jueves, 9 de julio de 2009

Good (Película, 2009)


Good

(Good. GB, 2009)

Ciclo 70 Aniversario II Guerra Mundial
Período de Entreguerras (1919-1939)

-por José Luis Urraca Casal*-


Paso a paso, el sueño de la razón produce monstruos

¿Cómo un hombre normal y corriente, una persona culta e inteligente, un profesor universitario de Literatura, puede acabar engrosando la maquinaria de un régimen totalitario como el de la Alemania nazi? Esa es la pregunta que trata de responder la película británica Un hombre bueno (Good, 2009). Protagonizada por Viggo Mortensen junto a Jason Isaacs se ha estrenado el pasado mes de abril y se trata de la adaptación de una exitosa obra de teatro que se desarrolla en la década de los años 30 y profundiza en cómo las decisiones personales influyen más de lo que pensamos en el desarrollo de los acontecimientos, la política y la sociedad. [Este artículo está protegido por derechos de autor. Ver detalles al final del mismo]
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La pregunta a cómo en un país del nivel cultural de Alemania, uno de los más ilustrados del mundo, con su desarrollo político, una Constitución tan avanzada para la época como la de la República de Weimar (1919), por el contrario un movimiento tan grotesco y poco racional como el nacionalsocialismo pudo terminar alcanzando el poder y desarrollar su siniestro programa político con la aquiescencia del pueblo alemán sin apenas oposición, se ha formulado una y otra vez por numerosos historiadores, filósofos y pensadores.

El director brasileño Vicente Amorim (El camino de las nubes, 2003) quedó en su día fascinado por la última obra teatral del dramaturgo C. P. Taylor que trata este tema pero descendiendo al punto de vista de la esfera netamente personal, la de un hombre concreto y las decisiones que le van empujando a convertirse precisamente en todo lo contrario de lo que representaba. Se trata de una obra que explora como ante lo absurdo y maquiavélico de un régimen tal que el nacionalsocialista, un hombre, en aras de la supervivencia acomodaticia y la mejora de su posición social o con el fin de ahorrarse serios problemas y no enfrentarse a los hechos, va siendo capaz de racionalizar, digerir y tolerar los pasos que el leviatán va dando camino del mayor de los horrores, la gran pesadilla real en la que acabó el pueblo alemán guiado por su führer Adolf Hitler.
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Y Amorim junto al guionista John Wrathall, consigue en este sentido que la película en torno a una historia familiar, amorosa y de amistad perfectamente disfrutable para el espectador, despierte el debate acerca de múltiples temas, como la eutanasia, pero centrándose sobretodo en cómo fue posible que millones de alemanes permanecieran enmudecidos, sin horrorizarse y sin apenas oposición ante la barbarie que iba diseñándose planificadamente desde el estado, cuando no afiliados al Partido nazi o a las Juventudes Hitlerianas. Aunque la óptica adoptada por Good representa una reflexión válida para cualquier época y tiempo.

Protagonizada por el actor Viggo Mortensen, que desde su intervención en El señor de los anillos se ha ganado el favor de crítica y público en actuaciones como Una historia de violencia, Appaloosa o Promesas del Este, por la que estuvo nominado al Oscar, la película se beneficia principalmente de su actuación como el profesor Halder, al que caracteriza más bien como un hombre en cierto modo apático, cansado y desorientado. Y si bien la suya no es la mejor interpretación, sí es el principal atractivo cinematográfico de la cinta y el que ha evitado que Good se quedara en un simple telefilm. Jason Isaacs (Antonio Pérez en La Conjura de El Escorial, 2008) borda brillantemente con dramática ironía a Maurice, un psicoanalista judío. Mark Strong (el villano Sir John Conroy en La reina Victoria, 2009), Jodie Whitaker (Tess of the D’Ubervilles, 2008) y Steven Mackintosh completan el reparto de esta película producida por Good Films y Miramar Entertainment rodada en Hungría.

El argumento

El profesor Halder (Viggo Mortensen), que ha escrito una novela de ficción romántica en la que un hombre mata por amor a su mujer para que ésta deje de sufrir, en un claro acto de eutanasia, no sospecha que cuando los nazis lleguen al poder en Alemania, el propio Hitler quedará cautivado por el enfoque dado al tema en cuestión, y los servicios del escritor serán requeridos para servir a la propaganda del régimen en sus oscuros planes respecto a los enfermos incurables y otros seres humanos en cuya existencia se considera que no hay nada digno.
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Son nuevos tiempos para Alemania, en los que ser afiliado al Partido nazi reporta ascensos en la Universidad, y una mejora de la posición social. Sin embargo Halder cuida de su madre, enferma incurable de tuberculosis; su mejor amigo, Maurice (Jason Isaacs), es judío, de profesión psicoanalista; y está casado con una esposa neurótica, Helen (Anastasia Hille) que no concuerda con el prototipo de madre y mujer de la nueva Alemania.

