martes, 4 de noviembre de 2008

El Ala Oeste (The West Wing), Serie de TV

El Ala Oeste

(The West Wing. USA. Serie de TV, 1999-2006)


-Ciclo Presidencial-

-por Fernando Rodríguez Laso*-


La Política toma la pequeña pantalla

El Ala Oeste es la serie estadounidense que obtuvo la aclamación unánime de la crítica durante los primeros años de esta centuria. Fue en sus inicios una apuesta arriesgada, pues nunca una serie cuya trama principal fuera la política había triunfado en la pequeña pantalla, pero su excelsa calidad propició el merecido éxito. Los guiones de la serie muestran como la política es un perfecto punto de partida para tratar otros temas transversalmente permitiendo que se aborden diferentes géneros como la comedia, el drama o el suspense sin que los capítulos pierdan coherencia entre sí.
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Comentario.- La serie parte de la mente creadora de Aaron Sorkin, prestigioso guionista que en el cine había creado las historias de Algunos hombres buenos (1992), El Presidente y Miss Wade (1995) y más recientemente La guerra de Charlie Wilson (2007) de la que en Un Mundo de Cine se puede leer un extenso comentario [Ver aquí]. Sorkin se ha prodigado con más éxito en la pequeña que en la gran pantalla pues también es creador para televisión de la infravalorada Sports Nights (1998-2000) y de la injustamente olvidada Studio 60 (2006-2007). En Sports Nights, ya pueden observarse antecedentes de lo que más tarde será El Ala Oeste, donde el punto de partida de los capítulos eran las noticias deportivas, pero esas noticias o las pequeñas anécdotas de la redacción provocaban reacciones en los personajes que hacían trascender la trama hacia cuestiones vitales. Al igual que hizo con el Ala Oeste, en Sports Nights Sorkin buscó un buen elenco de actores, que más que asegurar audiencia fueran una garantía de calidad como Robert Guillaume (Big Fish), Felicity Huffman (Mujeres desesperadas), Josh Charles (El club de los poetas muertos), Peter Crause (El Show de Truman) o Sabrina Lloyd (Salto al infinito). La serie se emitió hace unos años por Paramount Comedy y ahora se puede ver en Sony Entertainment Television.

Argumento de la serie
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La administración demócrata de Josiah Bartlet está comenzando a dar sus primeros pasos al frente de la Casa Blanca. Ésta es la premisa básica y esencial de la que partirán todas las tramas que se muestran en la serie, tan general que permite innumerables desarrollos y enfoques distintos. El título hace referencia a la parte de la Casa Blanca que no forma parte de las dependencias residenciales del Presidente de los Estados Unidos, el lugar desde el que gobierna el “líder del mundo libre”, y desde el que se nos mostrará todo el trabajo incesante y nervioso que asesores, prensa, jefe de personal, gabinete de comunicación, abogados, secretarios, asistentes, guardaespaldas y demás componentes del Ala Oeste realizan.

A partir de aquí todos los temas tienen cabida en la serie, tratados siempre desde la óptica política y desde la visión de cada uno de los personajes. Mezclando las tramas los grandes temas de estado, con discusiones o comentarios más propios de bares y mostrando como influyen unos en otros.

[Atención: a partir de aquí el comentario revela detalles importantes de la trama]

