna el objeto de su ira en su múltiple faceta de médico, científico y militar.

La contraposición entre ciudad y campo también se observa al ser la primera baluarte del progreso del hombre y el segundo lugar de idílica convivencia con la naturaleza donde los libres de la plaga sueñan con iniciar un nuevo génesis de la humanidad.

Woodstock (1968) estaba muy cercano con todo lo que éste representó para una generación que desconfiaba de los políticos y del ejército, y que estaba cansada de la Guerra de Vietnam. Sin embargo la película, redime la figura del científico y militar, pues aquí lo mismo que es causante de la catástrofe, es también uno de ellos, Neville, quien puede devolver la esperanza mediante un suero o una vacuna (salvación de corte mesiánico que proviene de su propia sangre). Jugando a ser una especie de dios (como le pregunta la niña) que quita y da la vida. Atención al detalle de la gorra militar que se rescata del agua de la fuente y se deposita con decoro.

Habiendo desvelado más del guión de lo que acostumbro a hacer, recomiendo sin más ver este thriller de ritmo entretenido con cierto grado de indulgencia con determinada parte de la puesta en escena y algunos aspectos del guión, e ir al cine a ver a Neville (Will Smith) esta vez sí acompañado por su perro.
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A continuación puede visionarse la escena de angustiosa paranoia de Charlton Heston escuchando sonar los teléfonos de la ciudad.


lunes, 24 de diciembre de 2007

Muchas Gracias, Mr. Scrooge

Muchas Gracias, Mr. Scrooge

(Scrooge. GB, 1970)

Un Cuento de Navidad

Siguiendo la estela de Oliver! exitoso y bello musical de finales de los años 60, Ronald Neame dirigió en 1970 una nueva adaptación de otra obra de Charles Dickens también convertida en clásico de la literatura occidental, Un Cuento de Navidad.

La historia del avaro Ebenezer Scrooge, un hombre solitario que vive por entero dedicado a su trabajo (es una especie de banquero o prestamista), sin ningún tipo de sentimientos ni compasión por los demás y a quien una Nochebuena los fantasmas (de las Navidades pasadas, presentes y futuras) se le aparecen para que cambie su vida, es posiblemente el cuento de Navidad por excelencia en el mundo occidental.

El Musical en el cine hacía tiempo que había entrado en un declive del que tan sólo se habían salvado honrosas excepciones. Aprovechando la gran acogida de Oliver!, realizada tan sólo 2 años antes, Ronald Neame encaró el proyecto de adaptar esta otra obra del novelista británico Charles Dickens. Aunque no cosechó el mismo éxito que su predecesora, ni sus canciones y coreografía están al mismo nivel, la película, hecha con un claro enfoque familiar, según va avanzando se va haciendo bastante agradable al tiempo que asistimos a la evolución del personaje del Sr. Scrooge. Personalmente encuentro deliciosa (sobretodo por las fechas en las que nos encontramos) y muy tierna, la escena en que Bob Cratchit (el sufrido empleado de Mr. Scrooge) en compañía de dos de sus cinco hijos recorre cantando los mercadillos y tiendas de suntuosos escaparates camino de su humilde pero especial cena de Nochebuena. Genial el momento el comienzo de esta escena cuando vemos a los dos niños mirar los juguetes a través del cristal.

Neame contó para su realización con un buen reparto capitaneado por un camaleónico Albert Finney (Tom Jones, 1963; Erin Brockovich, 2000), que contaba con 34 años, en el papel del viejo Ebenezer Scrooge, cuya transformación queda aún más resaltada cuando la película retrocede a sus años de juventud y observamos el cambio en su rostro. Su interpretación combinando diferentes actitudes y llena de rictus faciales, peculiares andares y movimientos de manos, así como trabajada voz, le valió el Globo de Oro al Mejor Actor en el apartado de Comedia y Musical. A este le acompañaron Alec Guinness (El Puente sobre el Rio Kwai) como su fantasmal, antiguo y fallecido socio de negocios; Kenneth Moore (Hundid el Bismarck) con una potente voz como el fantasma de las Navidades presentes o Edith Evans (la dama de las pasadas). Una excelente fotografía (obra de Oswald Morris) e iluminación que nos brinda esa bella estampa cargada con una luz especial, de las calles londinenses y sus mercadillos navideños en pleno siglo XIX o de los interiores de los hogares de los protagonistas de la historia. La música y las canciones de Leslie Bricusse, si bien no están a la altura de Oliver y no resultan tan pegadizas, cumplen, y cuentan, aparte de la ya antes mencionada, con una embriagadora canción acompañando a los dibujos navideños de sus títulos de crédito, una emocionante Begin Again y con un largo número musical en su recta final de cierta relevancia. Las apariciones fantasmagóricas, tratadas con medios más precarios en las adaptaciones cinematográficas de 1938 o 1951, aquí resultaron mucho mejor logradas. Gracias Mr. Scrooge obtuvo cuatro nominaciones a los Oscar en las categorías artísticas y musicales.

