
(Låt den rätte komma in. T. Alfredson. Suecia, 2008)
En DVD a partir del 30 de septiembre
-Autor: José Felipe Díez Rioz*-
Amor puro sin límites
Desde Suecia nos ha llegado la sorpresa de este año, “Déjame entrar”, un fascinante cuento gótico sobre el amor infantil: inocente, puro y sin limitaciones de ninguna clase. La película combina con maestría el mundo sobrenatural de los vampiros con el realismo social más crudo de la sociedad sueca en los años ochenta. Descubrimos también a Tomas Alfredson, (Lidingö, 1965), un realizador procedente de la televisión, que nos lleva con excelente pulso cinematográfico desde la ternura al horror, filmando con exquisitez esta original visión del vampirismo y hablándonos, sobre todo, de la necesidad de afecto que tienen tanto los seres humanos como aquellos que no lo son tanto. [Este artículo está protegido por derechos de autor. Ver detalles al final del mismo]
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Suecia, principio de los años 80. la película nos sitúa en el invierno nórdico de largas y oscuras noches, con el frío y la nieve continuamente presentes. Oskar tiene 12 años, vive con su madre en Blackeberg, un barrio situado en la periferia de Estocolmo formado por bloques de viviendas con un aspecto muy distinto a las hermosas imágenes turísticas que solemos ver de esta ciudad. Es un niño solitario e introvertido, lee mucho y colecciona recortes de periódicos donde se informa de los crímenes más horribles. Oskar imagina que se defiende con su cuchillo de aquellos niños de su colegio que le acosan cada día, pero no tiene el valor suficiente para enfrentarse a ellos, únicamente soporta con resignación sus agresiones. Una noche observa desde su ventana la llegada de unos nuevos vecinos, se trata de un hombre con una niña que parece ser su hija. Días después, en el patio de las viviendas Oskar conocerá a Eli, su nueva y extraña vecina, una niña de una edad similar a la suya que parece no sentir el frío, es pálida, sólo sale por la noche y tiene un extraño olor. Aunque en su primer encuentro Eli le advierte que “no puedo ser tu amiga”, sus continuos encuentros en el patio hacen que nazca una relación de afecto entre ambos niños, solitarios y sin amigos, pero existe una dificultad para su relación, Eli es una niña vampiro, se alimenta de sangre humana y su padre Hakan necesita matar para alimentarla, “Déjame entrar” nos cuenta su historia.
Entre la ternura y el horror
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John Ajvide Lindgvist (Blackeberg-Estocolmo, 1968) pasó de ser ilusionista y cómico a guionista de televisión y, sobre todo, exitoso escritor de novelas de terror. Su primera novela publicada en el año 2004 es, precisamente, “Låt den rätte komma in”. El notable valor de la novela la convierte en un éxito de ventas en Suecia y su edición en varios países entre los cuales, afortunadamente, se encuentra España. El título del libro lo obtiene Lindgvist de la canción “Let the Right One Slip In” de Morrissey, carismático líder de “The Smith”, un destacado grupo de pop-rock de los años 80 y 90, pero también hace referencia a la creencia de que los vampiros necesitan ser invitados para entrar en una casa. Un amigo le recomienda el libro a Tomas Alfredson quien, en principio, no le presta excesiva atención debido a que no estaba muy interesado en las historias de horror, hasta que, una vez que lo lee, decide que se trata de la historia que desea contar en su primera película.
Alfredson lleva el libro a su terreno, elige la parte de la historia que más le interesa, suprime o modifica aquellos aspectos que pudieran desviar la atención del argumento principal y filma una película que supera ampliamente los límites de un género como el terror, asumiendo también el riesgo que supone para elaborar una película personal el hecho de que sea el propio autor de la novela quien se encargue de escribir el guión de la película, en este caso, el resultado fue un acierto. Bastantes son los diferencias e
ntre el film y la novela, resultando por ello obras absolutamente independientes. Mientras la película deja muchas incógnitas y preguntas sin respuesta dotando al film de un encanto extraordinario, la novela resulta mucho más esclarecedora. Las modificaciones introducidas por Alfredson resultan muy acertadas, por ejemplo eliminando la parte relativa a la pedofilia que aparece en la novela, según el mismo señala “la pedofília es un tema muy delicado y difícil de abordar sin caer en lo efectista y escabroso. Ciertamente, era un tema complicadísimo, que implicaba una responsabilidad muy grande, por eso decidí eliminarlo y centrarme en otras cosas”, esta eliminación favorece al personaje de Hakan transformándolo en alguien que mata torpemente únicamente por amor. Igualmente acertada la eliminación del componente sexual que tienen todas las películas de vampiros sustituyéndolo por leves alusiones al despertar sexual.Como el péndulo de un reloj, el director nos lleva desde la ternura al horror y viceversa, sin solución de continuidad. La ternura marcada por la especial relación entre los dos protagonistas, seres solitarios necesitados de afecto, y su amor inocente, limpio y puro que superará cualquier barrera. En una de las escenas más emotivas de la película mantienen el siguiente diálogo:
- Oskar, ¿yo te gusto?
