jueves, 30 de octubre de 2008

Retorno a Brideshead (Brideshead Revisited, pelicula de 2008)


Retorno a Brideshead

(Brideshead Revisited. GB, 2008)


-Autor: José Luis Urraca Casal*-

-Estreno mañana viernes en Cines -


Un nuevo regreso a la popular novela de Evelyn Vaugh

[Este artículo está protegido por derechos de autor. Ver detalles al final del mismo] Basada en la novela de Evelyn Vaugh, Retorno a Brideshead nos traslada a la Inglaterra feliz del período de entreguerras en una película del director Julian Jarrold protagonizada por Emma Thompson, Emma Thompson, Michael Gambon, Matthew Goode y Ben Whishaw. Una historia de tiempos pasados de juventud, de clases sociales pudientes, recorrida por la pasión del amor y la sexualidad bajo la gran influencia de la religión. Aún cercana en el tiempo Expiación, más allá de la pasión, la puesta en escena y sus localizaciones habrán de recordarnos la película protagonizada por Keira Knightley, con aura propia de las singulares películas británicas de época.
[Autor del artículo: José Luis Urraca Casal. Licenciado en Historia]
Rodada entre el 1 de mayo de 1979 y el 24 de julio de 1981, Retorno a Brideshead supuso la primera serie de televisión rodada en formato de película por la televisión británica, y su anuncio como “la serie más cercana a la perfección jamás realizada para la pequeña pantalla”, no defraudó a nadie. La adaptación de la novela escrita por Evelyn Vaugh en 1945 estaba llamada a convertirse en un clásico imperecedero con sabor a nostalgia y poso melancólico, una auténtica joya llena de encanto y cuidadosa puesta en escena que cautivaba al espectador desde el mismo momento en el que Jeremy Irons ponía de nuevo el pie, ya en los años de la Segunda Guerra Mundial, en Brideshead y comenzaba a recordar los alegres años vividos en su juventud.
Personalmente encuentro difícil superar en poco más de hora y media aquella adaptación, de la que se ha llegado a decir que su guión era una pieza maestra pues había conseguido realizar una serie perfecta a partir de una novela que no lo era. Si bien, el hecho de contar con la que parece una genial interpretación de Emma Thompson en el papel de Lady Marchmain regresando a su vez de nuevo a una película de época o ese fantástico actor que es Michael Gambon en el papel que en su día hiciera el gran Laurence Olivier, añadido a que su director sea Julian Jarrold, quien de nuevo ha vuelto a contar como ya hizo en La joven Jane Austen (2007) con el compositor Adrian Johnston, son cartas que bien merecen ser jugadas asistiendo a una sala de cine.
[Autor del artículo: José Luis Urraca Casal. Licenciado en Historia]
Con una labor de fotografía impecable y cuidada puesta en escena esta nueva versión cinematográfica nos conducirá por entre idílicos parajes de la campiña inglesa, donde se alza la mansión de los Marchmain (ambientada en el mismo castillo de York que su predecesora) o los viejos edificios y habitaciones de Oxford, en que nuestro protagonista y narrador, Charles Ryder (Matthew Goode), un joven de clase media con vocación de pintor, caerá prendado de la extravagancia y mágica vitalidad decadente de un aristocrático estudiante llamado Sebastian Flyte (Ben Whishaw).
Más tarde Charles será introducido por Sebastian en el círculo de su familia, sobre la que Lady Marchmain, su madre, ejerce el peso de la religión católica, componente fundamental de la novela, que aunque reflejada en la película, pierde esta vez terreno en favor del desarrollo de la atracción entre Charles y Sebastian, o el romance del primero con la hermosa hermana del segundo, Celia Ryder (Anna Madeley).
[Este artículo es una creación original y está protegido por derechos de autor]
En Un Mundo de Cine y con el tiempo necesario abordaremos en un futuro, confiamos no muy lejano, el imprescindible comentario de la serie de 1981. Mientras les dejamos con el trailer del nuevo film que se estrena mañana en cines.

Autor: José Luis Urraca Casal. Licenciado en Historia por la Universidad de Cantabria. Para www.unmundodecine.com

Enlaces relacionados en Un Mundo de Cine:

- Expiación, más allá de la pasión (Atonement, 2007)
- La última primavera (2004)
- La joven Jane Austen (2007)

*Los redactores de Un Mundo de Cine informan de que esta página está bajo licencia de Creative Commons. La cita de partes de este artículo debe hacer constar: 1º) Autor: José Luis Urraca Casal, 2º) Fuente: www.unmundodecine.com, y 3º) incluir un enlace al artículo original. La reproducción total está PROHIBIDA y requiere autorización.

domingo, 26 de octubre de 2008

Operacion Canada (Canadian Bacon, 1995)


Operación Canadá

(Canadian Bacon. USA, 1995)

-Ciclo presidencial-

-Autor: José Luis Urraca Casal*-


Cuando la paz es un problema y la salvación está en la guerra

[Este artículo está protegido por derechos de autor. Ver detalles al final del mismo] ¿Se imaginan ustedes que el presidente de los Estados Unidos tras lograr que finalizase la Guerra Fría, viese bajar su índice de popularidad al volver los ciudadanos la vista a los problemas reales del día a día, y tuviese que buscarse un nuevo enemigo en su pacífico y tranquilo vecino canadiense para recuperar su prestigio?. Esa es la disparatada premisa de la que parte el director Michael Moore en el que fuera su primer largometraje. Contiene las principales líneas argumentales de sus posteriores y exitosos films, siendo protagonizado por Alan Alda y John Candy en la que fuera su última aparición en el cine.
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Comentario.- En un escenario como el de estos días, con una crisis financiera galopante sacudiendo la economía de los Estados Unidos, un presidente con bajas cotas de popularidad y unas elecciones a la presidencia del país en marcha… bien pudiera darse una situación como la paródicamente descrita en Operación Canadá. Lo único que principalmente desbarata la posibilidad es que el presidente Bush, tras concluir su segundo mandato no puede presentarse a la reelección y por tanto no tiene la necesidad del presidente que interpreta Alan Alda en la película.

