
Operación Canadá
(Canadian Bacon. USA, 1995)
-Ciclo presidencial-
-Autor: José Luis Urraca Casal*-
(Canadian Bacon. USA, 1995)
-Ciclo presidencial-
-Autor: José Luis Urraca Casal*-
Cuando la paz es un problema y la salvación está en la guerra
[Este artículo está protegido por derechos de autor. Ver detalles al final del mismo] ¿Se imaginan ustedes que el presidente de los Estados Unidos tras lograr que finalizase la Guerra Fría, viese bajar su índice de popularidad al volver los ciudadanos la vista a los problemas reales del día a día, y tuviese que buscarse un nuevo enemigo en su pacífico y tranquilo vecino canadiense para recuperar su prestigio?. Esa es la disparatada premisa de la que parte el director Michael Moore en el que fuera su primer largometraje. Contiene las principales líneas argumentales de sus posteriores y exitosos films, siendo protagonizado por Alan Alda y John Candy en la que fuera su última aparición en el cine.
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Comentario.- En un escenario como el de estos días, con una crisis financiera galopante sacudiendo la economía de los Estados Unidos, un presidente con bajas cotas de popularidad y unas elecciones a la presidencia del país en marcha… bien pudiera darse una situación como la paródicamente descrita en Operación Canadá. Lo único que principalmente desbarata la posibilidad es que el presidente Bush, tras concluir su segundo mandato no puede presentarse a la reelección y por tanto no tiene la necesidad del presidente que interpreta Alan Alda en la película.
La teoría de la cortina de humo tendente a desviar la atención de los ciudadanos en un momento de crisis interna ha sido abordada de manera seria y plausible en otros films de título tan clarividente como La Cortina de Humo (Barry Levinson, 1997), donde Dustin Hoffman y Robert de Niro fabricaban la guerra perfecta para el presidente. Pero Michael Moore ya la había llevado a cabo dos años antes a un nivel mucho más histriónico y caricaturesco.
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La película juega con la mentalidad de los estadounidenses, que durante buena parte de su reciente historia a raíz de la Segunda Guerra Mundial, que es cuando se convierten en superpotencia, siempre han vivido teniendo un enemigo exterior al que temer. Primero fue el fascismo, a raíz del bombardeo de Pearl Harbor (1941). Luego el comunismo ejemplificado en la Guerra Fría que les tuvo enfrentados con la otra superpotencia hasta la caída del Muro de Berlín (1989), en que se evidenció que ésta había perdido su estatus, continuado por la disgregación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviética (1991). Y recientemente desde el fatídico 11 de septiembre de 2001 el terrorismo islamista o el denominado por la administración Bush “eje del mal”. Moore eligió precisamente el momento en que se había desmoronado la URSS para rodar Operación Canadá (1995), encajando perfectamente en la situación de un país que se había quedado sin la competencia de su principal enemigo. Como bien expresa el presidente Alan Alda “No es justo. Los otros presidentes podían culpar de todo a los rusos. ¿A quién culpo yo?”.
Es esa histeria la que hace aún más plausible el comportamiento del grupo de protagonistas encabezado por John Candy en su papel de sheriff de la frontera con Canadá. Pues en ese clima de amenaza exterior no les resulta difícil creerse la presunta amenaza que se les está fabricando desde el equipo del presidente de los Estados Unidos, la cual en el fondo es terriblemente ridícula. Pero el director quiere hacernos ver que incluso algo tan sumamente disparatado podría obtener la debida credibilidad con los medios necesarios.
El argumento: Cómo desviar la atención ciudadana
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Una crisis industrial se ha desatado en los Estados Unidos de América tras haber concluido la Guerra Fría que mantenía con la Unión Soviética. La paz, aparentemente tan ambicionada, ha traído consigo sin embargo un colapso de la industria armamentística cuya producción ya no encuentra salida al haber desaparecido su demanda. La película nos muestra al presidente de los Estados Unidos visitando una población junto a las cataratas del Niágara, en la frontera con Canadá, donde la empresa de armamentos Hacker Dynamics ha cerrado sus puertas y vende en pública subasta armas de todo tipo (incluidos misiles balísticos) a precios de saldo. Las cifras de paro comienzan a ser alarmantes y el presidente ve descender hasta mínimos históricos su popularidad. ¿Qué hacer? Se pregunta ante su equipo de colaboradores, y a todos ellos no se les ocurre otra cosa que tratar de volver a reanudar la Guerra Fría para resolver el problema y volver a desviar la atención de la gente. Pero tras la negativa de Rusia a continuar el juego, ¿con quién empezar una escalada bélica?, Jomeini, Breznev, Mao Tse-tung, Ho Chi-Minh… todos los antiguos enemigos están muertos. Antes, se expresa un general con nostalgia, había rojos por todas partes: rusos, cubanos, rojos en Hollywood… pero ahora…
¿Por qué no Canadá? Pregunta irónicamente y en broma el presidente… Sin embargo y a pesar de su sorpresa, la idea de fabricar un enfrentamiento con la vecina y pacífica Canadá empieza a cobrar forma, y un grupo de ciudadanos encabezados por el sheriff Budd Boomer no piensan quedarse sentados esperando a que el gobierno inicie las hostilidades…Stuart Smiley (Kevin Pollack): Denme una semana y el pueblo estará tan ocupado quemando banderas que no tendrá tiempo de pensar en polución, ni en los tipos de interés, ni en la disminución de sus ahorros.
