Hoy se estrena en nuestras pantallas la nueva película protagonizada por Tom Hanks, quien bajo la dirección de Mike Nichols (El Graduado, 1967) se mete con un especial toque de humor, en la piel de un hábil congresista norteamericano de principios de los años 80, el cual inició toda una operación de apoyo a los insurgentes afganos que terminó convirtiéndose en toda una severa derrota para la entonces todopoderosa Unión Soviética. [Este artículo está protegido por derechos de autor. Ver detalles al final del mismo]
Mike Nichols, responsable de películas de la talla de ¿Quién teme a Virginia Wolff? (1966) o El Graduado (por la que ganó el Oscar al mejor director en 1967) y de un título como Primary Colors (1998, que supone otra mirada cinematográfica al mundo de la política norteamericana a través de la carrera presidencial de los Clinton, el cual analizaremos muy pronto) ha escogido como tema central de su última película la Guerra de Afganistán que mantuvo en jaque a la Unión Soviética a lo largo de la década de los años 80.
En un momento en que Hollywood nos sorprende continuamente con nuevas visiones de los conflictos en los que actualmente están inmersos los Estados Unidos, centrándose fundamentalmente en torno a Irak (Redacted, En el valle de Elah, Regreso al Infierno… Stop Loss en el horizonte) y quedando el de Afganistán un tanto eclipsado por el primero (Robert Redford lo utiliza como pretexto en Leones por Corderos), Nichols nos hace retroceder en el tiempo para a la vez que nos narra una historia personal a modo de ameno divertimento, conectar el pasado con el presente, ofreciéndonos una reflexión sobre la política internacional de su país en el siglo XX y de cómo ésta ha podido fallar hasta el punto de, desaparecida la Guerra Fría, llevar al mundo a la encrucijada de nuestros días.

Un Senador, un Agente de la CIA y una Mujer
Si para su otra obra sobre el mundo de la política, en que acompañábamos a un joven Bill Clinton (John Travolta) y su mujer Hillary (Emma Thompson) por los entresijos de la campañas norteamericanas camino de la presidencia, el director Mike Nichols se basó en la obra “Primary Colors” de John Klein, en La Guerra de Charlie Wilson vuelve a basar su guión en un peculiar libro biográfico publicado en 2003 por George Crile (quien falleció antes de comenzar el rodaje en 2006). En ambos casos cimenta su relato en personajes reales de la política, si en aquella eran los Clinton sus protagonistas, en ésta lo son: el congresista tejano Charlie Wilson, todo un figura de las lides políticas; un experimentado pero infrautilizado agente de la CIA llamado Gust Avrakotos (Phillip Seymour Hoffman) y toda una dama de buena posición preocupada por los intereses de su país, Joanne Herring. Nichols, que ya cuenta con 75 años, vuelve a apostar por políticos del partido demócrata, y en esta ocasión cuenta con Aaron Sorkin (guionista de El ala oeste de la Casa Blanca) como autor de un guión lleno de buenos diálogos en el que la acidez y el sarcasmo de nuevo están presentes a la hora de construir tanto personajes como historia.
¿Quién es Charlie Wilson? Introducción al personaje
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El personaje en cuestión al que da vida Tom Hanks no es otro que un avezado congresista con una dilatada carrera política (fue reelegido 11 veces al congreso) que se distinguió especialmente por liderar las operaciones encubiertas de la CIA y el gobierno estadounidense en el apoyo a los insurgentes afganos que luchaban contra la ocupación soviética de su país. La seriedad del libro de George Crile es rebajada en la película, y el personaje de Charlie Wilson es su mejor exponente. Parece querer representar un cliché de político soltero, vividor, de vida alegre, moral disoluta y engatusador, pero simpático. Todo un personaje en cuya piel se mueve a sus anchas el actor Tom Hanks, dotándole de un aura de socarronería que ayuda a establecer la complicidad con el espectador.
