Lincoln en Illinois (Parte I)
(Abe Lincoln in Illinois. USA, 1940)
(Abe Lincoln in Illinois. USA, 1940)
El camino de un hombre hacia la Casablanca
El decimosexto presidente de los Estados Unidos de América sigue estando de plena actualidad. Mientras Steven Spielberg prepara el rodaje de una nueva película sobre su vida, coincidiendo con el bicentenario de su nacimiento que se celebrará el año próximo, el candidato a la presidencia por el partido demócrata, el Senador Barak Obama, reivindica su figura, estableciendo además paralelismos con su biografía y con la historia. La cinta dirigida por John Cromwell en 1939 con Raymond Massey en el papel de Lincoln contiene la que posiblemente sea la mejor interpretación del personaje.
Dentro de unos pocos días, el 10 de febrero, hará un año que un joven senador por Illinois, Barak Obama, inició su carrera a la presidencia de los Estados Unidos. Anunció su candidatura escogiendo un lugar simbólicamente emblemático, la capital del estado donde realizó la mayor parte de su carrera política el decimosexto presidente de su país. Y lo hizo junto al Capitolio de la ciudad de Springfield, donde precisamente Abraham Lincoln en 1858 pronunció uno de sus más famosos discursos, en el que manifestó que una casa dividida contra sí misma no puede mantenerse, condenando abiertamente la esclavitud. Hoy, ciento cincuenta años después, Lincoln sonreiría para sus adentros viendo como un hombre de color, que al igual que él tan sólo lleva dos años en el Senado por el estado de Illinois, es un firme candidato a la Casa Blanca.
La política, vinculada a la historia pasada y presente de la democracia norteamericana, ha sido un tema que siempre ha estado muy presente en el cine estadounidense, resultando el vértice de esta pirámide, su presidencia y los hombres que la han ocupado, objeto de múltiples miradas cinematográficas (ver final del artículo). De entre todos ellos, el presidente que abolió la esclavitud ha resultado ser el inquilino de la Casablanca más veces agraciado.
Son un centenar las películas y series de televisión las que han abordado la vida del presidente norteamericano, desde las que le han tenido como principal protagonista de la trama hasta en las que sólo ha servido para un breve cameo interpretativo. Pero de entre todas ellas, sólo un actor logró estar nominado por este papel al Oscar al mejor actor, Raymond Massey. Fue en 1941, la película la había dirigido John Cromwell y se tituló Lincoln en Illinois (Abe Lincoln in Illinois, 1940).
Un Biopic basado en un premio Pulitzer
En 1940 el director John Cromwell, responsable poco antes de un título mítico en el gén
ero de aventuras de capa y espada (El Prisionero de Zenda, 1937) dirigió este biopic realizando incluso un cameo en la película en la piel de John Brown. Cromwell, llegado al cine desde el mundo del teatro, no es de extrañar que eligiera a Massey para el papel, dada la importancia que confería a la actuación y los diálogos en sus películas.
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No es de sorprender su buen guión pues está basado en la novela “Abe Lincoln in Illinois” con la que el escritor Robert E. Sherwood había ganado su segundo premio Pulitzer en 1939 y al que todavía le quedaría por alzarse con dos más. Sherwood quien posteriormente escribiría guiones de la talla de Rebeca (1940) o Los mejores años de nuestra vida (1946), por la que ganó un Oscar, colaboró en la adaptación del guión junto a Grover Jones.
Raymond Massey quien ya había trabajado con Cromwell en El Prisionero de Zenda, era un actor canadiense que realizó los inicios de su carrera teatral y cinematográfica en Gran Bretaña, llegando a ser puesto en nómina por el productor y director Alexander Korda. Sus pómulos ampulosos, poderosas cejas, semblante serio, voz grave y potente, su alta estatura y aspecto desgarbado, le permitieron dar vida a personajes normalmente secundarios pero a los que revestía con su rostro de una gran personalidad, como el John Brown de Camino de Santa Fé (1940). En 1939 actuó sobre los escenarios encarnando al presidente Lincoln en la obra Abe Lincoln in Illinois, basada en el libro de mismo nombre. Su lograda interpretación le valió el mismo papel en la adaptación cinematográfica. No sería la última vez que lo haría en el cine, en 1962 lo encarnó de nuevo en la superproducción La Conquista del Oeste, concretamente en una breve aparición en la parte dirigida por John Ford. Y en los años 50 en el drama televisivo “The Day That Lincoln Was Shot”.
