jueves, 24 de abril de 2008

To the ends of the earth


To the ends of the earth

(To the ends of the earth. GB, 2005)


-Autor: José Luis Urraca Casal*-


Viaje a los confines del mundo y la naturaleza humana

Imaginémonos por un momento trasladados al año 1812, inmersa Europa en plenas guerras napoleónicas, emprendiendo un viaje de largos meses de duración, desde la vieja Inglaterra hasta la lejana colonia de Australia abriéndose ante nosotros un nuevo mundo a bordo de un veterano navío. Un ambicioso relato dramático de corte intimista. Una travesía que supondrá también el rumbo a la madurez de su joven e impetuoso protagonista y a su conocimiento de la naturaleza humana, con sus ilusiones, camaradería, brutalidad o la capacidad de amar. [Este artículo está protegido por derechos de autor. Ver detalles al final del mismo]

Comentario.- No quería dejar pasar esta fecha tan señalada como la de hoy para mi, no todos los días se cumplen años, sin publicar algo que me resultase querido, y por ello, y por haber sido ayer el día del libro, me he decantado por esta obra prácticamente desconocida en nuestro país que supone una magnífica adaptación de la novela de su autor, William Golding y que revive con gran realismo toda una época surcando los océanos.
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To the ends of the earth se trata una producción de la BBC dividida en tres capítulos, realizada en 2005 para la televisión y rodada en su practica totalidad a bordo de un viejo navío de 74 cañones construido en el siglo XVIII. Con gran detalle y fidelidad a la época esta miniserie de cuatro horas y media de duración supone un soberbio ejercicio de realismo que consigue hacernos sentir realmente la historia que se nos presenta.

Para su realización se necesitó construir la réplica de varias partes de un navío de línea de tercera clase, como el puente y la cubierta superior (también de un segundo buque) y otros compartimentos como los camarotes de los pasajeros y el del capitán, así como el salón comedor de oficiales, o la bodega del barco. Teniendo en cuenta que prácticamente toda la historia se desarrolla a bordo, la filmación tanto en cubierta como en interiores se convierte en todo un diestro ejercicio que afortunadamente goza de un buen uso de la cámara y la fotografía, aportando el realismo necesario a las escenas.

Un reparto tan variopinto como el pasaje
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La novela de Golding reúne a bordo del Vessel un pasaje y una tripulación de lo más variopinto. La historia se nos narra a través de los ojos del joven Edmund Talbot y su diario, encontrándose éste presente en todas las escenas. Para papel de tal envergadura se eligió a Benedict Cumberbatch, actor al que recientemente hemos visto en papeles secundarios en Expiación, más allá de la pasión (2007) y Las hermanas Bolena (2008). Junto a James McAvoy una de las grandes promesas del cine británico, que ya ha estado nominado a los premios BAFTA por su interpretación de Stephen Hawking en Hawking (2004) y del que personalmente resaltaría su grave voz y su sorprendente encarnación del primer ministro británico William Pitt el joven de Amazing Grace (2007), cuyo comentario guardamos desde el pasado año en espera del momento propicio para su publicación.

A Cumberbatch le acompañan como los miembros más conocidos del reparto para nosotros, un idealista republicano simpatizante de los Estados Unidos, Mr. Prettiman, interpretado por Sam Neill (El Piano, Parque Jurásico) o Charles Dance (director de La última primavera, 2004) como Sir Henry Somerset. Destaca Jared Harris, hijo del conocido actor irlandés Richard Harris, quien aquí se mete con maestría en la piel del todopoderoso, inconmovible e incluso cruel capitán Anderson. En el plano femenino, Victoria Hamilton encarna a una mujer de fuerte carácter para su época, con gran sentido común y capaz de debatir con cualquiera de los pasajeros; y Joanna Page, una bella y dulce dama capaz de hacer perder la cabeza a los jóvenes protagonistas. El resto del reparto reúne a un gran número de secundarios, cada cual singularmente enriquecedor de la historia, con caracterizaciones muy cuidadas, tal y como nos suele tener acostumbrados la BBC.

