viernes 6 de junio de 2008

Bobby (Emilio Estevez, 2006)


Bobby

(Bobby. USA, 2007)


El día que América vio de nuevo truncada la ilusión de un sueño

El ciclo de cine presidencial que inaugurábamos con Lincoln en Illinois en Un mundo de Cine el 4 de febrero, víspera del supermartes electoral en Estados Unidos y que nos llevará hasta el próximo mes de enero a realizar un repaso a diversos films que tratan la figura del máximo mandatario norteamericano bien a través de inquilinos de la Casa Blanca reales o ficticios, recala hoy en la película Bobby, dirigida por Emilio Estevez el pasado año 2007.

Comentario.- En una semana en la que finalmente hemos podido conocer cual será el candidato del partido demócrata a la presidencia de los Estados Unidos de América en las elecciones del próximo mes de noviembre, volvemos la vista atrás para recordar que un misma día como el de hoy, hace 40 años, fallecía víctima de un asesinato cometido en la cocina de un hotel de Los Ángeles, el candidato del partido demócrata a la Casa Blanca, Robert F. Kennedy. Hecho que ha salido a relucir durante la presente campaña sin ir más lejos por la candidata Hillary Clinton, en alusión a otra pugna electoral que como la presente, se prolongó hasta el mes de junio.

La Casablanca, biografía y magnicidio en el cine
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La figura de otros presidentes norteamericanos ha sido recogida en diversas películas a lo largo de la historia del cine, desde el fundador George Washington hasta el mismísimo George W. Bush en la reciente En el punto de mira (2008) donde es víctima de un atentado en la ciudad española de Salamanca. En muchas ocasiones la mirada o el acercamiento ha sido biográfico a través de lo que se conoce como biopic, caso de Nixon (1995), pero otras muchas veces la trama se ha centrado en torno a la intriga del asesinato y la conspiración en que éste se ha visto envuelto, siendo su mejor exponente JFK (1992) y donde igualmente podemos contar como ejemplo reciente, la película documental británica La muerte de un presidente (2006) también sobre la figura de G. W. Bush. En el caso de Bobby, no se trata ni de un relato biográfico ni de una reconstrucción de su asesinato, aunque esto último sí se nos ofrece en su desenlace, sino de un original retrato social de un país y sus desafíos a través de las historias de gente corriente en las horas precedentes a aquella fatídica noche.

El hotel Ambassador como escenario

Nos encontramos en 1968 y por el Hotel Ambassador como nos recuerda Anthony Hopkins al comienzo de la película, desde su apertura en 1921 han pasado todo tipo de personajes ilustres, Franklin Delano Roosevelt, Truman, Eisenhower, J. F. Kennedy, Khrushchev, el Sha de Persia, el rey de Suecia, la mujer de Chiang Kai-Shek… y sobre el escenario de su sala de fiestas, el Coconut Grove, han actuado gente del espectáculo como Barbara Stanwyck, Dolores del Río, Rita Hayword, Bing Crosby, Frank Sinatra…

El día 4 de junio de ese mismo año se celebraban primarias en los estados de Dakota del Sur y California, el senador Robert Kennedy tenía su cuartel general en el Hotel Ambassador de Los Ángeles, al que se dirigiría al final del día para festejar de producirse el triunfo, la victoria. Y tomando el Ambassador como referencia, la película se desarrolla íntegramente dentro de sus instalaciones y algunos de sus exteriores. La historia que comienza al alba de ese día 4 de junio transita a través de una veintena de trabajadores y huéspedes del hotel, un escenario apropiado de “gente que entra, gente que sale” y donde “nunca sucede nada” frases de la película Grand Hotel (Edmund Goulding, 1932) que recuerdan en los servicios Anthony Hopkins y Harry Belafonte, y le permite al director Emilio Estevez poder reflejar a modo de fresco de la época, una instantánea de la sociedad norteamericana del momento, aunque a diferencia de la película de Goulding, aquí sí sucederá algo, y la historia de las vidas de los habitantes del hotel adquirirán sentido dentro de la película por tal motivo.

