Tempestad sobre Washington
(Advise & Consent. USA, 1962)
-Ciclo presidencial-
(Advise & Consent. USA, 1962)
-Ciclo presidencial-
Política en estado puro dentro de un clásico imperecedero
Dirigida por Otto Preminger en 1962 Tempestad sobre Washington sigue siendo todavía hoy una de las mejores películas en retratar la vida política estadounidense de las más altas esferas. Con un reparto de lujo encabezado por Henry Fonda, Charles Laughton, Gene Tierney, Walter Pidgeon, Franchot Tone… y un guión perfectamente hilvanado de principio a fin que sabe mantenernos sabiamente expectantes, el film ambientado en los años de la Guerra Fría nos adentra por los complejos vericuetos del funcionamiento de la Presidencia y el Senado norteamericanos.
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Reseña.- No disponemos de tiempo suficiente para entrar a tratarla con la profundidad que merece en este momento, compromiso que sí abordaremos tal y como proyectamos durante éste último trimestre del año dentro del ciclo presidencial, pero tal y como ayer me señalaba Eusebio Balbás, y en un momento en que el plan de rescate financiero propuesto por el presidente Bush ha de ser aprobado hoy por el Senado tras su rechazado por el Congreso, es buena hora para hacer al menos una brevísima referencia a la misma.
Alguien pudiera extrañarse de que el presidente de los Estados Unidos envíe un proyecto de ley a la Cámara de representantes y éste sea rechazado principalmente por los miembros de su propio partido, como así ha sucedido. Y que esto suceda para más inri a pesar del apoyo de los dos candidatos a ocupar la Casa Blanca. ¿Es que ni Bush ni McCain son capaces de controlar a su partido? ¿Acaso no funciona en Estados Unidos la disciplina de voto que existe en los partidos democráticos de otros países?. La respuesta a esos interrogantes y a otros parecidos la encontramos en Tempestad sobre Washington.
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La novela de Allen Drury adaptada al cine por Otto Preminger resulta edificante tanto por su forma de trasladar al espectador cómo se desarrolla el juego político en Washington, como por el ejercicio de autocrítica al sistema que representa. La acción da comienzo cuando el presidente de los Estados Unidos (Franchot Tone) decide nombrar a Robert A. Leffingwell (Henry Fonda) como secretario de estado. La noticia causa un revuelo vertiginoso entre los miembros del Senado, que han de ratificar en este caso el nombramiento. A partir de entonces comienza una intrigante partida en la que el presidente a través del jefe de la mayoría (Walter Pidgeon) trata de reunir contra reloj los votos necesarios dentro de su partido, enfrentándose a un meticuloso, corrosivo orador y temido opositor en la figura del Senador Seabright Coley (sensacional Charles Laughton en el que fuera su último film) o a quienes desde las filas de los suyos se mantienen fieles a sus principios, como el senador Brigham Anderson (Don Murray).
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Unas brillantes actuaciones que incluyen a Burguess Meredith, Lew Ayres, Paul Ford, Peter Lawford, Eddie Hodges, George Grizzard o Inga Swenson; una fotografía en blanco y negro impecable, el debate en plena Guerra Fría sobre la actitud a mantener frente a la Unión Soviética o la caza de brujas interna de comunistas; la ácida crítica no exenta de guiños sonrientes a las contradicciones de la política, la ambición personal, la mentira consabida, la falta de escrúpulos en los métodos empleados o la utilización de la vida sexual de los políticos; y esmerados diálogos que alcanzan su culminación en la puesta en escena de la brillante oratoria de los senadores son algunos de los demás ingredientes que hacen que Otto Preminger nos sirva en bandeja con este clásico imperecedero, política en estado puro.
Ver también en Un Mundo de Cine:
- La Guerra de Charlie Wilson (2008)
- Bobby (2006)
- Lincoln en Illinois (1939)
- El Ala Oeste (1999-2006)
- John Adams (HBO, 2008)
Dirigida por Otto Preminger en 1962 Tempestad sobre Washington sigue siendo todavía hoy una de las mejores películas en retratar la vida política estadounidense de las más altas esferas. Con un reparto de lujo encabezado por Henry Fonda, Charles Laughton, Gene Tierney, Walter Pidgeon, Franchot Tone… y un guión perfectamente hilvanado de principio a fin que sabe mantenernos sabiamente expectantes, el film ambientado en los años de la Guerra Fría nos adentra por los complejos vericuetos del funcionamiento de la Presidencia y el Senado norteamericanos.
