
Gran Torino
(Gran Torino. USA, 2009)
-En Cines-
-por José Luis Urraca Casal*-
Imprescindible legado final de Clint EastwoodSiguiendo la senda de director que tan certeros films nos ha regalado sobretodo desde Sin Perdón (1992) Clint Eastwood rescata además en Gran Torino su faceta de actor, procurándonos de este modo un doble placer a los amantes del cine. La que podría convertirse en su último trabajo como intérprete, es si se quiere, una película en apariencia discreta al lado de otros títulos recientes como Million dollar baby, Cartas desde Iwo Jima o El intercambio, de hecho su impacto mediático ha resultado menor en comparación con estas últimas. Sin embargo nos encontramos ante una pequeña composición que pone de manifiesto como Eastwood ha llegado a su más alta cota de madurez, como director y como actor, legándonos una especie de obra que sirve de cierre redentor a sus anteriores interpretaciones.
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A sus casi 80 años de edad Eastwood nos proporciona con Gran Torino una historia de las que se disfrutan y se saborean como pocas, sin duda alguna el legado por el que desea ser recordado (aunque todos deseamos que siga rodando), y donde sólo ver su actuación de ese viejo gruñón y racista, no exenta de humor y de autoparodia, enfrentándose a una sociedad que poco tiene que ver con la que él conoció y amó, merece realmente la pena. Junto a él Bee Vang (el joven vietnamita Thao), con el que ejercerá de padre de un modo que casi puede recordarnos al instructor de Sargento de hierro (1986), Ahney Her brillante en el papel de la hermana de este y Christopher Carley en el papel del padre Janovich.
El guión de Gran Torino, obra de Nick Shenk basada en una historia compartida con Dave Johannson, aborda temas como el de la violencia y la forma de entender la ley; el fenómeno de la inmigración y la discriminación racial; la vejez y la familia; los valores de la sociedad tradicional frente a los de la moderna; la educación, la formación y las oportunidades en la vida; la amistad, el sentimiento de culpa y la religión.
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Y lo hace conducido por Walt Kowalski (Clint Eastwood), un veterano de la Guerra de Corea que ha trabajado toda su vida fabricando automóviles, y que comienza su vejez en solitario tras el fallecimiento de su esposa. Hosco, con cara de pocos amigos, duro y distante, Kowalski no congenia con ninguno de sus dos hijos, ni con sus nietos, mira receloso y molesto a sus vecinos de origen vietnamita y le da calabazas a su párroco en su deseo de confesarle, negándose así a cumplir la última voluntad de su mujer. Sus únicas satisfacciones son las reuniones en el bar con sus amigos (los únicos que le sacan de su aislamiento), su propiedad (que defiende a punta de rifle) y su viejo pero flamante Gran Torino, el modelo de automóvil que montaba en su empresa, y del que disfruta tanto sentado a su volante, como admirándole desde el porche de su casa.
El título de la película, Gran Torino, viene dado por el automóvil fabricado en los años 60 que posee Kowalski, y su importancia en la película se explica en buena parte por el significado que en Norteamérica adquiere el automóvil. Símbolo de libertad personal, de movimiento, de posición social y de realización en la vida, el coche es uno de los principales iconos de la cultura estadounidense. Cuanto más grande, mejor, y dependiendo de la persona, si además es todo un clásico de renombre y de bello diseño como un Ford Gran Torino la realización es completa. En el caso de Kowalski es también un vestigio tangible de un pasado que se ha ido y su posesión más preciada. Por eso lo cuida, lo mima y lo defiende con tanto empeño, para él adquiere un significado casi religioso y cualquier agresión a su coche representa una agresión en toda regla a su propia libertad personal.

Una noche descubrirá a un intruso, su joven vecino de origen vietnamita Thao, en el garaje de su casa…
Mestizaje urbano, inmigración y discriminación racial
.Eastwood trata múltiples temas que afectan a la sociedad actual estadounidense, más patente si cabe en términos generales, pero que pueden extenderse al resto de países occidentales. A través de su personaje de Walt Kowalski asistimos a los cambios experimentados por esa sociedad adoptando un punto de vista tradicional, el de un viejo veterano de guerra de raza blanca que ve los cambios operados en una Norteamérica que no reconoce y que lo han dejado paulatinamente aislado del mundo.
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La historia se desarrolla en un barrio suburbial de la ciudad donde Kowalski es el último blanco en medio de un vecindario poblado de asiáticos de etnia hmong, reflejo de los flujos migratorios que tienen a los países de economías desarrolladas como destino del sueño dorado de poder hallar un mejor futuro en la vida, y de cómo las comunidades de inmigrantes se instalan junto a los de su misma etnia o raza creando pequeñas comunidades donde les resulta más fácil integrarse entre iguales, así como poder establecer lazos de ayuda entre ellos.
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visión de este proceso de mestizaje urbano es poliédrica, alejada de cualquier tipo de simplificación, pues a ello se une a la gran variedad de nacionalidades y razas que habitan la ciudad, fiel reflejo de Estados Unidos, entre las que se nos muestran pandillas de mexicanos por un lado y negros por otro, en este caso practicando abusos y delincuencia.