Los ritos de la travesía
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Somos introducidos en la historia a través de un joven elegantemente ataviado que abandona una gran mansión de la verde campiña inglesa en coche de caballos, escena que es acompañada de una música que resalta la aventura del prometedor viaje que va emprender. Se trata de Edmund Talbot (Cumberbatch), un joven aristócrata de buena posición cuyo padrino le ha proporcionado un cargo de alta responsabilidad en la colonia de Australia, al otro lado del mundo (de ahí el título To the ends of the earth) y que llega a puerto para embarcarse.

Es un joven apuesto, ilusionado por el destino que le depara la vida, inteligente y culto, muy seguro de si mismo y su posición, tanto que a veces lo convierten en alguien presumido y arrogante, desconocedor de las relaciones humanas y la vida a bordo de un navío de guerra de su majestad, lo cual acarreará consecuencias y en más de una ocasión le hará protagonizar hechos de cierta comicidad o hacer el mayor de los ridículos. Su viaje para el joven Talbot no sólo será hacia la lejana colonia sino también hacia su propia madurez. “Los ritos de la travesía” que es el título del primer capítulo le introducen a bordo del Vessel, un ya viejo barco de madera en un mundo muy diferente al por él imaginado, desde la lugubrez y hedor de los camarotes, hasta la diversa condición y comportamiento de los viajeros y emigrantes, o la férrea disciplina a bordo, pasando por los espantosos mareos, las mortales enfermedades, los temidos ataques y el peligro de hundimiento.

Retrato costumbrista
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La historia nos traslada a los años 1812 y 1813, tiempo en que se desarrolla la travesía. La película ha retratado a la perfección el fiel reflejo de la vida a bordo de un viaje como el presente que William Golding retrató en sus novelas. Aquí, no esperemos hallar la épica de la aventura (que también parece anhelar el protagonista) o la acción que hemos visto en películas como Master and Commander. Si bien nos encontramos en el mismo período que abarca la novela de Patrick O’Brien y la amenaza de tener un encuentro con el enemigo francés está en todo momento presente, nos encontraríamos más bien ante un retrato costumbrista de la dureza de la vida a bordo y la interacción entre el pasaje y la tripulación dentro de un pequeño microcosmos flotante. Les acompañaremos en todas las vicisitudes, conflictos e incertidumbres que en una larga travesía como la aquí emprendida se podían originar y eso, también es épica.
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Las relaciones entre clases sociales quedan patentes, empezando por el diferente alojamiento de los viajeros de cierta posición que poseen camarotes y comparten mesa con los oficiales y el resto del pasaje, compuesto por emigrantes hacinados insalubremente en la bodega y en cubiertas inferiores del navío. Y si bien la óptica desde la que miramos es en todo momento la de la mirada inocente e impulsiva propia de la juventud de un aristócrata privilegiado como Edmund Talbot y principalmente éste se desenvuelve entre el pasaje de cierta posición social, no pensemos que por ello la visión de To the ends of the earth sea complacientemente clasista. Pues tanto la oficialidad como los pasajeros de ese orden que rige Inglaterra no son precisamente un dechado de virtudes, y llevados estos además a situaciones límite como las que soporta su naturaleza humana en este viaje, hacen aflorar todo tipo de comportamientos provocados por el deseo de mantener el orden o por el pánico que los hace a todos iguales ante el mareo o el peligro de perecer ahogados, llevando a preguntarse a una de las protagonistas ya al final de la cinta “¿dónde hemos dejado nuestra dignidad?”.

El retrato de la vida a bordo llega a resultar en algunos casos opresivo incluso para el espectador, al que no se le ocultan ni maquillan los aspectos más dolorosamente mundanos de la existencia de sus protagonistas. Pero ello no es óbice para que igualmente vivamos acontecimientos de enorme belleza visual y sentimental, como el enlace matrimonial que tiene lugar a bordo del Vessel. La banda sonora de Rob Lane, autor de la música de otras producciones televisivas como Enrique VIII (2003), Elizabeth I (2005) o Jane Eyre (2006) aporta igualmente emoción a diversos momentos de la travesía.