Reflejo de la posterior filmografía de Moore
Operación Canadá se trata de una buena comedia, plagada de situaciones cómicas de diverso éxito, unas más graciosas que otras, algunas risibles sólo por el hecho de lo malas que resultan, pero todas ellas haciendo alusión a aspectos de la idiosincrasia de la gran democracia norteamericana. Alan Alda, experto en papeles cómicos (recordemos MASH) interpreta al alto mandatario de la Casa Blanca, algo que repetiría recientemente en la serie El Ala Oeste, aquí convertido en un presidente con poca determinación, bastante influenciable por el grupo que le rodea y presto a hacer caso de sus descabelladas ideas si éstas dan resultados. Pero quizá la mejor actuación la componga el actor John Candy como prototipo de un determinado y concreto tipo de estadounidense, de escasa masa crítica, amante de las armas y de la cerveza, las series d
e acción y policíacas, que lo que quiere es ganarse el pan de cada día y que no duda en creerse sin más aquello que le cuentan desde los medios de comunicación. Un auténtico kamikaze capaz de responder a la llamada a las armas de su gobierno antes incluso de que éste se la realice llevado por un patriotismo exacerbado.Moore introduce diversos elementos aquí entremezclados en torno a la búsqueda de un enemigo exterior de diversa magnitud en su desarrollo, a veces pequeñas pinceladas que en algunos casos posteriormente abordará más en profundidad en sus populares documentales, donde ha logrado mayor éxito y perfección que en la presente película. La facilidad para poseer armas, el carácter singularmente desconfiado, el racismo, la violencia, la contaminación, la falta de un sistema sanitario al estilo europeo, y el “ombligismo” de un país cuya población normalmente conoce muy poquito del mundo exterior allende sus fronteras.
[Atención: a partir de aquí el comentario revela detalles importantes de la trama]
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El film comienza con los acordes de una canción de tono patriótico cuyo estribillo repite “God Bless América” (Dios bendiga a América) que nos va introduciendo en el espíritu de orgullo norteamericano que impera en el metraje (plagado de este tipo de canciones culminadas con el Born in the U.S.A. de Bruce Springsteen que cantarán los propios protagonistas encabezados por John Candy durante su incursión en Canadá). Este sentimiento cobra especial sentido en el personaje del sheriff Boomer, quien hace suya la responsabilidad de defender su patria junto a sus compañeros.
“Con lo que gastamos en un solo día de la Guerra Fría, podemos mandar a nuestros hijos al colegio todo el año… Ya es hora de olvidar la guerra y de empeñar a nuestros hijos” implora Alan Alda. Pero la ironía no puede ser mayor, se ha logrado la tan ansiada paz y para sorpresa del presidente, en lugar de redundar ello en un aumento de su popularidad, produce el efecto contrario. Y es que nuestras sociedades son así de complicadas. La industria armamentística estadounidense tiene un gran peso dentro del país, crea decenas de miles de puestos de trabajo directos e indirectos. Mientras ha existido una carrera de armamentos provocada por la tensión de la Guerra Fría la demanda ha sido creciente, pero una vez alcanzada la paz, el desarme trae consigo un descenso de la producción y como consecuencia sobra mano de obra. Al personaje de Roy Boy, al comienzo le vemos intentando suicidarse porque ha sido despedido y está en el paro tras cerrar la empresa de armamentos donde trabajaba. De pronto, ante el clima de tensión alcanzado con Canadá, olvida todos sus males, tanto la depresión como su situación económica. Para él ahora sólo es importante defender a su país, prueba de que la maniobra del gobierno ha dado resultado.
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Es necesario hacer hincapié en el hecho de que lo que se busca por parte del gabinete del presidente es crear un clima de tensión que permita una escalada bélica sin que llegue a producirse un enfrentamiento directo. Al fin y al cabo una guerra con Canadá no duraría ni siquiera una semana y eso al gobierno no le conviene, pues lo que necesita es un enemigo duradero y como se dice textualmente en la película “No hay nada peor que ganar”.