Los personajes
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El más carismático de todos los personajes es el Presidente Jed Barlet, nobel en economía y con un gran conocimiento de cultura en general, entusiasta de la historia y de las lenguas muertas; le gusta “atormentar” a los que están a su alrededor relatando anécdotas históricas. Muy religioso, fue gobernador del Estado de New Hapshire antes que presidente, con un gran sentido del humor y de la honestidad aunque en ocasiones también tiene comportamientos censurables que parecen más propios de un niño. Es la imagen ideal del Presidente Demócrata. Interpretado por Martin Sheen en principio Barlet iba a ser un personaje secundario centrándose las tramas en su equipo de colaboradores, pero desde el principio encandiló al público y cada vez se le dio más cancha hasta convertirse en el protagonista absoluto de la serie.
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Leo McGarry es el jefe de personal de la Casa Blanca, veterano de guerra, tiene una vieja amistad con Barlet, alcohólico y separado de su esposa debido a su trabajo es la mano derecha del presidente y el que pone el que pone mala cara cuando es necesario. Es en verdad el que toma todas las decisiones sobre como llevar a cabo las directrices marcadas por el Presidente y alterna momentos en los que muestra un gran humor con otros en los que impera la seriedad. McGarry es interpretado por el actor John Spencer poseedor de una muy característica voz que le da un matiz diferenciador a su personaje. Cabe destacar que desgraciadamente el actor falleció pocos semanas antes de que concluyera el rodaje de la última temporada de la serie, con lo que no pudo estar en los capítulos finales.
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Sam Seaborn es el subdirector de Comunicaciones de la Casa Blanca, brillante abogado, ha tenido distintos escarceos amorosos en la serie..Tiene un don innato para escribir emocionantes discursos. Sus ideales políticos son muy progresistas y los defiende con exacerbada pasión. En principio estaba previsto que este personaje interpretado por Rob Lowe fuera el protagonista, pero el magnetismo de Barlet provocó que se diera más historias al presidente. El personaje de Rob Lowe era muy atrayente para el público pero solo uno más dentro del magnifico plantel que presentaba la serie. Esta circunstancia pudo provocar que el actor dejara la serie a mitad de su cuarta temporada para sólo regresar en su conclusión.
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Josh Lyman es el ayundante de Leo McGarry, un tipo divertido y al que le gusta sobremanera hacer el ganso. Es engreído, presumido y capaz de realizar casi cualquier estrategia para sacar adelante proyectos políticos. Se motiva sobre todo para llevar a cabo políticas más radicalmente progresistas de las que habitualmente se realizan, motivo por el que abandonó el equipo de Hoynes, rival en las primarias demócratas de Bartlet, y se unió al que finalmente fue elegido presidente.
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Toby Ziegler es el director de Comunicaciones de la Casa Blanca, personaje que habitualmente hace gala de mal humor y un acentuado sarcasmo. Neoyorkino de religión judía es en verdad el que más suele plantear las ramificaciones morales y éticas de los actos que emprenden. Toby es el más dado a emprender discusiones con la gente incluido el Presidente, aunque sea consciente de lo poco apropiado que es esa conducta. Además destaca el triángulo que forma junto con Josh y Sam Seaborn que a menudo se comportan como niños en la Casa Blanca.
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La secretaria de prensa C.J. Cregg muestra problemas para mantener una satisfactoria vida social, su elevada estatura le concede un aire de patosa que le convierte en blanco de las chanzas de sus compañeros. Es la encargada de lidiar con los periodistas pareciendo la sala de prensa un colegio de niños preguntando a una profesora con complejo de madre. Al principio su trabajo no es muy valorado por sus compañeros pero cuando tienen que sustituirla se dan cuenta de su dificultad. Es el personaje más expuesto a "meter la pata" debido a que se encarga de hablar directamente con los medios de comunicación a la vez que se tiene que encargar de arreglar los entuertos provocados por los demás.

Hay además todo un elenco de secundarios que debido a sus peculiaridades enseguida se convierten en personajes carismáticos para el público como la secretaria de Josh, Donna Moss, el asistente del presidente, Charlie Young, la Primera Dama Abbey Bartlet (Stockard Channing), la feminista Amy Gardner, la republicana Ainsley Hayes, la asesora Joey Lucas, el jefe del estado mayor Percy Fitzwallace (John Amos) y un largo etcétera.
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El reparto está conformado por una combinación de actores populares y otros que hasta entonces no eran tan conocidos para el público. Es la química de este reparto el que da gancho a la serie, los personajes tienen un carisma especial que les permitiría ser protagonistas de su propia serie, la única excepción en la primera temporada es la asesora consultora de medios Mandy que acertadamente pierde protagonismo a medida que la serie avanza.

Aaron Sorkin construye las historias a partir de estos mimbres, unos ricos personajes y la posibilidad de plantear infinitas tramas desde un punto de vista nunca antes visto en televisión.

La dignificación de la política
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Desde el primer capítulo de la serie se nos muestra a unos protagonistas cuya vida está consagrada a la política pero no tienen la típica imagen recurrente en el cine de personajes corrompidos por el poder, sino que se encuentran absorbidos por él, no tienen tiempo para nada más que no sea trabajar. En los primeros tres minutos de serie se remarca esta idea. Son las 5:00 de la mañana y C.J. aparece en un gimnasio haciendo ejercicio e intentando entablar conversación con un hombre, porque es la hora del día que se “puede dedicar a si misma”. Josh se ha quedado dormido en el despacho mientras trabajaba y le despierta un limpiador. Toby va hacía Washington en un vuelo nocturno y mientras todos duermen él sigue trabajando con el ordenador y se resiste a apagar su móvil para el aterrizaje, Sam que, no tiene tiempo para conocer chicas, esa noche ha salido con un periodista y se acostado sin saberlo con una prostituta. El menos absorbido por su profesión parece Leo McGarry al que vemos en lo que parece una apacible vida en su mansión pero pronto comprobaremos que es precisamente a quien más le ha interferido en su vida personal la política, destrozando su matrimonio y convirtiéndole en alcohólico. A todos les suena su busca a las 5:00 de la mañana y dejan todo lo que están haciendo para resolver la crisis que acaba de surgir. Es un problema menor, una caída de la bicicleta que ha tenido el Presidente, pero cualquier cosa que afecte al presidente por pequeña que sea moviliza inmediatamente a todo el equipo. Estos hombres han renunciado a su vida durante 4 años para consagrarla al servicio de su país.
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No es gente que busque “dinero fácil” en política, a medida que avanzan los capítulos vemos que estos hombres y mujeres son los mejores en sus respectivas profesiones, los mejor pagados en las empresas privadas, gente que para trabajar en Casa Blanca han renunciado a sueldos tres veces superiores y a su tiempo libre. Esta aptitud la resumirá la republicana Asley Hayes con la máxima “Deber llama” en un capítulo de la 2ª temporada al referirse al abogado de la Casa Blanca que ha renunciado a un sueldo de 6 cifras para trabajar cuatro años por 40.000 dólares anuales.