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El reparto se completó con Gene Lockhart como Stephen Douglass, su rival en la elección a la presidencia; y Ruth Gordon (actriz ganadora de un Oscar en 1969) en su primer papel en el cine, como la esposa de Lincoln, Mary Todd.
Fue aclamada como la mejor película realizada hasta el momento sobre Lincoln y Massey nominado al Oscar al mejor actor. Pero el éxito de crítica no acompañó en taquilla en una época con numerosos biopics y cuando mismamente John Ford acababa de estrenar el año anterior El Joven Lincoln (Young Mr. Lincoln, 1939) con Henry Fonda en el papel protagonista.
La historia del personaje
La película hace un recorrido de 30 años por la vida de Abraham Lincoln desde el momento en que abandona el hogar familiar en el año 1831 hasta que toma el tren presidencial que le llevará (tras ser elegido) a Washington desde la ciudad de Springfield en enero de 1861. Se trata de un retrato que va enlazando su propio periplo vital con los diversos momentos que lo van convirtiendo en un hombre público. Dicho retrato es profundamente amable con el personaje, mostrándonos un Lincoln sencillo en sus maneras y en sus ambiciones, el cual únicamente anhela una feliz vida familiar, alejada de la tumultuosidad de la política. Pero a quien los hechos y quienes le rodean a través de su confianza y continuo espoleo, empujan a encarar la responsabilidad de tomar parte en el destino de su pueblo primero y su nación más tarde.
La placidez del hogar, punto de partida
Las primeras imágenes, las que acompañan a los títulos de crédito nos van mostrando diversas estampas de esa América salvaje y de tierras vírgenes, con sus bosques, sus ríos navegables y las caravanas que las cruzan en plena colonización de Norteamérica. Representan el recorrido de su familia y los estados en los que Lincoln vivió sus primeros años, Kentucky (donde nació), Indiana e Illinois (vemos un ciervo de cola blanca, mamífero representativo del estado) todos ellos en el medio oeste, al sur de los Grandes Lagos, colonizados entre finales del XVIII y principios del XIX, y convertidos los dos últimos en miembros de la Unión en torno a 1815.
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En la primera escena vemos el interior de la humilde cabaña de los Lincoln, el cual yace cómodamente en el suelo al calor del hogar encendido leyendo un volumen de poesía de Shakespeare, junto a él su padre y su segunda esposa (la madre de Abraham murió cuando él tenía 6 años, pero eso no lo sabemos, tan sólo nos lo figuramos cuando en la despedida a pesar de llamarla madre, ella le dice que no estaría más orgullosa de él si fuera su propio hijo). La placidez del hogar familiar contrasta con el mundo exterior, es un día de lluvia y escuchamos decir al padre decir “nieve en el invierno y tormentas en la primavera, casi no nos quedan provisiones y la tierra no da nada aún, si seguimos aquí nos moriremos de hambre” (la temperatura en Illinois puede bajar 12 grados en apenas una hora y el invierno de 1830 fue especialmente duro). A lo que su esposa le contesta que siempre dice lo mismo de todos los sitios donde están (los padres de Lincoln emigraron de Virginia a Kentucky en busca de nuevas tierras, tras morir su madre, se trasladaron a Indiana cuando tenía 7 años, y en 1830 se instalaron en Illinois).
