viernes, 2 de mayo de 2008

Orgullo y pasión


Orgullo y pasión

(The pride and the passion. USA, 1957)


-Autor: José Luis Urraca Casal*-


Cuando Hollywood se hizo español para luchar por la independencia

Era el año 1957 cuando la península ibérica acogió el rodaje de la primera superproducción que recaló en nuestro país proveniente de la meca del cine, Hollywood. Dirigida por Stanley Kramer, llevó por título Orgullo y pasión y estuvo basada en la novela “The Gun” de C. S. Forrester, teniendo nuestra Guerra de Independencia como escenario de una épica historia de amor y coraje protagonizada nada menos que por Cary Grant, Sophia Loren y Frank Sinatra. [Este artículo está protegido por derechos de autor. Ver detalles al final del mismo]

Comentario.- Estamos ante una de esas superproducciones que no han llevado demasiado bien el paso del tiempo, que en lugar de mantenerse como grandes clásicos del cine, han quedado más bien relegadas a ejercicios mastodónticos destinados a deslumbrar al público de la época, en un momento en el que recién descubierta la gran pantalla del cinemascope el séptimo arte trataba de llenar los cines a base de grandes historias, que como en éste caso, perdían demasiado de vista la dimensión del ser humano.
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Quizá el problema de Orgullo y pasión fuese la base de su guión. Si a C. S. Forrester le debemos como ya hemos indicado con anterioridad en UnmundodeCine la autoría de novelas que han dado pie a grandes series o películas como La Reina de África, El hidalgo de los mares o Capitán Hornblower, el autor británico no parece desenvolverse con igual soltura en tierra firme, ni conocer demasiado la realidad histórica de la Guerra de Independencia española. A esto se ha sumado una crítica ya consumada a la elección del reparto y el desarrollo de la historia de amor dentro de la acción. Aunque soy de la opinión que el error radicó sobretodo en el excesivo protagonismo concedido al cañón en torno al cual gira toda la película.

Hollywood irrumpe en España
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Orgullo y pasión no es la primera película extranjera rodada en España en la década de los años 50, antes ya lo habían hecho sin ir muy lejos en 1955 Terence Young (La princesa de Éboli) y Orson Welles (Mr Arkadin). Pero sí es la primera gran superproducción y que además va a tener una importancia decisiva en la inmediatamente posterior conversión de nuestro país en un gran plató de cine. El gran espectáculo del cine épico e histórico que va parejo a la irrupción del Cinemascope y la necesidad de competir con la televisión, necesitaba de lugares de rodaje que resultasen baratos a la hora de disponer de medios y extras, riqueza de exteriores y variedad de localizaciones, y por supuesto, con buenos especialistas. Rodar este tipo de películas en Hollywood salía caro y la España franquista de la época, deseosa además de interrumpir su aislamiento internacional, ofrecía con todo tipo de facilidades lo que una superproducción necesitaba.
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Este rodaje resultó muy provechoso para los técnicos españoles, sobretodo a los artísticos, que participaron en el rodaje, como los casos de Gil Parrondo, pues aprendieron mucho de las nuevas técnicas de Hollywood, siendo responsables del trozo de falsa muralla que se construyó para ser bombardeado o del cañón utilizado para ello. Stanley Kramer pasó dos años estudiando las localizaciones de la película y el rodaje se realizó en lugares tan diversos como Segovia, Madrid, Santiago de Compostela, Ávila y Cuenca, lo que queda reflejado claramente en el film, en el que podemos observar los ojos del acueducto y el Alcázar segovianos, San Lorenzo de El Escorial, la fachada del Obradoiro, o las murallas de la capital abulense, en otros lugares emblemáticos además de Colmenar Viejo, La Pedriza y Hoyo de Manzanares.