En una de las primeras tramas Toby se enriquece gracias a la compra de unas acciones de bolsa y antes de que se entere la opinión pública los abogados de la Casa Blanca descubren que podrían existir sospechas de que contó con información privilegiada. La solución a la que se llega es que Toby renuncie a su sueldo en la Casa Blanca para mostrar que no es la intención el enriquecimiento a través del cargo.
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Aunque prima la visión positiva de la política también se intentan mostrar todas sus caras con congresistas que mercadean con cuotas de poder, hombres detestables a los que se les exilia con un puesto diplomático o situaciones embarazosas como la resistencia del Presidente a ayudar a una importante empresa que pasa por problemas económicos porque el dueño le ayudó mucho durante la campaña y podría ser visto como prevaricación.

La serie también tiene un espíritu didáctico para que los espectadores se familiaricen con la manera de elaborar censos, los índices para considerar a una persona dentro del umbral de la pobreza, la potenciación de centros escolares, el funcionamiento del congreso, de los vetos y una infinidad de procesos burocráticos que en la serie se enfocan de manera resultan altamente entretenidos.
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El Ala Oeste intenta tocar el corazón del espectador en numerosos capítulos y ciertamente en muchos lo consigue, la política se convierte en instrumento de denuncia, reivindicación y reflexión, vemos emocionantes y casi lacrimógenos capítulos sobre la pena de muerte, los exiliados religiosos, los exiliados políticos, los veteranos de guerra, el tercer mundo, el control de armas, minorías étnicas, etc.

Como no podía ser de otro modo la serie se compromete con la actualidad, y trata todos los temas que se encuentran en el debate público. En 2001, nada más suceder el 11-S prepararon un guión y rodaron un capítulo, fuera de trama, sobre los conflictos religiosos mundiales y la paranoia del terrorismo en la sociedad que emitieron sólo tres semanas después del atentado. El capítulo le titularon Isaac e Ismael en referencia a los dos hermanos hijos de Abraham de los que, según la tradición descienden los cristianos, judíos y musulmanes.
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Los productores se llegaron a atrever con el riesgo de emitir un capítulo en directo en dos ocasiones, en la 4ª y en la 7ª temporada con motivo de los debates electorales de los dos candidatos ficticios a la Presidencia.

Especial atención recibe la figura del presidente y las presiones a las que se ve sometido, no siendo tan solo importantes las propias del cargo. Barlet es un hombre de familia que debe atender también a su mujer e hijas, lo cual interactúa sobremanera con las labores de gobierno. La primera dama tiene su propio gabinete con su propia agenda y con sus propias iniciativas que en ocasiones interfieren en la actividad política del presidente. A la hora de tomar decisiones como el declarar una guerra o conceder un indulto, las conversaciones y sentimientos hacia su familia serán decisivos, tanto que en la cuarta temporada se llega a plantear en un momento dado el abandono de sus funciones debido a que sus circunstancias personales no le permiten actuar como un líder mundial debiera hacerlo.
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El Presidente muchas veces se presenta como el paradigma de la honestidad y saber hacer pero también veremos comportamientos poco propios de un líder mundial, como la búsqueda desesperada de subterfugios legales para no conceder un terreno a un empresario que no le agrada, piques incomprensibles con el Vicepresidente o que en plenas elecciones de renovación de la cámara de representantes el Presidente sólo este preocupado de los sondeos para elegir a los representantes del Consejo Escolar de un pequeño condado de New Hampsire, porque allí se presenta su primer rival político, al que detesta.