Su padre le reprocha suavemente que se pasa todo el día leyendo (tarea poco productiva para una familia que trabaja el campo y reflejo de que Lincoln fue en parte autodidacta en su educación y formación). Del exterior llegan dos hombres para buscarlo en el que va a ser su primer trabajo fuera de casa, transportando cerdos por el río hasta Nueva Orleáns. Es la primera vez que se menciona Springfield, referido como “un pueblo” desde el que partirá en su nueva tarea. Lincoln no sabe que será en esa ciudad donde más tarde desarrollará su vida familiar y su carrera política. Su “madre” (tiernamente encarnada por Elisabeth Risdon) pesarosa por la repentina noticia, sin embargo le dice en una escena más intimista incluso que todo el conjunto, que no tiene ninguna duda de que algún día triunfará. Y le ofrece un consejo que Lincoln responde que no olvidará y que recordará más tarde en el momento crucial de la película donde toma la decisión que cambiará su vida: “Vayas donde vayas, que la Biblia sea tu mejor guía. Lo mundanal pasa, pero quien hace lo que Dios ordena, después tendrá una vida mejor”. La despedida se confirma con un nada baladí “Sé bueno”.
Su iniciación en la vida pública
El fundido nos traslada ya al río donde vemos a Lincoln a bordo de una barcaza que trasnporta cerdos río abajo por el río Sangamon (un trabajo muy bien pagado por el que cobrará 30 dólares al mes). Las vías fluviales eran todavía en aquella época a través de ríos navegables como el Missouri o el Mississippi las principales salidas al comercio de los productos de la región del medio oeste, transportando éstos hasta puertos del sur como Nueva Orleáns (en el golfo de México). Más tarde con la aparición del ferrocarril, este comercio sería disputado por los estados industrializados del norte en la costa este.
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Pasan por el pueblo de Nueva Salem, donde un percance les hace detenerse y a Lincoln conocer a una joven Ann Rutledge (Mary Howard) mientras recupera los cerdos huidos y con la que entabla un gracioso diálogo, quedando prendado de ella. Al reanudar el viaje ello le lleva a aceptar “con mucho gusto” el ofrecimiento que su patrón le hace para trabajar en la tienda que abrirá a su regreso en Nueva Salem.
Las aguas del río se funden con la rueda de la diligencia de Springfield, Lincoln regresa en ella a Nueva Salem. Es día de elecciones, vemos a un pintoresco veterano de la Guerra de Independencia (que juega en la película un rol cómico similar al de Walter Brennan posteriormente en Río Bravo (1958). Pero la caricatura de este personaje, subido en una improvisada tarima dirigiendo sus palabras a los ciudadanos y del que algunos se ríen, no debe hacernos perder atención a lo que dice aunque sea de pasada “si el gobierno está corrompido ¿por qué no hacéis algo para remediarlo?” e introduce una máxima importante pero cuyo significado puede pasar desapercibido aún a estas alturas de la película “en el año 1776 (el de la Independencia) declaramos que todos los hombres somos iguales”.
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Un grupo cercano al estado ebrio provoca un pequeño altercado e intimida a los lugareños, nadie interviene, ni siquiera Lincoln (quien responde que nunca pelea), pero por caballerosidad hacia la dama de la que se ha enamorado toma partido y lucha con el principal alborotador. El puntapié dado a la chistera en el suelo marca un antes y un después en la película, Lincoln, un hombre pacífico y confiado ha dado el paso de involucrarse, y al recordar en medio de la pelea que de niño “nunca me gustaban los purgantes, pero siempre me hacían tomarlos” anuncia lo que va a ser una c
onstante en el resto del metraje, donde es empujado por quienes le rodean y por las circunstancias. Hay cosas que te pueden no gustar, pero que son necesarias para curar, él no quería pelear, pero ha tenido que hacerlo. Aprende rápido y vence, ganándose el respeto de su oponente y el de todos los presentes.
Estos le ofrecen hacer ese día de secretario de la mesa electoral, y él les responde que no ha nacido para político, pero la suerte está echada, se ha ganado su confianza, ellos creen en él, y antes de ejercer su cometido le vemos jurar “solemnemente respaldar la constitución de los Estados Unidos de América”.
Un hombre querido por su comunidad
Instalado en Nueva Salem trabaja en una tienda de ultramarinos y todo tipo de utensilios y comestibles, de la que acaba siendo propietario y convirtiéndose también en oficina de correos (que como él mismo indica, llega una vez a la semana) lo que le hace tener trato con todos los vecinos.