La teoría de la cortina de humo tendente a desviar la atención de los ciudadanos en un momento de crisis interna ha sido abordada de manera seria y plausible en otros films de título tan clarividente como La Cortina de Humo (Barry Levinson, 1997), donde Dustin Hoffman y Robert de Niro fabricaban la guerra perfecta para el presidente. Pero Michael Moore ya la había llevado a cabo dos años antes a un nivel mucho más histriónico y caricaturesco.
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La película juega con la mentalidad de los estadounidenses, que durante buena parte de su reciente historia a raíz de la Segunda Guerra Mundial, que es cuando se convierten en superpotencia, siempre han vivido teniendo un enemigo exterior al que temer. Primero fue el fascismo, a raíz del bombardeo de Pearl Harbor (1941). Luego el comunismo ejemplificado en la Guerra Fría que les tuvo enfrentados con la otra superpotencia hasta la caída del Muro de Berlín (1989), en que se evidenció que ésta había perdido su estatus, continuado por la disgregación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviética (1991). Y recientemente desde el fatídico 11 de septiembre de 2001 el terrorismo islamista o el denominado por la administración Bush “eje del mal”. Moore eligió precisamente el momento en que se había desmoronado la URSS para rodar Operación Canadá (1995), encajando perfectamente en la situación de un país que se había quedado sin la competencia de su principal enemigo. Como bien expresa el presidente Alan Alda “No es justo. Los otros presidentes podían culpar de todo a los rusos. ¿A quién culpo yo?”.

Es esa histeria la que hace aún más plausible el comportamiento del grupo de protagonistas encabezado por John Candy en su papel de sheriff de la frontera con Canadá. Pues en ese clima de amenaza exterior no les resulta difícil creerse la presunta amenaza que se les está fabricando desde el equipo del presidente de los Estados Unidos, la cual en el fondo es terriblemente ridícula. Pero el director quiere hacernos ver que incluso algo tan sumamente disparatado podría obtener la debida credibilidad con los medios necesarios.

El argumento: Cómo desviar la atención ciudadana
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Una crisis industrial se ha desatado en los Estados Unidos de América tras haber concluido la Guerra Fría que mantenía con la Unión Soviética. La paz, aparentemente tan ambicionada, ha traído consigo sin embargo un colapso de la industria armamentística cuya producción ya no encuentra salida al haber desaparecido su demanda. La película nos muestra al presidente de los Estados Unidos visitando una población junto a las cataratas del Niágara, en la frontera con Canadá, donde la empresa de armamentos Hacker Dynamics ha cerrado sus puertas y vende en pública subasta armas de todo tipo (incluidos misiles balísticos) a precios de saldo. Las cifras de paro comienzan a ser alarmantes y el presidente ve descender hasta mínimos históricos su popularidad. ¿Qué hacer? Se pregunta ante su equipo de colaboradores, y a todos ellos no se les ocurre otra cosa que tratar de volver a reanudar la Guerra Fría para resolver el problema y volver a desviar la atención de la gente. Pero tras la negativa de Rusia a continuar el juego, ¿con quién empezar una escalada bélica?, Jomeini, Breznev, Mao Tse-tung, Ho Chi-Minh… todos los antiguos enemigos están muertos. Antes, se expresa un general con nostalgia, había rojos por todas partes: rusos, cubanos, rojos en Hollywood… pero ahora… ¿Por qué no Canadá? Pregunta irónicamente y en broma el presidente… Sin embargo y a pesar de su sorpresa, la idea de fabricar un enfrentamiento con la vecina y pacífica Canadá empieza a cobrar forma, y un grupo de ciudadanos encabezados por el sheriff Budd Boomer no piensan quedarse sentados esperando a que el gobierno inicie las hostilidades…

Stuart Smiley (Kevin Pollack): Denme una semana y el pueblo estará tan ocupado quemando banderas que no tendrá tiempo de pensar en polución, ni en los tipos de interés, ni en la disminución de sus ahorros.

Reflejo de la posterior filmografía de Moore

Operación Canadá se trata de una buena comedia, plagada de situaciones cómicas de diverso éxito, unas más graciosas que otras, algunas risibles sólo por el hecho de lo malas que resultan, pero todas ellas haciendo alusión a aspectos de la idiosincrasia de la gran democracia norteamericana. Alan Alda, experto en papeles cómicos (recordemos MASH) interpreta al alto mandatario de la Casa Blanca, algo que repetiría recientemente en la serie El Ala Oeste, aquí convertido en un presidente con poca determinación, bastante influenciable por el grupo que le rodea y presto a hacer caso de sus descabelladas ideas si éstas dan resultados. Pero quizá la mejor actuación la componga el actor John Candy como prototipo de un determinado y concreto tipo de estadounidense, de escasa masa crítica, amante de las armas y de la cerveza, las series de acción y policíacas, que lo que quiere es ganarse el pan de cada día y que no duda en creerse sin más aquello que le cuentan desde los medios de comunicación. Un auténtico kamikaze capaz de responder a la llamada a las armas de su gobierno antes incluso de que éste se la realice llevado por un patriotismo exacerbado.

Moore introduce diversos elementos aquí entremezclados en torno a la búsqueda de un enemigo exterior de diversa magnitud en su desarrollo, a veces pequeñas pinceladas que en algunos casos posteriormente abordará más en profundidad en sus populares documentales, donde ha logrado mayor éxito y perfección que en la presente película. La facilidad para poseer armas, el carácter singularmente desconfiado, el racismo, la violencia, la contaminación, la falta de un sistema sanitario al estilo europeo, y el “ombligismo” de un país cuya población normalmente conoce muy poquito del mundo exterior allende sus fronteras.

[Atención: a partir de aquí el comentario revela detalles importantes de la trama]
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El film comienza con los acordes de una canción de tono patriótico cuyo estribillo repite “God Bless América” (Dios bendiga a América) que nos va introduciendo en el espíritu de orgullo norteamericano que impera en el metraje (plagado de este tipo de canciones culminadas con el Born in the U.S.A. de Bruce Springsteen que cantarán los propios protagonistas encabezados por John Candy durante su incursión en Canadá). Este sentimiento cobra especial sentido en el personaje del sheriff Boomer, quien hace suya la responsabilidad de defender su patria junto a sus compañeros.