Un Crítica Social de la Inglaterra Victoriana

Charles Dickens a lo largo de su obra abordó y denunció las difíciles condiciones de vida de la población más desfavorecida en la cuna de la Revolución Industrial, Inglaterra, haciendo especial hincapié en la infancia. Los niños del siglo XIX y en especial los de las clases más bajas de la sociedad se enfrentaban a múltiples problemas tanto en su formación como en el trabajo, por no hablar de los que acababan practicando la medicidad. Oliver Twist y David Coopperfield son sus mejores ejemplos a este respecto, pero en Un Cuento de Navidad (1843) también podemos observarlo. En la película aun siendo un musical destinado a toda la familia, podemos ver algunas muestras dulcificadas. El pequeño Tiny Tim, hijo del sufrido empleado de Scrooge, además de cojera, padece una grave enfermedad que le depara un negro futuro. Y al final es uno de los motivos que le llevan a Mr. Scrooge a apiadarse y hacer algo por él, reflejo de la defensa que Dickens hacía por ofrecer un mejor trato a los niños de la época.

Esta crítica que Dickens hizo de la sociedad victoriana encuentra en la actitud de Ebenezer Scrooge con sus rasgos exagerados, un alter ego de quienes sólo se preocupaban por los beneficios sin importarles los padecimientos de la clase obrera. Encontramos buenos ejemplos cuando cantando "I hate people" sale de su oficina camino de su casa visitando a sus humildes acreedores y apurándoles en el pago de sus deudas o prorrogándoselas con gravosos intereses; o cómo contesta a los representantes de una institución de beneficencia manifestando su opinión de que los pobres son fracasados que viven de la caridad, y que lo mejor que podrían hacer es morirse para que descendiera la población. Aquí se suele establecer que Dickens encuentra la inspiración para esto último en el pensamiento del economista y padre de la demografía Thomas Malthus y en concreto en algunas ideas sobre el freno del crecimiento demográfico.

La Navidad de Dickens y el cine

La obra de Dickens gozó de una enorme éxito y popularidad en vida del autor. Un Cuento de Navidad no fue una excepción y contribuyó sobremanera a la recuperación de la celebración de la Navidad en el Reino Unido, convirtiéndose además en un clásico universal que ha sido llevada tanto a la pequeña como la gran pantalla en innumerables ocasiones desde los tiempos del cine mudo hasta hoy. El espíritu navideño tal y como le conocemos, cargado de buenas obras y sentimientos es en gran parte deudor del insigne novelista. Las versiones más aclamadas han sido la americana de 1938 y la británica de 1951 protagonizada por Alastair Sim y Michael Horden. No ha escapado al mundo de la animación de Disney, siendo el Tío Gilito Mr. Scrooge y el ratón Mickey su pobre empleado en Mickey’s Christmas Carol (1983); al de la comedia Los Fantasmas Atacan al Jefe protagonizada por Bill Murray; o a una de las incursiones de los teleñecos en el cine, Los Teleñecos en Cuentos de Navidad (1992) junto a Michael Caine.
El personaje de Scrooge ( que ha alcanzado tanta popularidad en el mundo anglosajón que su nombre ha terminado por asociarse a adjetivos como avaro, tacaño o cicatero entre otros) ha resultado por su complejidad lo suficientemente atractivo como para ser interpretado por otros importantes actores como Charles Ogle, Lionel Barrymore (en la radio), Rowan Atkinson, James Earls Jones, George C. Scott, Jack Palance, Patrick Stewart, Tim Curry o Simon Callow.
Sí cabe reseñar que en el presente título existe una innovadora escena para la época que no aparece en el libro, y es la bajada al infierno de Scrooge en compañía de su difunto amigo Marley.
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P.D. A continuación se pueden ver dos pequeños vídeos, el primero se corresponde con la escena a la que me he referido de Bob Cratchit con sus dos hijos y la segunda con el momento en que se produce el milagro en Mr. Scrooge tras una fantasmal noche de Navidad, y como el espíritu navideño obra el cambio mientras Albert Finney canta Begin Again.



lunes, 17 de diciembre de 2007

Qué Bello Es Vivir (Película, 1946)


Qué Bello Es Vivir

(It´s A Wonderfull Life. USA, 1946)

