
(Abe Lincoln in Illinois. USA, 1940)
-Autor: José Luis Urraca Casal*-
Ver partes I y parte II
[Este artículo está protegido por derechos de autor. Ver detalles al final del mismo] Con la tercera parte del artículo de Lincoln en Illinois llegamos al final de la película que comenzábamos a comentar el 4 de febrero, la víspera del supermartes electoral en los Estados Unidos. Esta parte se centra en los discursos y campañas electorales en los que participó Lincoln entre 1858 y 1861 y su elección como presidente, que son resumidos en el final del film.
“Otro fanático que ha pasado a mejor vida” son las palabras que utiliza el Senador Stephen Douglass (brillantemente interpretado por el actor Gene Lockhart) para referirse al ahorcamiento de John Brown. Al mismo tiempo conoce que será Lincoln su contrincante en las elecciones de ese año (1858) al puesto de senador por el estado de Illinois. Junto a su equipo hablan del candidato y de cómo éste todavía no se ha definido en torno a la esclavitud, cosa que les preocupa. Douglass prepara todo un recibimiento para sí mismo en Springfield, porque la nación tal vez no conoce a Lincoln, “pero yo sí”.
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El contraste entre ambos personajes lo vemos en la siguiente secuencia mientras Lincoln posa despreocupadamente junto a los suyos para un retrato de familia, hecho que es alterado por el desfile de recibimiento a Douglass afuera en la calle, no pudiendo finalmente hacer una buena toma. La poca seriedad con que se le toma Lincoln, en complicidad con su hijo, contrasta con la de Mary.
La jornada de campaña electoral se convierte en un día festivo, como al principio de la película vimos en las dos elecciones de Nueva Salem. Hasta se fleta un tren para los partidarios de Lincoln y vemos una pequeña trifulca entre partidarios de ambos candidatos. Asistimos al debate final, que en realidad es una síntesis de los discursos pronunciados en los siete debates que se sucedieron en la elección al cargo de Senador por el estado de Illinois. Magnífico compendio de unos discursos que aunque pertenecientes a la contienda electoral en un estado, reflejan a la perfección los principales argumentos del debate y los desafíos a los que se enfrentaba toda la Unión.
Stephen Douglass vs Abraham Lincoln
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Lo que escuchamos es la refutación de los argumentos que se han esgrimido anteriormente los cuales no nos son mostrados. Ambos emplean hábilmente su oratoria para infringir divertidas estocadas a su rival, como hace Douglass al comienzo de su intervención, para continuar aludiendo a las cualidades de su contrario, las cuales conforman un buen retrato de Lincoln “Sinceridad habitual, su puro encanto casero, su perenne humor campechano (…) el señor Lincoln sabe hacernos reír con sus divertidas anécdotas y después les arranca lágrimas con su descripción dramática de lo que sufren los obreros negros que trabajan en el Sur, sabe llevarlos muy hábilmente hasta el umbral de la verdad, pero, si se disponen a cruzarlo desviará su atención hacia otras cosas. Jamás, ni por equivocación mencionará las condiciones de trabajo del obrero del norte. Tal vez porque él aún no sabe que cientos de miles de nuestros obreros están en huelga, con hambre y desfilan por nuestras calles en protesta, y hay motines porque no se les paga lo suficiente para que puedan alimentar a sus hijos. ¿Qué clase de libertad es esa? ¿Y qué clase de igualdad? (aplausos).
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Saben que el señor Lincoln pronuncia discursos constantemente sobre la igualdad, repite una y otra vez los argumentos (…) de otros abolicionistas, nos dice que si en la Declaración de Independencia se expone que los hombres fuimos creados iguales por la ley de Dios, la igualdad de los negros es un derecho inalienable, en contra de esto está el veredicto del Tribunal Supremo en el caso de Dred Scott. El señor Lincoln es abogado y por lo tanto supongo que sabe que cuando trata de destruir la confianza pública en la integridad y en la inviolabilidad del Tribunal Supremo, él está predicando la Revolución. ¿Quieren saber cuál es mi opinión sobre el fallo del caso Scott? pues se la diré sin reserva alguna. Pienso que todas la decisiones del Tribunal Supremo Deben ser nuestra única Ley, y yo pienso acatarla obedientemente, nunca voy a variar mi posición pese a todos los gritos de los fanáticos, a sus constantes prédicas de igualdad racial que nos proponen votar, comer, dormir y casarnos con negros. Digo además a cada estado que se meta en lo que le importe y olvide a sus vecinos. Si observáramos todos ese principio, ya vería el señor Lincoln como sí es posible que nuestro país pueda existir dividido en unos estados libres y en otros esclavos y seguir como hasta ahora ganando poder y población, siempre fuerte hasta convertirse en la admiración y en el terror de todo el mundo".
