
“N” Napoleón y yo
(“N” Io e Napoleone. Italia. 2006)
-Actualmente en Cines-
-Autor: José Luis Urraca Casal*-
(“N” Io e Napoleone. Italia. 2006)
-Actualmente en Cines-
-Autor: José Luis Urraca Casal*-
Grata, desmitificadora y elegante comedia italiana
Basada en “N” de Ernesto Ferrero, la película del director Paolo Virzi es una divertida y elegante comedia con un estilo muy italiano, que a través de un guión que mezcla con gran facilidad el drama, nos cuenta una historia de personajes ficticios durante el exilio de Napoleón en la isla mediterránea de Elba. Un joven actor como Elio Germano despunta dotando de gran vivacidad a la cinta, mientras que Daniel Auteuil juega hábil y burlescamente con el personaje del Emperador, y Monica Bellucci se convierte con sus encantos en atractivo reclamo para el espectador. El film permite deleitarnos no sólo con las mimadas interpretaciones del conjunto del reparto, sino también con una banda sonora de corte sinfónico que incluye magistralmente piezas de Beethoven y contagiosos temas originales, a la par que su espléndida fotografía y puesta en escena saben transportarnos magníficamente a comienzos del Siglo XIX. [Este artículo está protegido por derechos de autor. Ver detalles al final del mismo]
.

Portoferraio es una pequeña villa marinera a orillas del Mediterráneo situado en la Isla de Elba. Allí vive soñando, con poner fin a la vida de Napoleón Bonaparte un joven idealista con vocación de literato llamado Martino Papucci (Elio Germano). Refugiado en su habitación rodeado de sus libros, su hora de pasar a la acción se presenta cuando el Emperador (Daniel Auteuil) llega exiliado a Elba. Perteneciente a una familia de comerciantes, dado que Martino tiene la vista fija en la ocasión que le presenta el destino, su hermano ha de ser quien se eche a la mar para mantener el negocio, su hermana es cortejada por un pobre hombre del pueblo, y la criada ve con celos su romance con la baronesa Emilia Speziali (Monica Bellucci).
En torno a la figura de Napoleón en el Cine
La figura de Napoleón Bonaparte ha sido objeto de decenas de interpretaciones cinematográficas (más de trescientas), algunas de ellas desde un punto de vista biográfico global, como el Napoleón de Abel Gance (que llegaba hasta la Campaña de Italia), el título sin lugar a dudas más destacado de todos todavía a día de hoy, donde la trama se centra en la evolución del personaje desde sus días de infancia en Córcega. Mientras que en otras ocasiones, como en Guerra y Paz, aparece, en el rol de un personaje más, aunque tenga gran incidencia en la historia, al igual que en la novela de Leon Tolstoi. La mayoría de estos títulos sin embargo no cruzaban el umbral de sus días de exilio, primando su etapa de gloria política y militar.
.

Ha sido en los últimos años cuando dos films europeos, los dos británicos, han abordado el destino final del Emperador en su lejano exilio de la Isla de Santa Elena tras ser derrotado en Waterloo (1815). Y el argumento de ambas, especula con una hipotética fuga que pondría en entredicho su muerte en 1821, así como con las razones de la misma. La última batalla mostraba con un gran realismo cercano al thriller político su encarcelamiento en la isla del Atlántico y la comedia Mi Napoleón (tratada en los comienzos de Un Mundo de Cine) brillantemente interpretada por Ian Holm, convertía al héroe de Austerlitz en un sencillo ciudadano humanizado por obra y gracia del amor.
N. Napoleón y yo entronca con estas dos últimas señaladas, especialmente la segunda, y traslada de forma novedosa la acción a la isla de Elba, donde Bonaparte fue previamente exiliado en 1814. Sin ser el protagonista principal de la trama, ésta gira principalmente en torno al mismo, reflejando parte de la huella que dejó en la isla e introduciendo importantes reflexiones sobre lo que representa su figura por medio de quienes le rodean.
Un vivo divertimento de cariñosas interpretaciones
.