-Autor: José Luis Urraca Casal-

Ningún hombre es un fracasado

[Este artículo está protegido por derechos de autor. Ver detalles al final del mismo] UnmundodeCine comienza un ciclo de películas navideñas, y lo hace con Qué Bello Es Vivir, obra maestra de Frank Capra realizada en 1946 que ya se ha convertido en un clásico de la televisión por estas fechas. Protagonizada por James Stewart en uno de los papeles por los que ha quedado inmortalizado, el de George Bailey, Qué Bello Es Vivir transmite los mejores valores de sacrificio, amistad y entrega a los demás junto a la importancia que tiene cada ser humano para quienes le rodean.
[Autor del artículo: José Luis Urraca Casal. Licenciado en Historia]
La Navidad tal y como en el mundo occidental la vivimos, tiene un claro sentido cristiano de celebración del nacimiento de Jesús. A estas fechas las asociamos ese espíritu navideño que la película Qué Bello Es Vivir sabe reflejar como pocas. Pero asimismo es cierto que ni todo el mundo comparte las mismas creencias de su católico director, ni se alegra de unos días que parecen a veces haber perdido su sentido original en pos del consumo sin sentido y la frivolidad. La alegría en ocasiones es suplida por la tristeza de unos tiempos felices de infancia que quizás no volverán. Pensando en ello, he elegido películas que más que navideñas, encajen en estas fechas y sirvan incluso para despertar una sonrisa. Una película con ángel (aunque aquí aún no se haya ganado sus alas) como ésta supone el comienzo, lo mismo que hará otra el último día del año.
[Autor: José Luis Urraca Casal para www.unmundodecine.com]
Qué Bello Es Vivir en su día obtuvo 5 nominaciones a los Oscar, pero no ganaría ninguna y en los cines el público no le dio el respaldo esperado. No sería hasta la década de los años 70, cuando esta magistral obra de Frank Capra llena de ternura, simpatía, dramatismo y esperanza, sería rescatada por la televisión, convirtiéndose con el paso de los años en la película navideña por excelencia. Como casi toda la filmografía de Capra, está llena de buenos valores humanos, quizá más resaltados en esta ocasión por tratarse de una dickensiana historia que acontece en plena Navidad. Se rodó finalizada la Segunda Guerra Mundial, ésta había supuesto una grave pérdida en vidas humanas, incluso muchas de las mismas se habían visto interrumpidas y alteradas durante los cuatro largos años que los Estados Unidos habían combatido a Estados Unidos y Japón. Era el año 1946 y el cine no se mostró ajeno a lo sucedido y a la nueva etapa que comenzaba, William Wyler (amigo de Capra) rodaría Los Mejores Años de Nuestra Vida (ganadora del Oscar a la mejor Película, que versaba sobre los soldados que regresaban a sus vidas civiles) y Frank Capra (tras el paréntesis de la contienda en la que había contribuido realizando documentales de guerra) llevó al cine esta historia de entrega y continuo sacrificio que nos habla de la heroicidad del hombre corriente y de la importancia de la familia, la amistad (“quien tiene un amigo tiene un tesoro”) o de los lazos de solidaridad entre los miembros de una comunidad para poder salir adelante.
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La historia de un hombre y el sentido de su vida
[Autor del artículo: José Luis Urraca Casal. Licenciado en Historia]
La acción comienza la noche de un 24 de diciembre, en el pueblo de Bedford Falls sus habitantes emprenden oraciones rogando por George Bailey. En el cielo, sus plegarias son escuchadas y a través de unas estrellas que se iluminan se entabla un pintoresco diálogo entre Dios y San José. Ambos conversan sobre la necesidad de enviar a la tierra a un ángel llamado Clarence (que todavía no se ha ganado las alas) para ayudar a un hombre que se encuentra desesperado a punto de cometer una desgracia, poner fin a su vida. Para poner al ángel de la guarda en antecedentes, la película se remonta a los tiempos de infancia de George Bailey continuando por toda su vida hasta el momento de la fatal decisión.
[Autor: José Luis Urraca Casal para www.unmundodecine.com]
George Bailey (James Stewart) es el mayor de dos hermanos, desde sus años más jóvenes (la historia comienza en 1912) se ha sacrificado una vez tras otra por los demás, con un gran sentido de la responsabilidad, renunciado con ello a sus iniciales ilusiones de éxito en la vida. Su padre (quien un día le dice que en pequeño también ellos hacen cosas muy importantes) y su tío Billy (Thomas Mitchell) dirigen una altruista compañía de empréstitos en la que los habitantes de Bedford Falls depositan sus ahorros y con ellos a su vez se realizan préstamos a quienes no teniendo techo, quieren construir un hogar y no reúnen los requisitos para acudir al banco. La compañía es el único gran negocio del pueblo que todavía no ha caído en manos del dueño del banco local, el avaricioso señor Potter (Lionel Barrymore) quien no cesa en su empeño de acabar con la misma.
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James Stewart en el papel más conmovedor de su carrera
[Autor: José Luis Urraca Casal para www.unmundodecine.com]
Para el papel protagonista, el de George Bailey, Capra rescató a James Stewart -con el que ya había trabajado en Vive Como Quieras (1938) y Caballero Sin Espada (1939) antes de la guerra- quien daría un nuevo impulso a su carrera interpretando a un hombre íntegro y sacrificado al borde del suicidio. El bueno de Jim culminó con éxito uno de las mejores interpretaciones de su carrera con toda una serie de registros que en este mismo personaje nos contagian tanto de su alegría y honestidad, como de su desesperación. Como compañera de reparto con la que establece el romance, Donna Reed tan pocas veces estuvo tan bella y radiante como en la mujer enamorada de George Bailey. Seguramente inspirado en la dickensiana figura de Scrooge, Lionel Barrymore perfila a las mil maravillas a un señor Potter fiel reflejo de esos ambiciosos seres humanos sin escrúpulos que nunca se conforman con lo que tienen, sin importarles los sentimientos o padecimientos de los demás y que no dudan en enriquecerse a costa del sufrimiento de éstos. Henry Travers puso rostro al simpático y bonachón ángel de la guarda que es Clarence, encargado de mostrar a George Bailey cómo hubiera sido la vida de quienes le conocieron sin él. Thomas Mitchell (el padre de Escarlata O´Hara en Lo Que el Viento se Llevó o el amigo del sheriff Will Kane en Sólo ante el Peligro) hace un papel entrañable como el bueno y despistado tío Billy. Conforman el resto del reparto un nutrido grupo de actores que como War Bond (el policía) enriquecen con su humanidad la película.