Este afán por enriquecer la película con llamativos exteriores reales, que ahorraban el esfuerzo de construir decorados, llevó a encadenar las localizaciones de tal manera que el cañón acarreado gracias a la mulas y a la fuerza de los brazos de un nutrido grupo de intrépidos guerrilleros españoles hizo el más extraño de los viajes posibles entre Santiago de Compostela y Ávila, pasando por Cuenca, Segovia y Madrid, claro que eso sólo lo advertirían los espectadores con conocimientos geográficos y no el público norteamericano de la época, desconocedor de España. Así resulta llamativo al comienzo ver desembarcar a Cary Grant en un puerto del norte y encaminarse en carruaje a Santiago mientras le vemos pasar junto al Alcázar de Segovia. O la escena en que el cañón sale de El Escorial y se hace coincidir con la confluencia de los pasos de Semana Santa a los pies del Acueducto de Segovia.

Un reparto internacional
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Para Sophia Loren supuso la segunda película en su carrera internacional desde su salto a Hollywood un año antes, y se dice que un conquistador como Grant no pudo hacerla sucumbir a sus encantos a pesar de todos sus intentos. En Orgullo y pasión luce, con abierto escote para la época, la exuberante belleza que le abrió las puertas del éxito y posibilitó más tarde demostrar sus grandes dotes de actriz, alzándose con el Oscar en 1962. Aquí más que entonar con el resto de mujeres españolas que aparecen dentro de la película, más bien parece haber sido elegida por resultar representativa a los ojos de Hollywood de la belleza y sensualidad mediterráneas.

Este es uno de los pocos trabajos en que vemos a Cary Grant, ya consolidado como estrella, salirse del tipo de películas que solía protagonizar, la mayoría elegantes comedias, para introducirse en una superproducción de carácter épico. No renuncia a su acostumbrada elegancia enfundado en el uniforme de oficial de la marina inglesa, pero pocas veces lo habremos visto pasar tantas penalidades, cubierto de polvo, enlodado o ensangrentado por los caminos de media España. Su personaje, prototipo imaginario del caballero británico, cortés y civilizado incluso en el arte de la guerra.
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Y para el papel del líder de los guerrilleros españoles, Miguel, el director Stanley Kramer escogió a un actor menudete y de aspecto chulo y pendenciero como Frank Sinatra, quien vivía aquellos días su turbulenta relación con Ava Gardner, que entonces pasaba sus días en Madrid. La verdad es que cuando le vemos aparecer en la primera escena en Santiago de Compostela con su actitud desafiante, parece encajar bien en el papel que se le ha querido asignar. Luego su interpretación no suscita en determinadas escenas toda la credibilidad que requiere. El resto del reparto incluye a los actores austriacos Theodore Bikel (que hoy precisamente cumple 86 años y a quien podemos ver en una de las fotografías junto a Cary Grant) experto en papeles de villanos y con gran dominio de lenguas y acentos, en el papel de General Jouvet; John Wengraf como su ayudante y miles de extras españoles, entre los que sobresale José Nieto y con un pequeño papel destacable, Carlos Larrañaga compartiendo escena de acción con Grant.

Acarreando un cañón por media España para la toma de Ávila
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La película nos traslada al año 1810 y nos presenta al ejército español derrotado y batiéndose en retirada. España está en manos del ejército francés de Napoleón. Es en ese momento cuando un capitán de la marina inglesa (Cary Grant) llega a la costa española, supuestamente Santander, y se dirige a la zona en que ha sido abandonado un gigantesco cañón (el más grande del mundo) para recuperarlo. Esto le conduce a Santiago de Compostela y allí habrá de convencer a los guerrilleros de la zona, liderados por el hijo de un zapatero, un tal Miguel (Frank Sinatra) para que le ayuden a transportarlo a Santander, donde será embarcado por los ingleses y puesto a salvo de caer en poder del común enemigo, Francia. Sin embargo estos ponen como condición utilizarlo primero para liberar la ciudad de Ávila, donde la película sitúa una especie de cuartel general de las tropas francesas al mando del General Jouvet (Theodore Bikel), quien a su vez, también quiere hacerse con el cañón.