A pesar de que Estevez no se desenvuelve con la maestría y soltura de otros directores como Robert Altman (aunque éste acostumbre a hacerlo con menos estrellas mediáticas) a la hora de crear un microcosmos en el que pululan y se interrelacionan sus múltiples personajes, aquí cada personaje, pareja o grupo tiene su propia historia dentro de la película, aspecto éste bien logrado, aunque las piezas de este puzzle político y social no terminen de consumar la simbiosis entre si hasta que cercana la medianoche, se consume el magnicidio, el cual actúa como catarsis sobre todos ellos y al hilo del discurso del final en voz en off del senador Kennedy.

Una película coral
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A excepción de una famosa cantante, Virginia Fallon (Demi Moore) dada al alcohol en el umbral de la pérdida de la belleza de su juventud, el resto de los protagonistas son lo que en inglés se denominaría el hombre corriente de la calle, y más concretamente aquel que vio en el candidato Robert Kennedy un motivo para la ilusión y la esperanza en una sociedad, la de Estados Unidos, especialmente castigada desde mediados de los años 60.

Una camarera, dos telefonistas, los empleados de la cocina, la peluquera, los ayudantes de la campaña electoral, un activista de los derechos civiles colaborador de Kennedy, miembros del organigrama de dirección del hotel, matrimonios de clase media en crisis, un artista, un corredor de bolsa, un porreta, unos novios a punto de casarse por compromiso (él va a ser llamado a filas…) un jubilado sin otro hogar que su antiguo lugar de trabajo, el Ambassador…; jóvenes, adultos y ancianos; hombres y mujeres; de diversas clases sociales; de todas la razas, blancos, de color, mexicanos o latinos e incluso una periodista checoslovaca.

Todos ellos conforman una pequeña muestra de una Norteamérica para la que como se nos anuncia al principio de la película, Kennedy representaba ese puente al que se hace referencia y que es entre las dos razas, entre generaciones y entre ricos y pobres.

Un hotel con más estrellas que en el cielo

Así era como algunos estudios de Hollywood publicitaban sus películas en la época del Grand Hotel de 1932 película que contaba con actores de la talla de Greta Garbo, Joan Crawford o John y Lionel Barrymore. Y el mismo alarde podemos encontrar dentro del reparto de Bobby con una notable presencia de cada uno de ellos: Anthony Hopkins, Lindsay Lohan, Demi Moore, Sharon Stone, Joy Bryant, Nick Cannon, Emilio Estevez, Laurence Fishburne, Brian Geraghty, Heather Graham, Helen Hunt, Joshua Jackson, Shia Labeouf, Martin Sheen, William H. Macy, Freddy Rodríguez, Christian Slater, Jacob Vargas, Elijah Wood, Harry Belafonte, Ashton Kutcher, Svetlana Metkina, Mary Elizabeth Winstead…

Todos están bastante acertados en sus respectivos papeles, aunque algunos estén algo más desarrollados que otros, sobresaliendo especialmente Sharon Stone (la peluquera) incluso cuando comparte escena con el mismísimo William H. Macy, su marido en la película. Hay una secuencia en la que se nos narra mediante varias elipsis lo que ocurre (el momento en que Christian Slater entra en la peluquería) que está magistralmente rodada. Y otra escena entre Sharon Stone y Demi Moore permite disfrutar de los dos mitos eróticos conversando sobre la edad, el paso del tiempo y la pérdida de la belleza de la juventud.

[Atención: a partir de aquí el comentario revela detalles importantes de la trama]

Los desafíos de Estados Unidos en 1968
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La cocina del hotel es el lugar elegido por el guión para que surja el problema racial en boca de las propias minorías. Es en éste lugar donde trabaja lo más bajo del escalafón social, ejemplificado en dos mexicanos o latinos (como gusta llamarse uno de ellos) José y Miguel y el cocinero jefe de color (Lawrence Fishburne). Tienen que hacer dobles turnos (explotación en el trabajo) y no les queda más remedio, ellos están debajo de la pirámide social. Como son chicanos, el encargado de cocina (blanco) no les concede permiso para ir a votar, y luego se menciona que apenas sí saben leer o escribir inglés.