La película comienza con un acto de reconocimiento a su persona en el que se nos explica la razón del mismo “La derrota y disolución del imperio soviético que culmina con la caída del muro de Berlín es uno de los grandes eventos de la historia mundial. Charlie Wilson con determinación diseñó un arma que debilitó al imperio comunista” a continuación un flashback nos retrocede en el tiempo para explicarnos el significado de esa frase.
Las primeras escenas se encargan de definirnos a este peculiar personaje. Puede estar corriéndose una noche de juerga en un jacuzzi de un hotel de Las Vegas en compañía de un conocido y una joven que ha sido portada de playboy, grupo al que después se unen dos stripers, y al mismo tiempo llamar su atención las noticias que la televisión retransmite en ese momento desde Afganistán, y tomarse en serio las últimas palabras del reportero, sobre que los insurgentes dicen que si alguien les da armas, vencerán.
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El personaje revela su dominio de los entresijos de la política y en especial la cadena de favores. Esa noche abandona el hotel camino de Washington porque se va a producir una votación, para él insignificante, de apoyo a los boy scouts (sus secretarias en una escena posterior recalcarán el hecho de que no es importante) pero sabe que sí es importante para un significado empresario, y por ello regresa. Esto lo vemos de nuevo a su llegada al Capitolio, cuando por el pasillo un enlace le comunica que el Speaker (el presidente o portavoz de la cámara de representantes de los Estados Unidos) le ha pedido que forme parte del Comité de Ética del Congreso, la ironía se plasma en que se lo propongan a alguien como él, y por eso contesta “¿bromeas? ¿ética?”, no es que le convenza la proposición, pero acepta y añade, revelándonos características de su persona: “Aunque me preguntaré qué hago en el Comité de Ética, persiguiendo mujeres y bebiendo whisky”. El enlace termina diciéndole que el Speaker le devolverá el favor, y él aprovecha para pedir que lo nombren miembro de la Junta del Kennedy Center (Un importante centro cultural de Washington) porque así podrá conseguir entradas gratis para los espectáculos (las cuales suponemos que no utilizará únicamente para él mismo, sino también para agasajar a terceras personas).
Seguidamente la escena en la que uno de sus grandes contribuyentes Larry Liddle llega a su despacho y se sienta a esperarle también ahonda en la personalidad de Wilson. El recién llegado manifiesta en voz alta algo que ya habrá llamado la atención del espectador, que todo el personal del congresista está formado por mujeres, pero todas ellas muy jóvenes y muy guapas. Una de las secretarias le responde como explicación que una de las máximas del congresista Charlie Wilson (revelador de su socarronería) es “Les puedes enseñar a mecanografiar, pero no les puedes enseñar a tener buenas tetas”. No es necesario añadir mucho más al comentario.
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Cuando Wilson llega por fin de la votación al despacho, sabe tratar a un contribuyente como Larry Liddle y cuando éste le saluda con un “congresista”, Charlie le responde aduladoramente “No, por 5000 dólares por cada dos años tú puedes llamarme Charlie. Por diez mil puedes llamarme Betty Sue y limpiaré tus ventanas” al tiempo que hace uso de un excelente lenguaje corporal de bienvenida, primero en la forma de estrecharle la mano y después cuando le agarra por el hombro para que le acompañe y va descendiendo la mano lentamente hasta el codo.
Lo primero que hace es ofrecerle una copa, y Larry le hace observar que tan sólo son las 10 de la mañana, sin embargo para Wilson ya es hora suficiente, y con una copa comienza la jornada en su despacho, donde es muy significativa la escena en la que vemos como Charlie pone sus botas tejanas sobre la mesa al tiempo que la cámara enfoca desde ellas al invitado, denotando en este caso el relajamiento del congresista y el control con el que aborda la situación. Ese hábito de tomar una copa de whisky en cualquier momento y lugar le acompañará el resto de la película.