Si hubiese que definir a N. Napoleón y yo, sería como un vivo y fresco divertimento, una comedia de época que con sumo gusto está ambientada históricamente en la isla mediterránea de Elba a comienzos del Siglo XIX en torno a uno de los principales personajes reales de la época. Se trata de una notabilísima producción italiana que ha llegado a nuestras pantallas tres años después de su estreno en su país de origen. De la misma destaca su preciosista puesta en escena, la recreación casi pictórica del puerto de Portoferraio, las gentes de una villa marinera de estas características... Su diseño de producción nos hace revivir por completo el período gracias a su impecable fotografía, con unos tonos cálidos y ocres que le confieren cierta estética con sabor a fábula o tiempo pasado
Las actuaciones hacen cobrar auténtico brío al guión de esta película. En especial la de Elio Germano, quien ya nos sorprendió gratamente el pasado año en nuestros cines con la comedia Mi hermano es hijo único, radiografía social de la Italia de las últimas décadas. Perfectamente caracterizado, le sienta como un guante el peinado y el atuendo, y de modo muy vitalista, como el resto de actores, compone a un joven idealista que se considera jacobino y que no tiene miedo a defender sus ideas aún contracorriente del resto de sus vecinos, soñando en convertirse en la espada vengadora que ponga fin al tirano Bonaparte. Su espíritu, a los ojos de su hermano mayor, Ferrante, queda reflejado en la frase: “Haces política a costa de los demás y te escapas de tus deberes y de la vida, que no está aquí. Te despidieron del trabajo y te rodeas de libros viejos sin un rastro de realidad”.
.

Monica Bellucci en el papel de la baronesa tiene una presencia moderada en la película, preocupada por haber entrado en la cuarentena y poder perder pronto su atractivo entre los hombres. Aunque sumamente sugerente gracias a esos vestidos estilo imperio que como su personaje sabiamente apunta, “Lo único que me gusta de este imperio es el estilo enagua amplia que esconde los muslos y el trasero mientras que adelante muestra todo a los admiradores”.
Todo actor que se ciñe el gorro del Emperador asume el gran desafío de dotar de credibilidad ante nuestros ojos al personaje, y la respuesta a sus esfuerzos no suele llegar hasta bien entrado el metraje, cuando la visión de conjunto permite juzgarle de forma razonable. El francés Daniel Auteuil sin grande alardes, sale airoso, demostrando saber jugar con el personaje, riéndose incluso de si mismo, en una caracterización íntima que a caballo de la caricatura, y por medio de pequeñas confidencias muestra tanto al gran hombre como al ser humano, con sus miedos, perspicaz, burlesco, vanidoso, cínico, filósofo, conocedor de la vida y del arte de la seducción.
.

La película tiene el aliciente de devolvernos al público de habla española a uno de los más grandes actores europeos, el magistral Omero Antonutti, inolvidable en títulos como El Dorado, El maestro de esgrima o en la obra maestra de Víctor Uribe, El Sur, analizada recientemente en Un Mundo de Cine. En N. Napoleón y yo, posee un pequeño pero significado papel, Fontanelli, un antiguo maestro de la isla de Elba, de pensamiento libertario, que estuvo en París durante la Revolución en 1789 y a cuyo hijo perdió en la batalla de Marengo. Él fue quien despertó con sus enseñanzas el amor por la libertad en Martino y sus ideas de acabar con los tiranos. Pero como él mismo dice, “Las ideas se piensan, las acciones no es obligatorio que las cometa”, y llegado el tirano a la isla recomienda a su antiguo alumno sensatez y amor al prójimo.

Héroe o tirano, veneración y odio al poder
El conjunto de la sociedad ha acostumbrado históricamente a sentirse atraído cuando no deslumbrado por aquellos hombres que han protagonizado grandes y heroicas gestas, cobrando la historia militar un especial protagonismo en este sentido. Son populares los reyes y gobernantes que se distinguieron por vencer célebres batallas o extender sus dominios, apasionantes los tumultuosos cambios históricos sembrados de resonantes fechas históricas, mientras que parece resultar más difícil de reparar en los tiempos de paz de la Historia, como si estos transcurriesen anodinamente.
.

Y en N. Napoleón y yo, por boca de Martino Papucci, un joven libertario romántico de comienzos del Siglo XIX, se nos presenta esta otra visión de un personaje histórico emblemático como fue Napoleón Bonaparte. No la de sus vecinos fascinados por la presencia de un huésped tan grande en su pequeña isla mediterránea, sino la de quien ve en él, al responsable de haber sembrado en Europa un reguero de guerra, muerte y destrucción, de haber conducido a la tumba a decenas de miles de hombres en el campo de batalla y haber traicionado a la Revolución.
Este punto de vista ya queda introducido al comienzo, cuando Martino explica a sus alumnos que Napoleón es “Un asesino que mató a miles de jóvenes en toda Europa. En una sola batalla murieron 12 mil. Doce mil, la población de Elba. Imaginen a nuestra isla desierta. Todos muertos”.
.

