Scorpio(Scorpio. USA, 1973)
-Autor: José Luis Urraca Casal-
Peones de un enfrentamiento bipolar alimentado
[Este artículo está protegido por derechos de autor. Ver detalles al final del mismo] Scorpio, dirigida por Michael Winner en 1973, no suele ser señalada como una de las grandes películas de espías de la historia del cine, se trata más bien de un título que suele pasar bastante desapercibido cuando no olvidado, y sin embargo en unos tiempos de nuevos Bonds o Bournes que nunca me han acabado de convencer, sorprende aún más por el suspense de su trama, el amargo trasfondo de la historia, la consistencia de su guión y por encima de todo gracias al aplomo de sus protagonistas.
Cross (Burt Lancaster) es un agente de la CIA que regresa a Estados Unidos tras realizar una misión en Francia en compañía del joven agente contratado para llevar a cabo el asesinato, Scorpio (Alain Delon) para quien además Cross ha sido su mentor y maestro. Nos encontramos en la década de los años 70 y éste veterano agente realiza sus misiones consciente de que son meros peones dentro de un juego que con su trabajo sólo ayudan a que continúe: la lucha entre los bloques capitalista y comunista. En el avión de vuelta Cross le pone al corriente a Scorpio de los oscuros intereses de la CIA. Ya en su domicilio el viejo agente comenzará a ser objeto de la vigilancia de su propia organización…
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Su denostado director, el británico Michael Winner quizá influya en el olvido en el que cae esta cinta frente a otros títulos como El espía que surgió del frío (Martin Ritt, 1965) acusándosele de utilizar determinados ángulos de cámara o efectos de zoom y de perderse en el desarrollo de la trama para no saber muy bien donde querer llegar. Sin embargo quien suscribe se ha sentido cautivado de principio a fin, pues es una película que en el contexto de su época invita a la reflexión sobre la Guerra Fría (pudiendo trasladarse a otros escenarios actuales) y por las razones expuestas en la introducción.
Lancaster (Un tipo genial, 1983), con sus 59 años en el momento de realizar esta película, todavía da buena muestra de sus orígenes circenses gracias a un excelente estado físico que le permite rodar sin dobles algunas prolongadas escenas de acción (algo poco usual) en las que por cierto roba todo protagonismo al joven Alain Delon. El protagonista de El halcón y la flecha interpreta con holgura al veterano agente de la CIA, fiel retrato del antihéroe, que desea dejar su trabajo para pasar más tiempo con su mujer. Su carismático rostro ya en el otoño de su carrera, de dura y cansada expresión proporciona altura a las escenas en que interviene, siendo un placer poder contemplarle en éste papel. Alain Delon, especializado por la época en papeles de tipos duros y fríos de thrillers franceses como Borsalino (1969), El Círculo rojo (1970), Crónica negra (1972), Dos hombres en la ciudad (1973) o Historia de un policía (1975) da aquí el salto dentro del género a la pantalla norteamericana, componiendo un personaje atrayente por su enigmático proceder y confusa relación con el interpretado por Lancaster. Y cómo no, el recientemente desaparecido Paul Scofield quien se transforma camaleónicamente gracias a su barba en un encantador pero al mismo tiempo diestro agente de la KGB.
Viejos actores para un nuevo y sibilino escenario mundial
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La película juega con cierta ambigüedad en un terreno en el que en cierto modo hace que nos resulte difícil identificarnos con uno de los dos lados o alguno de los agentes. Alain Delon da muestras de a pesar de ser un frío agente, también poder tener gestos honrosos con sus oponentes. No acabamos de ser convencidos de la razón por la que Cross (Lancaster) es perseguido por sus jefes y luego nos encontramos con un agente soviético en Viena (Paul Scofield) que nos acaba resultando entrañable, pero del otro lado. Por tanto no es una película que aborde el tema de la Guerra Fría dentro de una perspectiva de buenos y malos sino que incita precisamente a dudar de todo aquello que podía darse por sentado en su tiempo (curiosamente se estrena el mismo año en que la CIA interviene en Chile y poco después de la ocupación soviética de Checoslovaquia en 1968).