Con lo que gastamos en un solo día de la Guerra Fría, podemos mandar a nuestros hijos al colegio todo el año… Ya es hora de olvidar la guerra y de empeñar a nuestros hijos” implora Alan Alda. Pero la ironía no puede ser mayor, se ha logrado la tan ansiada paz y para sorpresa del presidente, en lugar de redundar ello en un aumento de su popularidad, produce el efecto contrario. Y es que nuestras sociedades son así de complicadas. La industria armamentística estadounidense tiene un gran peso dentro del país, crea decenas de miles de puestos de trabajo directos e indirectos. Mientras ha existido una carrera de armamentos provocada por la tensión de la Guerra Fría la demanda ha sido creciente, pero una vez alcanzada la paz, el desarme trae consigo un descenso de la producción y como consecuencia sobra mano de obra. Al personaje de Roy Boy, al comienzo le vemos intentando suicidarse porque ha sido despedido y está en el paro tras cerrar la empresa de armamentos donde trabajaba. De pronto, ante el clima de tensión alcanzado con Canadá, olvida todos sus males, tanto la depresión como su situación económica. Para él ahora sólo es importante defender a su país, prueba de que la maniobra del gobierno ha dado resultado.
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Es necesario hacer hincapié en el hecho de que lo que se busca por parte del gabinete del presidente es crear un clima de tensión que permita una escalada bélica sin que llegue a producirse un enfrentamiento directo. Al fin y al cabo una guerra con Canadá no duraría ni siquiera una semana y eso al gobierno no le conviene, pues lo que necesita es un enemigo duradero y como se dice textualmente en la película “No hay nada peor que ganar”.

La industria armamentística es presentada aquí como la principal interesada en que exista un clima de amenaza que conlleve a la necesidad de la demanda de sus productos, un negocio de lo más lucrativo. Y aunque de modo menos logrado en la película, quizás aquí es en lo que más falla, retoma a su manera al Dr. Strangelove de Teléfono rojo, volamos hacia Moscú (Kubrick, 1963).
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El mando del ejército, está formado por nostálgicos a los que les gusta jugar a la guerra, como si ésta fuera de película, y para ello se nos muestra al general Panzer (que asesora al presidente) citando importantes películas bélicas. Y a los miembros del servicio de inteligencia Moore los caracteriza como auténticos patanes deseosos de realizar intervenciones que finalmente se convierten en auténticas chapuzas militares como Bahía de Cochinos. Aunque sí cabe apreciar, que el personaje de Gus, a quien el asesor nacional de seguridad del presidente acude en busca de información que justifique la amenaza canadiense, ha sido repudiado por sus superiores a un despacho perdido, desde que dijo que Bahía de Cochinos era pan comido (En su despacho vemos una fotografía suya asesorando al presidente Kennedy). Sin embargo el gobierno está dispuesto a escuchar y utilizar su información para basar su estrategia (como posteriormente en la realidad ocurrió con algunos informes utilizados en la Guerra de Irak de 2003).

Echando mano de la televisión
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El papel de los medios de comunicación y su utilización al servicio de los fines del gobierno, tan claramente visto de igual manera en la intervención en Irak de 2003, no podía faltar dentro de la Operación Canadá. Aquí se traduce en un curtido presentador de televisión, Edwin S. Simon (Stanley Anderson), cuya voz, especial énfasis y expresión de mirada directa, transmiten con total credibilidad la seriedad y la gravedad de la amenaza canadiense por muy ridícula que pueda parecer a simple vista. Cuando alguien te mira y te habla de esa manera dirigiéndose por televisión a millones de personas, es difícil creer que te pueda estar mintiendo.

El Presidente: El pueblo americano, Sr. Smiley, nunca se lo tragaría.
Stuart Smiley: Sr. Presidente, el pueblo americano se tragará lo que nosotros digamos.

Nada más adoptar la decisión de ir adelante con la operación Canadá, la primera en actuar es la televisión, concretamente la cadena NBS con su principal presentador (una especie de Matías Pratt algo más mayor) anunciando que los canadienses han iniciado un programa militar contra Estados Unidos. Un país limpio y de gente amable ha iniciado bajo mayoría socialista una concentración militar en la frontera. Importantes actores hasta entonces bastante populares ahora se recuerda que son canadienses, William Shatner, Michael J. Fox, Mike Myers… y que todos están en EE.UU. El colmo de la invención llega cuando acusan a la torre nacional de Canadá (centro de telecomunicaciones) de estar construida para transmitir avisos de ataque nuclear a través de radares). La reacción ante estas imágenes e información no se hace esperar, evidenciado en el temor que infunde en el sheriff Boomer (John Candy) y sus compañeros cada emisión.

Racismo, armas y sanidad
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Otros aspectos de la política mostrados a través de la actitud del presidente y su equipo, es como en la actualidad se gobierna a golpe de encuesta (lo estamos viendo en la campaña presidencial estos días), ante una bajada de popularidad perfectamente medida y definida se hace imprescindible una respuesta, marcando así la agenda política. Ello está en el origen de todo el plan Canadian Bacon (en español Operación Canadá), el cual es una respuesta urgente a la virulenta caída de popularidad del presidente según las encuestas, sin importar si el final de la Guerra Fría es bueno o no. El colmo de los colmos acontece tras el atentado al presidente, el cual le hace subir en popularidad hasta el momento en que se sabe que ha sobrevivido y entonces vuelve a precipitarse.

Stuart Smiley: Justo después del intento de asesinato., subimos 15 puntos en las encuestas.
(Sonrisas del presidente)
Stuart Smiley: Por supuesto, los perdimos cuando se supo que estaba vivo.
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El tema racial también es recogido con continuas referencias del actor de color (Hill Nunn) a aspectos racistas de la sociedad norteamericana. Cuando acuden a las subasta de armas que tiene lugar en la Hacker Dynamics, el hombre nos suelta una perla como “tanta gente blanca y armas juntas me pone nervioso”. Y más adelante expresa su miedo a morir, porque en las películas norteamericanas se ha convertido ya en una costumbre el que el protagonista de color siempre sea el primero en hacerlo.

