martes, 8 de abril de 2008

Fallece Charlton Heston (y III)


Biografía de una leyenda

-Autor: José Luis Urraca Casal-


El actor con mayúsculas

Desde Moisés en Los Diez Mandamientos, hasta el héroe del más épico de los romances en El Cid, pasando por el Miguel Ángel de El tormento y el éxtasis. A Charlton Heston, le hemos visto enfundarse en la piel de todo tipo de personajes en algunas de las películas más famosas de la historia del cine. Pasó de ser efigie por antonomasia del cine épico e histórico a protagonizar importantes títulos de la ciencia ficción como El planeta de los simios o del cine de catástrofes como Terremoto. Pero al actor que nos ha dejado a sus 83 años víctima de una enfermedad degenerativa similar al alzheimer, casado desde hacía 64 años con la actriz Lydia Clarke, y que fuera presidente de la Asociación Nacional del Rifle, será sobretodo recordado por el papel que le valió un Oscar, el de Juda Ben-Hur. [Este artículo está protegido por derechos de autor. Ver detalles al final del mismo]

Como nos sucede con Bogart en Casablanca o con John Wayne en Centauros del desierto, muchas de las películas que protagonizó Charlton Heston no podríamos hoy imaginárnoslas con otro artista en su lugar. Ningún otro actor hubiese podido encarnar como él a ese héroe en cinemascope del cine americano en tecnicolor de los años 50 y 60. Estaba hecho para la gran pantalla, para ese cine de espectáculo que había de hacer frente a la incipiente televisión, que necesitaba a alguien de imponente y atlética presencia (media 1’91 m.) cuyo rostro y grave timbre de voz hicieran tanto de sus personajes como de sus historias algo tan creíble como épico. Heston nos hizo soñar a través del tiempo y de la historia interpretando numerosos personajes definidos dentro de la jerga cinematográfica como “bigger than life”, más grandes que la vida.

Los comienzos: he hizo que se abrieran las aguas
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El actor que se destacó por interpretar papeles históricos como El Cid, Miguel Ángel, Enrique VIII, William F. Cody, Richelieu, Marco Antonio, Juan Bautista, Tomás Moro, Gordon, Jefferson o Andrew Jackson, nació un 4 de octubre de 1924 en el estado norteamericano de Illinois. Su nombre real era John Charles Carter, adoptando su nombre artístico fruto de la combinación de los nombres de su madre Lila Charlton y del segundo esposo de ésta tras su divorcio, Chester Heston, aunque sus amigos siempre lo llamaron “Chuck”.

Sus comienzos fueron como modelo en Nueva York. Se forjó sobre las tablas del teatro universitario y más tarde en Brooklyn. Tras su debut como actor en una pequeña adaptación del cuento Peer Gynt (1941) de Ibsen, su vuelta de dos años en la guerra y su paso por la televisión, fue en la década de los años 50 cuando comenzó a desarrollar su carrera cinematográfica, desde el principio ligada a grandes superproducciones, donde siempre se movería a sus anchas en papeles de corte histórico o bíblico, como en Julio César (D. Bradley, 1950) su debut profesional en el cine. Su gran mentor y responsable de impulsar su carrera a la fama sería Cecil B. Demille, autor de dos grandes títulos en la incipiente carrera del actor que lo catapultaron a primera fila, primero con El mayor espectáculo del mundo (1952) y más tarde en Los diez mandamientos (1956). Precisamente sería su papel, que se transformaba de joven príncipe de Egipto en el libertador y más grande de los profetas del pueblo judío el que le abriría las puertas a toda una serie de papeles protagonistas denominados en inglés “bigger than life”, más grandes que la vida. Demille lo escogió para éste papel por encontrarle un gran parecido en su semblante con la escultura realizada por Miguel Ángel.

Entre medias realiza interesantes papeles en notables películas adentrándose en el cine negro con Ciudad en sombras (William Dieterle, 1950), o protagonizando un intenso drama romántico junto a Jennifer Jones en Pasión bajo la niebla (king Vidor, 1952). En La dama marcada (1953) interpreta por primera vez al presidente Andrew Jackson, ésta vez en sus tiempos de juventud. Al final de la década volverá a hacerlo, ya encanecido, en Los Bucaneros (Anthony Quinn, 1958) film épico y patriótico producido por Demille en el que comparte cartel y causa (la independencia de los EE.UU) con Yul Brinner.