[Autor del artículo: José Luis Urraca Casal. Licenciado en Historia]
Un conjunto de escenas memorables
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Esta historia aparentemente ingenua y fantasiosa que a lo largo de su desarrollo sin embargo va calando de forma prodigiosa y muy creíble, es una sucesión de escenas ya memorables por las que discurre la vida de los habitantes de Bedford Falls. Momentos de gran ternura, como cuando James Stewart y Donna Reed pasean por la noche y piden un deseo frente al viejo y deshabitado caserón; alegres como el baile en el pabellón de deportes sobre la piscina cubierta; de ética en los negocios, a través de los debates que intercambian en diversos ocasiones George Bailey y el señor Potter; de desesperación, a partir del momento en que el tío Billy comete el despiste fatal, el regreso a casa en Nochebuena o la escena del puente; y arrebatadoramente llenos de vida y vitalidad en su recta final. La música compuesta por el maestro Dimitri Tiomkin subyace con la viveza o tensión de su dramatismo en cada una de las escenas y la fotografía en blanco y negro está aquí brillantemente empleada.
[Autor: José Luis Urraca Casal para www.unmundodecine.com]
La Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial
[Autor del artículo: José Luis Urraca Casal. Licenciado en Historia]
La película comienza en tiempos de la I Guerra Mundial (el hijo del farmacéutico muere en el frente europeo) pero los acontecimientos de la película discurren mayormente por la década de los años 30 y 40 del siglo XX y Capra no es ajeno a ello. En Qué Bello Es Vivir vemos una escena de pánico bursátil similar a la ocurrida en el crack de 1929, en la que todos los clientes acuden a la compañía de empréstitos a retirar sus ahorros y cómo ésta carece de dinero líquido en efectivo para hacer frente a sus peticiones porque se encuentra invertido. En otro momento oímos al señor Potter referirse a cómo él y George Bailey fueron los únicos que supieron capear el temporal de la Gran Depresión (momento que Potter había aprovechado para hacerse con media ciudad). Tal y como se han hecho eco otras películas como Al Este del Edén (1955), el Crack del 29 trajo la ruina a miles de inversores, una crisis bursátil e industrial sin precedentes y un enorme número de suicidios en Estados Unidos. El personaje de George Bailey por ejemplo, ante la ruina piensa en el suicidio porque vale más muerto que vivo gracias a su seguro de vida. Las políticas sociales del New Deal del presidente Franklin Delano Roosevelt y su intento por salir de la crisis durante los años 30 vienen a encontrar aquí ese paralelismo en la comunidad unida en el Consejo de administración de la Compañía de Empréstitos que trata de ofrecer las mejores ventajas a quienes necesitan construir un hogar para emprender su vida. La II Guerra Mundial también irrumpe en sus vidas, unos contribuyen luchando en el frente y otros cooperando a los esfuerzos de guerra en casa. Acabada la guerra, vemos en un periódico al hermano de George convertido en héroe siendo recibido por el nuevo presidente, Harry S. Truman.
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Frank Capra y el hombre sencillo que puede cambiar el mundo
[Autor: José Luis Urraca Casal para www.unmundodecine.com]
Frank Capra es uno de los mejores ejemplos de cómo Hollywood se benefició de talentos europeos para convertirse en lo que todos hemos conocido. Emigrado desde Italia (1903) como tantos directores, guionistas, productores, actores y músicos europeos hicieron en las primeras décadas del siglo XX. Su vida, como la de tantos inmigrantes que vivieron el sueño americano, no fue nada sencilla y hubo de trabajar muy duro para abrirse paso en el país de las oportunidades, lo que le sirvió para conocer a la perfección los desafíos del hombre corriente. Se inicia en el cine casi por casualidad y pronto comienza a demostrar su valía, pero es en la década de 1930, tras la Gran Depresión de 1929, cuando logra sus mejores títulos y gana en tres ocasiones el Oscar al mejor Director. Son años de profunda crisis económica que también provocaron una fuerte crisis de valores.
[Autor del artículo: José Luis Urraca Casal. Licenciado en Historia]
En 1931 Capra comienza una estrecha colaboración junto al guionista Robert Riskin y de la misma nace toda una serie de películas (la mayoría comedias) que se caracterizan por presentarnos a sencillos hombres honrados de la calle enfrentados a la injusticia social de avariciosos individuos o poderosas instituciones. Al fruto de dicha colaboración se la conocería como fórmula Caprinski. La Locura del Dólar (1932), Sucedió una Noche (1934), El Secreto de Vivir (1936), Horizontes Perdidos (1937), Caballero sin Espada (1939) o Juan Nadie (1941), todas ellas con un acento optimista, plagadas de nobles valores, fueron su personal contribución a la sociedad estadounidense de su época, la de los años de la depresión y el período de entreguerras (a la cual retrataría mejor que nadie). Actores como Gary Cooper o James Stewart en parte forjaron su aureola de héroes que les acompañaría toda su vida, gracias a estas películas de Capra. La Segunda Guerra Mundial (al igual que a otros importantes directores) le dio la oportunidad de combatir realizando un total de 8 documentales sobre la contienda bajo el título Why We Fight que poseen una fuerte carga patriótica, destinados a convencer a su país de las razones por las que los Estados Unidos estaban luchando. Son considerados una auténtica obra maestra del cine propagandístico.
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Tras la Guerra ya casi nada volvería a ser lo mismo, los tiempos habían cambiado, Qué Bello es Vivir (1946), la película de mayor presupuesto con la que había trabajado, pese a su brillantez y ser culmen de su carrera, no funcionó entre el público como se había esperado. Otra historia épica de un hombre íntegro metido a política contra los grandes oligopolios fue la destacable El Estado de la Unión (1948) con Katherine Hepburn y Spencer Tracy. Se despediría del cine (muy a su pesar) con un remake de su comedia Dama por un Día titulado Un Gangster para un Milagro (1961) con Glenn Ford y Bette Davis (nunca he visto carcajear tanto al público en un cine como con esta emotiva película).