Julia Roberts y Phillip Seymour Hoffman
La película une a la presencia de Hanks el aliciente de compartir reparto con Julia Roberts, la cual da vida aquí a una rica dama sureña de la alta sociedad de Texas, Joanne Herring, preocupada por las cuestiones políticas y el avance del comunismo, dedicada a recaudar fondos para Afganistán. Roberts, a sus años 40 años recién cumplidos, se muestra aquí especialmente bella y hace gala de una marcada elegancia. Su primera imagen se nos ofrece (
primero ha hecho acto de presencia a través de una llamada telefónica en la que no la vemos) a través de un retrato en la pared, en mitad de una fiesta que reúne a los más variados anticomunistas en su mansión. Y su entrada en escena, con ese suntuoso vestido negro, nos dice, a través de la ardiente mirada que sostiene con Tom Hanks, que ambos han compartido algo más que relaciones de índole político. Esa noche insistirá al congresista Wilson (quien lleva una chaqueta de smokin blanca, como la de Humphrey Bogart en Casablanca, la película favorita del personaje en la vida real) en que utilice su puesto en el Subcomité de Defensa, el cual tiene presupuesto ilimitado, para financiar la Guerra encubierta en Afganistán. Cuando les veamos referirse a la película que ella ha patrocinado sobre lo que ocurre en Afganistán, estamos ante un hecho real, pues ese documental fue rodado de verdad para recaudar fondos.
Gust Avrakatos parece cualquier cosa menos un agente de la CIA y sin embargo tras su burdo aspecto se esconden 24 años de experimentada veteranía en la agencia. Phillip Seymour Hoffman compone un pintoresco personaje de forma camaleónica, con ese gran mostacho, gafas de gruesa pasta, necesitado de un corte de pelo y voz profundamente grave y enfática que le ha valido estar nominado al Oscar al mejor actor de reparto. Acaban de nombrar un jefe de operaciones en Helsinki, puesto para que él ha estado estudiando finlandés durante tres años. Su valía no es aprovechada tras una reorganización de personal que ha retirado o despedido a todos aquellos que como él, no son estadounidenses de nacimiento (es de ascendencia griega), a pesar de los servicios prestados y de lo idóneo que resultan para espiar en los países de su mismo idioma materno. Junto a ellos dos también cabe destacar a Amy Adams (nominada al Oscar por Junebug) quien da vida a Bonnie Bach, la inteligente asistente del congresista Wilson, Ned Beatty (el ayudante de Lex luthor en Superman, 1978) como el presidente del subcomité de defensa o Emiliy Blunt como la hija del rico contribuyente texano.
Lo que nos cuentan Mike Nichols y Aaron Sorkin
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Básicamente, lo que La Guerra de Charlie Wilson nos cuenta a través de la poco más de hora y media de duración de su metraje, es el papel jugado por este congresista representante del segundo distrito del este de Texas, a lo largo de los años 80 en relación a la invasión soviética de Afganistán. Así nos va mostrando los diversos pasos que va dando primero para aumentar los fondos destinados a sufragar a los mujahidin que combaten al ejército rojo y luego a la hora de proporcionar armamento adecuado con el que hacer frente a la tecnología militar soviética. En su labor le ayudará la influyente y adinerada Joanne Herring (Julia Roberts) y el agente de la CIA Gust Avrakotos.
La acción comienza justo en abril de 1980, cuando el demócrata Jimmy Carter vive sus últimos meses como presidente en la Casa Blanca. La administración Carter fue vista en su día al final de su mandato, como débil ante la expansión del comunismo. En la película se hace referencia a cómo se ha permitido que entren en Afganistán 130.000 soldados soviéticos y el gobierno parece tan sólo dejarles, con vistas a que se mantengan ocupados en el país, lo cual, como le confiesa Charlie Wilson (Tom Hanks) al presidente de Pakistán, ahí “la hemos cagado”. Ante la invasión de Afganistán el presidente Carter entendió que los soviéticos sólo entendían el lenguaje de la fuerza y autorizó a la CIA a actuar contra ellos en la zona.