En 1954 ha rodado Cuando ruge la marabunta (film que sería habitual en la programación de TVE durante los años 80) clásico de aventuras y podríamos afirmar que incluso de terror, en el que vive una convulsiva y tórrida historia de amor con Eleanor Parker acechados por una inmensa plaga de hormigas.
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Realizados diversos westerns entre los que sobresale El triunfo de Buffalo Hill (1953), por su interpretación del célebre cazador o los dos bajo dirección de Rudolph Maté, Horizontes azules (1955) o La ley de los fuertes (1957), destacando ésta última por su buen acabado mezcla equilibrada de drama y acción. Pero es en 1958 cuando William Wyler lo escoge para engrosar el nutrido reparto encabezado por Gregory Peck en Horizontes de Grandeza. Una historia de conflictos humanos ambientados en las extensas llanuras del oeste en la que Heston consigue transmitir a la perfección la idiosincrasia de su personaje, rudo y altivo, pero noble, frente al caballero venido del este. Y también da réplica a Orson Wells, para quien consigue la dirección, en una obra maestra del cine negro, Sed de mal, convertido en un policía mexicano casado con Janet Leigh.

Juda Ben-Hur

Esta colaboración con Wyler le va abrir las puertas al papel de su consagración y por el que siempre será recordado. Acepta el papel de Juda Ben-Hur tras rechazarlo Burt Lancaster por considerar éste que promovía el cristianismo, siendo él ateo. No sería la última vez que Heston le supliese en una superproducción, hizo de Miguel Ángel en El tormento y el éxtasis por no poder Lancaster al no haber finalizado el rodaje de El gatopardo y en 1966 lo haría de nuevo al rechazar Lancaster el papel de general Gordon en Khartoum. Espectáculo épico en estado puro, la nueva adaptación de la obra de Lew Wallace supone en ese momento un ejercicio de proeza dramática llevado a cabo dentro de una superproducción nunca visto antes en el cine. Once Oscar de la Academia lo confirman, incluido el de Mejor Actor para Heston, para quien además supondrá la única nominación a estos premios de su carrera cinematográfica. La magistralidad de Wyler lo convierte en algo más que un peplum, en todo un clásico de la historia del séptimo arte. La escena de la carrera de cuádrigas acompañará siempre a Heston en la memoria de los espectadores [Ver vídeo al final del artículo] al igual que la de la separación de las aguas del Mar Negro de Los diez mandamientos.

Previamente, ese mismo año en que se convierte en el actor del momento, llegando a cobrar a comienzos de los años 60 nada menos que un millón de dólares por película, llega a rodar junto al actor que para él había sido un modelo a seguir desde sus comienzos, Gary Cooper, la que sería su penúltima película poco antes de fallecer, Misterio en el barco perdido.

El cine histórico y épico del Cinemascope
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El cine ha comenzado a explotar las posibilidades del cinemascope y el tecnicolor. Ha explorado en busca inspiración para sus historias “más grandes que la vida” en la Biblia, pero también le llega el turno a la Historia con mayúsculas. Heston inaugura una década dorada recalando en España para ponerse en la piel del personaje épico por excelencia de nuestra literatura, El Cid (1961). El productor Samuel Bronston, que ha creado a las afueras de Madrid unos estudios que compiten en el nivel de sus superproducciones (gracias a los excelentes técnicos españoles como Gil Parrondo) con el mismo Hollywood, consciente del potencial de Heston, lo elige en un papel hecho a su medida que interpreta con entera devoción tras ser asesorado por el mayor experto en la figura del insigne castellano, Don Ramón Menéndez Pidal. La extraordinaria partitura de Miklos Rozsa, también responsable de Ben-Hur (Bronston se traía a los mejores), la dirección de Anthony Mann y una excelente recreación artística hacen de ésta película un verdadero poema épico que concluye con Rodrigo Díaz de Vivar cabalgando hacia la victoria después de muerto.