La industria armamentística es presentada aquí como la principal interesada en que exista un clima de amenaza que conlleve a la necesidad de la demanda de sus productos, un negocio de lo más lucrativo. Y aunque de modo menos logrado en la película, quizás aquí es en lo que más falla, retoma a su manera al Dr. Strangelove de Teléfono rojo, volamos hacia Moscú (Kubrick, 1963).
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El mando del ejército, está formado por nostálgicos a los que les gusta jugar a la guerra, como si ésta fuera de película, y para ello se nos muestra al general Panzer (que asesora al presidente) citando importantes películas bélicas. Y a los miembros del servicio de inteligencia Moore los caracteriza como auténticos patanes deseosos de realizar intervenciones que finalmente se convierten en auténticas chapuzas militares como Bahía de Cochinos. Aunque sí cabe apreciar, que el personaje de Gus, a quien el asesor nacional de seguridad del presidente acude en busca de información que justifique la amenaza canadiense, ha sido repudiado por sus superiores a un despacho perdido, desde que dijo que Bahía de Cochinos era pan comido (En su despacho vemos una fotografía suya asesorando al presidente Kennedy). Sin embargo el gobierno está dispuesto a escuchar y utilizar su información para basar su estrategia (como posteriormente en la realidad ocurrió con algunos informes utilizados en la Guerra de Irak de 2003).
Echando mano de la televisión
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El papel de los medios de comunicación y su utilización al servicio de los fines del gobierno, tan claramente visto de igual manera en la intervención en Irak de 2003, no podía faltar dentro de la Operación Canadá. Aquí se traduce en un curtido presentador de televisión, Edwin S. Simon (Stanley Anderson), cuya voz, especial énfasis y expresión de mirada directa, transmiten con total credibilidad la seriedad y la gravedad de la amenaza canadiense por muy ridícula que pueda parecer a simple vista. Cuando alguien te mira y te habla de esa manera dirigiéndose por televisión a millones de personas, es difícil creer que te pueda estar mintiendo.
El Presidente: El pueblo americano, Sr. Smiley, nunca se lo tragaría.
Stuart Smiley: Sr. Presidente, el pueblo americano se tragará lo que nosotros digamos.
Nada más adoptar la decisión de ir adelante con la operación Canadá, la primera en actuar es la televisión, concretamente la cadena NBS con su principal presentador (una especie de Matías Pratt algo más mayor) anunciando que los canadienses han iniciado un programa militar contra Estados Unidos. Un país limpio y de gente amable ha iniciado bajo mayoría socialista una concentración militar en la frontera. Importantes actores hasta entonces bastante populares ahora se recuerda que son canadienses, William Shatner, Michael J. Fox, Mike Myers… y que todos están en EE.UU. El colmo de la invención llega cuando acusan a la torre nacional de Canadá (centro de telecomunicaciones) de estar construida para transmitir avisos de ataque nuclear a través de radares). La reacción ante estas imágenes e información no se hace esperar, evidenciado en el temor que infunde en el sheriff Boomer (John Candy) y sus compañeros cada emisión.
Racismo, armas y sanidad
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Otros aspectos de la política mostrados a través de la actitud del presidente y su equipo, es como en la actualidad se gobierna a golpe de encuesta (lo estamos viendo en la campaña presidencial estos días), ante una bajada de popularidad perfectamente medida y definida se hace imprescindible una respuesta, marcando así la agenda política. Ello está en el origen de todo el plan Canadian Bacon (en español Operación Canadá), el cual es una respuesta urgente a la virulenta caída de popularidad del presidente según las encuestas, sin importar si el final de la Guerra Fría es bueno o no. El colmo de los colmos acontece tras el atentado al presidente, el cual le hace subir en popularidad hasta el momento en que se sabe que ha sobrevivido y entonces vuelve a precipitarse.
Stuart Smiley: Justo después del intento de asesinato., subimos 15 puntos en las encuestas.
(Sonrisas del presidente)
Stuart Smiley: Por supuesto, los perdimos cuando se supo que estaba vivo.
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El tema racial también es recogido con continuas referencias del actor de color (Hill Nunn) a aspectos racistas de la sociedad norteamericana. Cuando acuden a las subasta de armas que tiene lugar en la Hacker Dynamics, el hombre nos suelta una perla como “tanta gente blanca y armas juntas me pone nervioso”. Y más adelante expresa su miedo a morir, porque en las películas norteamericanas se ha convertido ya en una costumbre el que el protagonista de color siempre sea el primero en hacerlo.
Ese gusto por las armas que se venden en pública subasta se sale de quicio cuando el sheriff Boomer trata de adquirir material bélico para resolver disturbios civiles. Y más adelante, una vez se conoce la amenaza del vecino canadiense todo vecino que se precie se hace rápidamente con un arma y sale a patrullar para hacer frente al enemigo por si mismo.