Así que gracias a la perseverancia y maniobras de Charlie Wilson veremos como el presupuesto destinado a acciones encubiertas de la CIA en Afganistán pasa de los ridículos 5 millones de dólares (de los de 1980) que se encuentra el congresista al principio, a 1.000 millones poco antes de que los soviéticos firmen el 14 de abril de 1988 los acuerdos de Ginebra, acción recogida en la película.
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La película tiene una cuidada puesta en escena y se desarrolla principalmente en interiores de despachos y edificios. Son muy logradas las escenas en la mansión de Joanne Herring, sobretodo la secuencia en que ambos suben la escalera. En Washington, la capital política, nos movemos por dentro del Capitolio y el despacho de Wilson, decorado con pinturas históricas. En otra le vemos como junto a una jovencita contempla desde el balcón de su apartamento Washington en su nocturnidad, con vistas al Jefferson Memorial o el puente de Arlington. En cuanto a los exteriores, merece resaltar las escenas en que el ejército soviético, concretamente sus helicópteros, lanzan ataques sobre la población civil de algunas aldeas afganas, sin que ésta tenga medios para defenderse de estos ataques. Y las que recrean los campamentos de refugiados al norte de Pakistán, las cuales, al igual que las anteriores, están rodadas en Marruecos.
En la visita al presidente de Pakistán, conocemos que 3 millones de afganos se han refugiado en este país, que otros dos han huido a Irán, mientras miles de personas mueren todos los días en Afganistán y los que no, cruzan la frontera a diario. Se nos relatan en boca de los refugiados, las acciones perpetradas por los soviéticos contra la población civil, auténticos crímenes de guerra, así como asistimos al impacto de las minas anti-persona, en especial en los niños, y cómo estos caen en la trampa especialmente diseñada para ellos. Historias que cuando son presenciadas dentro del campo de refugiados sobrecogen a cualquiera, efecto que producen en el congresista Wilson y su ayudante. El rostro de Wilson refleja el impacto sufrido en el final de esa escena cuando la cámara se eleva al tiempo que amplía el campo de visión y ante nosotros se nos muestra todo el vasto campamento que alberga a decenas de miles de personas.
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La política estadounidense de suministrar o vender armamento y tecnología a sus aliados queda patente a lo largo de todo el film. Y en dos ocasiones, primero en una conversación entre los personajes de Joanne Herring (Roberts) y Charlie Wilson (Hanks) y más tarde entre éste y el presidente de Pakistán y sus colaboradores, se hace alusión en que se facilitan armas, pero no los últimos avances tecnológicos (en este caso se venden aviones pero no el radar).
Joanne Herring es la que introduce el tema de que no se está interviniendo en Afganistán como se ha hecho en otros lugares como Nicaragua. Se está refiriendo al país donde el Frente Sandinista de Liberación Nacional había derrocado a la cruel dictadura de Somoza en 1979, haciéndose con el poder y logrando finalmente el apoyo soviético. Los Estados Unidos trataron por todos los medios de neutralizar y combatir la expansión del comunismo y por tanto el área de influencia de la Unión Soviética. En la década de los 80 la política de Ronald Reagan consistió en utilizar la vía militar y contrarrevolucionaria como solución a los conflictos armados de Centroamérica, apoyando a regímenes dictatoriales que cometieron graves violaciones de los derechos humanos.
En el ámbito político, Charlie Wilson revela en algunos momentos algo que también se nos recordaba constantemente en las desventuras del personaje de Spencer Tracy en El Estado de la Unión (Frank Capra, 1948). Que los congresistas “no son elegidos por los votantes, sino por los contribuyentes”. Las campañas de los candidatos norteamericanos, tal y como estamos viendo estos días en las primarias a través de los medios de comunicación, necesitan de grandes sumas de dinero (Obama duplica los ingresos diarios de su rival Hillary Clinton) para llegar a la población. Los candidatos necesitan de contribuyentes a sus campañas, especialmente de los grandes. Y Charlie Wilson en la película, si realiza negociaciones con los árabes, puede perder el apoyo de cómo él mismo dice, los 7 judíos de su distrito, que hemos de suponer que sufragan sus campañas.
