
Los falsificadores
(Die Fälscher. Austria, 2007)
-Autor: José Luis Urraca Casal-
-Estreno hoy en cines-
(Die Fälscher. Austria, 2007)
-Autor: José Luis Urraca Casal-
-Estreno hoy en cines-
Sobrevivir ayudando a tu principal enemigo
Hoy se estrena en nuestras pantallas de cine este drama austriaco que se ha alzado este año con el Oscar a la mejor película de habla no inglesa. Los Falsificadores es la historia de un grupo de judíos durante la Segunda Guerra Mundial y su particular vivencia en los campos de concentración nazis. [Este artículo está protegido por derechos de autor. Ver detalles al final del mismo]
La falta de tiempo me impide desarrollar adecuadamente esta película europea que se ha estrenado hoy en nuestras pantallas de cine, pero así y todo no quiero dejar de hacer una breve reseña del título que este año ha recibido el Oscar a la mejor película de habla no inglesa.
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Basada en hechos reales, Los falsificadores nos sitúa al principio en un lujoso hotel y casino de la riviera francesa en Montecarlo, después de la guerra, para después trasladarnos a la Alemania del año 1936. Salomón Sorowitsch, más conocido como Saly, además de poseer dotes para el dibujo, es un hábil y experimentado falsificador de moneda y documentos, considerado el mejor de Alemania, que vive ajeno al destino que los judíos han encontrado bajo el gobierno de los nazis. Lleva una vida disoluta, disfrutando de las noches de cabaret y con mujeres a las que proporciona documentos para abandonar el país o adquirir una nueva identidad.
La película muestra como delincuentes habituales se convierten en una herramienta de primer orden en los últimos años de la guerra para ayudar al régimen nazi a desestabilizar la economía de los aliados e insuflar dinero líquido en sus propias arcas, al borde de la quiebra. En la misión que se les encomienda habrán de colaborar juntos tanto quienes antes de su encarcelamiento llevaban una vida honrada, en algunos casos incluso ligados al mundo de la banca como quienes desarrollaban una actividad delictiva que perjudicaba precisamente a éstos.
El dilema ético que el realizador Stefan Ruzowitzky nos presenta a través de los diferentes personajes y en concreto Saly y Burger (otro de los prisioneros) es el de unos judíos que gracias a su especial habilidad o pericia en las labores gráficas o falsificadoras, logran un trato de favor que les sustrae del fatal destino de sus compañeros en los campos de concentración, pero que al mismo tiempo con su trabajo, colaboran con el mismo régimen, que los persigue y trata de aniquilar, a ganar la guerra. Un régimen que los desprecia y considera una raza inferior pero que paradójicamente necesita de su preparación para contribuir a los esfuerzos de guerra.
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La acción se nos presenta con un ritmo sólido pero pausado, sin registrar una excesiva intensidad, a diferencia de otras películas que tratan hechos similares y que ponen el acento en el mayor sentimentalismo que provocan algunos momentos. Aquí hay poco margen para la emoción, todo está bastante contenido en un ejercicio de sobriedad que juega sus bazas sobretodo en el buen hacer del actor protagonista, Kart Markovics. Éste compone un personaje ambiguo que proviene de la trastienda delictiva de la sociedad y para quien lo importante cada día es sobrevivir, y como él mismo dice “No les daré a los Nazis el placer de sentirme avergonzado de estar vivo”. Su rostro es muy expresivo en su rudeza y está muy en consonancia con el papel del personaje y su actividad, lo mismo que su mirada. Otro papel, el del Sturmbannführer Friedrich Herzog, al frente de la operación en el campo, está interpretado por Devid Striesow, actor al que ya pudimos ver como entrenador de boxeo en otra película ambientada en la Segunda Guerra Mundial, Napola (2004).
