viernes, 26 de junio de 2009

In Tranzit (Película, 2009)


In Tranzit

(In Tranzit. USA, 2009)


-Ciclo 70 Aniversario de la Segunda
Guerra Mundial (1939-1945)-

-por José Luis Urraca Casal*-


De su mayor enemigo vino su mayor amor

Con un reparto en el que destacan las actuaciones de Vera Farmiga, Thomas Kretschmann, John Malkovich o Daniel Bruhl, In tranzit es un drama carcelario ambientado una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial. Tras la llegada de prisioneros alemanes a una cárcel regentada por mujeres soviéticas en las afueras de Leningrado, la relación entre las antiguas víctimas y los otrora crueles enemigos convertidos en presos, se convierte en el eje central de una trama donde las protagonistas se debaten entre sentimientos y responsabilidades contradictorias, entre la venganza y el perdón, el castigo y la misericordia, el odio y el amor… [Este artículo está protegido por derechos de autor. Ver detalles al final del mismo]
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Hasta ahora el cine nos había mostrado en numerosas ocasiones las penurias, hazañas e intentos de evasión de los prisioneros aliados en poder de los alemanes o los japoneses durante la Segunda Guerra Mundial. Películas como La gran evasión, El puente sobre el río Kwai o series como Colditz son sólo algunos ejemplos. Paralelamente, los campos de exterminio nazis también los hemos conocido de manos de Steven Spielberg en La lista de Schindler o en una faceta más tierna, pero no menos emotiva, por obra de Roberto Benigni en La vida es bella. Al parecer basada en una historia real, In tranzit sin embargo es un drama que tiene la particularidad de estar ambientada una vez finalizada la contienda, introduciéndonos sin embargo por la suerte que corrieron los propios derrotados soldados alemanes que cayeron en manos del ejército rojo y su posterior cautiverio en la Unión Soviética.

In Tranzit se desarrolla en una cárcel soviética de prisioneras en tránsito, antes de su destino final en los gulag de Siberia, custodiada por mujeres. Nos encontramos ante una situación en la que el ejército rojo ha concluido la Segunda Guerra Mundial haciendo más de dos millones y medio de prisioneros alemanes que ha de hacinar en improvisados campos de prisioneros o en lugares como el que aparecen en la película, escasos de recursos, prioritarios éstos para otros menesteres en una Unión Soviética empobrecida por los devastadores efectos de la guerra.
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Las carceleras a cargo de la prisión, supervivientes del asedio de Leningrado, reciben como una broma pesada el hecho de que el coronel Pavlov (John Malkovich) les envíe, en lugar de mujeres, nada menos que 51 hombres pertenecientes al ejército que ha herido en lo más profundo su tierra, habiéndose comportado con una extrema crueldad y siendo el causante de la muerte de muchos de sus familiares.

La película nos muestra como el trato recibido por los presos ha sido de lo más duro, de hecho al campo de prisioneros eran trasladados 53 de estos, pero sólo han sobrevivido 51 al viaje. Y poco a poco al hablar de su pasado reciente, sabemos que previamente a su traslado a la prisión, han sido empleados en extremas condiciones de trabajo en las minas, donde perecieron 48 de ellos. Les faltan ropas adecuadas de invierno, y están escasamente alimentados.

El coronel Pavlov tiene sus razones para haberlos enviado a este lugar, pues espera que en el trato con las mujeres, éstas logren desenmascarar a los criminales de guerra que se esconden entre el grupo de hombres, enemigos del pueblo soviético que hay que juzgar.

[Atención: a partir de aquí el comentario revela detalles importantes de la trama]

Dilemas morales de la justicia
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Pero más que un retrato de la situación vivida por los prisioneros alemanes que cayeron en poder de los rusos a lo largo de la Segunda Guerra Mundial, aspecto éste que queda recogido ampliamente como escenario temporal de la película, ésta se trata más de un relato del comportamiento humano en una situación como la históricamente referida, donde las mujeres que han sufrido la pérdida de sus familias y hermanos, tienen ahora ante sí a los responsables directos de el sufrimiento que han vivido, a sus mayores enemigos. Y la pregunta que habrán de hacerse ante tal posición será ¿Deben cuidar de ellos ahora?

Y lo hace de manera que se resalta la parte más humana de las, en este caso, carceleras, y sus prisioneros, confrontando ambos grupos una vez dejado atrás el horror de la guerra, para ir averiguando a través de sus pequeñas historias surgidas de la convivencia diaria, que lo que todos buscan es recuperar la normalidad que tenían sus vidas con anterioridad a la conflagración. Esto da como resultado algunos bellos pasajes a modo de paréntesis de humanidad, como el baile, que les permiten sentirse de nuevo seres humanos, al calor de sus cuerpos al tiempo que llega el deshielo de la primavera.

El reparto de In Tranzit
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Destaca especialmente la actuación de la pareja protagonista, formada por Natalia, la doctora de la prisión, interpretada por Vera Fármiga (La madre de El niño con el pijama de rayas, 2008), quien pone rostro humano a una mujer que se debate entre el amor a su marido, fatalmente herido en la guerra, y a Max, interpretado por Thomas Kretschamnn (El hundimiento, 2004). Éste realiza una sólida interpretación de un hombre rendido deseoso de hallar finalmente la paz y poner fin a la barbarie de la guerra. No menos atención merece el ruso Yevgeni Mironov como Andrei, el marido trastornado de Natalia, fiel reflejo de las trágicas heridas causadas por la guerra en unos seres humanos que ya nunca volverán a ser los mismos. Daniel Bruhl (Malditos bastardos, 2009), discreto en su papel de militar alemán, es el rostro joven de la historia, mientras que John Malkovich (El intercambio, 2008), realiza acorde con su dominio interpretativo una mesurada y fría caracterización de un oficial soviético, que se distingue del resto por la blancura de su atuendo.