Se va convirtiendo por su sencillez, su carácter afable e incluso simpáticas frases y palabras, en un hombre querido por su comunidad, cuyos miembros le apodan Abe y están dispuestos a ayudarle, como por ejemplo, a recibir lecciones de gramática (concretamente los modos de los verbos). Sin embargo ese hombre de gran estatura, aspecto desgarbado y rostro escasamente agraciado posee un carácter melancólico y reservado, no tiene una gran consideración respecto de si mismo y su humildad le lleva a verse como un fracasado. A lo que su improvisado maestro le contesta que sólo hay dos salidas para los fracasados, la enseñanza y la política.
La película introduce en boca del propio Abe uno de sus miedos, premonitorio de su trágico final. No le gusta la política porque si resulta elegido le obligaría a irse a la ciudad, y no le gusta la ciudad, la gente le asusta mucho “… porque podrían asesinarme”. Esta premonición, que no sabe a qué responde, se repetirá.
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Es el año 1832 y la lucha contra los indios irrumpe en escena. Ante su respeto por los mismos un vecino le espeta que si quieren colonizar las tierras de Kansas y Nebraska tendrán que combatirlos, y le recuerda “igual que tu padre cuando se fue a Kentucky” (recordemos que emigró desde la costa, en Virginia). Es la denominada Guerra del Halcón Negro, por la disputa de tierras a los indios en la expansión hacia el oeste. Su reconocimiento sigue en aumento, y es elegido capitán de la milicia local, lo que le lleva a sentenciar “creo que no me va a quedar otro remedio que luchar”. Aunque no llegó a entablar combate.
Otro de los problemas a los que terminaría enfrentándose tras salir elegido presidente hace su primera aparición a través de un periódico de 1835 que informa de que Carolina del Sur amenaza con abandonar la Unión. El peligro de secesión, ya está presente bajo la presidencia de Andrew Jackson, e irá en aumento conforme avance el siglo.
Ya tenemos planteadas todas la pautas que marcarán su vida y entrada en la historia: todos los hombres somos iguales, la política, la amenaza de disolución de la Unión y su miedo a morir. Ahora sólo falta que surja en él, el deseo de encarar la carrera política y cumplir su destino.
El decimosexto presidente de los Estados Unidos de América sigue estando de plena actualidad. Mientras Steven Spielberg prepara el rodaje de una nueva película sobre su vida, coincidiendo con el bicentenario de su nacimiento que se celebrará el año próximo, el candidato a la presidencia por el partido demócrata, el Senador Barak Obama, reivindica su figura, estableciendo además paralelismos con su biografía y con la historia. La cinta dirigida por John Cromwell en 1939 con Raymond Massey en el papel de Lincoln contiene la que posiblemente sea la mejor interpretación del personaje.
Dentro de unos pocos días, el 10 de febrero, hará un año que un joven senador por Illinois, Barak Obama, inició su carrera a la presidencia de los Estados Unidos. Anunció su candidatura escogiendo un lugar simbólicamente emblemático, la capital del estado donde realizó la mayor parte de su carrera política el decimosexto presidente de su país. Y lo hizo junto al Capitolio de la ciudad de Springfield, donde precisamente Abraham Lincoln en 1858 pronunció uno de sus más famosos discursos, en el que manifestó que una casa dividida contra sí misma no puede mantenerse, condenando abiertamente la esclavitud. Hoy, ciento cincuenta años después, Lincoln sonreiría para sus adentros viendo como un hombre de color, que al igual que él tan sólo lleva dos años en el Senado por el estado de Illinois, es un firme candidato a la Casa Blanca.
La política, vinculada a la historia pasada y presente de la democracia norteamericana, ha sido un tema que siempre ha estado muy presente en el cine estadounidense, resultando el vértice de esta pirámide, su presidencia y los hombres que la han ocupado, objeto de múltiples miradas cinematográficas (ver final del artículo). De entre todos ellos, el presidente que abolió la esclavitud ha resultado ser el inquilino de la Casablanca más veces agraciado.
Son un centenar las películas y series de televisión las que han abordado la vida del presidente norteamericano, desde las que le han tenido como principal protagonista de la trama hasta en las que sólo ha servido para un breve cameo interpretativo. Pero de entre todas ellas, sólo un actor logró estar nominado por este papel al Oscar al mejor actor, Raymond Massey. Fue en 1941, la película la había dirigido John Cromwell y se tituló Lincoln en Illinois (Abe Lincoln in Illinois, 1940).