En otro momento en la cocina, Lawrence Fishburne (excelente interpretación junto a Freddy Rodríguez) le dice a José por su nobleza que es como el rey Arturo, recordándole que aquel tampoco nació rey. Aquí, si enlazamos con la conversación mantenida anteriormente durante la cena veremos que tanto Fishburne como José representan la lucha no violenta por los derechos civiles. José al ser Arturo (como le llama Fishburne) simboliza la esperanza de la juventud (mientras que su compañero Miguel es más proclive a la ira) y entronca con la magia de Camelot que fue como Jackie Kennedy bautizó la presidencia de su marido JFK en referencia al sueño que América vivió durante aquellos años. Esa misma América en que una joven trabaja de camarera esperando poder convertirse algún día en actriz.
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La crisis de la sociedad norteamericana se acentúa en la película con las crisis que sufren algunos matrimonios. Así el director del hotel (H. Macy) mantiene una relación con la telefonista a espaldas de su mujer (Stone) o el matrimonio formado por Martin Sheen (el presidente Bartlet de El Ala Oeste de la Casa Blanca) y Helen Hunt atraviesa por una crisis de identidad.

La Guerra de Vietnam está presente, a través de una pareja de jóvenes que van a contraer matrimonio ese día en el hotel sin estar enamorados, pero que le permitirá a él si está casado ser destinado a Alemania y no a la zona de conflicto en el Sureste asiático. Una ceremonia a la que no acudirán los padres de ella por considerarle un cobarde que trata de eludir su deber.

Dos jóvenes voluntarios de la campaña electoral acaban acudiendo a un vendedor de droga (Kutcher) que les suministra LSD, la sustancia del momento a mediados de los años utilizada para soñar y evadirse de la pesadilla que en esos momentos representa la guerra, aunque durante unos momentos los efectos les produzcan un mal viaje a Shiah LaBeouf y Brian Geragty (mientras están colocados se les aparecen las imágenes de los bombardeos, el tío SAM, Nixon…). Luego sabremos que el personaje de Labeouf teme que no salga elegido Kennedy, porque si le llaman a filas será destinado a Vietnam. Kennedy es su esperanza (habiendo basado éste su campaña como punto fuerte en contra del conflicto).

Luego tendríamos a la tercera edad representada por un Harry Belafonte en el papel de un viejo de color con principio de alzheimer que se siente inútil tras la jubilación o un Anthony Hopkins (todo un bálsamo poder escucharlo en versión original) que ha dado toda su vida a su trabajo, el hotel y ahora no tiene o no quiere otro lugar donde ir. Y la pobreza, aunque sucintamente (estamos en un gran hotel) también hace su aparición a través de esa telefonista de color que en la fiesta del candidato aprovecha para meter en su bolso aquello que puede, porque su sueldo no la alcanza para todo.

Bobby Kennedy a través de un retrato social
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Aunque Robert F. Kennedy está encarnado por el actor Dave Fraunces, éste no entra en escena hasta pasada una hora y veinte minutos de película, y tan sólo lo veremos de refilón y de espaldas. Hasta ese momento, sólo habremos contemplado su rostro en imágenes reales de archivo a través de la televisión en diversos momentos del metraje, escuchándole en pequeñas dosis sus discursos durante la campaña en los noticiarios del día. Hasta entonces posee un protagonismo paralelo de algo que sucede en el exterior, pues a quienes vemos actuar dentro del hotel son esas personas corrientes cada uno con sus respectivas historias.