Autor: José Luis Urraca Casal. Licenciado en Historia por la Universidad de Cantabria. Para www.unmundodecine.com

Otros enlaces recomendados en Un Mundo de Cine:

· Las uvas de la ira (John Ford, 1940)
· Juan Nadie (Frank Capra, 1941)
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A continuación puede verse el tráiler de Qué bello es vivir:

*Los redactores de Un Mundo de Cine informan de que esta página está bajo licencia de Creative Commons. La cita de partes de este artículo debe hacer constar: 1º) Autor: José Luis Urraca Casal, 2º) Fuente: www.unmundodecine.com, y 3º) incluir un enlace al artículo original. La reproducción total está PROHIBIDA y requiere autorización.

jueves, 13 de diciembre de 2007

Diario de una Niñera


Diario de una Niñera

(The Nanny Diaries. USA, 2007)
-En Cines-
Scarlett Johansson, niñera de una agradable comedia

Diario de una Niñera es una comedia con algún tinte dramático que trata de adentrarnos en el selecto mundo del Upper East Side, barrio donde reside la clase alta de Nueva York. Y lo hace a través de una joven (Scarlett Johansson) que en el momento que ha de salir del que hasta el momento ha sido el hogar de su familia y ha de decidir qué hacer con su vida, opta por posponer esa decisión y convertirse, al menos de momento y de modo fortuito, en la niñera de una familia acaudalada. Su vocación es la de antropología, en la que se acaba de licenciar y el film establece en ello la conexión con el papel que va a desempeñar al entrar en el mundo de la familia que la contrata.

La película en sí tiene como principales atractivos a Scarlett Johansson (quien se desenvuelve con soltura en todas las escenas y por la que ya sólo merece la pena ver el film) y a su empleadora, Laura Linney (la mejor interpretación de la película), quien borda su papel de madre y mujer frívola que vive “a tres metros del suelo” en una burbuja de cristal. Y es que el mundo en el que penetra Annie “The Nanny” (como la espeta Chris Evans) en la película se satiriza en forma de estereotipos exagerados que nos muestran como son las cosas muchas veces en la alta clase social. Y aunque no profundice demasiado (es una comedia sin excesivas pretensiones, aunque las aparente) y no revele nada nuevo, nos muestra a través de diversas pinceladas el mundo de las niñeras, entre las que el personaje de Scarlett es la única que habla correctamente inglés (todas las demás son de origen hispano, africano o extranjero); cómo los padres desatienden a sus hijos preocupados únicamente por que logren el éxito y confirmen su posición social; y cómo la persecución de ese mismo éxito enmascara un mundo de apariencias, vidas vacías y familias rotas. Paul Giamatti encarna solventemente a ese ejecutivo al que sólo le preocupa su trabajo y no tiene ningún interés sentimental por su familia.


No es especialmente cómica (la ácida disección que nos va haciendo de cómo son las cosas en la familia no se presta precisamente a ello) pero sí tiene diversos momentos ocurrentes y divertidos, e incluiso uno de los que por unos instantes te desgarran el corazón, protagonizado por el niño Nicholas Art. En conjunto resulta una elegante comedia, muy agradable de ver y hace más de un guiño a otra niñera (antológica) del cine: Mary Poppins.

En dos palabras: Scarlett Johansson

Muchos la conocimos en La Joven de la Perla (2003), pero no supimos realmente ante quien estábamos hasta Lost in Translation poco después, en el que se convertiría en su año de gloria y revelación (contaba con tan sólo 19 años), siendo su aparición en la escena inicial de la película de Sofía Coppola de una sensualidad prodigiosa, de esas que hacen historia. La versión original que proyectaba el cine Bonifaz permitía disfrutar de esa voz rota que la confiere un mayor atractivo si cabe. No la he dejado de escuchar desde entonces (salvo en La Dalia Negra) en su propia expresión, sin doblaje alguno. Ha trabajado con Sean Connery en Causa Justa (1994), en El Hombre que Susurraba a los Caballos (1998) tuvo su primer papel de importancia, como joven traumatizada, en compañía de Robert Redford y Sam Neill, con la que pareció dar un giro a su carrera, pues hasta el momento se había encasillado en papeles de comedias juveniles bastante simples. Al año siguiente a su revelación (2004) participó junto a John Travolta en Una Canción del Pasado y de nuevo en dos comedias, una romántica en A Good Woman (donde Scarlett estuvo excelente) y otra dramática en In Good Company junto a Dennis Quaid. Hasta que tras formar parte de la huída de un cruel mundo futurista junto a Ewan Mcgregor en La Isla (2005), se convirtió en musa de Woody Allen en la fascinante Match Point, a la que siguió Scoop (2006) y pendiente tenemos de estreno Vicky Cristina Barcelona (rodada en nuestro país junto a Penélope Cruz y Javier Bardem). También y de cara a 2008 tiene previstos dos nuevos proyectos que se estrenarán también el año que viene The Other Boleyn Girl y Mary, Queen of The Scoots. El Cine fabrica mitos e iconos, de la belleza, de la sensualidad... Rita Hayword, Ava Gardner o Grace Kelly lo fueron en su día. Cada época tiene los suyos, quizá sea pronto para poder afirmarlo, pero Scarlett lo es posiblemente ya de nuestro tiempo.