Ese gusto por las armas que se venden en pública subasta se sale de quicio cuando el sheriff Boomer trata de adquirir material bélico para resolver disturbios civiles. Y más adelante, una vez se conoce la amenaza del vecino canadiense todo vecino que se precie se hace rápidamente con un arma y sale a patrullar para hacer frente al enemigo por si mismo.

De la noche a la mañana convierten a Canadá de pacífico vecino en un enemigo al que se le atribuye complejo de inferioridad respecto a Estados Unidos. Por ello “empeñados en amargarnos la vida” construyeron la torre nacional de Canadá, la estructura libre más alta del mundo, el sistema métrico Celsius, tienen calles limpias, no hay delincuencia, ni minorías ¿Cómo lo consiguen? Sin esclavitud. Encima el estado subvenciona los tratamientos médicos, tienen universidad gratis para todo el mundo… Y es que Moore, tal y como hará en Bowling for Columbine años más tarde, aquí ya establecía un fuerte contraste entre ambas sociedades. Si los estadounidenses son de por si violentos, los canadienses en la película vemos que prácticamente no se inmutan ni en las peores situaciones, ni pierden en ningún momento su característica amabilidad (como cuando el sheriff Boomer es parado en carretera por llevar pintadas en su furgoneta consignas e insultos contra los canadienses y es obligado a ponerlo también en francés (la otra lengua oficial). Si al sur del río vemos contaminación, al norte de la frontera limpieza. Qué añadir ya respecto a las armas. Pero el acento se pone en varias ocasiones en el sistema de sanidad gratuito canadiense, algo incomprensible para nuestros temerarios protagonistas.

En definitiva, una buena comedia en la que Moore parodia a la presidencia de los Estados Unidos y a los propios estadounidenses, donde además de los citados actores hay que destacar a la actriz Rhea Perlman en la no menos kamikaze Honey, y el hecho de intervenir en pequeños papeles James Belushi y Dan Aykroyd.

Otras frases de la película:

Presidente: Por Dios, ¿no se les ocurre nada mejor? Por ejemplo, terrorismo internacional?
General Panzer: No vamos a reabrir las fábricas de misiles para combatir a unos cuantos chalados que se dedican a volar coches de alquiler. (* Estamos en 1994).
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Sheriff Boomer: A ver si nos hacen una rebajita para el departamento del sheriff. Estamos buscando… ¿cómo se llaman?
Agente Honey: Esos. Los M-16 con lanzadores de granada de 40 mm. Con espiral de fragmentación, iluminación y humo. Para llevar, por favor.
Asesor Stuart Smiley: ¿Quieren organizar un espectáculo?
Sheriff Boomer: Es sólo para disturbios civiles.

Policía canadiense: Se la llevaron a la capital para hacerle un chequeo mental gratis.
Sheriff Boomer: Muy bien. La capital, Toronto.
Policía canadiense: No. La capital de Canadá es Ottawa.
Sheriff Boomer: Sí, ya. ¿Tenemos pinta de estúpidos? Ottawa… (Risas).
Roy Boy: Buen intento, chaval (Risas).
Sheriff Boomer: Venga, chicos. Nos vamos a Toronto.

Otras películas relacionadas en Un Mundo de Cine:

- W. (2008)
- La Guerra de Charlie Wilson (2008)
- Bobby (2006)
- Lincoln en Illinois (1939)
- Tempestad sobre Washington (1962)

- El Ala Oeste (1999-2006)
- John Adams (HBO, 2008)

A continuación puede verse el trailer de la película:

Te invitamos a aportar aquí tu opinión dejando un comentario

*Los redactores de Un Mundo de Cine informan de que esta página está bajo licencia de Creative Commons. La cita de partes de este artículo debe hacer constar: 1º) Autor: José Luis Urraca Casal, 2º) Fuente: www.unmundodecine.com, y 3º) incluir un enlace al artículo original. La reproducción total está PROHIBIDA y requiere autorización.

lunes, 20 de octubre de 2008

Operacion Walkiria / Stauffenberg (pelicula, 2004)

Operación Walkiria

(Stauffenberg. Alemania, 2004)


-por José Luis Urraca Casal-


Complot para asesinar a Hitler

El actor Tom Cruise tiene pendiente de próximo estreno (el cual se ha demorado ya en diversas ocasiones) su nueva película sobre el hombre que protagonizó el atentado contra Adolf Hitler en julio de 1944, la cual llegará a nuestras pantallas presumiblemente en torno al mes de febrero. Pero el cine y la televisión ya han tratado con anterioridad este pasaje de la historia de la II Guerra Mundial, como es el caso de Operación Walkiria, producción televisiva alemana que se esfuerza por reconstruir la preparación y desarrollo del atentado.
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En 1955 se estrenó Sucedió el 2o de julio, producción alemana dirigida por G.W. Pabst, que con una realización cercana al docudrama trató de reconstruir lo más fielmente posible el complot para acabar con Hitler, película que la censura no permitió proyectar en España. En 1990 Lawrence Schiller dirigió The Plot to Kill Hitler, protagonizada por Brad Davis y el recientemente fallecido Ian Richardson. Pero ha habido que esperar a 2004, en plena retrospectiva del cine alemán hacia su pasado más oscuro (Sophie School, Napola, El Hundimiento…) cuando una producción de este país, Operación Walkiria, con un logrado detalle ha basado su argumento en este episodio que tiene como protagonista a un militar convertido en héroe en medio de la pesadilla del Tercer Reich. Y la verdad es que no les faltó valor (que hacía falta tenerlo) a quienes participaron en este hecho.
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Sebastian Koch, actor al que últimamente hemos podido ver en importantes títulos como El Libro Negro (2006) o La Vida de los Otros (2006) y que también ha dado vida en una miniserie a Albert Speer (ministro y arquitecto de Hitler), es el encargado de encarnar convincentemente al coronel de 36 años Claus von Stauffenberg. Militar alemán de casta noble, combatió en los diferentes frentes de la II Guerra Mundial, incluidos el ruso y el norte de África. Fue precisamente en este último, concretamente en Túnez donde debido a un ataque aéreo a su unidad, perdió el ojo izquierdo, la mano derecha y los dedos meñique y anular de la mano izquierda (como vemos en la película).