El anticomunismo de políticos y resto de protagonistas en la película ha de entenderse en el contexto de la Guerra Fría y tras unos años de extensión del área de influencia soviética. Otras dos películas donde éste aspecto queda muy bien reflejado pero con planteamientos bien diferentes, son la obra de Otto Preminger, Tempestad sobre Washington (1962) y Siete días de mayo (1964) de John Frankenheimer.
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Entra en juego en la película, sin entrar en demasiadas profundizaciones, el difícil equilibrio político de la zona del Oriente Medio (muy similar al de nuestros días). Donde Estados Unidos, aliado del estado judío de Israel, ha de poner a todos de acuerdo, incluido Pakistán, Egipto y Arabia Saudí, para trazar una estrategia de apoyo a los mujahidin y los señores de la guerra afganos, religiosamente muy radicales. El papel que juega Pakistán en la zona como aliado norteamericano también queda perfectamente plasmado, como gestor y distribuidor además de la ayuda de los Estados Unidos.
Estamos en plena Guerra Fría, los conflictos se desarrollan sin que lleguen a enfrentarse directamente las dos grandes superpotencias, y para evitarlo de nuevo, es la razón por la que Charlie Wilson y Gust Avrakotos en la película tratan de conseguir suministrar material no directamente fabricado por Estados Unidos, sino incautado a la URSS, para en caso de ser hallado en Afganistán, no poder ser utilizado como argumento o casus belli en su contra.
La Guerra de Afganistán y la derrota de la Unión Soviética no fueron la única causa del derrumbamiento de la superpotencia comunista, como parece presagiar el personaje de Joanne Herring al comienzo de la película. Y tampoco se podía presagiar a la altura de 1980 que lo sería, como hace ella.
¿Dónde está Ronald Reagan?
Como ya he indicado en alguna otra ocasión, el cine a veces ha de realizar cierto ejercicio de síntesis para propiciar la trama y el entendimiento del espectador. En Lawrence de Arabia (1962) por ejemplo, los diversos oficiales que asesoraban a la familia del príncipe Feisal se ven reducidos a dos (Brighton y Lawrence) y la familia Hachemí a uno, en la persona de Feisal. Pero la película no olvida incluir a personajes importantes en el desarrollo de los acontecimientos en Oriente Medio, como primero el General Murray y después Allenby, así como un diplomático ficticio, Dryden (en representación de los intereses diplomáticos británicos en la zona).
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La Guerra de Charlie Wilson me ha gustado, cinematográficamente está bien hecha y creo que en cierto modo sirve para comprender el papel jugado por los Estados Unidos en Afganistán y lo que esto terminó suponiendo para la Unión Soviética. La reivindicación del personaje y su importante labor son respetables, pero al terminar la película lo primero que cabe preguntarse es ¿y dónde está Reagan?. Pues al personalizarse prácticamente todo el protagonismo de la acción en el protagonista de la película, queda sobredimensionada la figura de Charlie Wilson. Bien es cierto que el film abre diciendo que hubo muchos héroes en esta guerra, pero que Wilson merece un reconocimiento especial, ¿pero justifica eso la completa omisión de personajes claves en esa guerra?
Ciertamente tanto el libro cómo la película se centran en su persona, pero concretamente el film de Nichols llama poderosamente la atención porque no se hace ni la más mínima mención al presidente Ronald Reagan, quien precisamente ganaría las elecciones al término del año en que comienza a desarrollarse la trama de la película. Bueno, para ser precisos, sólo se le menciona cuando Tom Hanks está en su apartamento con una jovencita y Julia Roberts le llama por teléfono y le ordena que a no ser que esté reunido con Reagan la preste atención. Por no hablar de que tampoco se hace alusión alguna al director de la CIA William Casey o el asistente del presidente y Consejero de Seguridad Nacional Bill Clark, figuras importantes en las acciones llevadas a cabo durante esos años en Oriente Medio. Tan sólo vemos a un incompetente director de operaciones en Europa.
