domingo, 12 de octubre de 2008

La versión Browning (The Browning version). Anthony Asquith, 1951

La versión Browning

(The Browning version. GB, 1951)

-El mundo educativo en el Cine-

-Autor: José Luis Urraca Casal*-
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Indispensable para todo aquel que se haya sentado en un aula

[Este artículo está protegido por derechos de autor. Ver detalles al final del mismo] En 1939 Robert Donat ganó el Oscar al mejor actor por Adiós Mr. Chips gracias a su interpretación de un encantador profesor que iba educando generación tras generación convertido en toda una institución adorada por sus alumnos. La versión Browning, aunque menos conocida, nos muestra la otra cara de la moneda, con una fascinante actuación de Michael Redgrave (ganador del Festival de Cannes ese año) y del resto del reparto dentro de la primera adaptación al cine de la novela de Terence Rattigan. Una obra maestra del realismo británico, conmovedora e impactante historia que aborda desde los métodos educativos, la felicidad en el amor, la resignación ante la vida o como puede influir la mirada de los demás en nuestra existencia. Altamente recomendable tanto para quienes alguna vez se han sentado en un aula o han optado por la profesión de la enseñanza.
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Comentario.- Recientemente hace pocos meses, una tarde de fin de semana decidí optar a última hora por un clásico en blanco y negro, La version Browning (The Browning Version, 1951), constituyendo todo un acierto por mi parte que en unas breves líneas deseo compartir con nuestros lectores. La película, dirigida por el inglés Anthony Asquith y con guión y adaptación del propio Terence Rattigan, es de esas que sí se quedan grabadas en la memoria de principio a fin y que me atrevería a elevar a la categoría de imprescindibles para quien guste de disfrutar de una buena película o historia.

Mr. Gilbert (Ronald Howard hijo de Leslie Howard) es un nuevo y joven profesor que llega para reemplazar al señor Crocker-Harris (Michael Redgrave), a quien afectado por una enfermedad del corazón, le ha llegado el día de dejar su trabajo en una prestigiosa escuela para continuar enseñando en otro lugar que le resulte más adecuado a su salud. Ante su partida nadie parece sentirlo. El colegio que está a punto de abandonar es una de esas instituciones inglesas que respiran tradición por los cuatro costados. Fundado en 1531, la puntualidad es norma capital y ejemplo de disciplina de la época, lo mismo que los partidos de cricket o la oración de la mañana, momento de comunión que reúne a toda la comunidad educativa. Esa venerada tradición queda plasmada en uno de sus más bellas y sencillas formas en los nombres que los estudiantes dejan grabados en la pared de madera del fondo de la clase.
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La educación de entonces que se refleja en La versión Browning hace sobretodo referencia a la importancia que siempre tuvieron las humanidades en Inglaterra desde finales del siglo XIX, y que quedan ejemplificadas en las palabras del director Frobisher “Una buena dosis de clásicos aún puede salvar a sus científicos de destruir este tranquilo planeta nuestro”, llamada de atención a la formación de los alumnos no sólo en cuestiones técnicas y a la amenaza que en el momento de rodarse la película había quedado patente con la fuerza destructora de la bomba nuclear tras la Segunda Guerra Mundial.

Igualmente asistimos a diferentes tipos de comportamiento, enseñanza y relación con los alumnos por parte de los profesores, y al contraste entre sus clases. Así la de griego y latín de Crocker-Harris permanece silenciada, con una actitud distante, insensible y disciplinada por parte del profesor, con un método aburrido y reducido al ejercicio memorístico o mero copiado de textos. Por el contrario, en el curso superior el profesor Hunter (Nigel Patrick, de gran parecido físico con el actor Bill Murray, satisfactoriamente convincente en su difícil papel) mantiene una gran cercanía con sus estudiantes de Química, haciendo la clase participativa e incluso divertida gracias a su especial buen humor, gozando de mayor confianza entre sus alumnos, una confianza que podría parecer que raya incluso el descaro.
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A la obra teatral de un escritor de la categoría de Terence Rattigan, quien ganó el premio por esta película en Cannes al mejor guión, se suma la habilidad de Anthony Asquith a la hora de realizar adaptaciones al cine. Así en su haber se encuentran Pygmalion (1928) de Bernard Shaw, La importancia de llamarse Ernesto (1952) de Wilde, While the sunshine brights (1947) de Rattingan o El caso Winslow (1948) id. El film además del elaborado guión tiene una serie de actuaciones brillantes entre las que sobresale por encima de todas la de Michael Redgrave (quien protagonizaría también la obra de Asquith La importancia de llamarse Ernesto).