Por tanto estamos presenciando una película que no nos muestra al candidato Bob Kennedy como un personaje más de la trama, sino ante el reflejo de su imagen a través de los ojos de los ciudadanos de tan diversa condición que habitan el hotel Ambassador en un claro retrato social de la América de aquel año 1968. En cierto modo y salvando las distancias es algo similar a películas como De aquí a la eternidad (Fred Zinnemann, 1953) donde asistimos a unas historias personales que aunque dentro de un contexto, viven ajenas a lo que de pronto irrumpe en sus vidas al final de la misma, el ataque a Pearl Harbor.
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Dwayne (Nick Cannon) simboliza a uno de esos jóvenes activistas pro derechos humanos que se ha unido al equipo de campaña de de Kennedy. Sus palabras en un momento de la película representan bien lo que significa el senador para ellos y para otras minorías: “ayer veía las noticias locales, y lo que vi que sucedió en esa caravana me dio esperanza. Son miles, de negros, mexicanos los que saltan frente a su auto, se aferran de su ropa, le arrancan los zapatos. Lo amaban. Ahora que el Doctor King se fue, no queda nadie más que Bobby”.

La película en otras secuencias nos muestra a través de algún televisor encendido imágenes de la televisión de aquel día, gente de la calle entrevistada tras el paso de la caravana electoral del senador y va recogiendo testimonios de la ilusión y la esperanza que despierta el joven político en plena campaña tanto entre jóvenes, minorías étnicas, zonas desfavorecidas como personas mayores.

Acabada la jornada electoral Kennedy llega al hotel y lo vemos a través de esa mirada llena de admiración que desde el umbral de la recepción del hotel le profesa Anthony Hopkins para terminar diciéndole mientras estrecha su mano “Bienvenido al Ambassador, Senador”.

Las primarias demócratas de 1968
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Bobby asimismo refleja a través de diversos momentos de su metraje, la campaña electoral y la celebración de las primarias ese mismo día 4 de junio en Dakota del Sur y en California. Dakota ha comenzado antes la votación por la diferencia horaria, el film refleja ese hecho cuando va a comenzar en California a primera hora de la mañana. Más adelante el personaje de William H. Macy enumera a su mujer todo lo que tiene que votar en la papeleta. No sólo ha de votar distintos cargos sino también diversas propuestas.

El complejo sistema de votación que tienen en Estados Unidos y al que asistimos recientemente en el caso de las elecciones entre G. W. Bush y Al Gore en 2000 también sale a relucir en Bobby, la primera cuando uno de los jefes de campaña, Wade Buckley, da una pequeña explicación en la calle sobre cómo utilizar la papeleta de voto y su especial troquelado. Más tarde y ya al final del día en su noticiario de la cadena CBS, el popular presentador de la época Walter Cronkite entrevista a un hombre que habla del nuevo recuento automático, que en lugar de agilizar las cosas, hará que en esta ocasión el recuento de los votos se alargue.

También vemos los problemas para votar que tienen los negros (escuchamos que se ha instalado un control policial en un distrito) o las minorías (a los empleados de la cocina - fundamentalmente chicanos y negros -su encargado no les da permiso para ausentarse e ir a votar).
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Las primarias son duras, como en la presente campaña de 2008 entre Hillary Clinton y Barak Obama. El principal rival de Kennedy en California y Dakota del Sur es el senador Eugene McCarthy, uno de los tres principales candidatos dentro del Partido Demócrata. En otro momento se muestra a Kennedy por televisión anunciando que si no resulta ganador en California se retirará de la campaña. Y es que Kennedy, había entrado en liza el 16 de marzo frente al candidato “oficial” y continuista del partido y del gobierno, el vicepresidente Hubert Humphrey y el senador McCarthy. Este último enarbolando la bandera en contra de la Guerra de Vietnam había logrado que tras una pírrica victoria cuatro días antes, el 12 de marzo en las primarias de New Hampshire el presidente Lyndon B. Johnson abandonase la carrera electoral por la reelección el 31 de marzo de aquel mes. Una victoria en California sobre McCarthy convertiría a Kennedy en el favorito para derrotar a Humphrey.

En esa campaña importantes personajes del mundo de la cultural y el cine como Norman Mailer, Andy Warhol, Truman Capote, Henry Fonda, Lauren Bacall o Warren Beatty mostraron su apoyo a RFK, acrónimo de campaña de Robert y que recordaba al de su hermano JFK.
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Vemos los preparativos para la fiesta en caso de triunfo, y como al llegar el senador al final de la jornada electoral al hotel, incluso recibe un espectáculo homenaje a cargo de la cantante Virginia Fallon. Conocidos los primeros reportes del escrutinio, Robert F. Kennedy resulta ganador en California se desata el júbilo dentro del hotel Ambassador, constituyendo todo ello un buen ejemplo de fiesta electoral en torno a los candidatos norteamericanos.