¿Ha podido incidir en esta omisión de políticos y cargos republicanos la condición liberal (cercana al Partido Demócrata) del director Mike Nichols? ¿O la del guionista Aaron Sorkin? distinguido por sus guiones pro demócratas de la serie El Ala Oeste de la Casa Blanca (para quienes los conservadores han acuñado en Norteamérica el término The Left Wing, cuya traducción en español es “El Ala Izquierda” en referencia a su posicionamiento político).
Lo que sí es cierto es que Reagan desde antes de su llegada a la presidencia se distinguió por sus mensajes de apoyo a aquellos que en el mundo combatiesen al comunismo. En su propia carrera presidencial abogó por ayudar a Afganistán. Y que ya elegido presidente esbozó la Doctrina Reagan que consistió en dar apoyo y cobertura efectivos a aquellos países que sufrieran la amenaza de la extensión del comunismo. Afganistán fue uno de los escenarios donde se continuó la Guerra Fría, pero hubo otros como Nicaragua, Guatemala, Honduras… Esta política contó con la oposición de la mayoría de los políticos demócratas, entre los que sólo algunos como Charlie Wilson la secundaron. De ahí que al final de la película escuchemos decir a Wilson “Conseguí que un Congreso Demócrata se alineara tras un Presidente republicano”. Aunque sigue sin mencionar su nombre.
Pequeño error o falta de claridad
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La película se inicia una noche de abril de 1980 en Las Vegas, en la que Charlie Wilson presta atención a lo que la TV dice sobre Afganistán. Al día siguiente acude al Capitolio y pide que se duplique el presupuesto. Y la siguiente secuencia es de noche, está en su apartamento y recibe la llamada telefónica de Julia Roberts y ésta le dice que a no ser que esté reunido con Reagan, la preste atención. Parece que es la misma noche que corresponde a la escena de por la mañana en el capitolio, pero si es así, quien gobierna es todavía Jimmy Carter (Reagan no tomaría posesión hasta el 20 de enero del año siguiente). ¿Por qué iba a estar reunido con Reagan si Wilson es un demócrata, a no ser que fuera ya el presidente? ¿O es que la acción ha avanzado desde la mañana que le vemos en el Capitolio todo un año? Si es así, no lo deja suficientemente claro, pues parece que es la misma noche de ese mismo día.
La Historia del “Vietnam” soviético
En abril de 1978 un gobierno revolucionario comunista se hizo con el control de Kabul, capital de Afganistán. Su serie de reformas (muchas de ellas de orden laico y otras demasiado revolucionarias, como la educación de las mujeres) en un país eminentemente agrario y religioso, pronto encontraron una fuerte oposición entre la población, alimentada y sostenida por los sectores religiosos más acérrimos (apoyados por Pakistán y Estados Unidos) terminando por estallar una guerra civil. En virtud del tratado de amistad existente con la Unión Soviética, el gobierno de Kabul requiere a Moscú la intervención de su ejército. El ejército rojo entra en Afganistán en diciembre de 1979, para prestar ayuda, no perder el control del área y fortalecer así su perímetro defensivo.
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Pero lo que trasluce es la expansión del comunismo y además mediante una acción armada, que es condenada por la comunidad internacional y llevando a 55 países a boicotear los juegos olímpicos de 1980. La URSS que mantenía buenas relaciones con el mundo árabe, especialmente desde la década de los 50 en que muchos de sus países se habían independizado de occidente, vio como estos condenaron su actuación reunidos en Pakistán.
La situación de Afganistán, un país conformado por multitud de etnias y grupos tribales era enormemente inestable. En el pasado, el imperio británico había mantenido hasta tres guerras en la zona, y terminado por reconocer su independencia en 1919. Su terreno, a gran altitud, montañoso y accidentado, y las condiciones climáticas, ayudaban a conformar un panorama que los soviéticos no previeron en todas sus dimensiones.