El ejército alemán en la Unión Soviética
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Durante la Segunda Guerra Mundial fue el frente oriental europeo el que revistió una mayor crudeza. La Operación Barbarroja, el plan de Adolf Hitler para invadir la Unión Soviética llevado a cabo en el verano de 1941, no sólo se trataba de una campaña militar, sino que ésta iba acompañada de una limpieza étnica de lo que se consideraba por el nazismo una raza inferior, la eslava. Si el avance inicial resultó sorprendentemente victorioso para la maquinaria bélica germana por medio de su Guerra Relámpago, al finalizar aquel año, y llegado el invierno, la conquista se estancaría, con la excepción de algunas campañas posteriores, el resto de la guerra.

Los nazis sembraron la devastación a su paso, centenares de miles de soldados soviéticos fueron capturados, y abandonados prácticamente a su suerte en campos de prisioneros, muriendo de enfermedades e inanición por la falta de atención de sus captores, o ejecutados por las unidades especiales de las SS. Se estima que de los 5,7 millones de soldados del ejército rojo capturados, perecieron en cautividad tres millones y medio.
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La guerra duró cuatro años en el frente oriental, y concluiría con la toma de Berlin en mayo de 1945, para entonces habían caído en combate 4 millones de alemanes y 11 millones de soviéticos.

Esto, sumado al hambre y los extraordinariamente gélidos inviernos de Rusia, como el de 1941/42, provocaron unas condiciones de vida desastrosas, se calcula que entre 15 y 18 millones de civiles perecieron durante la contienda. Ciudades como Sevastopol, sufrieron la invasión de sus ocupantes, y otras como Leningrado, símbolo indefectible de la resistencia soviética, aguantaron tres años el sitio de las tropas enemigas, pagando un precio humano nunca visto antes en la historia de la humanidad. A lo largo de ese tiempo perecieron 700.000 habitantes de la ciudad. Sobretodo el hambre y el frío, debido a la falta de combustible, cercenaron la vida de familias enteras, y algunas fuentes elevan la cifra al millón y medio de personas.

Es precisamente en las cercanías de Leningrado (la actual San Petersburgo), a orillas del Báltico, donde se desarrolla la película In Tranzit. Y este dato es muy clarificador para entender el sentimiento de los supervivientes soviéticos hacía sus enemigos, antiguos verdugos ahora convertidos en prisioneros de un campo de concentración, pues ellos son responsables del sufrimiento padecido y de la muerte de sus familiares.

El destino de los prisioneros alemanes
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En una guerra de aniquilamiento y exterminio, como la que el nazismo declaró al comunismo, la respuesta soviética fue de gran dureza con los prisioneros alemanes que realizó. Fueron recluidos en instalaciones aisladas y alejadas en Siberia, los Gulag. Mantuvieron su vida a cambio de realizar trabajos forzados que incluían vastas obras públicas, incluido el trabajo en minas (como los soldados que llegan al campo de prisioneros en la película). Convertidos en mano de obra esclava en un país con millones de bajas humanas, su trabajo fue entendido por la Unión Soviética como reparación por los daños sufridos durante la guerra. Los datos varían según las fuentes, mientras que la URSS declaró oficialmente haber realizado 2.400.000 de prisioneros, las fuentes germanas arrojan unos datos que alcanzan los 3.000.000 millones.

En cuanto a las condiciones de vida de los mismos, en unos tiempos de escasez y de hambre acuciantes en período de guerra, la debilidad de sus sistemas inmunológicos, sumado al trabajo y al frío, arrojan un número de bajas que los soviéticos cifran en un 15% y los alemanes entre un 25 y un 30 por ciento.
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En 1949 los prisioneros que aún seguían en poder de la URSS fueron juzgados como criminales de guerra, siendo condenados muchos de ellos a penas de trabajos forzados de entre 10 y 25 años de duración. No sería hasta 1955 gracias a la gestión del canciller de la República Federal Alemana, Konrad Adenauer y el restablecimiento de las relaciones entre las dos naciones, cuando se llevó a cabo la liberación de los últimos prisioneros al año siguiente, unos 10.000. En Alemania, centenares de miles de familiares seguirían esperando a 1.500.000 de hombres que nunca verían regresar a sus casas.

Conclusiones finales

In Tranzit contaba con líneas argumentales y elementos suficientes para dar como resultado una gran historia. El planteamiento inicial es más que correcto a la hora de describir la situación en la prisión a cargo de mujeres, las duras condiciones en que se desarrolla la vida de los prisioneros, la desnudez de los espacios, la escasez y la austeridad que alcanza a las mismas carceleras, y el choque que provoca la situación inesperada de albergar a quienes hasta finalizada la guerra fueron los verdugos de sus familias. Sin embargo en el desarrollo de la historia se echa en falta la mano de un director y un guión que aproveche mejor el material y no permita que decaiga la tensión provocada por la misión de desenmascarar a los criminales de guerra, el castigo al enemigo o la contrariedad de los sentimientos despertados en calidad de seres humanos y la piedad.

Otros enlaces del período en Un Mundo de Cine:

· Europa Europa (1990)
· El buen alemán (2007)
· Max Manus (2008)

A continuación puede verse un trailer de la película:

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