Las idea de que las relaciones personales influyen en la política y en las decisiones de los gobernantes es permanente; una pequeña muestra es una trama sobre la aprobación de una ley sobre sanidad, el senador Stackhouse pide que se incluya unas cláusulas para detectar y tratar mejor el autismo, el equipo del presidente se niega a incluirlo y en el senado Stackhouse decide practicar el obstruccionismo al estilo de James Stewart en “Caballero sin espada” para intentar desesperadamente que se incluyan las cláusulas que pedía. Cuando el equipo investiga y se dan cuenta que Stakhouse tiene un nieto autista y que nunca ha intentado sacar ningún rédito político de ello todos se movilizan para conseguir que Stackhouse logre su objetivo, implicando a los abuelos del senado para conseguirlo, tanto a los demócratas como a los republicanos.
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Lo que provoca el dinamismo en la serie más allá de las trabajadas tramas políticas es las relaciones entre los personajes. Son oficinistas realizando su trabajo y divirtiendose con ello, la serie transmite la sensación que desde el trabajo de despacho se pueden hacer cosas muy importantes para el “bienestar mundial”. El reconocimiento a un trabajo bien hecho es una constante en la serie. Los trabajadores de cuello blanco tan poco tratados en el cine a menos que sea para retratarlos como aburridos burócratas con tendencia a la corrupción, ven aquí una dramatización de su profesión ciertamente gratificante y enorgullecedora.

Triste final de la serie más valorada por la crítica

En 2006 llegó a su fin habiendo acumulado 26 premios Emmy y 2 globos de oro y reuniendo hasta el último año una audiencia que solía estar por encima de los 15 millones de espectadores. La última temporada la serie promedió unos 8 millones de espectadores semanales muy por debajo de sus cifras habituales perjudicada por el cambio a la noche de los domingos, y aunque se percibió una pequeña caída en la calidad de las historias, siguió siendo de las favoritas de la crítica.
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Como se ha señalado antes, la muerte de John Spencer pocas semanas antes de que concluyera el rodaje fue un amargo final para una serie que ha marcado época en la televisión. Para los capítulos finales todos los personajes que habían sido queridos por el público regresaron para despedir a la serie de la manera en que se merecía. El presidente Barlet se retiraba enfermo, anciano y con la labor de ocho años de gobierno a sus espaldas, se cerraba un ciclo y se iniciaba otro con un nuevo presidente y un nuevo equipo.

En sus últimos capítulos El Ala Oeste ya planteó la posibilidad del inminente ascenso de las minorías étnicas a la máxima responsabilidad de gobierno, pues la última temporada relata la carrera electoral de dos candidatos interpretados por Alan Alda y Matt Santos, éste último de origen hispano, al igual que en el día de hoy, en que se decidirá si por primera vez en la historia un candidato de etnia negra puede ser Presidente de los Estados Unidos.

Fernando Rodríguez Laso
Licenciado en Historia

A continuación pueden verse los siguientes vídeos:

Títulos de crédito iniciales de la serie.
La escena con la que dio comienzo El Ala Oeste (Inglés)

La noche de las legislativas el presidente da lecciones sobre la Biblia (Español)
Enlaces relacionados en Un Mundo de Cine:

· W. (2008)
· La Guerra de Charlie Wilson (2008)
· Bobby (2006)
· Lincoln en Illinois (1939)
· Tempestad sobre Washington (1962)
· John Adams (HBO, 2008)

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5 comentarios:

Sir PETER dijo...

Magnifico trabajo Fernando. Sin lugar a duda una gran serie. Ojala pudiesemos tener en España este tipo de ficcion que sabe introducirse con maestria en los entresijos de la politica. Que pena...

Fernando dijo...

Gracias Pedro por tu valoración.

Ciertamente parece complicado que en España se realice una producción cuya intención sea dignificar la labor política. Ahora mismo los únicos amagos de tratar la política en series de televisión en nuestro país han sido desde el ámbito de la comedia como "Moncloa, digame" o "Ellas y el sexo debil". Da la sensación de que nuestras series aún tienen que madurar algo para poder tratarlo desde la temática drámatica.

felipe dijo...

Excelente artículo, hemos recuperado al mejor Fernando. Espero con impaciencia el próximo trabajo.

Fernando dijo...

Gracias Felipe, pero no cantes victoria. No descarto que mi próximo trabajo sea la siguiente de Sylvester Stallone.

Fernando Cortell dijo...

Desde el futuro (2013), he llegado a tu blog, y me he entretenido leyendo esta entrada porque por fin, y después de muchos intentos, parece que he conseguido convencer a mi compañera de que veamos juntos West Wings.
Sé que es de las grandes y ahora que vamos por el octavo de la primera, ella empieza a creerme.
Plr cierto, sibte sirve de algo, tu blog me gusta.