Una película intimista y una Alemania idílica

La película conserva en su puesta en escena buena parte de la esencia de la obra de teatro, resultando de corte muy intimista y descansando profundamente en la actuación de sus protagonistas, no en la acción ni en los grandes alardes vistosos característicos de las superproducciones. A diferencia de otros films que han reflejado el período, la cálida fotografía de Andrew Dunn (The company, 2003) y los escenarios, tratan de reproducir una Alemania idílica, pudiendo ver a los protagonistas cuando se desenvuelven en exteriores sentados o paseando por apacibles jardines, así como bellas estampas junto al río en verano. Se trata de esa nueva Alemania que es recibida con alborozo, la de un nuevo, brillante y grandioso renacer, la del orden y los desfiles militares, la del bienestar económico y social de la clase media. Pero también la de esas formas armoniosas y grandiosas del estilo neoclásico en el que está diseñada la Cancillería del Reich en Berlín, de enormes y perfectas líneas de mármol pulido que simbolizan el orden alemán, por cuyo interior pululan contradictoriamente los salvajes miembros de las SS, y las cabezas pensantes de la barbarie.

Las vicisitudes personales del profesor Halder (Viggo Mortensen) nos permiten realizar un educativo recorrido por algunos de los acontecimientos históricos que, paso a paso marcaron el devenir político y social de la Alemania nazi desde la llegada de Adolf Hitler al poder en enero de 1933, muestra del kafkiano proceder del movimiento nacionalsocialista. A continuación destacamos sólo algunos.

El Bibliocausto
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Como profesor universitario de literatura, le vemos asistir a la quema de libros en su propia Universidad. Esta escena viene a representar el movimiento que se propagó por diversas zonas del país en 1933, cuando el 5 de mayo de aquel año, estudiantes entraron en la biblioteca de la Universidad de Colonia y quemaron libros de autores judíos en lo que se convirtió en un acto simbólico de desagravio a la cultura alemana. Con anterioridad se habían producido algunos sucesos similares, pero fue entonces cuando se desató el bibliocausto orquestado por el Ministro del Reich para la Ilustración de Pueblo y para la Propaganda Joseph Goebbels. Días más tarde, el 10 de mayo, miembros de la Asociación de Estudiantes Alemanes y de las Juventudes Hitlerianas, llevaron a cabo frente a la biblioteca de la Universidad Wilhem Von Humboldt en Berlín, una ceremonia en torno a una gran hoguera, en la que más de 20.000 libros fueron pasto de las llamas, siendo reproducido el acto ese mismo día en otras ciudades del país.
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Esta quema de libros prohibidos por el régimen nazi por atentar contra los principales valores de la nueva Alemania, tuvo como fin acabar con “el espíritu diabólico del pasado” como manifestó Goebbels y erradicar el “asfalto literario de los judíos” así como su contenido decadente. En total fueron prohibidos libros de más de 5.500 autores entre los que se encontraban Marcel Proust, Thomas Mann, H. G. Wells, Jack London, Albert Einstein, Sigmund Freud, Ernst Hemingway, Heinrich Heine, Karl Max o Stefan Zweig.

Eugenesia y eutanasia

Especial relevancia adquiere el tema referente a la eutanasia en la época, escasamente tratado por el cine si lo comparamos con el genocidio del Holocausto. En el film adquiere un papel esencial, pues es a partir de la novela romántica escrita por el profesor Halder en torno a este tema, que éste entra en contacto con las SS y el Partido Nazi. La pureza aria defendida en el programa político e ideológico del nacionalsocialismo, llevó a constituir tras asumir los nazis el poder, la creación del Tribunal para la salud de la estirpe en y promulgar la Ley de esterilización genética (1933), que se aplicaría durante sus tres primeros años a más de 225.000 personas, entre las que se incluían discapacitados, epilépticos, sordos, ciegos, esquizofrénicos, disminuidos psíquicos…
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Las autoridades nazis en Un hombre bueno están interesados en que el profesor Halder les ayude a argumentar a favor de la eutanasia, pues éste era el siguiente paso que se proponía dar el régimen nazi dentro de su política de higiene racial, y para el cual necesitaba de cierta cobertura “ética” que lo hiciera justificable ante el pueblo alemán, bajo la cobertura del principio de “aniquilar la vida no digna de ser vivida”. Recordemos como el doctor de un hospital le muestra al profesor Halder una sala de disminuidos psíquicos y le pregunta “¿Qué vida es esta?”.

En el año 1938 comenzaría a aplicarse la eutanasia forzada a niños discapacitados, y en 1940, ya iniciada la guerra, proseguiría su aplicación ya sin límite de edad en sanatorios y asilos. El régimen nazi los consideraba ahora también, bocas improductivas e inútiles que alimentar en tiempos de guerra. Para enmascarar esta operación sistemática y a gran escala, médicos encargados elevaban causas de defunción plausibles en relación al estado de salud de los internos, acompañándose a los certificados de defunción cartas de consuelo a sus familiares. Pero esto no evitó el recelo de familiares, amigos y allegados de las víctimas, y protestas públicas como la del obispo de Münster, Clemens August en una pastoral ampliamente difundida, obligando a paralizar el plan de eutanasia momentáneamente en 1941. Se calcula que fueron 200.000 las personas así eliminadas por medio de veneno o la falta de alimentación.

