domingo, 18 de mayo de 2008

El secreto de los Incas


El Secreto de los Incas

(The secret of the Incas. USA, 1954)

-Autor: José Luis Urraca Casal*-


Los orígenes genuinos de Indiana Jones

Cuando está a punto de estrenarse la cuarta entrega de la saga Indiana Jones, nos remontamos medio siglo atrás para conocer la película que sin lugar a dudas inspiró la creación del popular personaje. “El secreto de los Incas” fue uno de esos viajes que realizó Hollywood durante la década de los años 40 y 50 para mostrar exóticas aventuras en tierras lejanas. Agraciada por el technicolor de la época, su acertada y ágil puesta en escena, un reparto de intensas interpretaciones encabezado por el recientemente desaparecido Charlton Heston, unos diálogos que no tienen desperdicio y una trama arqueológica desarrollada en Perú con fuerte carga pasional, hacen de esta película dirigida por Jerry Hopper si bien no una obra maestra, al menos sí una pequeña joya y todo un clásico del cine de aventuras injustamente olvidado. [Este artículo está protegido por derechos de autor. Ver detalles al final del mismo]
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En los años 40 y 50 el cine comenzó a trasladar la realización de algunas de sus películas a escenarios exóticos que con la aparición del technicolor permitían explotar en la gran pantalla la hasta entonces prácticamente desconocida geografía y fauna de otros continentes, siendo la de un territorio todavía en gran parte virgen como el africano el más recurrido. Así vimos a Stewart Granger como Allan Quatermain (el personaje creado por H. Haggard) en busca de Las Minas del Rey Salomón (1950) recorrer África en compañía de Deborak Kerr. O los tesoros arqueológicos de la antigua civilización egipcia ser perseguidos en El valle de los Reyes (1954) por otra pareja cinematográfica en este caso formada por Robert Taylor y Eleanor Parker.

Por otro lado, el oro americano había sido objeto de codicia desde los tiempos de los conquistadores, y si las cordilleras del continente sudamericano ya habían sido sobrevoladas por héroes como Cary Grant en Sólo los ángeles tienen alas (Howard Hawks, 1939) en 1948 fue Humphrey Bogart quien recaló en México en busca del preciado metal en El tesoro de Sierra Madre, de la mano de John Huston. Pero no fue hasta 1954 cuando el objeto de deseo dejó atrás el blanco y negro para adquirir el deslumbrante color del technicolor en medio del deslumbrante entorno del Machu Picchu, el viejo santuario del Imperio Inca.
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Si bien en la creación del personaje y la saga de Indiana Jones se dan muchas influencias gráficas, literarias, cinematográficas (las anteriores citadas, por ejemplo) e incluso históricas en las que aquí no entraremos, la principal fuente de inspiración para George Lucas se encuentra en el protagonista y la aventura de esta película. Basta un único vistazo al personaje de Harry Steele interpretado por Charlton Heston para cerciorarse de esta afirmación y descubrir que no hay nada nuevo bajo el sol. Su cazadora de cuero, su sombrero fedora, el pañuelo blanco al cuello, sus pantalones kakis, su a veces incipiente barba de dos o tres días o su revolver son buena prueba de ello.

El reparto

Jerry Hopper fue un realizador que tras dirigir un puñado de cortometrajes en los años 40 dio el paso a los largometrajes en los años 50 para dedicarse por entero a la televisión a finales de esa década. Entre su filmografía destacan otros títulos como el también protagonizado por Charlton Heston (a quien había dirigido también en Pony Express) la comedia La guerra privada del Mayor Benson (1955) y The atomic city (1952) con Lidia Clark, la esposa de Heston. Dos fueron los guionistas de El secreto de los Incas. Ranald MacDougall, debutante con Objetivo Birmania y guionista también de otra película desarrollada en la jungla, Cuando ruge la marabunta era experimentado por tanto en este entorno. Por otro lado los guiones de Sydney Boehm habían tenido al cine negro, el western y la aventura también como hilos conductores. La historia que inspira sin embargo la película había sido obra de Boehm Maximun.

Charlton Heston venía de rodar en el continente sudamericano Cuando ruge la Marabunta, película de aventuras donde también en lucha contra un medio hostil nos había introducido en los peligros de la jungla. Y al igual que en El Secreto de los Incas, su personaje estaba caracterizado por su altivez y una especial rudeza en el trato a las mujeres, protagonizando escenas de una profunda carga y tensión erótica. Nicole Maurey sería ahora su partenaire, una actriz de origen francés, que durante los 50 se dejó ver por Hollywood en papeles de heroína, siendo esta su película más memorable y donde demuestra que sabe ganarse a la cámara con su belleza y una interpretación adecuada. Thomas Mitchell quien también había recalado en el continente junto a Cary Grant en Sólo los ángeles tienen alas realizaría aquí una de sus últimas interpretaciones en el cine (a partir de entonces recalaría en la televisión hasta su regreso y despedida con Un gangster para un milagro) con una apropiadísima interpretación de su personaje, enriqueciendo enormemente cada una de las escenas en las que interviene. Y por último Robert Young un actor cuyos papeles, como el presente, están distinguidos por su carácter encantador, y que tras El secreto de los Incas dedicaría también por entero su carrera a la televisión.

