Billy Elliot
(Billy Elliot. GB, 2000)
-Autor: José Luis Urraca Casal-
Saltando el muro de los convencionalismos
Este próximo viernes llega a nuestras pantallas Jumper, una película de ciencia-ficción que tiene como uno de sus principales protagonistas a Jaime Bell, el actor británico que debutó en el cine con Billy Elliot (2000). Una película con la que resultaba difícil no emocionarse ante los firmes pasos de baile de su personaje y su conmovedora historia, que supone toda una lección de lucha por la realización de uno mismo en la vida y de superación de las convenciones que todavía imperan en nuestra sociedad. [Este artículo está protegido por derechos de autor. Ver detalles al final del mismo]
Realizada en el año 2000, la película Billy Elliot fue el primer largometraje de su director, Stephen Daldry, quien había sido previamente director del Royal Court Theatre de Londres y estado nominado a los premios BAFTA británicos en la categoría de mejor cortometraje por Eight (1998). Posteriormente dirigió a Nicole Kidman, Julianne Moore y Meryl Streep en el drama sobre la vida de Virginia Woolf, Las Horas (2002) por el que nuevamente estuvo nominado como mejor director en los Oscar.
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La cinta desde su estreno no dejó de cosechar un gran éxito, traducido a lo largo y ancho de todo el mundo en múltiples premios y nominaciones, entre ellas tres a los Oscar (director, actriz de reparto y guión) y en nuestro país recibió el premio Pilar Miró al mejor nuevo director. En buena parte ello fue gracias a su reparto, donde destaca el papel desempeñado por Jaime Bell, un joven que desde los seis años se había dedicado a la danza y para el que Billy Elliot supuso su debut en el cine. A su lado, una veterana del cine británico como Julie Walters en la piel de la Sra. Wilkinson, una dura pero comprensiva profesora de danza.
Billy es un adolescente de 11 años perteneciente a una familia de mineros del norte de Inglaterra que vive en un barrio obrero junto a su padre (sólidamente interpretado por el actor Gary Lewis) y su hermano, los cuales trabajan en la mina y están en huelga. Ha perdido a su madre recientemente y es el principal encargado de cuidar de su abuela, enferma de alzheimer. Atraviesan pues por unos momentos complicados en sus vidas. Siguiendo la tradición familiar, y como gran parte de los niños de los niños del pueblo, entrena semanalmente aprendiendo boxeo en el gimnasio de la localidad, hasta que pronto comienza a ser seducido por las clases de danza que se imparten en el mismo lugar debido a la huelga.
“No dejes de ser tú mismo, siempre te querré”
El argumento de la película nos plantea como eje central de la trama, la lucha que Billy ha de encarar para superar todos los inconvenientes que encuentra la vocación que siente, despierta y anima en él la profesora Wilkinson. Y a través de su periplo, desde que maneja los guantes de boxeo hasta que le vemos al final con su traje de mallas alcanzando el éxito sobre un escenario en Londres, asistimos a una deconstrucción de los roles de género y de los prejuicios sociales erigidos en torno a ellos.
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Desde el primer momento Billy se siente asaltado por la incomodidad que supone que a un chico le pueda gustar la danza, algo practicado en su localidad únicamente por las niñas. La poca hombría de tal actividad la pone de manifiesto su profesor de boxeo cuando le espeta, “esto es un combate de hombre a hombre, no una exhibición de danza”. A ello ha de añadir el temor a que su familia pueda saberlo, consciente él de cuál sería su reacción, que supone además haber abandonado las clases de boxeo a las que acude por deseo de su padre. Si a esto le añadimos que se encuentra en plena adolescencia, momento de gran intensidad emocional en el cual tiene lugar el desarrollo de la identidad, y en el que adopta su rol dentro de la sociedad, Billy titubea entre su incipiente vocación con la que experimenta una sensación real de libertad y las constrictivas sinergias de su entorno.