Douglass hace referencia a la soberanía de los estados y a que cada uno de estos decida por si mismo sin la interferencia de los otros o de la Unión. Y defiende esta postura en aras de que cada estado se postule a favor o en contra de la esclavitud, punto de mayor controversia en el país y principal motivo de división. Ambos candidatos eran firmes defensores de la Unión y Douglass mediante este principio perseguía superar el problema. Así en 1854 había propuesto y defendido el Acta de Kansas-Nebraska (del que Lincoln era firme opositor), por el que estos dos nuevos estados habían decidido libremente sobre la esclavitud, invalidando así el Compromiso de Missouri por el cual la esclavitud no podía extenderse en esa parte del continente.
Abraham Lincoln vs Stephen Douglass
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Lincoln, que ha estado escuchando y haciendo anotaciones pacientemente, se quita el sombrero y tras hacer también él un jocoso comentario, comienza su refutación “(…) Todos ustedes oyeron al juez cuando dijo que hay quien defiende que se vote, se coma, se duerma y se casen con los negros. Yo no sé si refería a mí específicamente, si es así quiero decirle que por negarme a aceptar que una mujer negra sea esclava no creo que necesite tomarla por esposa, no tiene porqué ser ninguna de las dos cosas, puedo dejarla tranquila y en paz. En ciertos aspectos ella no es igual a mí como tengo que confesarlo yo tampoco soy igual al Sr. Douglass… en ciertos aspectos. Pero en su derecho natural a comer lo que con sus manos gana sin pedir ni esperar el consentimiento de nadie, ella es igual a mí como es igual a todos ustedes. Han oído al juez hablar de las difíciles condiciones de trabajo en el Norte, soy norteamericano y no estoy orgulloso de que esas condiciones existan, pero quiero preguntarles esto ¿cambiarían los obreros que se encuentran en huelga su lugar aunque fuera sólo por un instante, por el de los esclavos? Ellos ni siquiera tienen la huelga como un derecho a su alcance y en calidad de norteamericano puedo decir gracias a Dios que en nuestra nación sí tenemos todos los ciudadanos el derecho a la huelga (aplausos).
No estoy predicando la Revolución, no es necesario, esta nación con todas sus instituciones pertenece a los que habitan en ella, si algún día no les gusta lo que hace el gobierno existente tienen el derecho constitucional de enmendarlo y cambiarlo o el derecho revolucionario de destituirlo y quitarle todos sus poderes. Cuando nuestros padres fundaron la patria nos dieron esos derechos (aplausos). El propósito en el fallo del caso Scott es convertir a nuestros negros en una propiedad, propiedad de sus ricos amos naturalmente, cambiando los derechos humanos en derechos de propiedad tan solo. Es la eterna lucha que se libra entre dos principios, uno es el derecho común a toda la humanidad, el otro es el derecho divino de los reyes. Pienso que es el mismo espíritu que dice -gana tú el pan que quien se lo comerá seré yo-. (aplausos)
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Al fundar la nación aceptaron nuestros mayores que todos los hombres son creados iguales, no se mencionó ni una sola excepción en esa cláusula de la Declaración de Independencia. Pero ahora hay quien dice ‘todos los hombres son creados iguales salvo los negros’… Si nosotros aceptamos hoy esta doctrina de discriminación racial o de clases, por qué no aceptar también en el futuro… ‘todos somos creados iguales excepto los negros, los extranjeros, los católicos, los judíos e incluso los hombres pobres’. Esa es la conclusión a la que nos llevan los defensores de la esclavitud: que cada estado se meta en lo que le importe, dice el juez Douglass, ¿por qué buscar líos? Señores esta es la política cómoda o más bien la indiferencia ante el mal. Una política que sólo me inspira odio. La odio por la monstruosa injusticia que supone la esclavitud. La odio porque priva a nuestra República de una justa influencia mundial. Da base a que los enemigos de nuestra ideología nacional puedan tacharnos de hipócritas y hacen que los que creen que todos debemos ser libres duden de nuestra sinceridad. La odio sobretodo porque obliga a una gran cantidad de hombres buenos de esta nación a luchar sin desearlo contra los principios de nuestra libertad, a perder toda su fé en nuestra Declaración de independencia y a creer que no hay otro principio de vida que nos importe más que nuestros propios intereses.