Otros actores secundarios realizan pequeños papeles dentro de la película destacando entre ellos Michael Pate acostumbrado a caracterizarse de indio norteamericano o indígena, aquí da vida a un líder del pueblo peruano, Pachacutec. Glenda Farrel como la turista de mediana edad con la que flirtea Heston a la salida del aeropuerto. Y la cantante peruana Yma Sumac como Kori-Tica. La película cuenta además con un gran número de extras peruanos caracterizados como indígenas del lugar.

Adentrándonos en la historia original
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El secreto de los Incas nos adentra en las tierras de la calurosa altiplanicie peruana, camino de Cuzco, donde se desarrolla la primera parte de la película. Harry Steele (Charlton Heston) es un peculiar guía turístico que hace dinero gracias a los visitantes, especialmente las mujeres maduras (incluidas las casadas) procedentes de los Estados Unidos que se sienten atraídas por su juventud y agradecidas por sus atenciones. Junto a Steele recorreremos las calles de la antigua capital inca, edificios de la etapa colonial y sus museos pero también conoceremos el submundo de los empedernidos buscadores de tesoros y a una joven desvalida huyendo de su pasado.

El secreto de los Incas goza de un buen ritmo narrativo que hace que resulte interesante seguir los derroteros de la historia hasta su desenlace final. La ambientación, gracias a las localizaciones escogidas, a la labor de fotografía y a la atmósfera lírica y llena de misterio a la que contribuye la banda sonora es acertada. Sus diálogos son certeros y muy propios de la época. Las escenas de acción son escasas pero el sosiego que parece impregnar cada minuto, que parece estar en concordancia con el caluroso clima del lugar se muestra cautivante. Y la trama crea cierto suspense sobre cómo se van a desencadenar los acontecimientos y por dónde nos van a conducir.
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La película está rodada en Perú país al que pertenecen las diversas localizaciones. La primera escena que acompaña a los títulos de crédito ya nos muestra a un inca ataviado según la costumbre del lugar tocando una flauta y unas llamas (composición de lugar) con una música orquestada de tintes autóctonos. El secreto de los Incas en este sentido saca partido a un país poco conocido por el público que entonces llenaba los cines y hace un recorrido que va desde la etapa colonial representada por la Catedral de Cuzco hasta su pasado anterior encarnado por el mundo de los incas y el Machu Picchu.

Desde los años 30 había comenzado a difundirse la existencia de Machu Picchu a través de fotografías pero las dificultades de los accesos harían que hasta 1948, año en que se construyó una vía de acceso rodado, no comenzase a favorecerse su conversión en un importante foco turístico. De hecho en la película los turistas no viajan hasta el Machu Picchu y el propio protagonista necesita conseguir una avioneta y el viejo Ed Morgan una mula para acceder al lugar.

El folklore autóctono que Hollywood siempre utilizaba para ambientar este tipo de películas (como los casos españoles de La vuelta al mundo en 80 días y Orgullo y pasión) está en todo momento presente en la banda sonora y en algunos números musicales que alcanzan su apogeo en la interpretación de la canción que acontece en la parte final del metraje, justo antes del desenlace “Virgin of the sun god” a cargo de una cantante de excepcional y maravillosa voz como Yma Sumac.

[Atención: a partir de aquí el comentario revela detalles importantes de la trama]

El joven arrogante, la chica desvalida, el viejo avaro y el profesor amable
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Harry Steele se nos presenta como un joven desarraigado y lejos de su hogar, California, que en este perdido lugar del mundo trata de encontrar fortuna, mientras se gana la vida sirviendo de guía turístico. Su pose altanera y arrogante acompaña a un carácter con pocos escrúpulos, muy seguro de si mismo (algo propio de los años mozos) y seductor, para el que el físico de Heston se acomodaba a la perfección. Su trato con el género opuesto entronca dentro de esos galanes de la época caracterizados por tratar con dureza a las damas, comportamiento que sin embargo parece hacerles irresistibles a los ojos de lo que se presenta como el sexo débil. En este sentido su estilo chulesco va acompañado por unos estupendos diálogos en los que subyace un fuerte componente erótico (suplen así las carencias de escenas de cama en el cine de aquellos tiempos, así era la sensualidad de entonces) dentro de la película y que sirven además para poner de manifiesto la dureza y el sarcástico humor propios de este buscador de tesoros:

El siguiente lo mantiene con una turista que acaba de aterrizar:

Turista: Eres muy alto ¿te divierte guiar a la gente?
Steele: Depende de dónde quieren ir.
Turista: No quisiera perderme nada.
Steele: Veré lo que puedo hacer.