En su familia, ausente la madre, los únicos referentes que tiene son su hermano y su padre, dos hombres a quienes la vida ha endurecido, y que se encuentran en un momento de intensa lucha por su trabajo. Billy aprende boxeo con los mismos guantes que su abuelo le entregó primero a su padre, es su forma de aprender a manifestar su hombría. Este carácter hereditario parece marcar su destino. La rudeza y el rechazo de los varones al conocer la afición de Billy por la danza, contrasta con la actitud de la abuela, quien recuerda con ternura como ella también fue bailarina.
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Julie Walters en el papel de su profesora de danza es el particular Dr. Higgins (My fair Lady, 1964) de esta historia, que juega un papel determinante, primero proporcionándole cierta comprensión y ocupando así el lugar de la madre recientemente desaparecida, pero sobretodo provocándole y suscitando en él la determinación de hacer realidad su aspiración. Frente a la imposición simplista de la tradición y el estereotipo que a su vez han heredado su padre y su hermano (bailar es de niñas y en el caso de un hombre de “mariquitas”) la Sra. Wilkinson introduce en juego la razón, mediante la cual ayuda a Billy a confiar en si mismo y superar los prejuicios sociales que ha interiorizado.
La madre aunque físicamente ausente, está presente a través de su recuerdo a lo largo de todo el metraje, en la escena del padre destrozando su piano para hacer leña ante la mirada abatida de Billy; en las visitas a su tumba en compañía de su abuela o en la escena en que la última carta que le dejó a Billy es leída a la par por éste y su profesora, la cual finaliza con ese legado, mensaje importantísmo en el contexto de la película, que es clara expresión del amor y aceptación de una madre hacia el fruto de sus entrañas “No dejes de ser tú mismo, siempre te querré”.
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Michael (interpretado por Stuart Wells) es el amigo de su edad en quien Billy encuentra complicidad y apoyo desde el principio. Su respeto es mutuo, como se pone de manifiesto en esa escena tan intimista en la que Michael mete las manos de Billy por dentro de su jersey para calentárselas, y éste último le dice “que me guste el baile no significa que sea marica” (palabras que ejemplifican la superación de la contradicción que había sentido en un principio y que contravienen los estereotipos construidos por la sociedad). Y ante el repentino temor de Michael a que su secreto pueda ser descubierto, Billy le demuestra su amistad haciendo que le acompañe al gimnasio, dejándole ponerse el tutú y enseñándole pasos de danza, otro claro ejemplo de aceptación.
Su padre, cuya dureza parece estar en parte socavada tras la trágica pérdida de su mujer (le vemos comenzar a sollozar en la noche en que celebran la Navidad) ante la firme determinación de Billy terminará por comprender en lo más profundo a su hijo y apoyarle, protagonizando el momento más dramático de la película, cuando traspasa el cordón formado por los piquetes, se enfrenta a su hijo mayor y posteriormente vemos a ambos bajar en el ascensor a las profundidades de la mina habiendo abandonado la huelga.
La película trata pues a través de su guión múltiples aspectos referentes al sistema laboral (véase el último apartado), los prejuicios de la sociedad y la adolescencia. Triunfa el individuo (el joven Billy) quien con perseverancia vence la presión social de su entorno a la hora de realizarse, lo mismo que hará su amigo Michael, cuando en la escena final le vemos sentarse en la platea acompañado por su pareja y saludar al padre de Billy sin ocultar ya nada.
La danza como expresión y lenguaje cinematográfico
El hecho de que Stephen Daldry provenga del mundo del escenario, que haya sido responsable de numerosas producciones teatrales y conozca bien la danza, es sin duda un bagaje que le ayudó a crear escenas poseedoras de una gran expresividad. A ello hemos de sumar la música elegida para la película, obra en su parte instrumental de Stephen Warbeck (Shakespeare in Love, 1998) quien otorga a sus temas un aspecto clásico, al que se suma el tema del segundo acto de “El Lago de los Cisnes” de Tchaicovsky. Luego gran parte de las canciones, son de los 80, pertenecientes al grupo musical T-Rex, el cual se caracterizaba por su ambiguedad estética.