Hay continuas referencias al desgarrador pasado europeo, apuntando todo a que tanto Cross como Zharkov aunque ahora luchen en bandos opuestos en su día combatieron juntos contra el fascismo, realizándose algunas alusiones a la Guerra Civil española (1936-1939) como el santo y seña que emplea Cross al llegar a Viena “lo de España fue hace mucho”, siendo contestado “allí murieron los mejores
”. El mismo músico al que Cross recurre en busca de ayuda es judío y en su día estuvo en un campo de concentración y Cross salvó su vida. Entonces parecían saber contra qué y por qué luchaban, el fascismo, pero los tiempos cambian, aunque ellos sigan siendo los mismos. Zharkov incluso estuvo recluido en un campo de trabajo durante el estalinismo.También es un reflejo de lo viejo frente a lo nuevo. La CIA y la KGB prefieren jóvenes eficientes agentes por su docilidad y su fe en el sistema para el que trabajan, frente a los experimentados Cross y Zharkov, quienes sin embargo después de todo lo que han vivido, piensan y reflexionan, no limitándose a cumplir órdenes, pudiendo suponer por ello un incordio cuando no peligro para sus respectivas organizaciones.
La película nos permite recalar al igual que sus protagonistas en Washington y algunas capitales europeas como París o Viena (donde veremos de ligera pasada a modo de homenaje la noria que aparece en El Tercer Hombre, memorable película de espionaje) vieja ciudad imperial donde el director sabe sacar partido incluso a solitarias escenas nocturnas rodadas en sus calles.
A diferencia de El espía que surgió del frío, contiene diversas escenas de acción que la hacen más ágil y llevadera en su desarrollo, aunque su fuerte sean los momentos en que se indaga en el aspecto más humano de los personajes, gracias a unos interesantes diálogos y la importancia que en la película cobran sentimientos como la amistad o la vida privada de los agentes (ambos muy presentes en todo el film), lo único bello de sus existencias. Dentro del aspecto dramático, la relación de Cross con su mujer (la actriz Gayle Hunnicutt) o la de Scorpio con su amante nos trasladan a la otra cara de la moneda de sus vidas, la de sus pasiones, reposo del guerrero y deseos de vivir. La amistad se erige como único valor seguro al que rendir lealtad o servir en medio de la falsedad y doblez del sistema. Y sobre todo ello planea como sombra destructora la traición.
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La película, producida por la United Artists supuso la incursión en el cine junto a Gerald Wilson de un guionista televisivo como David W. Rintels sospechoso en su día de comunista. Entre su reparto encontramos caras habituales en papeles secundarios de producciones televisivas como John Colicos (el traidor Baltar en la serie Galáctica de finales de los 70, aquí como jefe de Cross), Joan Linville, J. D. Canon, Vladek Sheybal o James Sikking (Canción triste de Hill Street).
El tono crudo y en cierto modo pesimista del filme está en sintonía con muchos thrillers de la década y es ayudado por la delicada banda sonora (de un acompañante habitual en las películas de Winner) Jerry Fielding (Grupo Salvaje, otra película otoñal) en un tono nostálgico acompañado por el sonido del acordeón en su inicio un día nublado por un bulevar de París, Lancaster con su gabardina, sombrero y un periódico (evocadores del espionaje). Una apropiada composición que transmite intensidad, dramatismo y por supuesto tratándose de un thriller de espionaje, tensión y suspense. Curiosamente esta película que no deja en muy buen lugar a la CIA cuenta con uno de los compositores que padecieron la caza de brujas del senador McCarthy, siendo Fielding de padres inmigrantes rusos, incluido en la lista negra de Hollywood entre 1953 y 1961. Y que tras su rehabilitación, su primera composición fuera para Tempestad sobre Washington (1962) magnífica película que giraba en torno al nombramiento de un alto cargo sospechoso por ser proclive al entendimiento con los soviéticos.
De diferente planteamiento y desarrollo a El espía que surgió del frío, sin embargo ambas poseen diversos elementos comunes que concluyen en la insignificancia de las personas, que como los pequeños países de Scorpio, no resultan más que meros peones fácilmente sacrificables dentro de la partida.
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Entre los pocos vídeos encontrados en la red he seleccionado el siguiente, el de los títulos de crédito, de poco más de tres minutos de duración en los que vemos primero a Cross (Lancaster), luego a Scorpio (Delon) acompañado por uno de sus gatos y por último, si nos fijamos bien, a Zharkov (Scofield) bajando del avión.
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