A lo largo del desarrollo de la guerra, Stauffenberg fue adquiriendo conciencia de la fatídica dirección de Hitler, la cual llevaba a Alemania a cometer auténticas barbaridades (como las que presenció en el frente ruso) y a su propio pueblo al desastre. Tras recuperarse de sus heridas, el joven coronel entró decididamente a formar parte de los planes de miembros del ejército y de la sociedad civil para acabar con el dictador, liderándolos junto a su amigo el teniente general Tresckov.

El plan definitivo, en el que participaban algo más de 200 personas (incluidos altos mandos como el mariscal Witzleben o los generales Beck, Olbritch y Stülpnagel) más otras 300 de forma indirecta, se basaba por un lado, en acabar con Hitler y algunos de los principales dirigentes del Reich, Goering y Himler. Y por otra parte, la no menos importante tarea de neutralizar a continuación cualquier tipo de reacción por parte del régimen nazi desde Berlín y París.
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Operación Walkiria, galardonada en su año con el premio de la televisión alemana a la mejor película para este medio,
al inicio nos va mostrando de forma rápida la evolución del pensamiento de Stauffenberg, así como su vida familiar, para situarnos en el desarrollo de la trama conspirativa, verdadero eje del film. Rodada en su mayor parte en interiores, con un reparto que incluye pocas caras conocidas para nosotros (salvo el caso de Hardy Krüger junior, hijo del actor con quien guarda un gran parecido), la película cobra intensidad de forma vertiginosa a partir del momento en que el 20 de julio de 1944, el coronel entra en el cuartel general de Hitler situado en Rastenburg, en el este de Prusia, portando la famosa bomba en la maleta.

El tema de la película pretende recuperar un poco de luz en medio de la oscuridad que envolvió a Alemania durante casi 15 años del siglo XX. Y no fue un hecho aislado, pues Hitler no despertó nunca la simpatía de la nobleza prusiana, ni del alto mando del ejército en sus comienzos. Las reticencias de este último fueron superadas cuando el generalato asistió estupefacto a como el canciller alemán conseguía anexionar Austria y Checoslovaquia sin obtener respuesta bélica de Francia y Gran Bretaña. Más tarde, las campañas de Polonia, Noruega y Francia brindaban fáciles victorias para grandeza del III Reich. No sería hasta la campaña de Rusia y más concretamente Stalingrado (la batalla más sangrienta de la historia de la humanidad donde el ejército rojo hizo medio millón de prisioneros alemanes) cuando miembros del ejército comenzaron una oposición activa dentro de Alemania. Ya desde marzo de 1943 se sucedie
ron varios intentos frustrados de atentado dirigidos por Stauffenberg y Tresckov que no fueron descubiertos. La suerte o la “fatalidad”, según se mire, llevaron a Hitler a salvarse de los mismos una vez tras otra.
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Aunque no se centra directamente sobre el golpe militar para acabar con Hitler, este último aspecto que he comentado sobre la evolución del sentir del ejército y la trama conspirativa en torno al mismo, pueden apreciarse perfectamente en la película Rommel, el Zorro del Desierto dirigida por Henry Hathaway en 1951 y con James Mason en el papel del laureado militar. En la misma podemos ver al alcalde permanente de Stuttgart Dr. Karl Strolin, uno de los cabecillas de la parte civil de la conspiración y las tentaciones que sufren los mariscales Rundstedt y Rommel en el frente occidental (Francia) de participar en la misma. Este último, sin ir más lejos, meses más tarde se vería empujado a suicidarse tras fracasar el golpe.

Trailer de la nueva versión de Brian Singer:

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viernes, 17 de octubre de 2008

W. (2008) de Oliver Stone, película/movie


W.

(W.. USA, 2008)


-Ciclo Presidencial-

-por José Luis Urraca Casal*-


Oliver Stone y la controvertida vida del presidente Bush

W. debía haber inaugurado la semana que viene el Festival de Cine de Roma, pero se dice que la sombra de Silvio Berlusconi lo impidió, de tal manera que será este viernes día 17 cuando llegue a las pantallas de cine estadounidenses la última obra de Oliver Stone. El film sobre la vida del 43 presidente de los Estados Unidos cuenta con una sorprendente interpretación de Josh Brolin en el papel principal y promete ser un fiel repaso a la vida de un hombre que se rehizo a si mismo alcanzando la presidencia de la primera potencia mundial y protagonizando algunas de las decisiones más polémicas del presente, como la invasión de Irak.
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Próximo estreno.- Los ocho años de presidencia de George W. Bush aún no han finalizado y ya han servido para inspirar diversos films que tienen al mandatario estadounidense como protagonista o en el ojo del huracán. El thriller documental británico Muerte de un presidente (Gabriel Range, 2006) nos proponía la hipótesis de lo que ocurriría en caso de ser asesinado George Bush, y Fahrenheit 9/11 (2004) de Michael Moore cuestionaba la actuación del presidente tras los atentados del 11-M. Tan sólo hace escasas semanas, ya en plena campaña electoral, de nuevo el director Michael Moore ha estrenado a través de Internet Slacker Uprising (El alzamiento de los vagos, 2008), otra película documental que recoge la campaña contra la elección de Bush que Moore y sus colaboradores realizaron a lo largo de 62 ciudades estadounidenses en 2004 durante las elecciones que enfrentaron a Bush con el candidato demócrata John Kerry.

Pero será Oliver Stone, siempre desafiante enfrentando la convulsos episodios de la historia norteamericana y autor de dos emblemáticos títulos sobre dos presidentes que han marcado el pasado reciente de los Estados Unidos, JFK (1991) y Nixon (1995), quien tras hallar suficiente material en la vida de George W. Bush ha realizado un gran film no exento de polémica, al encontrarse el presidente aun en ejercicio, mostrar su lado humano, y abordar diversos de los momentos y decisiones más cruciales de su mandato.