Los combates contra los insurgentes se acaban encarnizando en un conflicto donde como hoy en Irak, las artes de la guerra han cambiado. El ejército rojo se enfrenta a los insurgentes y a la población que les brinda apoyo o cobijo. Una situación en parte similar a la vivida hoy por los soldados estadounidense y de la ONU en Irak y el propio Afganistán. Y como vemos en algunas escenas de la película, aldeas y civiles son masacrados. La forma que adopta éste conflicto puede apreciarse en la película rusa La Novena Compañía (2005) ambientada en el último año de ocupación y que en la segunda parte de su metraje ofrece escenas realmente certeras y espectaculares.
De los 15 millones de habitantes que tenía Afganistán en 1979, un tercio se refugia en los países vecinos, principalmente Pakistán y Afganistán. Las bajas afganas en el conflicto se estiman en torno a los 700.000 muertos, aunque hay quienes apuntan a la cifra de dos millones
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Los helicópteros soviéticos, con un blindaje especial, jugaron un papel fundamental en la campaña de Afganistán por las dificultades que el escarpado territorio representaba para las acciones terrestres. Estos, junto con los MIG no comenzarían a ser derribados en masa hasta que llegó la ayuda norteamericana (incrementada a medida que avanzaron los años 80) la cual proveyó de material suficiente para que los afganos y los miles de voluntarios de otros países islámicos que acudieron para hacer la guerra santa a la URSS pudieran combatir en condiciones. El conflicto, en el que los soviéticos apenas pasaron de tener bajo su control la capital y las principales ciudades del país, se convirtió en una auténtica sangría para el ejército rojo, que con sólo 130.000 efectivos no podía controlar la situación. Los mujahidin practicaron una guerra de guerrillas en montaña acosando al ejército rojo y sus comunicaciones. Mientras que un misil tierra-aire stinger, como los suministrados por EE.UU tenía un precio aproximado de 65.000 $, como se indica en la película, los helicópteros soviéticos derribados por éstos suponían unas pérdidas de 20 millones de dólares de media cada uno. Lo mismo puede decirse de los misiles de asalto antitanque y lo ocurrido con los blindados.
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Afganistán se convierte en el mejor ejemplo del esfuerzo del gobierno Reagan (1981-1989) por acabar con el comunismo. Y la política de su administración con respecto a Afganistán tiene el objetivo de convertirlo en un Vietnam soviético. Hay que entenderlo dentro del contexto de la Guerra Fría (Afganistán es uno de sus escenarios) que dividía al mundo en dos bloques en torno a las dos superpotencias URSS y USA. En la década de los 70, diversas partes del mundo en Asia, África y America Latina habían caído bajo órbita soviética, y en los 80 la Doctrina Reagan consistió en dar cobertura y apoyo a aquellos que combatiesen al comunismo. No importó el tipo de aliados en esta tarea, podemos afirmar que se empleó la máxima de “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”. La tercera película del héroe de la era Reagan por excelencia, Rambo III (1988), se desarrollaría en este conflicto, símbolo de la lucha contra el comunismo.
En 1989 el ejército soviético se retiraría de Afganistán, tras casi diez años de conflicto, y ante la imposibilidad del gobierno de Mijaíl Gorbachov de encontrar una salida satisfactoria al mismo, dejando atrás cerca de 15.000 bajas y cuantiosas pérdidas económicas en recursos y material (algunas de cuyas cifras se nos van ofreciendo acompañadas del derribo de helicópteros en la película a partir del año 87). Era la primera derrota de la Unión Soviética, la cual pagó con un alto desprestigio internacional esta intervención y junto con otros factores políticos, económicos y sociales contribuyó a la desaparición de la Guerra Fría y de la propia URSS.