Fue la antesala de la solución final, el plan de exterminio aplicado a los judíos de forma sistemática desde el año 1942, año en el que vemos en la película al profesor Halder (Viggo Mortensen) visitar un campo que a él se le presenta como de realojamiento. Pero para llegar a este punto, el régimen nazi había dado previamente toda una serie de pasos, que de uno u otro modo son reflejados en el film.

La persecución de los judíos

El mejor amigo del profesor Halder, Maurice (Jason Isaacs), es como él, un veterano de la Gran Guerra (1914-1918) que luchó por Alemania, algo que se recuerda en diversos momentos de la película, para demostrar su patriotismo como cualquier otro alemán, pero que sin embargo no le va a salvar del destino que le tiene preparado el Tercer Reich, como a los otros 150.000 judíos alemanes que lucharon por Alemania en la I Guerra Mundial. En 1935 se aprueban las Leyes de Nuremberg de Pureza Racial, y los judíos pierden su condición de ciudadanos por la Ley de Ciudadanía del Reich, lo mismo que su derecho al voto. En 1936 se les prohíbe desempeñar trabajos profesionales, por lo que no puede tener ya pacientes.
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El siguiente paso dentro de este acoso a una raza considerada inferior por los nazis y a la que se culpa de todos los males de Alemania, tiene lugar en 1938. Tal y como ya señalamos en nuestro comentario de la película Europa, Europa, la noche del 9 de noviembre, tras el asesinato de Von Rath, un miembro de la embajada alemana en París a manos de un joven judío polaco de 17 años, el régimen nazi orquesta una demostración de fuerza brutal contra los judíos. Esa noche vemos participar al profesor Halder quien expresa “Nunca pensé que llegaría este momento” en un acto que ha de parecer, como se le dice por teléfono, espontáneo, pero que en realidad fue metódicamente preparado. La conocida como Noche de los cristales rotos, se saldó con 7.000 tiendas de comerciantes judíos asaltadas, 1.574 sinagogas incendiadas a lo largo de toda Alemania y la detención de 30.000 judíos que fueron enviados a campos de concentración.

(Fin de una conversación entre Maurice y Halder):

- Maurice (Jason Isaacs): Soy judío, tú eres nazi. Fin de la historia.

(La noche de los Cristales Rotos):

-Anne (Jodie Whittaker): ¿Qué es exactamente lo que vas a hacer esta noche?
-Halder (Viggo Mortensen): Mantener la paz. Prevenir para evacuar y controlar la multitud.

Otros enlaces relacionados en Un Mundo de Cine:

· Cabaret (1972)
· Europa Europa (1990)
· John Rabe (2009)

A continuación se puede ver el trailer de Good:

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3 comentarios:

Felipe dijo...

Anque leí alguna crítica no muy elogiosa, la película me gustó, creo que son muy interesantes los temas que plantea tal como has indicado en el comentario, pero creo que tanto el director como el actor principal no consiguen transmitir bien la emoción que la historia necesitaba, tal como se logra por ejemplo en The reader. En cualquier caso, recomentable.

José Luis dijo...

Habrás podido comprobar Felipe que no he destacado precisamente la actuación de Mortensen ni la dirección de Amorim.

Sin embargo permíteme decir, que a diferencia de El Lector, esto es más bien como un cuento o una fábula intemporal. Y que esa desazón que parece presidir la vida del profesor Halder, viene a significar, en mi opinión, la desidia que permite explicar cómo los nazis (o similares) llegan al poder. Sin darse cuenta.

Pero coincido que le falta cierta intensidad y brío al conjunto.

Zeitzler dijo...

La historia en sí misma es muy interesante, pero ni Viggo ni (sobre todo) Amorin le sacan todo lo que podía dar.El riesgo de este tipo de filmes es dual: o terminas recibiendo críticas de justificar a los nazis, o vas por el lado contrario y repites 40 veces lo bueno que es el tipo (que le quita fuerza a la película, por más que te proteja a tí de ese ataque) y lo perras que son las circunstancias. (que sí que lo eran de verdad). Aquí se ha optado por lo segundo, con las consecuencias que son de esperar. Viggo impide que el personaje caiga en el rídiculo total, (no deja de tener su mérito) pero nada más.

Personalmente, a mí como latinoamericano me interesa mucho, porque mala y todo, tiene un mérito: acaba con el eterno mito de que las dictaduras sólo pueden tener éxito en países con bajos niveles de cultura y educación. (Y la Alemania Nazi era todo menos eso)Creo que por eso mismo le interesó a Amorim.