La siguiente superproducción de Bronston necesitó de la construcción del mayor decorado realizado hasta el momento para hacer real la Ciudad Prohibida a las afueras de Madrid en 55 días en Pekín (1963). Y de nuevo contó con Heston para encabezar un reparto plagado de estrellas. Fue un rodaje complicado, cuyo guión se reescribía a diario y antes de cuya conclusión el director Nicholas Ray abandonó por haber llegado a la extenuación. Así y todo se trata de una magnífica película de aventuras en la que Charlton Heston de nuevo en su papel de héroe logra una magnífica interpretación junto a David Niven y Ava Gardner, con quien a pesar de no llevarse bien, comparte escenas de gran belleza. Esta sería la última colaboración de Heston con el Imperio español de Bronston, pues declinaría protagonizar La caída del Imperio Romano (1964) al no querer encasillarse en éste tipo de papeles del cine entonces denominado “de romanos”, ocupando su lugar Stephen Boyd, su enemigo Mesala en Ben-Hur. La ausencia de su tirón mediático se dejó notar en el pobre éxito del film.

Tras haber obtenido grandes éxitos que le han reportado millonarios beneficios comienza a apostar por títulos en ocasiones menos comerciales pero como según él contaría más tarde, le resultaban interesantes como actor, aunque eso sí, sin dejar de ser Charlton Heston, en unos papeles con una vena un tanto más atormenatada. Así tras hacer de Juan Bautista en La historia más grande jamás contada (George Stevens, 1965) rueda Mayor Dundee, uno de los primeros largometrajes de Sam Pekimpach calándose el sombrero de un oficial de caballería o El tormento y el éxtasis donde encarna a Miguel Ángel enfrentado a su obra más ambiciosa, la Capilla Sextina, y al Papa Julio II (Rex Harrison). En 1966 se pone en la piel del General Gordon en Khartoum, superproducción británica en la que trabaja con su admirado Laurence Olivier.

La ciencia-ficción y el cine de catástrofes
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Renuncia a su caché para que Franklin J. Shaffner pueda contar con él en El señor de la guerra (1965). Una pequeña producción que sin embargo reviste un acabado perfecto en su narración de una historia de amor imposible, junto a una hermosísima Rosemary Forsyth, desarrollada también en plena Edad Media, defendiendo su torre en mitad de las invasiones normandas, el cruce de culturas y orígenes sociales (estamentales). Y nuevamente Shaffner cuenta con su apoyo para rodar en 1968 El planeta de los simios. Un proyecto que despierta dudas pero que gracias a Heston triunfa legándonos uno de los finales más impactantes del séptimo arte, cuando se encuentra enterrada en la playa, símbolo del destino alcanzado por la humanidad, a la Estatua de la Libertad.

Ese mismo año rueda Will Penny, tristemente bautizada en España El más valiente entre mil. Magnífico western crepuscular alejado ya del tono épico anterior y su película preferida dentro de su filmografía. Tras El planeta de los simios y su primera secuela (1970), llegada la década de los setenta, Heston empieza a dejar atrás el cine épico e histórico y se adentra en importantes títulos también apocalípticos de la Ciencia Ficción, beneficiados con su presencia como El último hombre vivo (1971) o Cuando el destino nos alcance (“Soylent Green”, 1973). Ésta última (de grato recuerdo para mi junto a la anterior) compartiendo cartel con Edward G. Robinson también posee uno de esos finales estremecedores. Aún así Heston (que desde 1972 lleva siempre peluca) tiene tiempo de enfundarse como secundario el manto del Cardenal Richelieu en Los Tres Mosqueteros de Richard Lester (1974), protagonizar La batalla de Midway (1976) o hacer de Enrique VIII en Príncipe y Mendigo (1977).

El cine recurre a los efectos especiales y grandes repartos plagados de viejas glorias para llenar sus salas, recurriendo a historias basadas en grandes catástrofes, y Heston, cumplidos los 50, lo hace, nunca mejor dicho, por tierra, mar y aire. En 1974 encabeza el reparto de uno de los diversos desastres aéreos en Aeropuerto 1975 y Terremoto, de nuevo junto a Ava Gardner, favorecida la película por el nuevo sistema de sonido sensorround, que gana un Oscar junto a los mejores efectos especiales. En 1978 rodará Alerta roja, Neptuno hundido, en la piel de capitán de un submarino nuclear.