Turista: ¿Dónde estará si de pronto necesitamos algo?
Steele: Detrás de su puerta
Turista: Magnífico servicio
Steele: Jamás he tenido reclamaciones* (alterado por el doblaje)
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Y este otro es prueba de que la rudeza de su carácter agrada paradójicamente a las féminas. Tiene lugar en la escena más tórrida y sensualmente explícita de la película, en torno al fuego de una hoguera y preámbulo de la noche en que Harry Steele y Elena duermen juntos en mitad de la selva.

Steele: Debería afeitarme.
Elena: Me gustas así.
Steele: Al fin empiezas a entenderme.

Incluso la escena en que Heston luce torso envuelto en una camiseta blanca de esas que Marlon Brando pusiera de moda tres años antes en Un tranvía llamado deseo (1951), nos remite a aquel otro personaje igualmente agresivo y de instintos pasionales casi animales de la película dirigida por Elia Kazan.
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Elena (Nicole Maurey) viene a representar una buena chica que huye de su país en busca de la tierra de la libertad. Desesperada, no puede sino aceptar la ayuda de alguien despreciable como Steele, para intentar escapar de su perseguidor y poder llegar a los Estados Unidos. Uno que es gran admirador de 55 Días en Pekín (1963) encuentra cierta similitud en la escena que viven ambos en el bar por ver cómo Elena consigue una habitación para dormir en Cuzco con esa otra escena en que Charlton Heston llega a Pekín, no hay habitaciones y han de desalojar al personaje de Ava Gardner, produciéndose un diálogo entre ambos en el bar del Hotel que termina con los dos compartiendo alojamiento. En las dos Heston porta además bebidas en ambas manos. Elena no tiene a nadie más que le ayude pero eso no significa que carezca de personalidad o determinación.

Steele: Una chica como tú necesita alguien como yo. Lo sabes ¿verdad?.
Elena: Para ser tan alto eres el hombre más pequeño que he conocido.

Thomas Mitchell compone un personaje similar al de Heston pero en este caso en el ocaso de su vida. Ed Morgan (Mitchell) es un hombre viejo, cansado y gordo que ya no se encuentra en condiciones de acometer los esfuerzos de la aventura. Su caracterización del personaje no tiene desperdicio y nos regala unas escenas de constante cinismo, haciendo resultar incluso entrañable un personaje sin escrúpulos consumido por la avaricia. Morgan y Steele son un par de truhanes sedientos de oro a quienes únicamente diferencia la edad, y entre ellos se producen diálogos y situaciones de lo más brillantemente irónicas.

Cuando Morgan llega al Machu Picchu y no quiere perder de vista a Steele durante la noche porque intuye que sabe donde está el gran sol de oro, pero ambos aunque rivales, ocultan a los arqueólogos que son buscadores de tesoros para no ser descubiertos, son como zorros camuflados dentro del gallinero:

Morgan: Me quedaré junto a mi amigo. No nos gusta estar separados ¿verdad Harry?
Steele: Sin él no puedo dormir.

Morgan: Soy un gran amigo del arte, si pudiera, me pasaría toda la vida en los museos.
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Y por último Robert Young da vida al profesor y arqueólogo Stanley Moorehead (Doctor en Arte y Ciencia) quien aparece en la parte final del metraje, ya en el Machu Picchu. La amabilidad de su semblante y maneras, sumado a su cierta edad, harán conocer a Elena el rostro amable de un amor casi paternal que le hará entrar en el clásico debatirse entre el hombre bondadoso y agradable o el atractivo y canalla.

La arqueología en el Secreto de los Incas

En El secreto de los Incas queda bastante bien reflejado el mundo de la arqueología responsable y diferenciado de aquello con lo que muchas veces se ha confundido o simplemente ha sido a lo largo de la historia, el saqueo y pillaje de legendarias reliquias históricas. De hecho los personajes de Morgan y Steele por un lado representarían la segunda de las opciones (serían los “raiders” de esta película) mientras que el profesor Stanley encabeza un proyecto arqueológico de los museos y universidades de Lima, México y Nueva York. Un militar peruano vigila además de que la excavación arqueológica no se quede con “ningún souvenir”.
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En boca del encantador y cortés profesor Stanley se hacen algunas reflexiones sobre el mundo de la arqueología tales como que del pasado perduran más los objetos de metal que los de oro, pues estos últimos son objetos del saqueo y que “los arqueólogos debemos ser muy delicados, las cosas se convierten en polvo” haciendo referencia al especial cuidado que la excavaciones arqueológicas han de tener para no destruir las evidencias que tratan de hallar, como ha ocurrido tantas veces, sobretodo en el pasado, cuando las técnicas, los medios y los fines eran otros.