Mensajes de la película
Al igual que hizo (Mike Nichols) en Primary Colors, aquí, tal y como le dice el presidente pakistaní a Charlie Wilson “leí que es usted un hombre de muchos defectos, pero también leí que nunca promete algo que no pueda cumplir” se nos quiere dar a entender que hay que disociar la vida privada de las personas de la vida pública. Que lo importante es que un político cumpla y sea eficaz para los ciudadanos. Si al Bill Clinton de Primary Colors
ya desde el principio le veíamos como un mujeriego que engañaba a su mujer a la primera de cambio, pero que poseía un fuerte carisma personal y parecía ponerse en la piel de sus votantes y conectar con ellos, aquí también desde el principio, Charlie Wilson nos es presentado como un hombre acompañado de múltiples vicios, pero que sin embargo resulta diligente y eficaz. Algo similar hizo en su día John Ford, al retratar de la manera que lo hizo al alcalde en que se inspiró para su obra El Último Hurra (1958) quien en la vida real practicaba cierto tipo de corrupción con sus redes clientelares, o el caso de Paul Newman dando vida al gobernador Earl Long en El Escándalo Blaze (1989).
De ahí quizá también que en La Guerra de Charlie Wilson se cite en dos ocasiones al tercer presidente de EE.UU., Thomas Jefferson, presumiblemente por su controvertida vida privada, que supuso todo un escándalo sexual para su época, el primero en la historia de un presidente.
Tras las indicaciones realizadas en apartados anteriores, que han de ser muy tenidas en cuenta para no caer en una lectura simplista de lo narrado en la película, el mensaje final de la misma ha de entenderse como un ejercicio de responsabilidad para con el presente. No comparto la visión del personaje interpretado por Tom Hanks, de que lo conseguido en Afganistán se hubiese consolidado con escuelas y educación. La situación era mucho más compleja. Aunque no falto de toda razón, esto más bien parece una idea ingenua, bienintencionada y norteamericanamente paternalista. Pero sí es cierto, que hoy, en la actualidad, el principal factor de desarrrollo en el mundo es la inversión en educación, promotora del progreso. Algo de lo que millones de niños y jóvenes carecen por múltiples motivos. Y al final, esa falta de desarrollo es el caldo de cultivo de ciegos odios contra occidente.
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Pero lo que sí deja traslucir más acertadamente es una conexión directa entre la intervención en Afganistán, el apoyo a los mujahidin y señores de la Guerra afganos, la Guerra Santa que reclutó voluntarios en todo el Islam contra la URSS y la posterior llegada al poder de los Talibán a comienzos de la década de los 90, caldo de cultivo excelente para el integrismo, el desarrollo de Al Quaeda y uno de los hombres que llegaron en medio del conflicto para combatir al ejército rojo y se quedaron, Osama bin Laden. Aunque los EE.UU. durante el conflicto sabían a qué señores de la guerra sí debían dar la ayuda (caso de Ahmed Shah Masud, general citado en la película) y a quienes no, los acontecimientos fueron derivando en beneficio de los Talibán y los integristas. Todo ello ante la complaciente mirada del gobierno norteamericano tras finalizar la Guerra Fría, ocupado, como también se refleja en el film, en la reorganización de la Europa Oriental, el cual no supo reaccionar a tiempo. Y como dice la frase que se atribuye al congresista Wilson en la última escena “Estas cosas pasaron. Fueron gloriosas y cambiaron al mundo y luego cagamos el final del juego” porque como el mismo decía momentos antes, la pelota seguía en juego, y ellos abandonaron el campo.
Esto nos conduce a otro de los mensajes que lleva implícito el mensaje final de la película, al expresar también Charlie Wilson “Esto es lo que siempre hacemos, siempre entramos, con nuestros ideales, cambiamos su mundo y luego nos vamos. Siempre nos vamos”. El cual puede traducirse, aunque pueda no ser éste su propósito, como que en la situación actual, no se puede repetir con Irak lo sucedido en Afganistán, y por tanto es necesaria la presencia norteamericana, pero esa es ya otra historia.
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1 comentarios:
Está bien el post, pero muy largo para una película que es una patata. Si fuese buena sería correcto un post largo.
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