El final de su carrera
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Los 80 le privarán de grandes papeles o roles protagonistas, recalando en la televisión con series como Jefes (miniserie policial), la mismísima Dinastía y un spin off de ésta, Los Colby, cuyo escaso éxito la redujo a una sóla temporada. Se dirige a si mismo en una adaptación para la televisión de Un hombre para la eternidad (1988). Es dirigido por su hijo John Fraser Heston en una nueva adaptación de La isla del tesoro (1990) como Long John Silver y en la que el joven Christian Bale hace de Jin Hawkins. En 1993 realiza una breve aparición en el western Tombstone protagonizado por Kart Russell, lo mismo que en Un domingo cualquiera (1999) película que le rinde homenaje incluyendo imágenes de la carrera de cuádrigas de Ben-Hur. Similar tributo al de la nueva adaptación protagonizada por Mark Wahlberg de El planeta de los simios de Tim Burton en 2001, donde se puso bajo la piel de un simio moribundo. En 1998 regresó a España para participar en la producción televisiva "El camino de Santiago" realizada para conmemorar el año Xacobeo.

Siempre sintió gran admiración por la obra Shakesperiana, autor para el que incluso tuvo palabras en su intervención de despedida de la vida pública anunciando su enfermedad. De ahí que hubiera hecho de nuevo de Marco Antonio en Julio Cesar (1970) o realizara su debut en su primera película como director con Marco Antonio y Cleopatra (1972) rodada en España y en la que participaron Carmen Sevilla y Fernando Rey. En 1996 Kenneth Branagh lo rescata para un pequeño papel en su Hamlet. En el teatro dio también muestras de su valía. Su último papel entre bambalinas lo representó sobre un escenario londinense junto a su mujer Lydia Clarke, en la obra Love Letters en el verano de 1999.

Luces y sombras de Charlton Heston
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Tras su aparición en Bowling for Columbine (2002) de Michael Moore, su imagen, junto a la retransmisión televisada de algunas de sus intervenciones como presidente de la Asociación Nacional del Rifle quedó asociada a la de un hombre empuñando un rifle al tiempo que aseveraba que sólo se lo arrancarían de sus muertas frías manos. ¿Pero siempre fue así? ¿qué había ocurrido para que llegase a situarse en una tesitura tan intransigente y conservadora?.
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En la década de 1960 demostró un serio compromiso con la causa de la igualdad y la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos, no importándole las consecuencias que ello podría acarrearle a su carrera cinematográfica. Acompañó incluso a Marting Luther King en su marcha sobre Washington de 1963 junto a otros actores como Sydney Poitier, Burt Lancaster o Marlon Brando.

En 1960 rechazó el ofrecimiento de John Wayne de protagonizar el papel de Jim Buy en El Álamo (finalmente interpretado por el también recientemente desaparecido Richard Widmark) debido a las implicaciones políticas del film. Fue amigo del presidente Kennedy, por el que hizo campaña en su carrera presidencial (ya lo había hecho por el demócrata Adlai Stevenson) o de su hermano Bob Kennedy, tras cuyo asesinato abogó por el control del uso de armas y la “Gun Control Act” de 1968 presentada por el presidente Johnson. Escusándose décadas más tarde argumentando que entonces era muy joven e ingenuo. Es en 1965 cuando se convierte en presidente de la Screen Actor’s Guild (importante sindicato de actores) siendo elegido en seis ocasiones sucesivas hasta 1971. En 1969 algunos demócratas le propusieron presentarse para el Senado californiano, pero lo rechazó para poder seguir actuando. Su orientación política sin embargo había empezado a cambiar.
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Aunque más bien soy de la opinión de que lo que cambió no fue él, sino más bien la América que había conocido. Hombre de profundas convicciones religiosas y defensor de valores tradicionales como la familia (el pasado mes había cumplido su 64 aniversario de boda junto a su mujer) no supo asimilar los importantes cambios sociales y culturales que comenzaron a producirse en la década de los años sesenta. Si primero su creencia en la libertad y amor a su país le había llevado a manifestarse contra la segregación racial, dentro y fuera de la pantalla [Ver El último hombre vivo] y ponerse del lado demócrata, a partir de la siguiente década sintió que sus valores habían pasado a ser mejor defendidos por los republicanos.