Efectivamente Bobby Kennedy ganó la noche del 4 de junio en Dakota del Sur (el estado oriundo del vicepresidente Hubert) y en California, lo que se sumaba a los estados de Indiana y Nebraska. Tras su muerte, en la convención demócrata ganó gracias al apoyo del aparato del partido Humphrey Hubert, quien a su vez perdió las elecciones del mes de noviembre frente al candidato republicano Richard Nixon.

El día en que sí pasó algo: el magnicidio

La película arranca con los servicios de seguridad y la gente fuera del hotel tras haber saltado una falsa alarma de incendios. Es la primera hora de la mañana, y al personaje de Harry Belafonte le hará concluir “Nunca pasa nada”. De hecho ese día podría haber pasado a la historia por el sexto pase invicto del jugador de béisbol Don Drysdale al que tanto admira el personaje de José y al que hace referencia el propio Bobby Kennedy en su discurso tras la victoria. Pero al término de ese día tendría lugar uno de los magnicidios que sacudieron los Estados Unidos de América en su historia reciente.
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A esa primera hora del día en que comienza la película, Kennedy está en la casa del su amigo el director de cine John Frankenheimer, quien le llevará en coche al atardecer al hotel Ambassador.

Tras los primeros momentos de celebración y un primer discurso ante los congregados, apenas pasada la media noche de aquel día electoral, ya en el 5 de junio, Kennedy se trasladó a través de la cocina del hotel hacia una sala de prensa para atender a los periodistas. La gente abarrotaba todas las estancias y le saludaba a su paso entre una nube de fotógrafos hasta que la fatalidad hizo que se cruzase con Sirhan Sirhan, un palestino de 24 años que disparó a bocajarro sobre él, hiriéndole de tres disparos uno de ellos en la cabeza e impactando además a diversas personas presentes. La historia se repetía de manera tortuosa con los Kennedy y Robert fallecería a la 1:44 del día siguiente, el 6 de junio, tras infructuosos intentos por salvar su vida.

Hasta aquel momento el gobierno proporcionaba seguridad a los presidentes electos pero no a los candidatos. La seguridad de Kennedy la constituía un agente formado en el FBI y dos atletas que actuaban como guardaespaldas, lo cual se reveló claramente insuficiente. Robert moría a los 42 años dejando viuda a Ethel Skakel quien estaba embarazada de su undécimo hijo.

Aunque conocido el hecho, las imágenes de la película no dejan por ello de ser sobrecogedoras al entrelazar adecuadamente imágenes reales y ficticias al tiempo que comenzamos a oír la voz en off de uno de sus discursos.

Robert F. Kennedy (1925-1968)

Fue miembro de una auténtica saga de políticos cuya historia ha hecho mella en los Estados Unidos y en el mundo entero por sus hechos y por la tragedia que se cernió sobre ellos. Nacido en 1925, fue el séptimo de los hijos de Joseph Kennedy y Rose Fitzgerald. Su padre fue embajador en Gran Bretaña. Robert participó en la Segunda Guerra Mundial como miembro de la armada y a su término se graduó en derecho en Harvard y se convirtió en abogado lo que le sirvió para ayudar a su hermano John en toda su carrera política, de quien fue siempre asesor incluso cuando ocupó la Casa Blanca. Como jefe de campaña en la elección a Senador por el estado de Massachussets en 1952 hasta que su hermano lo nombró Fiscal General del Estado, puesto que desempeñó entre 1961 y 1964 y desde el que se caracterizó por aplicar los derechos civiles y la lucha contra la mafia.
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En 1964, un año después del asesinato del presidente Kennedy, renuncia a la fiscalía y se presenta (siendo elegido) al cargo de senador por el estado de Nueva York, terminando por convertirse en un crítico del presidente Johnson dentro y fuera del partido a causa de la Guerra de Vietnam aunque autocensure muchas veces sus críticas.