Fusión de cine y literatura náutica
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To the ends of the earth es un claro ejemplo de fusión de literatura náutica y cine en el mismo modo que lo han podido ser la serie de películas del Capitán Hornblower protagonizadas por Ioan Gruffudd o El Hidalgo de los Mares, ambas de C. S. Forrester o la aclamada Master and Commander (Peter Weir, 2003) basada esta última en las novelas de Patrick O’Brien. Con el título To the ends of the earth el escritor William Golding (1911-1993) rebautizó a sus 80 años el conjunto de tres novelas de gran éxito en Gran Bretaña sintetizándolas en un solo libro. Fue precisamente tras la primera entrega de esta trilogía dedicada al mar, Rites of Passage por la que recibió en 1980 el premio Booker (se concede a la mejor novela escrita en habla inglesa de la Commonwealth). Las siguientes entregas de la trilogía fueron Close Quarters (1987) y Fire Down Below (1989). Su experiencia naval, sirvió en la Royal Navy durante la II Guerra Mundial le confirió un perfecto conocimiento de la vida en el mar
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Golding, que recibió en 1983 el Premio Nobel de literatura atesora un buen nutrido número de obras entre las que se encuentran otros libros que han sido llevados al cine con éxito. Merece la pena destacar en este sentido “El señor de las moscas” desarrollada durante un naufragio aéreo que deja aislados en una isla a un grupo de niños durante la II Guerra Mundial y cuya adaptación cinematográfica de 1963 estuvo nominada a la Palma de oro en Cannes. Una segunda adaptación tuvo lugar en 1990.

El contexto histórico
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En 1812, momento en que se inicia el viaje en To the ends of the earth, Gran Bretaña se encuentra de nuevo en guerra con los Estados Unidos de América y con la Francia napoleónica. Tras la Revolución Francesa y la batalla de Trafalgar (1805) Inglaterra es la dueña de los mares, y tras la pérdida de las 13 colonias en América continúa expandiendo su imperio, lo que no implica que un navío como el Vessel no pueda tener un encuentro fatal con el enemigo en el transcurso de su viaje.
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Aunque el contacto con el norte del actual continente de Australia ya se había producido por parte de holandeses y portugueses, fue en 1770 cuando el inglés James Cook llegó en su primera expedición geográfica a la costa este, desembarcando en Botany Bay y considerándose en Europa como su descubrimiento, demostrando además su condición de isla (la extraordinaria serie Capitán Cook emitida en los años 80 recogía las dos travesías realizadas por éste). El naturalista Joseph Banks compañero de viaje de Cook lo describió como un lugar muy apropiado para fundar una colonia. Pero no sería hasta 1788 cuando se produjo el primer asentamiento europeo en el mismo lugar, fundando Port Jackson, actual Sydney, estableciéndose un fuerte y un penal.
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Desde 1610 y hasta la independencia de los Estados Unidos, las trece colonias americanas habían sido el destino de la deportación de delincuentes ingleses a los que se conmutaba la pena de muerte por el exilio (aspecto que se recoge en Los Inconsquistables de Cecill B. Demille, 1947). Desde el inicio la nueva colonia de Australia (a la que se bautizó así en 1814 por recordar la legendaria tierra de Australis) se convirtió en el nuevo destino del transporte penal. La colonia recibió también emigrantes blancos por la superpoblación y las difíciles condiciones de vida existentes en Gran Bretaña durante los inicios del siglo XIX, llevando a muchos de sus ciudadanos a buscar fortuna en las colonias. Paralelamente la población indígena fue diezmada desde un principio en parte debido al contagio de enfermedades como la viruela.

Otros enlaces recomendados en Un Mundo de Cine:

· Amazing Grace (Michael Apted, 2006)
· Orgullo y pasión (Stanley Kramer, 1957)
· John Adams (Serie de TV, 2008)
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2 comentarios:

escéptico dijo...

Me alegro haber descubierto tus páginas de cine.
No soy un experto en cine. Soy un espectador al que le gusta ver películas que cuenten una historia, que tengan la base de un buen guión y que estén dirigidas con profesionalidad.
Volveré por aquí porque se que siempre encontraré algo relacionado con el cine que me puede interesar.

José Luis Urraca Casal dijo...

Muchas gracias por tus palabras y me alegro de la apreciación sobre nuestro trabajo. Confieso que yo tampoco soy un experto en cine, únicamente es una pasión de la que disfruto como tú, y me esmero lo que puedo en comentar películas o series que pueden tener algún interés que creo interesante compartir. Bienvenido siempre a UnmundodeCine.