Esta actitud de Martino contrasta con la de sus vecinos, pues todo Portoferraio sale a recibir apoteósicamente al Emperador y no duda en mostrarle fervor en cada una de sus apariciones públicas. El corso va a traer prosperidad a la isla, va a mejorar el alumbrado, instituir la recogida de basuras, atraer el comercio… hasta algunos sueñan con convertirse en una potencia imperial. Lo que le lleva a expresar a Martino que “El pueblo se entusiasma con cosas peores que ellos mismos y esto aumenta la culpa de quien lo encanta y subyuga”.
Y es que aunque pueda parecer una elegante comedia ligera, que lo es, Napoleón y yo por medio de su caricatura, contiene más sustancia de la aparente, con un desarrollo burlesco pero finamente esbozado sobre los juegos de la seducción del poder. La cual es bilateral, quien la ejerce se ve arrastrado irremediablemente por ella, como Bonaparte, y quien se siente cautivado por la misma cae rendido con suma facilidad y lo alimenta, incluidas las masas. En la distancias cortas, hasta el propio Martino. Bonaparte (Daniel Auteuil) sentencia: “¿Napoleón es el que eligió a las multitudes o son las multitudes las que eligieron a Napoleón?”
Napoleón y Elba
.

Con el fin de defender la Revolución Francesa de sus enemigos, las principales Coronas de Europa, primero, y con el pretexto de extender los principios revolucionarios después, Napoleón Bonaparte, general de la República y a la postre Emperador de Francia, había llevado a sus ejércitos en triunfo por todo el continente, y con ello mantenido a éste en guerra por un largo período de 15 años. De modo que cuando la fortuna le dio la espalda y tras la desastrosa Campaña de Rusia sus enemigos terminaron por derrotarle en la Batalla de las Naciones en Leipzig (1813) y abdicar Napoleón, éstos decidieron enviarle al exilio en una tranquila isla frente a la Toscana en Italia, restaurando en Francia el trono de los Borbones.
Allí llegó el 4 de mayo de 1814 acompañado de mil de sus hombres, manteniendo el título de Emperador junto con su propia Casa y una pequeña Corte. El tiempo que transcurrió en la isla, se dedicó a mejorar sus infraestructuras, como sus carreteras, fortificaciones, muelles... y estableció acuerdos comerciales (de ahí que en el film se hable de que traerá a la isla transporte y comercio). Se instaló en dos residencias, una junto a la costa en Portoferraio y otra campestre en San Martino acompañado de los generales Bertrand y Drouet y de los 600 granaderos que se le había permitido llevar a su ahora minúsculo imperio, pues conservó el título de Emperador. también se trajo su biblioteca de Fontainebleau (en la que le vemos trabajar en la película junto a Martino).
.

Pero no fue mucho tiempo el que sus guardianes lo retuvieron en aquel apacible lugar a orillas del Mediterráneo, y nueve meses más tarde, el 26 de febrero de 1815 consiguió fugarse rumbo a Francia, donde aprovechando el descontento hacia los Borbones, lograría recuperar el poder, y emprender la campaña que le conduciría a su última batalla, Waterloo, en la que los ejércitos británico y prusiano pusieron fin a este período de su biografía personal conocido como los Cien Días.
Otros enlaces recomendados en Un Mundo de Cine:
· Mi Napoleón (2003)
· Amazing Grace (2006)
· La Reina Victoria (2009)
· Síguenos ahora en Facebook
A continuación puede verse el trailer de “N” Napoléon y yo:
Agradecemos que aportes aquí tu opinión dejando un comentario
Los redactores de Un Mundo de Cine informan de que esta página está bajo licencia de Creative Commons. La cita de partes de este artículo debe hacer constar: 1º) el nombre de su autor, 2º) la página www.unmundodecine.com y 3º) incluir un enlace al artículo original. La reproducción total requiere autorización. No cuesta nada, muchas gracias.













2 comentarios:
No me decidí a verla en su momento por las críticas en contra pero dado que valoro tu opinión ya la estoy... Tengo ganas de reirme con buen cine.
Jack, es un grato entretenimiento, muy viva, con actuaciones llenas de gracia e impulsividad italianas, burlesca pero con buen gusto y además subyacen temas como el del doble juego de la seducción del poder. Todavía está en algunos cines.
Publicar un comentario en la entrada