En sus palabras finales de esta noche el juez dijo que podríamos ser el terror del mundo y yo no creo que nadie de nosotros quiera eso. Creo que todos preferimos dar esperanzas y ánimo al mundo demostrando que hay muchos hombres que merecen ser libres. Pero no podremos dar a nadie ese ánimo si antes no demostramos la capacidad nacional de convivir entre nosotros y nunca llegaremos a conseguir tal cosa si todos los estados no continuamos unidos. No ha de haber distinciones en nuestro concepto de la libertad, ni debe haberlas entre una sección y otra, entre una y otra raza. Un país dividido en su interior no podrá resistir. Y nuestro gobierno no logrará permanecer siendo unos libres y otros esclavos”.
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Las referencias a las bases sobre las que se erige la nación, la Declaración de Independencia y a los padres fundadores son frecuentes, pues estos dejaron proclamado que todos los hombres son libres e iguales. Lincoln también hace uso del derecho natural, por el que todos los seres humanos nacen libres.
Tanto Douglass como Lincoln hacen referencia al caso Scott, por el que el Tribunal Supremo había determinado que el gobierno no podía limitar el derecho de sus ciudadanos en referencia a la esclavitud pues el derecho de propiedad no podía ser limitado o suprimido. De modo que si un ciudadano viajaba de un estado donde la esclavitud era legal a otro donde no lo era, no podía perder su derecho a la propiedad sobre el esclavo. Esto invalidó el Compromiso de Missouri y Lincoln lo critica por haber “convertido los derechos humanos en derechos de propiedad”. Y en su parte final se hayan palabras de su famoso discurso, hoy empleadas por Barak Obama, en el que sentencia que un país dividido no podrá sobrevivir, y el gobierno tampoco, siendo unos libres y otros esclavos.
De la derrota del Senado a la presidencia
Lincoln perdió y no fue elegido senador por su estado, pero esas elecciones de 1858 le catapultaron y dieron fama a nivel nacional por su elocuencia. La película se hace eco de ello, con titulares de periódico como “Lincoln asombra a América con el mejor discurso de la campaña”, “Estadista de Illinois escala la fama en toda la nación”. Y es entonces cuando vemos a un grupo de políticos y banqueros de Washington, miembros del Partido Republicano, hablar de él como posible candidato a la presidencia, para enfrentarse de nuevo a Douglass. Y aunque desconocido en Washington, se alude a algo muy importante, es conocido y muy popular en los nuevos estados, haciendo referencia al centro y oeste del país, recordemos que Lincoln vive en el Medio Oeste, región que había ido cobrando gran importancia dentro del país conforme avanzaba la colonización.
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Cuando ese grupo acude a Springfield para conocerle, de nuevo observamos a un Abe poco entusiasmado con la visita, pero su mujer de nuevo le espolea, confesándole luego a su amigo Joshua Speed que a Abe le acompaña siempre un sentimiento de fatalidad, pero ahora ha llegado su gran oportunidad. La propia cocinera introduce de nuevo una premonición que completa la que Lincoln hizo en Nueva Salem “Si logran llevarle a Washington no saldrá vivo de allí”. Tras entrevistarse con él, el grupo discute si es el candidato que necesitan, saliendo a relucir calificativos de radical. Pero el Sr. Crimmin les dice que los electores le votarán porque es uno de ellos y representa al americano medio. Que recuerden el nombre que le dan “el honrado Abe”, puede hacerles el juego ahora y cuando llegue a la Casa Blanca, hará todo lo que se le ordene. Efectivamente el experimentado grupo de políticos del Partido Republicano que promovió a Lincoln a la presidencia vio en él alguien fácilmente manipulable una vez llegase a la Casa Blanca. Algo que sin embargo luego no resultó tan fácil.