Un Biopic basado en un premio Pulitzer
En 1940 el director John Cromwell, responsable poco antes de un título mítico en el gén
ero de aventuras de capa y espada (El Prisionero de Zenda, 1937) dirigió este biopic realizando incluso un cameo en la película en la piel de John Brown. Cromwell, llegado al cine desde el mundo del teatro, no es de extrañar que eligiera a Massey para el papel, dada la importancia que confería a la actuación y los diálogos en sus películas..
No es de sorprender su buen guión pues está basado en la novela “Abe Lincoln in Illinois” con la que el escritor Robert E. Sherwood había ganado su segundo premio Pulitzer en 1939 y al que todavía le quedaría por alzarse con dos más. Sherwood quien posteriormente escribiría guiones de la talla de Rebeca (1940) o Los mejores años de nuestra vida (1946), por la que ganó un Oscar, colaboró en la adaptación del guión junto a Grover Jones.
Raymond Massey quien ya había trabajado con Cromwell en El Prisionero de Zenda, era un actor canadiense que realizó los inicios de su carrera teatral y cinematográfica en Gran Bretaña, llegando a ser puesto en nómina por el productor y director Alexander Korda. Sus pómulos ampulosos, poderosas cejas, semblante serio, voz grave y potente, su alta estatura y aspecto desgarbado, le permitieron dar vida a personajes normalmente secundarios pero a los que revestía con su rostro de una gran personalidad, como el John Brown de Camino de Santa Fé (1940). En 1939 actuó sobre los escenarios encarnando al presidente Lincoln en la obra Abe Lincoln in Illinois, basada en el libro de mismo nombre. Su lograda interpretación le valió el mismo papel en la adaptación cinematográfica. No sería la última vez que lo haría en el cine, en 1962 lo encarnó de nuevo en la superproducción La Conquista del Oeste, concretamente en una breve aparición en la parte dirigida por John Ford. Y en los años 50 en el drama televisivo “The Day That Lincoln Was Shot”.
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El reparto se completó con Gene Lockhart como Stephen Douglass, su rival en la elección a la presidencia; y Ruth Gordon (actriz ganadora de un Oscar en 1969) en su primer papel en el cine, como la esposa de Lincoln, Mary Todd.
Fue aclamada como la mejor película realizada hasta el momento sobre Lincoln y Massey nominado al Oscar al mejor actor. Pero el éxito de crítica no acompañó en taquilla en una época con numerosos biopics y cuando mismamente John Ford acababa de estrenar el año anterior El Joven Lincoln (Young Mr. Lincoln, 1939) con Henry Fonda en el papel protagonista.
La historia del personaje
La película hace un recorrido de 30 años por la vida de Abraham Lincoln desde el momento en que abandona el hogar familiar en el año 1831 hasta que toma el tren presidencial que le llevará (tras ser elegido) a Washington desde la ciudad de Springfield en enero de 1861. Se trata de un retrato que va enlazando su propio periplo vital con los diversos momentos que lo van convirtiendo en un hombre público. Dicho retrato es profundamente amable con el personaje, mostrándonos un Lincoln sencillo en sus maneras y en sus ambiciones, el cual únicamente anhela una feliz vida familiar, alejada de la tumultuosidad de la política. Pero a quien los hechos y quienes le rodean a través de su confianza y continuo espoleo, empujan a encarar la responsabilidad de tomar parte en el destino de su pueblo primero y su nación más tarde.
La placidez del hogar, punto de partida
Las primeras imágenes, las que acompañan a los títulos de crédito nos van mostrando diversas estampas de esa América salvaje y de tierras vírgenes, con sus bosques, sus ríos navegables y las caravanas que las cruzan en plena colonización de Norteamérica. Representan el recorrido de su familia y los estados en los que Lincoln vivió sus primeros años, Kentucky (donde nació), Indiana e Illinois (vemos un ciervo de cola blanca, mamífero representativo del estado) todos ellos en el medio oeste, al sur de los Grandes Lagos, colonizados entre finales del XVIII y principios del XIX, y convertidos los dos últimos en miembros de la Unión en torno a 1815.