En el drama presidencial W., Josh Brolin es el encargado de encarnar a la oveja negra de una familia que pasó de ser un alcohólico en su juventud a convertirse en el hijo pródigo que sorprendió a su familia y al mundo llegando a alcanzar la Casa Blanca. Su juventud se desarrolla en la Universidad de Yale y en fallidos empleos y proyectos empresariales, época en que la bebida hace mella en él, para luego hacer carrera política con éxito gracias a la inestimable ayuda de su esposa Laura (Elizabeth Banks) y de su renovada fe cristiana que le hizo llegar a afirmar que Dios había trazado su destino a la presidencia.

Sus difíciles relaciones con su estricto padre George (George Cromwell), su madre Barbara (Ellen Burstyn) o la competencia con su hermano Jeb (Jason Ritter) también son reflejados en el film, para el que el director Oliver Stone y el guionista Stanley Weiser se han leídos 17 obras sobre el polémico presidente. Así veremos al joven Bush bailar borracho o casi llegar a las manos con su padre, pero también abrazarse a él tras recuperar su fe.

Josh Brolin, para el que 2008 ha sido su año de gracia, ha visto estrenar No es país para viejos, American Gangster tras En el valle de Elah (2007) y a quien aún habremos de verle en Milk, la historia del primer cargo público electo en declarar abiertamente su condición homosexual en la historia de Estados Unidos [Ver aquí], interpreta aquí el que probablemente sea el papel más importante de su carrera y que terminará por confirmar su estrellato dentro del celuloide. A diferencia de Nixon, donde sólo veíamos un estrecho margen de años en la vida del presidente, W. exige al actor realizar un recorrido en su caracterización desde sus años más jóvenes hasta el tiempo presente.

Para Josh Brolin “Es una historia muy interesante, intensa, medio divertida, satírica y sardónica, sobre cómo este hombre voluble se convirtió en el presidente de Estados Unidos, dos veces”.

El amplio reparto interpreta a numerosos personajes que han tenido un papel destacado durante la presidencia de George Bush, así Richard Dreyfuss interpreta al vicepresidente Dick Cheney, Scott Glenn al secretario de estado Donald Rumsfeld, Ioan Gruffudd al primer ministro británico Tony Blair, Jeffrey Wright al General Colin Powell y junto a ellos Jesse Bradford, Toby Jones o Stacy Keach entre otros.

La película no obvia momentos decisivos dentro del controvertido mandato de Bush, como el caso de la Guerra de Irak, para lo que se han filmado largas secuencias que recrean las reuniones en las que Bush y sus consejeros planificaron la guerra contra el terrorismo primero en Afganistán y luego en Irak tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 o como se llega a acuñar la frase “eje del mal”.

Se retrata al presidente como incompetente y no apto para el liderazgo, y con fuertes conflictos interiores que pudieron tener su repercusión en el ejercicio del poder de la presidencia.

¿Un mal presidente y una mala persona? No parece haber sido esa la conclusión que los actores significadamente liberales han sacado del presidente George W. Bush tras la finalización del film. Más bien parecen coincidir en lo primero, pero no en lo segundo.

La actriz Thandie Newton interpreta a Condolezza Rice, quien pasó de asesora de seguridad nacional a secretaria de estado tras sustituir a Donald Rumsfeld como secretaria de estado (primera mujer de color en la historia de Estados Unidos).

El actor Richard Dreyfuss (Tiburón, 1977) da vida al vicepresidente Dick Cheney y pronuncia un monólogo escalofriante sobre los propósitos del imperialismo estadounidense.

El galés Ioan Gruffudd [Ver Solomon y Gaenor, 1999] encarna a uno de los principales aliados de George Bush en el plano internacional, el primer ministro británico Tony Blair.

La veterana actriz Ellen Burstyn (Réquiem por un sueño, 2000) será Barbara Bush, esposa y madre de presidente.

El 41 presidente de los Estados Unidos de América, George Herbert Walter Bush, padre del George W. es interpretado por James Cromwell [Ver Babe el cerdito valiente, 1995].

Elizabeth Banks, a quien recientemente hemos visto junto a Eddie Murphie en Atrapado en un pirado (2008) es Laura Bush, la fiel compañera del presidente.

Otros títulos relacionados en Un Mundo de Cine:

- La Guerra de Charlie Wilson (2008)
- Bobby (2006)
- Lincoln en Illinois (1939)
- Tempestad sobre Washington (1962)
- El Ala Oeste (1999-2006)
- John Adams (HBO, 2008)

A continuación puede verse el trailer de la película:

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domingo, 12 de octubre de 2008

La versión Browning (The Browning version). Anthony Asquith, 1951

La versión Browning

(The Browning version. GB, 1951)

-El mundo educativo en el Cine-

-Autor: José Luis Urraca Casal*-
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Indispensable para todo aquel que se haya sentado en un aula

[Este artículo está protegido por derechos de autor. Ver detalles al final del mismo] En 1939 Robert Donat ganó el Oscar al mejor actor por Adiós Mr. Chips gracias a su interpretación de un encantador profesor que iba educando generación tras generación convertido en toda una institución adorada por sus alumnos. La versión Browning, aunque menos conocida, nos muestra la otra cara de la moneda, con una fascinante actuación de Michael Redgrave (ganador del Festival de Cannes ese año) y del resto del reparto dentro de la primera adaptación al cine de la novela de Terence Rattigan. Una obra maestra del realismo británico, conmovedora e impactante historia que aborda desde los métodos educativos, la felicidad en el amor, la resignación ante la vida o como puede influir la mirada de los demás en nuestra existencia. Altamente recomendable tanto para quienes alguna vez se han sentado en un aula o han optado por la profesión de la enseñanza.
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Comentario.- Recientemente hace pocos meses, una tarde de fin de semana decidí optar a última hora por un clásico en blanco y negro, La version Browning (The Browning Version, 1951), constituyendo todo un acierto por mi parte que en unas breves líneas deseo compartir con nuestros lectores. La película, dirigida por el inglés Anthony Asquith y con guión y adaptación del propio Terence Rattigan, es de esas que sí se quedan grabadas en la memoria de principio a fin y que me atrevería a elevar a la categoría de imprescindibles para quien guste de disfrutar de una buena película o historia.