La siguiente escena nos sitúa en el cuartel general de la campaña electoral a la presidencia de los Estados Unidos en Illinois, es el 6 de noviembre de 1860 y los resultados y noticias de otros estados van llegando a través de los boletines. En aquellas elecciones, quien ganaba en un estado se hacía con todos sus electores (salvo en Nueva Jersey). Vemos la atención que despierta Nueva York, pues con 35 electores era al que correspondía mayor número de electores, mientras que Florida en el sur por ejemplo sólo proporcionaba tres. Lincoln ganó en los estados más poblados y que por tanto mayor número de electores proporcionaban, logrando 1.895.908 votos (el 40%) y alcanzando un total de 180 electores (casi el 60%) frente a los 123 de sus contrincantes. En estas elecciones el Partido Demócrata concurrió dividido tras no aceptarse en la Convención una resolución de apoyo a la esclavitud, entre un candidato del norte, Stephen Douglass y otro del sur, el joven vicepresidente John Breckinridge. Un cuarto candidato, John Bell (ganó la nominación al gobernador de Texas, Sam Houston) se presentó por la Unión Constitucional, creada para defender la Unión y agrupar a quienes no se sentían identificados por demócratas y republicanos. Douglass fue el primer candidato en hacer un recorrido por el país para presentar su candidatura, obtuvo 1.382.202 votos, pero la división demócrata le hizo ganar en sólo un estado, Missouri, y obtener tan sólo 12 votos electorales.
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En el film esa noche a Lincoln le acompañan sus viejos amigos Edwards, Billy y Joshua Speed. La tensa espera de su mujer ante ciertos reveses contrasta con la tranquilidad de Abe. Mary acaba por estallar y pierde la compostura, él la recrimina que siempre trate de ridiculizarle ante sus amigos, se enfrentan y ella se marcha a casa. La misma noche en que ganará las elecciones a Douglass, la película nos ofrece este enfrentamiento conyugal que les amarga la victoria a los dos. “hemos ganado una de las batallas más sucias de nuestra historia política, si al fin venzo, tendré que cumplir todas las promesas que los demás hicieron en mi nombre. Diez mil voluntarios se han levantado en Carolina del Sur, el gobernador ha declarado que si eligen a Lincoln el estado se separará mañana de la Unión y los demás estados al sur de la línea “Dickson” lo seguirán y eso significa guerra civil”. Cuando la noticia de la victoria llega, una vez más vemos el contraste entre el júbilo generalizado y su profunda melancolía. De vuelta a su casa, para darle la noticia a su mujer, ha de ser escoltado, es el nuevo presidente y además ya se han recibido amenazas de muerte contra él.
El mes siguiente, diciembre, la Asamblea Convención del estado de Carolina del Sur aprueba la secesión, seis semanas más tarde la secundarían Missouri, Florida, Alabama, Georgia, Louisiana y Texas. En febrero, un mes antes de que Lincoln tome posesión del cargo el 4 de marzo, los secesionados forman los Estados Confederados de América. Lincoln no era abolicionista aunque rechazaba la esclavitud. Era contrario a su expansión por lo nuevos estados y de buscar fórmulas aceptables para hacerla desaparecer donde ya existía, indemnizando por ello a los propietarios de esclavos. Para él lo verdaderamente importante era salvaguardar la Unión. Pero los sureños vieron en su elección la confirmación de que su modo de vida y su soberanía a decidir sobre el mismo, estaba claramente amenazado.
Llega el final de la película, el momento en que Lincoln ha de subir al tren presidencial que le llevará a Washington para tomar posesión del cargo. Ha pasado el tiempo (la elección presidencial tuvo lugar en noviembre y el viaje a Washington para tomar posesión del cargo lo realizó en febrero de 1861), y se ha dejado barba, lo cual le había sido aconsejado por una niña de 11 que le escribió una carta. Antes de subir al tren vemos a Stephen Douglass despedirse y desearle suerte en su misión (de los otros dos candidatos presidenciales sólo uno, Breckinridge apoyó la secesión). En la escena de la despedida de quienes se han reunido en los andenes, el actor Raymond Massey logra una total caracterización del personaje de Lincoln, solemne y de conmovedora dignidad. Muestra tristeza por dejar el lugar al que todo se lo debe y por los fieles amigos que deja, “me voy sin saber cuándo volveré, sin saber si volveré siquiera” y ante la hora tenebrosa que se cierne sobre la nación y que amenaza con una guerra civil, proclama la que para él es la única verdad “con esto también el tiempo acabará”. El parecido es asombroso, se hace el silencio y comienzan a entonar el “Gloria Gloria Aleluya” mientras el tren desaparece en la oscuridad de la noche.
· Lincoln en Illinois (parte I)
· Lincoln en Illinois (parte II)
- El Ala Oeste (1999-2006)
- John Adams (HBO, 2008)



























