[Atención: a partir de aquí el comentario revela detalles importantes de la trama]

Michael Redgrave, padre de la famosa actriz, realizó en esta película el papel de su carrera. Es increíble el clima que logra contagiar con su actuación cada una de las escenas en las que aparece, añadiendo un ambiente más claustrofóbico a las pequeñas estancias, haciendo que cambie por completo la atmósfera que se respira en el resto del metraje cuando somos conducidos por otras instancias o lugares del colegio a través de otros personajes. Su caracterización de Andrew Crocker-Harris, que va desde su habla, hasta sus ademanes y rictus, hace del profesor la antonomasia de la antipatía y la insensibilidad. Imagen de esa frialdad y carácter autorepresivo que muchas veces asociamos por tradición a los habitantes de las islas británicas. Todo un ejercicio de continencia de emociones con reminiscencias victorianas tras las cuales, como es lógico, se esconde un ser humano. Un hombre que ha renunciado a prácticamente todo sentimiento en la vida salvo el de haber cumplido con su deber, enseñar a sus alumnos.
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Y la película, brillante ejercicio de puesta en escena, con diálogos pletóricos de contenido sobre la educación y la vida, con un formidable uso de la cámara y la fotografía en blanco y negro en el aprovechamiento de las sombras y los claroscuros, nos va deshilvanando la personalidad del profesor y el peso que la vida ha ejercido sobre su espíritu. Pero entre la mofa de sus alumnos hacia sus ademanes, la cadencia de su voz y demás manías presidida por el demoledor apodo de Himler, uno de estos, el joven Taplow (Brian Smith) jugará el papel que conducirá a que el muro de distanciamiento y frialdad construido por Crocker-Harris ante el mundo que le rodea se derrumbe irreversiblemente posibilitándonos ver sus entrañas más humanas, provocando escenas en que la emoción difícilmente puede hacernos contener las lágrimas.

El joven Taplow manifiesta asimismo una inclinación a la comprensión que no hallamos entre sus compañeros de clase (riendo incluso las ironías de Crocker-Harris), aspecto este fundamental, pues representa la mirada en positivo capaz de influir en el profesor. El guión pues, sabiamente, junto con las explicaciones de Crocker-Harris ya en la recta final sobre el espíritu con que se inició en la enseñanza, evidenciado tras entregarle Taplow una versión de La versión Browning, no carga todas las tintas en el maestro sino que también hace corresponsable en su claudicación a la actitud de sus alumnos. Así y todo Crocker-Harris nunca debiera haberse rendido, y su discurso final es buena prueba de que nunca es tarde para redimirse.
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Rattigan en su guión no elude tampoco las cuestiones maritales, incluida una reflexión sobre el amor y sus manifestaciones carnales. Inicialmente pudiera tenerse la impresión de que la Señora de Crocker-Harris (Jean Kent) tiene la terrible desgracia de estar casada con alguien de la personalidad de su marido y entender así su flirteo al margen del matrimonio. Su insatisfacción la hace mantener encendido el fuego de la pasión en su relación con el profesor Hunter. Pero a medida que vemos que ello igualmente la conduce a martirizar continuamente a su cónyuge despreciándole y observamos el nefasto efecto que ejerce sobre el mismo, al igual que le ocurre al profesor Hunter cuando descubre la personalidad de su colega, nos distanciamos de ella y simpatizamos aún más con el viejo profesor. Aunque difícilmente pueda encontrarse un culpable más que otro dentro de tal matrimonio, pues su unión ha representado la ruina existencial para ambos.

Para finalizar mencionar al actor Wilfrid Hide-White, de quien siempre guardaré buen recuerdo por sus trabajos en My fair Lady (1964) o La India en llamas (1959) y que ya había trabajado con Asquith en El caso Winslow (1948), aquí en el papel de director (Headmaster) del colegio, encantador y venerable como de costumbre, aunque acabe por terminar representando cierta hipocresía de cara a la galería intentando negarle a Crocker Harris su último álito de dignidad al que tiene derecho.
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Reseñar que existen otras adaptaciones de la obra de Rattigan (aunque sin el guión de éste) entre las que destaca la dirigida por Mike Figgis en 1994, quien logró estar nominado a la Palma de Oro en Cannes por este trabajo protagonizado por Albert Finney, Matthew Modine, Greta Scacchi, Julian Sands y Michael Gambon. En esta versión es el también británico Albert Finney el encargado de dar vida al profesor Crocker-Harris.
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2 comentarios:

Anónimo dijo...

Voy a hacer lo posible por encontrarla y verla. Haré las oposiciones a Secundaria y aún así quisiera verla porque mi padre la vio en su día.

unmundodecine dijo...

Pues si tienes vocación de profesor seguro que la película no te dejará indiferente.