Mr. Gilbert (Ronald Howard hijo de Leslie Howard) es un nuevo y joven profesor que llega para reemplazar al señor Crocker-Harris (Michael Redgrave), a quien afectado por una enfermedad del corazón, le ha llegado el día de dejar su trabajo en una prestigiosa escuela para continuar enseñando en otro lugar que le resulte más adecuado a su salud. Ante su partida nadie parece sentirlo. El colegio que está a punto de abandonar es una de esas instituciones inglesas que respiran tradición por los cuatro costados. Fundado en 1531, la puntualidad es norma capital y ejemplo de disciplina de la época, lo mismo que los partidos de cricket o la oración de la mañana, momento de comunión que reúne a toda la comunidad educativa. Esa venerada tradición queda plasmada en uno de sus más bellas y sencillas formas en los nombres que los estudiantes dejan grabados en la pared de madera del fondo de la clase.
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La educación de entonces que se refleja en La versión Browning hace sobretodo referencia a la importancia que siempre tuvieron las humanidades en Inglaterra desde finales del siglo XIX, y que quedan ejemplificadas en las palabras del director Frobisher “Una buena dosis de clásicos aún puede salvar a sus científicos de destruir este tranquilo planeta nuestro”, llamada de atención a la formación de los alumnos no sólo en cuestiones técnicas y a la amenaza que en el momento de rodarse la película había quedado patente con la fuerza destructora de la bomba nuclear tras la Segunda Guerra Mundial.

Igualmente asistimos a diferentes tipos de comportamiento, enseñanza y relación con los alumnos por parte de los profesores, y al contraste entre sus clases. Así la de griego y latín de Crocker-Harris permanece silenciada, con una actitud distante, insensible y disciplinada por parte del profesor, con un método aburrido y reducido al ejercicio memorístico o mero copiado de textos. Por el contrario, en el curso superior el profesor Hunter (Nigel Patrick, de gran parecido físico con el actor Bill Murray, satisfactoriamente convincente en su difícil papel) mantiene una gran cercanía con sus estudiantes de Química, haciendo la clase participativa e incluso divertida gracias a su especial buen humor, gozando de mayor confianza entre sus alumnos, una confianza que podría parecer que raya incluso el descaro.
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A la obra teatral de un escritor de la categoría de Terence Rattigan, quien ganó el premio por esta película en Cannes al mejor guión, se suma la habilidad de Anthony Asquith a la hora de realizar adaptaciones al cine. Así en su haber se encuentran Pygmalion (1928) de Bernard Shaw, La importancia de llamarse Ernesto (1952) de Wilde, While the sunshine brights (1947) de Rattingan o El caso Winslow (1948) id. El film además del elaborado guión tiene una serie de actuaciones brillantes entre las que sobresale por encima de todas la de Michael Redgrave (quien protagonizaría también la obra de Asquith La importancia de llamarse Ernesto).

[Atención: a partir de aquí el comentario revela detalles importantes de la trama]

Michael Redgrave, padre de la famosa actriz, realizó en esta película el papel de su carrera. Es increíble el clima que logra contagiar con su actuación cada una de las escenas en las que aparece, añadiendo un ambiente más claustrofóbico a las pequeñas estancias, haciendo que cambie por completo la atmósfera que se respira en el resto del metraje cuando somos conducidos por otras instancias o lugares del colegio a través de otros personajes. Su caracterización de Andrew Crocker-Harris, que va desde su habla, hasta sus ademanes y rictus, hace del profesor la antonomasia de la antipatía y la insensibilidad. Imagen de esa frialdad y carácter autorepresivo que muchas veces asociamos por tradición a los habitantes de las islas británicas. Todo un ejercicio de continencia de emociones con reminiscencias victorianas tras las cuales, como es lógico, se esconde un ser humano. Un hombre que ha renunciado a prácticamente todo sentimiento en la vida salvo el de haber cumplido con su deber, enseñar a sus alumnos.
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Y la película, brillante ejercicio de puesta en escena, con diálogos pletóricos de contenido sobre la educación y la vida, con un formidable uso de la cámara y la fotografía en blanco y negro en el aprovechamiento de las sombras y los claroscuros, nos va deshilvanando la personalidad del profesor y el peso que la vida ha ejercido sobre su espíritu. Pero entre la mofa de sus alumnos hacia sus ademanes, la cadencia de su voz y demás manías presidida por el demoledor apodo de Himler, uno de estos, el joven Taplow (Brian Smith) jugará el papel que conducirá a que el muro de distanciamiento y frialdad construido por Crocker-Harris ante el mundo que le rodea se derrumbe irreversiblemente posibilitándonos ver sus entrañas más humanas, provocando escenas en que la emoción difícilmente puede hacernos contener las lágrimas.

El joven Taplow manifiesta asimismo una inclinación a la comprensión que no hallamos entre sus compañeros de clase (riendo incluso las ironías de Crocker-Harris), aspecto este fundamental, pues representa la mirada en positivo capaz de influir en el profesor. El guión pues, sabiamente, junto con las explicaciones de Crocker-Harris ya en la recta final sobre el espíritu con que se inició en la enseñanza, evidenciado tras entregarle Taplow una versión de La versión Browning, no carga todas las tintas en el maestro sino que también hace corresponsable en su claudicación a la actitud de sus alumnos. Así y todo Crocker-Harris nunca debiera haberse rendido, y su discurso final es buena prueba de que nunca es tarde para redimirse.
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Rattigan en su guión no elude tampoco las cuestiones maritales, incluida una reflexión sobre el amor y sus manifestaciones carnales. Inicialmente pudiera tenerse la impresión de que la Señora de Crocker-Harris (Jean Kent) tiene la terrible desgracia de estar casada con alguien de la personalidad de su marido y entender así su flirteo al margen del matrimonio. Su insatisfacción la hace mantener encendido el fuego de la pasión en su relación con el profesor Hunter. Pero a medida que vemos que ello igualmente la conduce a martirizar continuamente a su cónyuge despreciándole y observamos el nefasto efecto que ejerce sobre el mismo, al igual que le ocurre al profesor Hunter cuando descubre la personalidad de su colega, nos distanciamos de ella y simpatizamos aún más con el viejo profesor. Aunque difícilmente pueda encontrarse un culpable más que otro dentro de tal matrimonio, pues su unión ha representado la ruina existencial para ambos.