Stanley Kramer le da sabor español a la película mostrando aquellas costumbres y aspectos nacionales que más han llamado la atención de los extranjeros que se han paseado por la piel de toro. Así vemos a Sophia Loren, mito de la feminidad de la época, dedicándose toda una escena a bailar flamenco. A Miguel (Frank Sinatra) consumido por los celos o con más coraje y determinación que sentido común (leyenda que se puede ver recogida en muchos autores británicos, como el caso de Patrick O’Brien, aquello de que a los españoles nos sobra valor, y que también tiene reflejo en Trafalgar, de Galdós) o con una botella de vino en la mano (fama que tienen nuestros caldos). No podían faltar, como ya lo hiciera en La vuelta al mundo en 80 días (1956) una improvisada plaza de toros de la época en mitad de un pueblo, reunido todo el vecindario en torno a la misma o los molinos de viento a los pies de cuyas aspas se desarrolla una destacable escena de acción en la que a fuerza de cuchilladas se pone a prueba el coraje del capitán inglés.

Lo que sí recibe un trato más que correcto es la Semana Santa española, a diferencia de producciones recientes como Misión Imposible, próxima al esperpento. De hecho, y no es de extrañar por la época, Orgullo y pasión está impregnada de gran religiosidad, la cual vive su clímax en el mismo momento en que el cañón entra en la basílica de la catedral de San Lorenzo de El Escorial para ser reparado (Dios se une a la causa) para salir a continuación encubierto como un paso más de la procesión de Semana Santa tornándose la banda sonora en música celestial, casi sacra. Sophia Loren le reza incluso a la imagen de la Virgen y el Niño. Tampoco hay que olvidar la escena final, quizá la más emocionante, a los pies de la estatua de Santa Teresa de Ávila.

Al ejército invasor se le retrata como opresor y cruel verdugo de ciudadanos inocentes, el general Jouvet no duda en ahorcar a mujeres y niños en busca de información como represalia. Por otro lado su ayudante, Sermaine (John Wengraf) se erige en fiel consejero que previene a su superior de las consecuencias de sus actos sobre el pueblo español. Ambos intercambian un interesante diálogo que resume bien el espíritu de la Guerra de Independencia iniciada el 2 de mayo de 1808:

General Jouvet: “Como sienten estos españoles el momento de la verdad. Algo que les impulsa a morir, a empapar la tierra con su propia sangre ¿por qué?”
Sermaine: “Probablemente porque es su tierra mi general”
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En medio de la acción bélica que pretenden acometer con el accidentado transporte del cañón, se sucede la historia de amor de la película, que sitúa entre el español Miguel y el capitán inglés a Juana (Sophia Loren) expresión de la pasión que consigue despertar los celos entre sus dos pretendientes y que hace gala de sus poderes seductores para hacerles entrar en razón. Ésta junto a Miguel representan el elemento pasional de la película, frente a la racionalidad empleada por Cary Grant, a quien la Loren espeta en una escena que deje de ser un ave fría inglesa y se comporte como un ser humano. El inglés también es quien aporta la pericia a los españoles, pues es el experto en artillería del que necesita Miguel para maniobrar el cañón.

La película goza de la participación de un elevado número de extras (sin mediaciones digitales) así en la escena inicial del ejército español en retirada, parece ser que participaron 5.000 figurantes y ya al final en la del asalto a las murallas de Ávila otros 2.000 entre los que se encontraba el futuro presidente del gobierno de España, Adolfo Suárez.

La música mezcla marcialidad con un espíritu épico y a la vez tumultuoso, advirtiéndose clara influencia de ritmos españoles. Obra de George Antheil, al comienzo resulta muy apropiada, sobretodo para los títulos de crédito iniciales, pero conforme avanza la película se vuelve quizás demasiado reiterativa.