Eso sí, aquí vemos una vez más, como tantas veces en el cine, una arqueología no tanto orientada al conocimiento del pasado como al encuentro de deslumbrantes objetos. El desaparecido gran sol, una pieza de 14 kilos de oro, 119 diamantes y 243 piedras preciosas que los personajes de la película valoran en un millón de dólares, es en este caso el objeto de la búsqueda en la ciudad perdida de los Incas (como el arca de la alianza lo será en la primera entrega de Indiana). También es una pieza legendaria, pues los descendientes de los incas de la película lo buscan para restablecer la prosperidad de su pueblo y volver a ser libres de nuevo.

Otros legados cinematográficos

La escena nocturna en la cámara mortuoria de Manko en el Machu Picchu, con múltiples reliquias y objetos valiosos, y su especial iluminación en la oscuridad nos deja una escena, un truco, un juego de luces por medio del cual se dará con el gran sol de oro que tendrá repercusión en la historia del cine y sobremanera en En busca del arca perdida (1982).
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La presencia de la heroína de la película, incluye un aspecto que luego será desarrollado en la saga de Indiana Jones, el contexto histórico mundial. Quizá es uno de los puntos más débiles de la película y que tiene mucho que ver con el momento histórico y la pugna entre el mundo occidental y el comunismo. Elena Antonescu se trata de una sencilla mujer en apuros evadida de su país, Rumania, al otro lado del telón de acero. Y que en su intento de alcanzar la nación que encarna a la libertad por excelencia, los Estados Unidos, llega a Cuzco huyendo nada menos que de un agente comunista que persigue mandarla de vuelta a su país. Mismamente en Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal (2008) Harrison Ford hará frente a los agentes soviéticos.

Se trata de una película de la época y por tanto lejos de la sofisticación de la acción de Indiana Jones y la magia aportada por George Lucas y Steven Spielberg. Descansa sobretodo en sus actuaciones, los diálogos y la exótica atmósfera de su ambientación. Pero incluye huidas, persecuciones, escenas en avioneta, viajes a través de la jungla navegando por ríos en plena naturaleza (como Indiana Jones y el Templo Maldito, ) o excavaciones arqueológicas… que junto al resto de elementos ya tratados, componen un personaje y unas pautas que serían retomadas tres décadas más tarde.

Otros enlaces recomendados en Un Mundo de Cine:

· Las aventuras del joven Indiana Jones (Serie de TV)
· La jungla en armas (Henry Hathaway, 1939)
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A continuación puede verse la escena de la película correspondiente a la llegada a Machu Picchu.

El segundo vídeo muestra la escena fuente de inspiración en la cámara mortuoria. No ver si todavía no se ha visto la película.


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6 comentarios:

Anónimo dijo...

Fantástico Post. Me ha gustado mucho la similitud entre las dos películas. He visto que Dani Miera, (en este mismo blog en su comentario de El Orfanato) hace referencia a los plagios de Tarantino en Kill Bill y enlaza con un blog en el que aparecen muchos de ellos.

Mis más grandes felicitaciones por este post.

José Luis dijo...

El Secreto de los Incas es una fuente de inspiración sobresaliente dentro de la creación de la saga Indiana Jones y si mezclamos su contenido con "El Valle de los Reyes", realizada el mismo año 1954, tenemos la combinación perfecta.

escéptico dijo...

Me abrumas con tus comentarios.
Un abrazo

Togusa dijo...

¡Aqui uno que ya ha visto Indiana!

Y también uno que repetirá, todo sea dicho.

uno de historia dijo...

Me gusta el análisis que realizas de la película y la diferenciación entre lo que es y no es arqueología. El personaje de Heston en esta película lo deja claro desde el principio, él es un ladrón de tumbas no un arqueólogo. Los arqueólogos llevan una vida normal y desarrollan una profesión normal, en la película al servicio de los museos y las universidades.

Pacus dijo...

Excelente análisis, solo un par de cositas:

En el altiplano andino no hace calor, el clima va de primaveral a frio.

Alguien sabe qué idioma habla o trata de hablar Heston al principio de la pelicula cuando dice "poro, poro..." o algo asi (será que intenta decir "burro"? Parece que la intención es que se crea que habla en español.