De la noche a la mañana convierten a Canadá de pacífico vecino en un enemigo al que se le atribuye complejo de inferioridad respecto a Estados Unido
s. Por ello “empeñados en amargarnos la vida” construyeron la torre nacional de Canadá, la estructura libre más alta del mundo, el sistema métrico Celsius, tienen calles limpias, no hay delincuencia, ni minorías ¿Cómo lo consiguen? Sin esclavitud. Encima el estado subvenciona los tratamientos médicos, tienen universidad gratis para todo el mundo… Y es que Moore, tal y como hará en Bowling for Columbine años más tarde, aquí ya establecía un fuerte contraste entre ambas sociedades. Si los estadounidenses son de por si violentos, los canadienses en la película vemos que prácticamente no se inmutan ni en las peores situaciones, ni pierden en ningún momento su característica amabilidad (como cuando el sheriff Boomer es parado en carretera por llevar pintadas en su furgoneta consignas e insultos contra los canadienses y es obligado a ponerlo también en francés (la otra lengua oficial). Si al sur del río vemos contaminación, al norte de la frontera limpieza. Qué añadir ya respecto a las armas. Pero el acento se pone en varias ocasiones en el sistema de sanidad gratuito canadiense, algo incomprensible para nuestros temerarios protagonistas.En definitiva, una buena comedia en la que Moore parodia a la presidencia de los Estados Unidos y a los propios estadounidenses, donde además de los citados actores hay que destacar a la actriz Rhea Perlman en la no menos kamikaze Honey, y el hecho de intervenir en pequeños papeles James Belushi y Dan Aykroyd.
Otras frases de la película:
Presidente: Por Dios, ¿no se les ocurre nada mejor? Por ejemplo, terrorismo internacional?
General Panzer: No vamos a reabrir las fábricas de misiles para combatir a unos cuantos chalados que se dedican a volar coches de alquiler. (* Estamos en 1994).
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Sheriff Boomer: A ver si nos hacen una rebajita para el departamento del sheriff. Estamos buscando… ¿cómo se llaman?
Agente Honey: Esos. Los M-16 con lanzadores de granada de 40 mm. Con espiral de fragmentación, iluminación y humo. Para llevar, por favor.
Asesor Stuart Smiley: ¿Quieren organizar un espectáculo?
Sheriff Boomer: Es sólo para disturbios civiles.
Policía canadiense: Se la llevaron a la capital para hacerle un chequeo mental gratis.
Sheriff Boomer: Muy bien. La capital, Toronto.
Policía canadiense: No. La capital de Canadá es Ottawa.
Sheriff Boomer: Sí, ya. ¿Tenemos pinta de estúpidos? Ottawa… (Risas).
Roy Boy: Buen intento, chaval (Risas).
Sheriff Boomer: Venga, chicos. Nos vamos a Toronto.
Otras películas relacionadas en Un Mundo de Cine:
- W. (2008)
- La Guerra de Charlie Wilson (2008)
- Bobby (2006)
- Lincoln en Illinois (1939)
- Tempestad sobre Washington (1962)
- El Ala Oeste (1999-2006)
- John Adams (HBO, 2008)
A continuación puede verse el trailer de la película:
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7 comentarios:
Es una película muy buena. En un plano totalmente distinto, pero de alguna manera relacionado, os invito a echarle un vistazo al falso documental "Confederates Estates of América" donde se muestra una historia paralela en la que los sudistas ganaron la guerra civil y la guerra fría se desarrolla contra Canadá.
Por supuesto es "States" y no "Estates". Esta es la página web:
http://www.csathemovie.com/index2.html
Por supuesto es "States" y no "Estates". Esta es la página web:
http://www.csathemovie.com/index2.html
Aunque creo que de ganar la Confederación, ésta con el tiempo hubiera terminado por abolir la esclavitud, aunque a veces tengo mis series dudas. Desde luego por el trailer es una original propuesta, y divertida actualización a nuestros días de la idosincracia sureña de entonces. Tomamos nota y esperamos que nuestros lectores también Lordo. Muchas gracias por el aporte.
El gran John Candy, nada menos. He visto varias de sus comedias, pero creo que ésta no, aunque me suena quizá de haberla visto anunciar en su día, o de pasada.
Interesante argumento, en cuanto pueda la veré ;)
Saludos!
Pues sí, John Candy, que ayer hubiese cumplido 58 años, pero que falleció justo después de rodar esta película. Por tanto un motivo más para ver su despedida del cine en esta película donde su papel no tiene desperdicio a la hora de componer el ciudadano víctima de las mentiras de su gobierno y prototipo simpático de un determinado tipo de estadounidense.
Tal y como he referido en el artículo, un auténtico kamikaze.
Si habra la manera de que alguien me pudiera decir cuales son las canciones que estan en esta pelicula que es muy buena para mi, ya que hay una que me gusta mucho desde hace mucho tiempo y no se sun nombre. por favor. mi correo es jesusparga921@hotmail.com
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