Para finalizar mencionar al actor Wilfrid Hide-White, de quien siempre guardaré buen recuerdo por sus trabajos en My fair Lady (1964) o La India en llamas (1959) y que ya había trabajado con Asquith en El caso Winslow (1948), aquí en el papel de director (Headmaster) del colegio, encantador y venerable como de costumbre, aunque acabe por terminar representando cierta hipocresía de cara a la galería intentando negarle a Crocker Harris su último álito de dignidad al que tiene derecho.
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Reseñar que existen otras adaptaciones de la obra de Rattigan (aunque sin el guión de éste) entre las que destaca la dirigida por Mike Figgis en 1994, quien logró estar nominado a la Palma de Oro en Cannes por este trabajo protagonizado por Albert Finney, Matthew Modine, Greta Scacchi, Julian Sands y Michael Gambon. En esta versión es el también británico Albert Finney el encargado de dar vida al profesor Crocker-Harris.
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*Los redactores de Un Mundo de Cine informan de que esta página está bajo licencia de Creative Commons. La cita de partes de este artículo debe hacer constar: 1º) Autor: José Luis Urraca Casal, 2º) Fuente: www.unmundodecine.com, y 3º) incluir un enlace al artículo original. La reproducción total está PROHIBIDA y requiere autorización.

miércoles, 8 de octubre de 2008

El Club de los Emperadores (The Emperor’s Club, 2002)

El Club de los Emperadores

(The Emperor’s Club. USA, 2002)


-El mundo educativo en el Cine-

-Autor: José Luis Urraca Casal*-




El fin depende del principio

[Este artículo está protegido por derechos de autor. Ver detalles al final del mismo] El cine nos ha permitido acercarnos en más de una ocasión a esos colegios ingleses y norteamericanos de rancio abolengo y olor a tradición, por donde discurre la vida de jóvenes estudiantes uniformados entre campus de envidiables espacios cubiertos de césped y viejos y solemnes edificios que ya sólo por su aspecto se asemejan a templos de la sabiduría y el conocimiento. La presente El Club de los Emperadores tiene un referente de cierta similitud por encima de otros títulos (Adiós Mr. Chips o Profesor Holland) en la obra de Peter Weir que impactó sobremanera a los jóvenes quinceañeros de 1989, El Club de los Poetas Muertos.
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Protagonizada por Kevin Kline, quien nos tiene más bien acostumbrados a sus papeles cómicos, aquí se mete con brillantez en la piel de un viejo profesor de historia retirado, William Hundert que comienza a recordar su actividad escolar 25 años antes. Así es como somos transportados a la academia de San Bennedict, un colegio para alumnos de clase media y alta que se precia de enseñar a algunos de los hombres más influyentes del futuro. Toda una serie de alumnos bien aplicados en torno a las enseñanzas de un Kline dedicado por entero a su formación, bebiendo de las fuentes del mundo clásico, verán alterado su diario acontecer por la llegada de un nuevo y desafiante estudiante, hijo de un senador de Virginia e interpretado por Emile Hirsch en uno de sus primeros papeles en el cine.

Hasta aquí todo parece estar ya muy visto, sin embargo el desarrollo de la cinta es más profuso de lo inicialmente esperado. La reflexión a la que se nos invita, sea explícita o no, resulta múltiple. Si la educación escolar ha de limitarse únicamente a transmitir la enseñanza de materias o si además ha de incluir la formación del carácter del alumno. Ese culto a la victoria, que no valora nada más que el éxito, y que puede presionar o conducir a un único deseo de querer ganar por encima de todo, cueste lo que cueste, pues al fin y al cabo es lo único importante. Qué significado puede tener el estudio del pasado cuando lo que importa es el presente y el futuro. Y no menos sustancial, ¿hasta qué punto uno puede sacrificar sus propios principios y las justas reglas aun persiguiendo un buen fin?.
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Sin tener aquella fuerza dramática ni la intensidad de la película protagonizada por Robin Williams, El Club de los Emperadores cuenta sin embargo con sus propios atractivos. Se encuentra plagada de citas de autores y personajes del mundo grecorromano, los cuales el profesor parece resucitar haciéndoles sentir a sus alumnos la fuerza y vigencia de sus palabras, y su validez como pilares sobre los que se ha edificado la sociedad en la que ellos viven. Junto a la máxima del Colegio No para uno mismo o “Lo importante no es vivir, sino vivir justamente” es un regalo para los oídos poder escuchar a Heráclito “El carácter del hombre forma su destino” o “Es imposible bañarse dos veces en el mismo río” pues con el tiempo, una oportunidad perdida se pierde para siempre. Y a pesar de que la competición que se plantea resalta sobretodo el estudio memorístico de datos, uno no puede dejar de sentir cierta sana envidia por cómo entonan el “Alea jacta est” de Julio César o se convierten por unos momentos en miembros del senado romano.
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Aunque conviene recordar que estas cosas son más factibles en una academia como la de la película, adonde acuden a estudiar (aparte de algún que otro becado) en grupos reducidos para perpetuarse los hijos de la élite, separados ambos sexos (estamos en 1976) y donde la institución mantiene una estrecha relación con sus antiguos alumnos, los cuales, con sus aportaciones y donaciones (como podemos ver en la película) contribuyen al sostenimiento y mejora del Colegio. Aunque esto último lleve en ocasiones alguna contrapartida a la que el film tampoco resulta ajeno.

Steven Culp (que había interpretado a Bob Kennedy en Trece Días), Patrick Dempsey, Edward Herrmann, Jessie Eisenberg, Rob Morrow o Harris Yulin son algunas de las caras conocidas que conforman el reparto, y la banda sonora de James Newton Howard cumple bastante bien con el cometido de hacer agradable la historia.

Autor: José Luis Urraca Casal. Licenciado en Historia por la Universidad de Cantabria. Para www.unmundodecine.com

Otras películas sobre el mundo educativo en el cine:

- La Lengua de las Mariposas (1999)
- La Soledad del Corredor de Fondo (1962)
- Equipo Marshall (2006)
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A continuación puede verse el tráiler de la película:

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