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En la primera escena vemos el interior de la humilde cabaña de los Lincoln, el cual yace cómodamente en el suelo al calor del hogar encendido leyendo un volumen de poesía de Shakespeare, junto a él su padre y su segunda esposa (la madre de Abraham murió cuando él tenía 6 años, pero eso no lo sabemos, tan sólo nos lo figuramos cuando en la despedida a pesar de llamarla madre, ella le dice que no estaría más orgullosa de él si fuera su propio hijo). La placidez del hogar familiar contrasta con el mundo exterior, es un día de lluvia y escuchamos decir al padre decir “nieve en el invierno y tormentas en la primavera, casi no nos quedan provisiones y la tierra no da nada aún, si seguimos aquí nos moriremos de hambre” (la temperatura en Illinois puede bajar 12 grados en apenas una hora y el invierno de 1830 fue especialmente duro). A lo que su esposa le contesta que siempre dice lo mismo de todos los sitios donde están (los padres de Lincoln emigraron de Virginia a Kentucky en busca de nuevas tierras, tras morir su madre, se trasladaron a Indiana cuando tenía 7 años, y en 1830 se instalaron en Illinois).
Su padre le reprocha suavemente que se pasa todo el día leyendo (tarea poco productiva para una familia que trabaja el campo y reflejo de que Lincoln fue en parte autodidacta en su educación y formación). Del exterior llegan dos hombres para buscarlo en el que va a ser su primer trabajo fuera de casa, transportando cerdos por el río hasta Nueva Orleáns. Es la primera vez que se menciona Springfield, referido como “un pueblo” desde el que partirá en su nueva tarea. Lincoln no sabe que será en esa ciudad donde más tarde desarrollará su vida familiar y su carrera política. Su “madre” (tiernamente encarnada por Elisabeth Risdon) pesarosa por la repentina noticia, sin embargo le dice en una escena más intimista incluso que todo el conjunto, que no tiene ninguna duda de que algún día triunfará. Y le ofrece un consejo que Lincoln responde que no olvidará y que recordará más tarde en el momento crucial de la película donde toma la decisión que cambiará su vida: “Vayas donde vayas, que la Biblia sea tu mejor guía. Lo mundanal pasa, pero quien hace lo que Dios ordena, después tendrá una vida mejor”. La despedida se confirma con un nada baladí “Sé bueno”.
Su iniciación en la vida pública
El fundido nos traslada ya al río donde vemos a Lincoln a bordo de una barcaza que trasnporta cerdos río abajo por el río Sangamon (un trabajo muy bien pagado por el que cobrará 30 dólares al mes). Las vías fluviales eran todavía en aquella época a través de ríos navegables como el Missouri o el Mississippi las principales salidas al comercio de los productos de la región del medio oeste, transportando éstos hasta puertos del sur como Nueva Orleáns (en el golfo de México). Más tarde con la aparición del ferrocarril, este comercio sería disputado por los estados industrializados del norte en la costa este.
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Pasan por el pueblo de Nueva Salem, donde un percance les hace detenerse y a Lincoln conocer a una joven Ann Rutledge (Mary Howard) mientras recupera los cerdos huidos y con la que entabla un gracioso diálogo, quedando prendado de ella. Al reanudar el viaje ello le lleva a aceptar “con mucho gusto” el ofrecimiento que su patrón le hace para trabajar en la tienda que abrirá a su regreso en Nueva Salem.
Las aguas del río se funden con la rueda de la diligencia de Springfield, Lincoln regresa en ella a Nueva Salem. Es día de elecciones, vemos a un pintoresco veterano de la Guerra de Independencia (que juega en la película un rol cómico similar al de Walter Brennan posteriormente en Río Bravo (1958). Pero la caricatura de este personaje, subido en una improvisada tarima dirigiendo sus palabras a los ciudadanos y del que algunos se ríen, no debe hacernos perder atención a lo que dice aunque sea de pasada “si el gobierno está corrompido ¿por qué no hacéis algo para remediarlo?” e introduce una máxima importante pero cuyo significado puede pasar desapercibido aún a estas alturas de la película “en el año 1776 (el de la Independencia) declaramos que todos los hombres somos iguales”.