La banda sonora de Marius Ruhland es la que de una manera somera aporta cierta emotividad a las imágenes, pero también de forma contenida, mezclada con la música de gramófono de tangos argentinos que escuchamos sonar al comienzo de la cinta y que se repite en diversos momentos, supongo que haciéndonos recordar que estamos asistiendo al recuerdo de esta historia pasada, desde el presente en Montecarlo. El tango cómo símbolo de esa vida anterior y posterior a la guerra, de esa Argentina que espera alcanzar la mujer a la que falsifica el pasaporte para escapar de una Europa en tinieblas, al compás de los acordes musicales de la canción "Volver", compuesta por Carlos Gardel precisamente un año antes, en 1935.
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Los Oscar han premiado en más de una ocasión los dramas desarrollados en el período de entreguerras, en plena Segunda Guerra Mundial o relacionados con el genocidio. Y en el caso concreto del premio a mejor película de habla no inglesa El Tambor de Hojalata (1979) o La vida es bella (1998), son algunos ejemplos, ésta última en cierta clave de comedia. En el caso concreto de Los falsificadores no reviste ninguna originalidad ni aporta nada excesivamente nuevo en su realización, salvo este caso particular de la historia poco conocido y la buena recreación escénica y de la atmósfera interior de los barracones donde se desarrolla la mayor parte de la trama. Al aparecer sus títulos de crédito finales uno tendrá la sensación de haber visto una buena película pero de las que no hacen especialmente mella en la retina. Personalmente he quedado complacido con la misma, pero hago el anterior comentario para neutralizar las posibles expectativas que pueda suscitar su galardón.
Operación Bernhard: la mayor falsificación de la historia
El tema del genocidio es un tema recurrente en el cine de las últimas décadas, con Vencedores o Vencidos o La Lista de Schindler como principales baluartes en torno a uno de los episodios más aborrecibles de la historia de la humanidad. En los últimos meses otras dos producciones han abordado el mismo tema o similares. Así El último tren a Auschwitz (2006), estrenada en nuestro país recientemente, o Katyn (2007), la última película del realizador polaco Andrzej Wajda, que narra un acto similar de genocidio sufrido por 22.000 soldados polacos que hasta no hace mucho se había atribuido equivocadamente a los alemanes en lugar de los soviéticos.
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En el caso de Los Falsificadores se nos cuenta una parte de la historia de la Segunda Guerra Mundial que guarda relación con los judíos poco conocida, la Operación Bernhard. Fue ideada por el departamento de sabotaje de los servicios secretos de Alemania y Himler rápidamente vio su utilidad. El plan consistía en emitir papel moneda, primero libras esterlinas y luego dólares americanos, e inundar las economías británica y estadounidense perjudicando así a sus economías. En los campos de concentración nazis existía un gran número de expertos en falsificación, a 142 de los cuales se reunió en el campo de Sachsenhausen (el que aparece en el film). Se produjeron en serie un total de 134 millones de libras esterlinas que a través de los bancos y diversas transacciones empezaron a distribuirse por los mercados internacionales. Tal y como se recoge en la película, apenas tres meses antes del final de la guerra, lograron falsificar el dólar, pero ya era tarde.
El personaje de Sally en la película, en realidad era ruso, como entrevemos a través de algunas conversaciones con el joven Kolya y se llamaba Salomón Smolianoff. Fue trasladado del campo de concentración de Auschwitz al de Sachsenhausen. Lo mismo que el de Adolf Burger (August Diehl), quien había sido encarcelado por realizar documentación falsa para comunistas en Checoslovaquia. Fue precisamente éste quien acabada la guerra publicó un libro titulado "Operación Bernhard - El taller de falsificadores del Campo Sachsenhausen".
Otros enlaces recomendados en Un Mundo de Cine:
· Katyn (Andrés Wazda, 2007)
· Europa, Europa (Agnieszka Holland, 1990)
· Monsieur Batignole (Gerad Jugnot, 2001)
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A continuación puede verse el trailer de Los falsificadores:
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1 comentarios:
Hola: Me agradaría me informaran
los nombres de los tangos de Hugo Díaz utilizados en el film.
Me gustó mucho.
Gracias
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