Activista en contra de la pena de muerte, preocupado por la pobreza y los guetos urbanos de la población más desfavorecida, defensor de los derechos civiles, firme partidario de las reformas sociales… tenía fama de rudo y poseía fuertes convicciones religiosas. Cuando decidió presentar su candidatura a la Casablanca y comenzó la campaña por los estados, recogió el testigo dejado por su hermano y enarbolando la bandera del cambio, sumado a su juventud, una apostura que se ganaba a la cámara, y palabras que incitaban a la paz, la reconciliación y la esperanza, suscitó la ilusión en muchos norteamericanos.

El contexto histórico, la primavera de 1968

La película arranca con unas palabras escritas sobre fondo negro que nos recuerdan el contexto histórico que vivían los Estados Unidos en aquellos primeros meses del año 1968 y la especial convulsión experimentada por la sociedad norteamericana aquel año. El 16 de marzo Robert F. Kennedy había anunciado su candidatura dentro del Partido Demócrata a la Casablanca. El film también nos recuerda como introducción que el senador de 42 años lideraba una plataforma por la paz y la justicia y que era visto como el candidato que podía tender un puente entre las razas y su mejor esperanza para alcanzar una honorable salida a una guerra impopular.
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A continuación aparecen unas imágenes reales de archivo (que se repetirán en diferentes momentos hasta el final de la película) anunciando su candidatura basada en nuevas políticas, mezclando su discurso mediante voz en off con las imágenes de los bombardeos de su país sobre Vietnam, las protestas y manifestaciones de la juventud en contra del conflicto negándose a ser reclutados para el mismo y clamando por la paz junto al Lincoln Memorial en Washington, entrelazadas con las palabras del entonces presidente Lyndon B. Johnson anunciando que no se presentaría a la reelección (pronunciadas el 31 de marzo de aquel año). Mientras vemos imágenes de manifestaciones de gente color y a Martin Luther King (la manifestación de apoyo a una huelga en Menphis) y oímos las palabras del propio Bobby la misma noche del asesinato del doctor King (sucedido el 4 de abril apelando a la reconciliación entre razas) y las oleadas de violencia desatada en las calles de Washington tras el suceso, disturbios que afectaron a las principales ciudades del país. Imágenes de Robert defendiendo los derechos de los ciudadanos reflejados en la Constitución, de jóvenes que regresan de Vietnam en ataúdes cubiertos con la bandera americana, seguidas por diversos momentos de la campaña electoral de Bobby, siendo recibido a los pies de un avión, recorriendo en coche calles abarratodas de gente, estrechando las manos de los niños y pronunciando palabras de esperanza.

Sin lugar a dudas una correcta composición de lugar que sitúa al espectador brevemente frente al clima que se vivía en Estados Unidos en la primavera de 1968 y del espíritu esperanzador que para muchos representaba la figura del candidato Robert F. Kennedy.

La década de los años 60 fue la de la lucha por los derechos civiles de la población de color en busca de la igualdad y la mejora de sus condiciones de vida, que recibe un primer revés tras el asesinato del presidente John Fitzgerald Kennedy en Dallas el año 1963
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El presidente Johnson, que había comenzado su mandato con hitos como la aprobación de la Ley de Derechos Civiles en aras de esa igualdad, vio como la Guerra de Vietnam se convirtió en un sangrante conflicto que se cobraba además de recursos contra la pobreza o en favor de la educación, a miles de soldados estadounidenses mientras el mundo entero contemplaba asombrado los bombardeos indiscriminados de la población civil vietnamita, lo que le condujo tras un severo desgaste y rechazo popular, a anunciar el 31 de marzo de 1968 que no se presentaría a su reelección.

En Europa la juventud se manifestó por las calles en contra de los viejos valores y jerarquías sociales, a favor de la igualdad, el ecologismo y la paz (algo que tendría su paralelo en Estados Unidos) siendo la máxima expresión de la protesta, extendida a los trabajadores, el conocido mayo francés. Pero no sólo la Europa Occidental asistía a aquellos momentos de cambio y de crisis, al otro lado del telón de acero, se producía la denominada “Primavera de Praga” (punto que en la película es introducido por la periodista checa) en la que el gobierno de este país comunista abría la puerta a diversos cambios esperanzadores al margen de la Unión Soviética.