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La película está salpicada de momentos de gran emotividad, pero sobretodo hay dos (a excepción de la apoteósica escena final) en los que sin necesidad de diálogo alguno, imágenes, música y danza se funden con fuerza en la transmisión de los sentimientos del personaje protagonista. El primero tiene lugar tras la discusión en la cocina de su casa entre su familia y la profesora. Al ritmo vibrante de la banda sonora (“Town Called Malice”, de The Jam) le vemos lleno de rabia bailar y zapatear entre los muros y las paredes cerradas de su hogar y su barrio, tira la puerta abajo y sale a la calle, baila sobre un primer muro en presencia de su amigo Michael y de su hermano Tony, sube una calle empinada con el mar al fondo y termina por detenerse ante un muro que no puede cruzar. Muro que representa esa oposición que se encuentra en su camino, fruto del tabú y la incomprensión, para poder realizar su propio destino.
El segundo de ellos cuando Billy es descubierto por su padre en el gimnasio la noche de Navidad. Al principio se detiene sorprendido pero a continuación responde bailando con arte y firmeza, demostrándole que eso es lo que él quiere y desea, que no se averguenza y que posee talento para ello. Su deseo es auténtico, la mirada honesta del actor Jaime Bell ayuda a reforzar este hecho y el padre comprende que lejos de imponerle su propio mundo ha de hacer todo lo posible para que Billy desarrolle el suyo propio. Sale del gimnasio sin detenerse un momento hasta llegar a la casa de la Sra. Wilkinson y le oímos preguntar “¿Cuánto puede costar?”.
De la escena final de la película, únicamente resaltar aquí ese salto con el que a semejanza del vuelo de un cisne Billy entra en el escenario.
Huelga minera bajo el gobierno Thatcher
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La película ha de enmarcarse en ese cine social que arranca de nuevo en Inglaterra a finales de los años 80 de la mano del director Ken Loach, tras los sucesivos gobiernos de la primera ministra Margaret Thatcher. En plena era Reagan, la dama de hierro aplicó en su país una tenaz política ultraliberal que supuso unos enormes costes sociales, doblegando a la importante organización sindical obrera de Gran Bretaña y recortando las prestaciones de uno de los hasta entonces más consolidados estados del bienestar occidentales, provocando un gran número de paro, desempleo y amplios recortes en el campo de la educación.
Tras la senda abierta por la exitosa “Full Monty” (The Full Monty, 1997) en la que el tema pasó a tratarse de forma musical en forma de comedia con un grupo de trabajadores desempleados del metal intentando ganarse unos cuartos haciendo de bailarines, llegó Billy Elliot.
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La película nos sitúa en 1984, en medio de la huelga general que la Unión Nacional de mineros mantuvo hasta 1985 en contra del cierre de diversas minas de carbón a lo largo del país. Los piquetes y las acciones de los mineros, fueron duramente reprimidas por las fuerzas policiales (como se ve en la película) y la huelga terminó ante la división de los propios trabajadores, parte de los cuales claudicó al no ver ninguna salida y la falta de ingresos en sus ya de por si precarias condiciones de sus hogares y familias (caso del padre de Billy al final de la película, cuando traspasa la barrera de piquetes porque ha de trabajar si quiere hacer realidad el futuro de su hijo). Así como Billy y Michael rompen las ataduras que les impiden ser ellos mismos en su adolescencia, el padre de Billy y su hermano pierden la lucha de la huelga (en concordancia con la historia real de los mineros) pero con su sacrificio abren paso a la esperanza a través del propio Billy Elliot.
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A continuación puede verse la vibrante escena referida en el comentario, en que tras la discusión en su casa Billy comienza a bailar con furia hasta toparse con el muro. Otro día pondré el del gimnasio cuando es sorprendido por su padre.
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1 comentario:
Una muy buena crítica de una muy buena película. Enhorabuena, tienes un blog muy interesante y con muy buenos contenidos. Yo acabo de inagurar el mio sobre cine, música y literatura en el siglo XX, y ya me gustaria que llegase a ser la mitad de bueno que el tuyo. Un saludo, y mi enhorabuena, continua así
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