En Diario de una Niñera vuelve a coincidir con Chris Evans después de haber trabajado juntos en una floja comedia, La Puntuación Perfecta (2003). El joven actor de 26 años, que también se inició en el campo de la comedia juvenil, con películas como No es otra estúpida Película Americana (2001) interpreta aquí al “guapo de Harvard”, personaje que sirve para introducir el elemento amoroso en la historia y de gancho para atraer al público femenino. Evans parece ir consolidando una carrera en parte gracias a su físico y también a haber demostrado tanto su bis cómica como dramática en películas como Los Cuatro Fantásticos (2005) y su secuela (donde da vida al hombre antorcha), London (2006) junto a Jessica Biel o Cellular (2004) un entretenido thriller protagonizado junto a Kim Basinger.

domingo, 9 de diciembre de 2007

Los Tudor (Serie de TV, 2007-2010)


Los Tudor

(The Tudors. Can/Ir/USA, 2007)

-Autor: José Luis Urraca Casal*-

La historia palaciega a través de la exaltación de los sentidos

[Este artículo está protegido por derechos de autor. Ver detalles al final del mismo] Los Tudor es uno de esos pocos ejemplos de series ambientadas en tiempos pretéritos que pueblan la pequeña pantalla. Con una trama que recoge las grandes cuestiones de estado, el equilibrio de poder en la Europa del siglo XVI, las conjuras palaciegas, y la desenfrenada pasión de una Corte, de un rey y sus mujeres, llega a nuestro país esta serie que cuenta con la inusual presencia de importantes actores en sus principales papeles protagonistas.
[Autor: José Luis Urraca Casal para www.unmundodecine.com]

El panorama actual nos ofrece un gran número de series que abarcan diversos campos temáticos y la más amplia gama de tramas, pero pocas en comparación son las que bucean en el pasado de la humanidad y sumergen a los espectadores en tiempos pretéritos. Roma, la superproducción de la HBO y la BBC a la que le ha acompañado el éxito, no sólo ha resultado amena, sino educativamente interesante por su lograda y fiel recreación del mundo de la Antigüedad. Los Tudor (de la que Canal + empezará a emitir sus capítulos el 30 de diciembre y TVE ha adquirido sus derechos para 2008) es la serie de mayor éxito de Showtime (la cadena de cable de la CBS) y recrea los diez primeros años del reinado de Enrique VIII de Inglaterra.
[Autor del artículo: José Luis Urraca Casal. Licenciado en Historia]
Se trata de la serie de la producción más costosa de la historia de esta cadena de pago (televisión por cable) que ha cosechado unos altos índices de audiencia en su primera temporada de emisión.
No estamos ante la tradicionalmente cuidadosa serie de la BBC, no, este producto ha jugado todas las bazas posibles para despegarse del drama costumbrista y acercarse tanto a la audiencia joven como la adulta. Prima el estilo y la estética en esta producción rodada en Irlanda con lujosos castillos y palacios, una viva y colorida fotografía, así como su rico vestuario (ganó el premio al Mejor Vestuario de Serie y la Dirección Artística fue nominada en los Emmy de este año). El guión, de ritmo y trama entretenidos es obra de Michael Hirst, autor de Elizabeth (1999) lo que le confiere experiencia en el trato del período. Si bien, aquí se ha permitido más licencias respecto a la Historia, sobretodo en lo que respecta a la edad de los personajes, algunos de ellos más jóvenes de lo que eran en realidad cuando ocurrieron los acontecimientos que narra.
[Este artículo está protegido por derechos de autor. Ver detalles al final del mismo]
Los Tudor nos presenta a un Enrique VIII que acaba de acceder al trono, todavía conserva el porte apuesto de su juventud (lejos de la prominente figura retratada por Hans Holbein). Lo mismo que sus compañeros de infancia y juventud, da rienda suelta a sus pasiones tanto en su vida privada como en la pública (donde sus ministros y consejeros tratan de templarlo). La fogosidad del mundo de los jóvenes se entrelaza con el de los adultos, en una Corte, la inglesa, que no escapa a la conspiración o la traición. Europa es un tablero de ajedrez donde las grandes potencias juegan su diplomacia en aras de la hegemonía y los equilibrios de poder. Las alianzas se compran, se casan. En una clara concesión a la audiencia (permitida sobretodo por ser una serie de pago en los USA) las escenas de alcoba y sexo ocupan un lugar destacado en la serie. A diferencia de Roma, aquí la trama se desarrolla principalmente en los ambientes cortesanos y son sus miembros los que la conducen, tanto en palacio como en los exteriores, apareciendo personajes históricos como el monarca francés Francisco I o el emperador Carlos V.
[Autor: José Luis Urraca Casal para www.unmundodecine.com]
Un reparto que conjuga juventud y experiencia
[Autor del artículo: José Luis Urraca Casal. Licenciado en Historia]
Cuenta con un reparto de lujo (algo poco común en las series de hoy en día) que conjuga rostros de atractiva juventud junto a los marcados por la solvencia que siempre dan las tablas a los veteranos, encabezado por una incipiente estrella mediática como es Jonathan Rhys Meyers. Este joven actor irlandés, convertido ahora en la imagen de la mar
ca Hugo Boss, que perdió a su madre tras una larga enfermedad apenas hace tres semanas y cuyos problemas con el alcohol son conocidos, saltó a la fama gracias a Match Point (2005), donde fue sabiamente elegido por Woody Allen para dar réplica a la exuberante Scarlett Johansson. Pero ya había forjado su propia carrera a los dos lados del océano, iniciándose como el asesino de Michael Collins en el biopic sobre el héroe de la independencia irlandesa, participando en westerns como Cabalga con el Diablo (1999) o en dramas históricos como Alexander (2004) o de época como La Hoguera de las Vanidades (en la piel de un capitán del ejército británico, 2004), encarnando personajes caracterizados por su vileza, hasta que gracias a su interpretación de El Rey de los cantantes en Elvis (2005) ganó el Globo de Oro al Mejor Actor de Televisión. En Los Tudor encarna a un joven Enrique VIII todavía inexperto en las lides de la política, no así en la arena de los deportes y la fogosidad como amante entre las mujeres.
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Para la inglesa Natalie Dormer (cantante mezzo soprano) este es su primer gran papel como actriz dando vida a una atractiva e inteligente Ana Bolena, hija de un cortesano y dama de honor de la reina Catalina de Aragón, de la que el monarca se enamora perdidamente. Henry Cavill, es otro joven actor que ha cosechado un gran impulso gracias a Los Tudor y a quien ya pudimos ver como el hermano de Tristán en la homónima Tristán e Isolda (2006) o recientemente en Stardust. Aquí interpreta a Charles Brandon, uno de los desenfrenados y más cercanos amigos de juventud de Enrique VIII.
[Autor: José Luis Urraca Casal para www.unmundodecine.com]
Sam Neill (Parque Jurásico, 1993), con su afable rostro, encarna al Cardenal Wolsey, “primer ministro” del Rey, hábil pero a la vez vanidoso, auténtica mano que mueve los hilos de la política y la di
plomacia del Reino, velando por los intereses de su monarca y por los suyos y los de su propia bolsa… atesorando la mayor fortuna de Inglaterra y palacios como los de Hampton Court. El inglés Jeremy Northam (El Caso Winslow, 1999 y Gosford Park, 2001) aporta un rostro noble a un hombre honesto, amigo y consejero de Enrique, el defensor del humanismo Sir Thomas Moro. Entre los personajes femeninos destaca la interpretación de la también irlandesa Maria Doyle Kennedy, su composición de la sufrida y desgraciada reina Catalina de Aragón, hija segunda de Fernando el Católico casada primero con el hermano de Enrique y luego con éste, es de lo mejor de la serie. El reparto se completa con Henry Czerny como el Duque de Norfolk (Mariscal del Reino), Nick Dunning como Tomás Bolena (diplomático y padre de Ana), Gabrielle Anwar como la princesa Margarita (hermana del Rey), Callum Blue como Anthony Knivert (compañero de Enrique) y James Frain como Thomas Cromwell (Secretario del Cardenal). Para la segunda temporada ya se ha asegurado la participación de Peter O´Toole en ocho de sus capítulos en el papel del Papa Pablo III.
[Autor del artículo: José Luis Urraca Casal. Licenciado en Historia]
Los Tudor y la historia
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Enrique VIII (1491-1547) fue el segundo monarca de la dinastía Tudor, que heredó la corona de Inglaterra (1509) de su padre, Enrique VII, el Rey que había puesto fin a las luchas por el trono inglés que en el Siglo XV habían debilitado al país. No era el primer heredero, pero pasó a serlo al morir su hermano mayor, Arturo, casándose además con la esposa de éste, Catalina de Aragón, la segunda hija de los Reyes Católicos, un matrimonio destinado a afianzar la alianza con España con el fin de aislar a Francia. Este casamiento fue posible gracias a que Catalina juró no haber consumado el matrimonio con Arturo y lograr la consiguiente dispensa Papal. La serie refleja la incapacidad de Catalina para darle a Enrique un hijo que asegure el trono, hecho que termina por frustrar a éste y pensar en anular el matrimonio. La anulación del matrimonio se convertirá en un auténtico problema de estado y provocará el enfrentamiento y la posterior separación de la Iglesia Anglicana hasta nuestros días de la Iglesia de Roma.
[Autor: José Luis Urraca Casal para www.unmundodecine.com]
El cine y la televisión acostumbran a alterar la historia en un puro ejercicio de síntesis que simplifique el desarrollo del guión o evite confusiones. A veces parece oportuno y no altera seriamente los acontecimientos, otras es gratuito y lleva a formular imaginarios equivocados. El hecho de presentar Los Tudor a algunos de los personajes más jóvenes de lo que eran cuando ocurrieron los acontecimientos o agrupar a estos últimos en el tiempo, no parece ser extremadamente grave. Sin embargo el hecho de que Enrique tuviese dos hermanas (María y Margarita) y que en la serie se hayan fusionado en el personaje de Margarita (Gabrielle Anwar), ha llevado a alterar profundamente la historia, pues es en Margarita en quien confluyen casi todos los amoríos y casamientos de las dos hermanas, e incluso le inventan uno con el Rey de Portugal (cuando en realidad estuvo casada en primeras nupcias con Jacobo IV, rey de Escocia). Y si bien es cierto que María (su hermana) se casó en secreto con Brandon (el personaje interpretado por Henry Cavill, hecho que se recoge en la serie) lo hizo tras la muerte de su esposo Luis XII de Francia (y no el rey de Portugal).
[Autor del artículo: José Luis Urraca Casal. Licenciado en Historia]
Los nombres de los Papas que van apareciendo en los primeros episodios no se corresponden en el tiempo con los que ejercían en esos momentos el pontificado, hasta que entra en escena Clemente VII, el Papa que se negó a conceder a Enrique la anulación de su matrimonio con Catalina. Los Tudor enseguida se desembaraza del hijo bastardo de Enrique VIII, Henry Fitzroy. Pero éste no murió siendo todavía un niño, como ocurre en la serie, sino a la edad de 17 años. Enrique tampoco tuvo ningún tío que fuera asesinado siendo embajador en Roma como ocurre al comienzo de la serie. Del compositor Thomas Thallis no existe ninguna evidencia de que fuera homosexual, carácter que sí le han atribuido a este personaje secundario los guionistas (otra concesión a la audiencia, los guionistas unas veces lo ocultan –Aquiles/Brad Pitt- y otras como aquí, lo inventan).
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En cuanto al resto de la trama refleja bastante bien al Rey y a su época, sobretodo en el ámbito cortesano. Un Enrique VIII que en el plano personal se deja llevar por la pasión de la juventud que todo lo puede, acompañado en ello por sus compañeros (Brandon y Knivert). Aficionado a las justas (le vemos participar en torneos) a la caza y al royal tennis. Impetuoso, bruto y en ocasiones colérico. Pero también nos adentramos en la esfera pública; la enrevesada política de alianzas y la diplomacia del momento, de las que el Cardenal Wolsey (Sam Neill) da buena cuenta en sus tratos con españoles, franceses y el Papado. Vemos aparecer a Carlos V en su visita a Inglaterra o conocemos a Francisco I en el conocido encuentro en el Campo del Paño de Oro. Oímos hablar de la Reforma de Lutero, del Saqueo de Roma o de la derrota del Rey de Francia en Pavía, ambos sucesos obra de las tropas españolas. Son los tiempos de un Rey que se casó seis veces, que se convirtió en cabeza de la Iglesia de Inglaterra y que emprendió la disolución y destrucción de los monasterios de la isla.