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El personaje de Kowalski realiza un camino iniciático en relación a los inmigrantes, que va desde la actitud de rechazo, a la aceptación e incluso afecto por los mismos tras dar el trascendental paso de conocerles. Al principio no quiere tener ningún tipo de trato con sus vecinos de raza amarilla, refugiándose en las lindes de su pequeña propiedad y los muros de sus prejuicios raciales (“
no luché en Corea para tenerlos aquí”), rechazando cualquier tipo de atención por su parte, incluido sus hábitos gastronómicos. Sin embargo acaba viendo encarnados en la familia de extranjeros de la casa de al lado a la suya, los valores tradicionales de la Norteamérica que él ha conocido, lo cual le sorprende tanto como cuando acude a la consulta de su doctor y a éste le ha sustituido tras jubilarse una médico oriental. Otro ejemplo más de cómo la población inmigrante contribuye a sacar el país adelante, en este caso ocupándose de su salud. Estos elementos positivos de gente de bien contrastan con aquellas pandillas de mexicanos y negros dadas a la delincuencia que pululan por el barrio.
El apellido de Kowaltski no puede haber sido elegido al azar, el mismo refleja que su familia procede del este del continente europeo, Polonia, y que al fin y al cabo, sus orígenes también fueron los de unos inmigrantes, que como él, tuvieron una oportunidad en la vida, trabajaron duro y sirvieron al ejército de su país cuando éste les necesitó. El mismo tipo de oportunidad que merecen unos jóvenes como sus vecinos Thao y Sue.
Apuesta por la familia tradicional frente a la modernidad. 
Eastwood lanza una
dura crítica a la sociedad moderna estadounidense y apuesta por la familia tradicional, estableciendo ese fuerte contraste entre el desarraigo y deshumanización de unos hijos, una nuera y una nieta preocupados principalmente por su dinero y sus propiedades, tratando de enviarle a una residencia de ancianos cuando ni siquiera lo necesita, y mostrando por otro lado la familia de su pequeño vecino asiático, donde se respira el calor del hogar y tienen cabida nietos, hijos, abuelos, hermanos y demás familia. Su personaje de Kowaltski termina por convencerse de que tiene mucho más en común con sus vecinos extranjeros que con sus propios vástagos.
La violencia de nuevo presente en la obra de EastwoodEl tema de la violencia, tan presente en anteriores trabajos de Eastwood acaba convirtiéndose en la principal encrucijada de la historia, mostrándose como desafío y como obstáculo de la juventud del pequeño Thao y su hermana Sue.
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Eastwood conocido partidario republicano, partido político por el que llegó a ser alcalde de su pueblo, demuestra con maestría una vez más que nadie puede ser juzgado monolíticamente, y frente a la intransigencia introduce la comprensión y la reflexión en un doble sentido.
Su personaje ha de ser comprendido en tanto producto de un tiempo y una época, una América que combatió a los comunistas en el exterior, luchando en la Guerra de Corea, y que aprendió a responder a determinadas situaciones a través de la voz de las armas. Para llegar a donde ha llegado primero tuvo que pelear. Asiste a la contradicción que resulta para él que los mismos “amarillos” que combatió inunden ahora el barrio donde reside (aunque en este caso sean refugiados de Vietnam). Sentado en su viejo porche, contemplando su bello automóvil, reflejo de lo bien que se hacían las cosas en otros tiempos, con una cerveza hasta la puesta del sol, defendiendo las lindes de su propiedad, y respondiendo a la violencia siguiendo el precepto de la ley del talión, ojo por ojo, diente por diente, es la viva imagen del hombre corriente y sus aspiraciones, así como de un buen número de norteamericanos que defiende su derecho a la posesión de armas.
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Parece recordarnos a un viejo vaquero al final de sus días que no ha conocido otra ley que la del revolver. Incluso podría tratarse de su legendario personaje de
Harry el Sucio o cualquiera de sus otros papeles violentos en el cine, envejecidos por el paso de los años. Pero sin querer desvelar demasiado, Eastwod nos sorprende en el desenlace final, con ese personaje tan conservador como Kowaltsky comprendiendo que los tiempos de
El fuera de la ley (1976), los del salvaje oeste, han llegado a su fin, estableciendo como única salida posible a la violencia, el imperio de la ley, tal y como Ford mostraría tan poéticamente en
El hombre que mató a Liberty Valance (1962).
[Atención: a partir de aquí el comentario revela detalles importantes de la trama]
La religión y la redenciónPero el personaje de Kowaltski también es un ser al que vemos corroído en su interior y no sólo a causa de la enfermedad que parece diagnosticársele, sino por un sentimiento de culpa causado por su pasado, vestigios del cual, como sus fotografías y medallas, hallamos guardados en el sótano de su casa. Las personas que mató durante la Guerra de Corea turban sus noches de sueño, pues lleva sangre en las manos. Sin embargo Kowaltski no es un hombre de los que acuden a la Iglesia, salvo en los funerales (como los que dan inicio y final a la película).
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Por eso su mujer, que lo conocía bien, le encomendó a su párroco confesarle y obtener así el perdón a sus pecados. La respuesta al joven padre Janovich es siempre destemplada. Aunque finalmente, tras su inmutable persistencia, reconozca en él sus buenas intenciones y recapacite sobre sus palabras, junto con la repercusión que sus acciones han tenido sobre Sue, y el final que le depara su propia enfermedad. Acudirá a la Iglesia y se confesará, aunque no con el sacerdote sino con Thao, a través de la rejilla que lo deja encerrado en el sótano de su casa, a modo de confesionario, e irá así camino de un final de redención épico pero carente de violencia por su parte, terminando simbólicamente en el suelo con los brazos en cruz, ofreciéndose como salvación.
Otros enlaces en Un Mundo de Cine:
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Ley y orden UK (Serie de TV, 2009)
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Adiós pequeña, adiós (2007)
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Arde Mississippi (1988)
A continuación puede verse el trailer de la película: