domingo, 17 de mayo de 2009

Cabaret (Película de Bob Fosse, 1972)


Cabaret

(Cabaret. GB, 1972)


-70 Aniversario de la II Guerra Mundial
Ciclo Período de Entreguerras (1919-1939)-


-Autor: José Luis Urraca Casal*-


El ascenso de los nazis en un fascinante musical

[Este artículo está protegido por derechos de autor. Ver detalles al final del mismo] Hay películas cuyos fotogramas se nos quedan perfectamente grabados en la retina, asociados a sus protagonistas, y como es el caso, a las canciones y números musicales que interpretan. Cabaret, dirigida por Bob Fosse en 1972, revivió por completo un género decaído como el del musical, gracias a una magnífica coreografía, a una insuperable Liza Minelli y a su compañero de reparto, Joel Grey, trasladándonos al decadente, alocado y hedonista mundo del Kit Kat Club, durante los días finales de la República de Weimar (1919-1933) y el inminente ascenso de los nazis al poder en Alemania.
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Cabaret (1972) se había estrenado previamente sobre las tablas de los escenarios de Broadway en 1966 bajo la forma de un musical protagonizado por la actriz Judi Dench. Y éste a su vez estuvo basado en la novela Adiós Berlín escrita por el novelista británico Christopher Isherwood. El autor había realizado varios viajes por Alemania, donde llegó por primera vez en 1929, hasta el año 1933, cuando abandonó el país por diferencias con el régimen nazi. Durante algún tiempo ejerció como profesor, mantuvo relaciones homosexuales (lo que explica algunos aspectos que luego veremos en la película) a las que no se había atrevido en su propio país y cosechó una gran diversidad de experiencias que le servirían para escribir una de sus obras más célebres. Para los personajes descritos en la misma, se basó en personas que había conocido, normalmente seres marginados y estrafalarios, exagerando algunos rasgos de su personalidad, como el de Sally Bowles.

Por ello sería poco prudente definir a la película Cabaret únicamente como un magnífico musical, de por si ya brillante, sino que su gran valor es adquirido gracias a la extraordinaria semblanza que de manera sencilla hace del período oscuro de la historia de Alemania en que se fraguó el nazismo que acabaría con el clima de libertades que se respiran en el Kit Kat Club que frecuentan los personajes de la película. De una bulliciosa ciudad de Berlín alejada del puritanismo imperante en esos momentos en Francia o Gran Bretaña y que sin embargo vivía sus últimos días en paralelo a una gran amenaza.
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Su director, Bob Fosse había estado familiarizado desde su infancia con el mundo del espectáculo, heredado de su padre, el cantante Cyril Fosse, y a pesar de adentrarse en el mundo del cine, donde destacó como coreógrafo, no abandonó sus actuaciones como bailarín de danza y el teatro. De entre sus musicales, entre los que destacan Noches de la ciudad (1969) y Empieza el espectáculo (1979), el más alabado y conocido es sin duda Cabaret (1972) cuyo arte convenció, a pesar de su ambigua sexualidad y otros temas la película poco convencionales hasta entonces en el cine tal y como los presentó. Compitió en los Oscar de aquel año con El padrino, ante el que perdió la estatuilla a la mejor película, pero aún así se alzó con ocho galardones, entre ellos el de mejor director (Bob Fosse), mejor actriz (Liza Minelli), mejor actor de reparto (Joel Grey), mejor banda sonora, montaje, fotografía y sonido… frente a los tres que logró El Padrino.

La vida es un cabaret

El cabaret y la libertad sexual que se respira dentro del mismo vienen a representar el clima de libertades y expresividad cultural existente durante la República de Weimar. Con las ya míticas palabras “Willkommen, bienvenue, welcome…” el maestro de ceremonias del Kit Kat Club (Joel Grey) nos da cada noche la bienvenida al Cabaret, un lugar hecho especialmente para olvidar los problemas cotidianos y disfrutar libremente de un espectáculo tan cargado de erotismo como extravagante, sin prejuicios morales. El personaje en cuestión interpretado por Joel Grey se convierte en un contrapunto exacerbado con su ironía de la dramática evolución que vive Alemania esos días, así y como de otros aspectos que rigen la vida y el amor en el mundo.
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Canciones como "Cabaret", "Welcome", "Two ladies", "Money, money"..., con música de John Kander y letra de Fred Ebb han pasado a formar ya parte de las más famosas de la historia del musical, junto con la certera coreografía de Bob Fosse. Los números musicales están vinculados y de hecho aparecen entremezclados con el desarrollo de la historia no sólo ya de los protagonistas sino también de la propia Alemania. Como los espejos que nos proporcionan en los últimos fotogramas de la película una visión deformada del ascenso al poder de los nazis en Alemania, el film de Bob Fosse toma el Cabaret del Kit Kat Club como un reflejo de la decadencia de la República de Weimar en su último año de existencia.

[Atención: a partir de aquí el comentario revela detalles importantes de la trama]

¿Por qué el mundo no puede vivir y dejar vivir?

De la cuna a la tumba no hay una distancia muy larga” sabio recordatorio que canta Sally Bowles en el número musical en que nos cuenta que La vida es un Cabaret, invitándonos a vivirla, pues tal y como la preguntaba su amiga Elsie “¿De qué te sirve quedarte sola en tu cuarto?”. Esta canción final, sumada a otros mensajes de la película, refuerzan en suma la esencia de este film que invita a despojarse de prejuicios y de problemas, a “vivir y dejar vivir” como desea el maestro de ceremonias.
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El film de Bob Fosse trata sobretodo de esto, de la tolerancia, bien sea en el plano de la sexualidad como en el de las diferencias de nacionalidad, religión o raza. La canción Two ladies, nos habla de un hombre que se acuesta con dos mujeres. El amor que se profesan Sally y Brian refleja bien esa tolerancia que les lleva, no sin tener que superar algunas dificultades, a disculparse y a comprenderse mutuamente. Finalmente emprenden caminos diferentes, viviendo la vida cada uno por su lado, pues lo contrario, aunque deseable como final feliz, sería un engaño para ellos mismos. El guión ya ha retratado en la relación entre Brian y el Barón la homosexualidad de ambos personajes, oculta sin embargo a los demás y que les lleva a practicar la bisexualidad.

Paralelamente, la fuerza del amor verdadero sin barreras ni prejuicios, es lo que también impulsa al personaje de Fritz a despojarse de todos los asfixiantes prejuicios raciales que imperan esos días sobre los judíos en Alemania, desafiando el peligro que supone revelar su condición hebrea, para contraer matrimonio con la mujer de la que está enamorada, Natalia Brandauer.

Un reparto idóneo
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El reparto lo encabeza una Liza Minelli sin la cual hoy no es posible concebir a esa Sally Bowles de vitalidad embriagadora y portentosa voz, todo un torbellino de pasión y de locura por la vida. Una joven norteamericana, primera artista de un cabaret de Berlín que sueña con convertirse algún día en una estrella del cine alemán. También un ser frágil, una hija carente de la atención y el cariño de su padre y que teme que ella quizás no signifique nada para nadie. En el extremo opuesto encontramos a Michael York como Brian Roberts, un estudiante británico que acude a Alemania para perfeccionar su alemán. Tímido, comprensivo y sosegado.

La cinta se beneficia de la brillantísima actuación de un secundario como Joel Grey, único actor que se conservó de la representación teatral, como el maestro de ceremonias del cabaret, quien con su genuino manierismo y su ironía, representa el absurdo.

Algunos apuntes sobre el trasfondo histórico de Cabaret
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Las referencias a la situación política, social y económica de Alemania nos son referidas tanto a través de las canciones como de las aventuras de los protagonistas, y se corresponden con la Gran Depresión económica vivida tras el Crack bursátil de 1929, en la parte final del Período de Entreguerras (1919-1939). Aquí referimos sólo algunos de los aspectos recogidos.