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Reseña.- No disponemos de tiempo suficiente para entrar a tratarla con la profundidad que merece en este momento, compromiso que sí abordaremos tal y como proyectamos durante éste último trimestre del año dentro del ciclo presidencial, pero tal y como ayer me señalaba Eusebio Balbás, y en un momento en que el plan de rescate financiero propuesto por el presidente Bush ha de ser aprobado hoy por el Senado tras su rechazado por el Congreso, es buena hora para hacer al menos una brevísima referencia a la misma.
Alguien pudiera extrañarse de que el presidente de los Estados Unidos envíe un proyecto de ley a la Cámara de representantes y éste sea rechazado principalmente por los miembros de su propio partido, como así ha sucedido. Y que esto suceda para más inri a pesar del apoyo de los dos candidatos a ocupar la Casa Blanca. ¿Es que ni Bush ni McCain son capaces de controlar a su partido? ¿Acaso no funciona en Estados Unidos la disciplina de voto que existe en los partidos democráticos de otros países?. La respuesta a esos interrogantes y a otros parecidos la encontramos en Tempestad sobre Washington.
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La novela de Allen Drury adaptada al cine por Otto Preminger resulta edificante tanto por su forma de trasladar al espectador cómo se desarrolla el juego político en Washington, como por el ejercicio de autocrítica al sistema que representa. La acción da comienzo cuando el presidente de los Estados Unidos (Franchot Tone) decide nombrar a Robert A. Leffingwell (Henry Fonda) como secretario de estado. La noticia causa un revuelo vertiginoso entre los miembros del Senado, que han de ratificar en este caso el nombramiento. A partir de entonces comienza una intrigante partida en la que el presidente a través del jefe de la mayoría (Walter Pidgeon) trata de reunir contra reloj los votos necesarios dentro de su partido, enfrentándose a un meticuloso, corrosivo orador y temido opositor en la figura del Senador Seabright Coley (sensacional Charles Laughton en el que fuera su último film) o a quienes desde las filas de los suyos se mantienen fieles a sus principios, como el senador Brigham Anderson (Don Murray).
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Unas brillantes actuaciones que incluyen a Burguess Meredith, Lew Ayres, Paul Ford, Peter Lawford, Eddie Hodges, George Grizzard o Inga Swenson; una fotografía en blanco y negro impecable, el debate en plena Guerra Fría sobre la actitud a mantener frente a la Unión Soviética o la caza de brujas interna de comunistas; la ácida crítica no exenta de guiños sonrientes a las contradicciones de la política, la ambición personal, la mentira consabida, la falta de escrúpulos en los métodos empleados o la utilización de la vida sexual de los políticos; y esmerados diálogos que alcanzan su culminación en la puesta en escena de la brillante oratoria de los senadores son algunos de los demás ingredientes que hacen que Otto Preminger nos sirva en bandeja con este clásico imperecedero, política en estado puro.
Ver también en Un Mundo de Cine:
- La Guerra de Charlie Wilson (2008)
- Bobby (2006)
- Lincoln en Illinois (1939)
- El Ala Oeste (1999-2006)
- John Adams (HBO, 2008)














4 comentarios:
http://www.blancarosasg.blogspot.com/
Una película muy recomendable, donde la doble moral y los dobles sentidos aparecen desde la primera escena. En ella, el hijo de Henry Fonda coge el teléfono y su padre le pide al estilo "Washington" que no diga la verdad...
Sí Juan, en esa escena la película refleja muy bien la manera en que quiera retratar como actuan los políticos, y el escoger para ello a padre e hijo resulta muy acertado.
vaya trunyo de pelicula. Un saludo desde el V Ciclo historico del ceu. Os habeis lucido...
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