Otros enlaces recomendados en Un Mundo de Cine:

· Sangre de mayo (José Luis Garci, 2008)
· Amazing Grace (Michael Apted, 2006)
· John Adams (Serie de la HBO, 2008)
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Homenaje a los caídos en el 2 de mayo de 1808

Pero éste artículo no puede finalizar sin hacer referencia a uno de los contenidos a veces pasados por alto dentro de la película y para ello ha de regresar a su comienzo. Saul Bass, personaje fundamental dentro del cine caracterizado por hacer creativos a los fondos de los títulos de crédito iniciales de las películas (por ejemplo los mejores de Hitchcock) integrándolos dentro de la historia que se iba a narrar, a modo de síntesis o metáfora, es el responsable de los dibujos iniciales teñidos de un rojo sangre en los que vemos al pueblo español luchando contra el soldado francés, de clara inspiración goyesca. Auténtico homenaje a la lucha de todo un pueblo contra el invasor, que puede verse a continuación acompañado por la banda sonora de George Antheil.
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7 comentarios:

Noe dijo...

Muy oportuno el comentario de hoy sin duda, La única pega que te podría es que la película no es de la calidad deseable para esta conmemoración.

La vi hace un par de años, y no me queda un buen recuerdo, posiblemente por las razones técnicas que apuntas, aunque yo creo que mi mal recuerdo viene de que personalmente vi la película con "ojos de española", ya que ver una procesión saliendo de El Escorial madrileño y desembocar en el acueducto de Segovia resulta, como poco desconcertante.

Quisieron meter todos los grandes monumentos españoles en la película, creando una confusión y una sorpresa a mi ojos, de la que todavía me estoy recuperando.

No obstante, por ver a Cary Grant, me trago este, y todos los bodrios que hagan falta.

José Luis Urraca Casal dijo...

Evidentemente a poco que conozcas la geografía española irás viendo desde el principio que la ruta seguida primero por el capitán que interpreta Cary Grant y luego el cañón en su viaje a Ávila, es todo un laberinto de localizaciones muy raro.

Pero eso los espectadores americanos pues no lo sabían y como les ahorraba la necesidad de levantar decorados y el cine hace milagros, pues eso, sale la procesión de San Lorenzo y nos topamos con los ojos del acueducto.

Jose dijo...

Nací en el 1954 y es una pelicula que vi en el 58 ? (engo una buena memoria) y se me quedó grabada, hasta que la volví a ver hace unos años en la TV. Excelente, la debieran volver a rodar con la ayuda de Perez Reverte, al stilo de Alatriste.

José Luis dijo...

Hola Jose, tiene un gran simbolismo dentro de la historia del cine en España, Grant, Loren y Sinatra actuando en la Península Ibérica. ¿Y podría hacerse una nueva versión? Bueno, pero sin la marcada sensación decadente de la película Alatriste, que es también una gran película.

Emacc dijo...

Os olvidais de que en la peli sale Carlos Larrañaga... es el chaval que ayuda al capitán inglés a poner la pólvora en el puente de barcazas.

Corruco dijo...

¿Alguien sabe quién es el cantaor que aparece a los 20 minutos de metraje en esta película?
Muchas gracias.

Dña. Urraca dijo...

Hola, he dado con tu blog mientras que buscaba una fotografía y tenía que dejarte un comentario. El verdadero protagonista de esta película y se su rodaje fue el cañón. Era real, pesaba lo que aparenta en las imágenes, para acarrearlo se necesitaban más de veinte personas entre las que se encontraban, además de sus constructores, parte de los extras que comentas que eran soldados del acuartelamiento del goloso.
Se muy bien de lo que hablo porque ese cañón forma parte de la historia de mi familia, lo hicieron entre mi padre y mi abuelo. De hierro forjado en fragua, pesaba las toneladas que aparenta y en más de una ocasión tuvieron algún susto. Cuando terminaron el rodaje, se lo llevaron a EE.UU, y allí continua.