[Autor: José Luis Urraca Casal para www.unmundodecine.com]
El personaje de Enrique VIII y la Inglaterra del Siglo XVI en el Cine
[Autor del artículo: José Luis Urraca Casal. Licenciado en Historia]
El personaje en cuestión ya ha sido encarnado con brillantez en la pequeña y gran pantalla por algunos actores consagrados (ganadores o nominados al Oscar por este papel) que merece la pena reseñar. Charles Laughton nos legó la más oronda de las caracterizaciones en una sobreactuación inimitable que le valió el Oscar en La Vida Privada de Enrique VIII (Alexander Korda, 1933). En 1966 sería Robert Shaw (Tiburón, 1975) quien en un papel secundario daría vida al irascible monarca en Un Hombre para la Eternidad (Fred Zinnemann, 1966), la oscarizada película que narraba el enfrentamiento que Tomás Moro mantuvo con él por oponerse a su matrimonio. Y por último, Richard Burton (nominado al Oscar) en una interpretación soberbia junto a Geneviève Bujold dejó plasmada la apasionada y malograda relación con Ana Bolena de este colérico rey en el drama no menos romántico que histórico Ana de los Mil Días (Charles Jarrot, 1969).

El período convulso de la historia inglesa que es el Siglo XVI y concretamente las luchas por la Corona y los problemas hereditarios han sido ya retratados en un nutrido número de buenas películas que el cine nos ha legado y que recomiendo. La llegada al trono de Enrique VII (padre del protagonista de la serie) puso fin al enfrentamiento mantenido durante el siglo XV por las dos rosas (los York y los Lancaster) de cuya fase final Ricardo III (1955) de Laurence Olivier es buen exponente, así como en menor medida La Flecha Negra (protagonizada por Carol Reed en 1985. Ya en el Siglo XVI de su casamiento con Ana Bolena la citada Ana de los Mil Días es en cuanto al romance su mejor exponente, así como Un Hombre para la Eternidad (1966) lo es en el terreno político y religioso (de la que existe una versión para la televisión protagonizada por Charlton Heston en 1988).
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De la crisis sucesoria ocurrida a la muerte del monarca (al fallecer su único hijo varón, Eduardo VI, siendo todavía un niño) Lady Jane (1986) con Helena Bonham Carter y Cary Elwess en una entrañable y preciosa historia de amor sobre el intento de coronar a la joven Jane Grey en lugar de María o Isabel (las hijas de Enrique VIII); La Reina Virgen (George Sydney, 1953) con Jean Simmons y Charles Laughton de nuevo como Enrique VIII o Elizabeth (1998) con Cate Blanchett, hacen un repaso a los inicios de Isabel I; María Estuardo (John Ford, 1936) con Catherine Hepburn y Mary, Queen of Scots (Charles Harrott, 1972) con Vanessa Redgrave nos dan una visión del momento desde Escocia; así como una larga lista de series emitidas y próximos proyectos tales como The Other Boleyn Girl o Mary, Queen of Scotts que ambos en 2008 protagonizará Scarlett Johansson.


Autor: José Luis Urraca Casal. Licenciado en Historia por la Universidad de Cantabria. Para www.unmundodecine.com

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