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Un grupo cercano al estado ebrio provoca un pequeño altercado e intimida a los lugareños, nadie interviene, ni siquiera Lincoln (quien responde que nunca pelea), pero por caballerosidad hacia la dama de la que se ha enamorado toma partido y lucha con el principal alborotador. El puntapié dado a la chistera en el suelo marca un antes y un después en la película, Lincoln, un hombre pacífico y confiado ha dado el paso de involucrarse, y al recordar en medio de la pelea que de niño “nunca me gustaban los purgantes, pero siempre me hacían tomarlos” anuncia lo que va a ser una c
onstante en el resto del metraje, donde es empujado por quienes le rodean y por las circunstancias. Hay cosas que te pueden no gustar, pero que son necesarias para curar, él no quería pelear, pero ha tenido que hacerlo. Aprende rápido y vence, ganándose el respeto de su oponente y el de todos los presentes.Estos le ofrecen hacer ese día de secretario de la mesa electoral, y él les responde que no ha nacido para político, pero la suerte está echada, se ha ganado su confianza, ellos creen en él, y antes de ejercer su cometido le vemos jurar “solemnemente respaldar la constitución de los Estados Unidos de América”.
Un hombre querido por su comunidad
Instalado en Nueva Salem trabaja en una tienda de ultramarinos y todo tipo de utensilios y comestibles, de la que acaba siendo propietario y convirtiéndose también en oficina de correos (que como él mismo indica, llega una vez a la semana) lo que le hace tener trato con todos los vecinos.
Se va convirtiendo por su sencillez, su carácter afable e incluso simpáticas frases y palabras, en un hombre querido por su comunidad, cuyos miembros le apodan Abe y están dispuestos a ayudarle, como por ejemplo, a recibir lecciones de gramática (concretamente los modos de los verbos). Sin embargo ese hombre de gran estatura, aspecto desgarbado y rostro escasamente agraciado posee un carácter melancólico y reservado, no tiene una gran consideración respecto de si mismo y su humildad le lleva a verse como un fracasado. A lo que su improvisado maestro le contesta que sólo hay dos salidas para los fracasados, la enseñanza y la política.
La película introduce en boca del propio Abe uno de sus miedos, premonitorio de su trágico final. No le gusta la política porque si resulta elegido le obligaría a irse a la ciudad, y no le gusta la ciudad, la gente le asusta mucho “… porque podrían asesinarme”. Esta premonición, que no sabe a qué responde, se repetirá.
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Es el año 1832 y la lucha contra los indios irrumpe en escena. Ante su respeto por los mismos un vecino le espeta que si quieren colonizar las tierras de Kansas y Nebraska tendrán que combatirlos, y le recuerda “igual que tu padre cuando se fue a Kentucky” (recordemos que emigró desde la costa, en Virginia). Es la denominada Guerra del Halcón Negro, por la disputa de tierras a los indios en la expansión hacia el oeste. Su reconocimiento sigue en aumento, y es elegido capitán de la milicia local, lo que le lleva a sentenciar “creo que no me va a quedar otro remedio que luchar”. Aunque no llegó a entablar combate.
Otro de los problemas a los que terminaría enfrentándose tras salir elegido presidente hace su primera aparición a través de un periódico de 1835 que informa de que Carolina del Sur amenaza con abandonar la Unión. El peligro de secesión, ya está presente bajo la presidencia de Andrew Jackson, e irá en aumento conforme avance el siglo.
Ya tenemos planteadas todas la pautas que marcarán su vida y entrada en la historia: todos los hombres somos iguales, la política, la amenaza de disolución de la Unión y su miedo a morir. Ahora sólo falta que surja en él, el deseo de encarar la carrera política y cumplir su destino.
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3 comentarios:
No conocía esta película como muchas de las que hablas. Te felicito por la idea del ciclo sobre presidentes Enfocas muy bien el blog y me resulta muy interesante.
Cuándo vas a continuar el artículo?
He dividido el comentario en tres partes (lo tengo finalizado), seguramente la semana que viene publicaré la segunda.
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