Al igual que el también actor al que unía una gran amistad Ronald Reagan cambió desde posiciones liberales a conservadoras, ambos habían presidido la Screen Actors Guild y terminaron entrando en política. Heston hizo campaña por Reagan en 1984, Bush padre en 1988 y Bush hijo en 2000.
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Poseedor de una colección de más de 400 armas de todos los tiempos (afición que no es sólo practicada por artistas conservadores) en 1997 es elegido vicepresidente primero de la Asociación Nacional del Rifle para pasar a ocupar la presidencia de esta poderosa organización al año siguiente. Desde este podio arremete continuamente contra la política de Bill Clinton, convirtiéndose en auténtico azote de los demócratas, en defensa de la segunda enmienda de la Declaración de Independencia (que da derecho a poseer armas a los ciudadanos) contra el aborto (del que era firme opositor) o de la concesión de determinados derechos a los homosexuales. Una vez había declarado “Este es mi credo. No hay armas buenas, no hay armas malas. Un arma en manos de un mal hombre es algo malo. Cualquier arma en manos de un hombre bueno no supone una amenaza para nadie, excepto para la mala gente”.

El adiós de una leyenda
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Operado de caderas en 1998 año en el que también se trata de un cáncer de próstata (enfermedad, el cáncer, que también combatiría su esposa) a finales de 2002 le diagnosticaron una enfermedad neurológica cuyos síntomas son similares al Alzheimer y que suponen una progresiva pérdida de la memoria y deterioro de las funciones vitales. Lo hizo público él mismo, haciendo gala de la misma gallardía que sus personajes del cine, en una intervención de la que todavía recuerdo que pedía que a partir de entonces le disculpasen si repetía el mismo chiste dos veces y se lo rieran igual. En 2003 recibiría la más alta condecoración que un civil puede recibir en su país, la Medalla Presidencial de la Libertad, de manos del presidente George W. Bush.

Ha permanecido felizmente casado durante 64 años con su mujer, la también actriz Lydia Clarke, con la que contrajo matrimonio el 17 de marzo de 1944 (algo sin parangón en el mundo cinematográfico) con la que tuvo un hijo (John Fraser) y adoptó una hija (Holly Ann).

Sus últimas imágenes, no pueden empañar la grandeza de su paso por este mundo, la leyenda de su carrera cinematográfica está muy por encima de otras consideraciones, aparte de haber sido reconocida su integridad, inspiración artística y admiración por su persona, todavía en vida, por parte de serios detractores de su política como el actor Richard Dreyfuss. Concluyo con unas palabras suyas, parte del discurso con que anunció su enfermedad al mundo.

“Creo que todavía soy el luchador que el Dr. King y JFK y Ronald Reagan conocieron”.


Ver "Retazos de mi memoria"

A continuación puede verse la escena de la carrera de Ben-Hur:

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5 comentarios:

Fernando M. Galán dijo...

A pesar de la ideología de este hombre, hay que reconocer que él, como ningún otro, ha sido una de las grandes leyendas del cine, méritos desde luego no le faltan.

El mundo del cine en todo el mundo está de luto, una de las estrellas que más han brillado en la historia del Hollywood ha fallecido, mas nos deja un enorme legado de calidad más que demostrada.

Que descanse en paz.

Anónimo dijo...

Tienes razón al decir que por encima de otras consideraciones Charlton Heston es ante todo un mito del cine sin el cual no hubiesemos disfrutado igual de muchas peliculas. Permiteme que diga que es una pena que no lo fichase finalmente Spielberg para Tiburon.

Diomedes dijo...

Sin duda alguna, uno de los grandes nombres de la historia del cine, protagonista de algunas de las más grandes obras maestras de este séptimo arte tan amado y querido por todos. Un grándisima pérdida que se suma a otras que, desgraciadamente, se han producido en los últimos meses

manoli dijo...

que triste que se haya ido uno de los actores mas miticos de hollywood, y lo peor de todo es que es uno de los ultimos porque ¿quien queda ya de su época dorada?. Grandisimas peliculas nos deja, sobretodo Ben Hur, los diez mandamientos, cuando ruge la marabunta...
que mas da si ha sido tal o cual? lo que importa es que hemos disfrutado con sus peliculas muchisimo. Se me va un ídolo en toda la expresion de la palabra. Hombre impresionante fisicamente que supo darle a sus interpretaciones muchisima fuerza. descanse en paz.
Aunque era presidente del rifle en ee uu, tambien hay que recordar que fue valiente estando al lado de la gente de color en los años racistas mas duros. No era tan malo...
dep Judah.

José Luis Urraca Casal dijo...

La verdad es que es que el cine ha perdido a uno de los grandes. De las grandes estrellas de su época, a riesgo de olvidarme de alguna, sólo queda Kirk Douglass y en el lado femenino Elizabeth Taylor y Jean Simmons.