Tras el endeudamiento sufrido durante los cuatro años de la I Guerra Mundial (1914-1918), la política económica del nuevo gobierno alemán, en lugar de recurrir a subir los impuestos comenzó a emitir enormes cantidades de papel moneda, lo que sumado a una desfavorable balanza de pagos a causa de las importaciones y a los pagos de las reparaciones de guerra impuestas a Alemania tras perder la contienda, condujo al país a una hiperinflación de tal calibre en la que un dólar llegó a cotizar a 160 millones de marcos en septiembre de 1923. Esto arruinó a las clases medias y envió al paro a millones de obreros, sembrando el hambre en el país, no afectando del mismo modo a los grandes capitalistas, para quienes se convirtió en una oportunidad de ampliar sus negocios y propiedades (el ejemplo de esta alta clase social sería en la película el Barón von Heune).
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Años más tarde, cuando esta galopante inflación se había logrado estabilizar y Alemania parecía recuperarse, llegó el Crack de 1929 cuyo origen, en Estados Unidos, tuvo unas repercusión mundial y la nación alemana de nuevo se sumió en un período de gran depresión económica, situación a la que el personaje de Fritz Wendel hace referencia, cuando dice que los negocios no le van bien por culpa de “la inflación, los comunistas, los nazis…” y que pronto se verá pidiendo limosna a no ser que se case con una rica. Esta situación de profunda crisis económica llevó a la población a buscar evasión en los problemas de la vida cotidiana en el cine, la literatura o espectáculos como el cabaret, que durante los años 20 conoció su mayor esplendor en ciudades como Berlín, erigiéndose en símbolo de una nueva cultura del ocio, dentro de una Alemania que vivía una importante expresión e innovación cultural en el campo de las artes.

Pero al mismo tiempo la situación de caos y desconcierto en la que se sumió Alemania desde la Gran Guerra fue por un lado germen de un fuerte movimiento obrero que reclamaba mejoras y no dudaba en amotinarse y tomar las armas y las fábricas para temor de los empresarios, y por otro lado un movimiento contrarrevolucionario dentro del cual, el Partido Nacional Socialista de Adolf Hitler fue erigiéndose en su principal baluarte. Cuanto más aguda era la crisis, mayor auge cobraba en las urnas el Partido Nazi, y cuando las cosas mejoraban, se traducía en una pérdida de apoyo electoral.
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Así en una de las escenas de Cabaret vemos carteles de las elecciones presidenciales de 1932 del presidente Hindenburg tachado con los símbolos comunistas en rojo de la hoz y el martillo o las iniciales KPD del Partido Comunista Alemán. Aunque no se llegue a mostrar en la película, el presidente de la República, el viejo Mariscal Paul von Hindenburg, logró su reelección a los 85 años ese año frente a Hitler, gracias al apoyo del centro izquierda. Pero bajo su mandato no se persiguieron los crímenes cometidos por los S.A. del Partido Nazi, y finalmente ante la pérdida de respaldo de sus gobiernos, y la fuerte presencia de los nazis en el Parlamento, nombró en enero de 1933 canciller (primer ministro) a Adolf Hitler, a quien finalmente le confirió mediante decreto poderes extraordinarios.

La radio de la pensión donde se hospedan Sally y Brian, junto con la prensa, ya era en aquel momento uno de los principales medios de comunicación de la sociedad, y va dando también cuenta de diversos enfrentamientos entre miembros del Partido nazi y los comunistas, resaltando siempre la brutalidad de los primeros, en sintonía con su paulatino ascenso en Alemania. También queda reflejada a través de la mortal paliza que propinan al gerente del Cabaret y los números musicales en los que burlescamente se representa a jóvenes bávaros pegando patadas o a las vedettes ataviadas con casco y marcando el paso de la oca.
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El partido nazi terminó siendo visto por los grandes industriales y empresarios alemanes como un instrumento útil para combatir a los comunistas, que representaban para ellos una amenaza desde la izquierda, sobretodo desde la Revolución Espartaquista y las sucesivas insurrecciones revolucionarias habidas desde el fin de la Gran Guerra. Temor acrecentado por el ejemplo que constituía el comunismo soviético y que propugnaba la Internacional Comunista. Pensaron en Hitler como un mal menor, alguien que instrumentalizarían y del que, llegado el momento, resultaría fácil desembarazarse. El mismo barón Maximiliam von Heune lo expresa así tras contemplar el asesinato de un judío cometido por los nazis “Los nazis son unos bestias pero son útiles. Que se libren de los comunistas, luego ya les controlaremos”.