Otras películas sobre el personaje y la política del período
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Quizá una de las mejores películas para aproximarnos a la personalidad de Bob Kennedy sea 13 días (2001) apasionante film sobre la crisis de los misiles de Cuba de 1962, donde le vemos interactuar continuamente en calidad de fiscal general junto a su hermano Jack. Y para comprender el período y hacernos una mejor idea de la situación política que vivió América durante los años 60 y comienzos de la siguiente década, una prácticamente desconocida pero interesantísima Camino a la guerra (2002) con Michael Gambon en el papel de Lyndon B. Jonson o el biopic Nixon (1995) protagonizado por el también británico Anthony Hopkins son dos recomendaciones nada desdeñables. Tanto de 13 días como de Camino a la guerra nos haremos eco en Un Mundo de Cine a lo largo del presente año.

Coclusiones finales

Una vida inconclusa lo mismo que su tarea, es lo que lleva a una radiografía como la que Estevez nos muestra en Bobby, carente de crítica y centrada en la sociedad y la ilusión que despertó, así como el dolor de su pérdida. La sociedad norteamericana personificó en él una etapa de cambios y esperanzas frustradas. Se había arrebatado una esperanza al pueblo norteamericano en el momento en que éste más la necesitaba y nacía el mito. Un claro homenaje de un Hollywood mayoritariamente liberal y demócrata, dentro de una sin ser genial, sí al menos notable película, acompañada por una banda sonora que subraya solemnemente sus discursos y la magnitud de la tragedia.

Este artículo continuará con Bobby: palabras de reconciliación, paz y esperanza

A continuación puede verse el trailer de la película, la cual recomendamos si se tiene la oportunidad de alquilarla en un videoclub o adquirir el DVD, ver en versión original subtitulada. A ciertos hombres como Robert F. Kennedy conviene escucharlos su voz.

Película: Bobby · País: USA · Año 2006
Director:
Emilio Estevez · Guión: Emilio Estevez
Música:
Mark Isham · Fotografía: Michael Barrett
Anthony Hopkins · Lindsay Lohan · Demi Moore · Sharon Stone · Joy Bryant· Nick Cannon · Emilio Estévez · Laurence Fishburne · Brian Geraghty · Heather Graham · Helen Hunt · Joshua Jackson · Shia Labeouf · Martin Sheen · William H. Macy · Freddy Rodríguez · Christian Slater · Jacob Vargas · Elijah Wood · Harry Belafonte · Ashton Kutcher · Svetlana Metkina · Mary Elizabeth Winstead

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2 comentarios:

zina montenegro dijo...

Hay algo peor que segar una vida, hacerlo con la voluntad de un pueblo. Eso en cierto modo expone Bobby, un espejo, más que una película, de nuestra vida hoy.
Gracias por seguir enseñandonos cosas.

José Luis Urraca Casal dijo...

Comprendo lo que dices de lo del espejo. Además la película se estrenó en 2006 y hay muchos paralelismos con la Guerra de Irak y cierta frustración con la política norteamericana de su administración en ese momento.

Si lo pensamos. El presidente Lyndon B. Johnson tuvo que renunciar a importantes programas de reformas sociales y educación por los gastos de la Guerra de Vietnam. Lo que nos lleva a pensar ¿Cuantos presupuestos adicionales ha destinado ya la administración Bush a Irak?

Y por otro lado, coincide, pero eso ya es una casualidad, que Bobby despertó una ilusión con sus palabras entre la gente corriente y entre la juventud muy similar a la lograda en estas primarias por Barak Obama. No en vano, y esto no es casualidad, Obama remite en su dicurso muchas veces a los Kennedy y sobretodo a sus ideas, como la espresada por Bobby sobre que no quería un país dividido.

Pero eso lo abordo en la segunda parte del artículo.