Sin embargo no comprendieron el movimiento surgido en torno a Adolf Hitler, la firme determinación de éste, ni los propósitos y la fuerza que el partido nazi alcanzaría una vez llegase al poder. La película nos proporciona un momento cumbre donde de modo excepcionalmente rodado se explica este aspecto. En algo tan típicamente alemán como una cervecería en el campo, donde la gente disfruta sentada en las mesas al aire libre, ríe y conversa con absoluta normalidad, llegan Brian (Michael York) y el Barón. Un joven rubio de aspecto ario comienza lo que parece una bella canción típica del folklore regional que a medida que avanzan sus estrofas y la cámara va abriendo el plano, mostrando a los comensales levantándose hinchados de espíritu patriótico, revela su verdadero significado, “El mañana me pertenece” animando al despertar de Alemania que alienta el ideario del nazismo. Se trata de un miembro de las Juventudes Hitlerianas y un viejo que juega al ajedrez es el único en no levantarse y alzar su brazo haciendo el saludo nazi. La escena finaliza con Brian inquiriendo al barón: “¿Aún crees que podréis controlarles?”.
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El antisemitismo perpetrado por el partido de Adolf Hitler e inherente a su ideología, así como su extensión entre la población alemana, también está presente en la película. A través de los personajes de María Landauer y Fritz Wendel, ambos judíos, vemos como opera la percepción de la sociedad alemana hacia los mismos. La srta. Landauer al principio es admirada por pertenecer a una rica familia al acudir a tomar una clase en la pensión (“¡Una Landauer en mi casa!” exclama la Srta. Schneider), el mismo lugar donde más adelante se hablará de los judíos como banqueros y comunistas, a quienes los nazis señalan como culpables de la crisis. El propio Wendel explica como ha ocultado su condición de judío (que revela a mitad del metraje) porque eso le abre puertas de la sociedad, que de otro modo, permanecerían cerradas para él. La película contrapone a estos aspectos un excelente número musical a favor de la tolerancia, en el que el maestro de ceremonias habla de su amor con un simio vestido de mujer, y explica que si pudieran verla con sus ojos comprenderían su amor, y que tan sólo piden un poco de comprensión, preguntándose “¿Por qué el mundo no puede vivir y dejar vivir?”.

Para concluir, reproduzco este diálogo mantenido ya en la recta final de la película y que tiene lugar en la pensión donde se hospedan Sally y Brian:

Sra. Kost: Si todos los judíos son banqueros ¿cómo van a ser comunistas también?
Sr. Ludwig: Sutiles, muy sutiles Sra. Kost. Si no pueden destruirnos de un modo probarán de otro.
Brian: ¿De verdad creen en eso?
Sra. Kost: Viene todos los días en el Volkischer Beobachter.
Brian: ¡Ese ridículo panfleto nazi!
Sr. Ludwig: Es un hecho que existe una conspiración internacional bien organizada de judíos banqueros y comunistas.
Brian: Es también un hecho que existe otro grupo bien organizado, del cual obviamente Ud. es miembro, la conspiración internacional de gilipollas.
Srta. Schneider: Ojalá volviera el Kaiser, en aquellos tiempos había orden.

Otros enlaces del Período en Un Mundo de Cine:

· North Face (2009)
· John Rabe (2009)
· La última primavera (2004)
· Good (2009)
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A continuación puede verse el trailer de Cabaret:


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2 comentarios:

Nanduco dijo...

¡¡¡¡Peliculón!!!! Que buena es esta película. Recuerdo la primera vez que la vi que me lo pase pipa, en todos los aspectos: la fotografía, la puesta en escena, las interpretaciones, el propio contexto histórico de la Alemania de la pre-guerra, la música, en fin: todo. Gracias por traerme tan buenos recuerdos a mi memoria. Un abrazo!!

José Luis dijo...

Vemos que compartimos admiración por la película, que ciertamente es todo un peliculón Nanduco.