- Sí, mucho
- Y si no fuera una chica, ¿te seguiría gustando?
- Supongo que sí. ¿Por qué lo preguntas?
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Maravillosas escenas y diálogos entre ambos filmadas con suaves y delicados planos cortos de las manos y los rostros de ambos, todo acompañado de la hermosa música compuesta por Johan Söderqvist, siempre en un segundo plano sin adquirir protagonismo, evitando el recurso al fácil sentimentalismo melodramático.
Y a continuación, el horror, plasmado en dos niveles: el sobrenatural del vampirismo, con las escenas clásicas del subgénero como los crímenes, la sangre, el ataque de los gatos o la combustión al recibir los rayos del sol, y el correspondiente a la vida real plasmado en el acoso escolar al que someten algunos de sus compañeros a Oskar, este segundo nivel, mucho más horrible que el primero, permite a Alfredson reflejar el miedo que esta situación le provocó cuando siendo un niño pasó por situaciones parecidas. El miedo que provoca la incontinencia urinaria de Oskar, levemente insinuada en la película, y que únicamente podrá ser vencido cuando Eli transmita a Oskar el valor suficiente para enfrentarse a sus acosadores, “devuélveles el golpe, con fuerza” le dice.
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La película aborda el tema del acoso escolar, auténtico fracaso de la educación y de la propia sociedad, y del proceso de superación del miedo que este problema siempre genera. Resulta exquisito el tratamiento que hace la película de la violencia infantil.
La película se mueve perfectamente entre el mundo fantástico y el real. Detalles como que el libro que lee la profesora a sus alumnos en la clase sea “El hobbit” de J.R.R. Tolkien o la expresión de una de las personas que están en la cafetería del barrio “la vida es un asco”, así nos lo demuestran.
“Déjame entrar” se desarrolla con calma, contiene silencios y preguntas que no se contestan, insinuando más que mostrando y apelando continuamente a la participación del espectador mediante su propia interpretación. Planos lejanos se alternan con otros muy cercanos, leves movimientos de la cámara, imágenes sin necesidad de palabras, las escenas de horror filmadas de una manera bastante diferente a lo habitual en el género, todo ello parece ir conformando el estilo propio de este director.

Nieve y sangre
La nieve es el elemento presente en toda la película contribuyendo a conseguir la atmósfera tan especial que aparece en la novela, y constituyendo el marco en el que se mueven todos los personajes, y como contrate el color rojo de la sangre resaltado sobre la nieve aumentando así su impacto.
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Desde los propios títulos de crédito se manejan ambos colores, sobre un fondo negro aparecen a la izquierda de la pantalla los créditos en color blanco excepto el título de la película que aparece en rojo, a continuación a la derecha de la pantalla va apareciendo la lluvia de nieve. Como vemos se trata de una cuidada estética que se mantendrá durante toda la película a través de la fotografía de Hoyte Van Hoytema, una fotografía que pasa de los paisajes nevados al tono realista retratando ese barrio donde transcurre la historia, un tono bastante alejado del preciosismo habitual en el cine americano y perfectamente adecuado a la historia que nos cuenta.
Silencios nórdicos
Una de las virtudes que atesora la película es el retrato de la sociedad sueca, y escandinava en general, de esta época, no muy diferente de la actual. Como fondo de la historia aparece la Suecia de los años ochenta, el país liderado por Olof Palme, primer ministro y líder del partido socialdemócrata, famoso por su defensa del pacifismo y la democracia, así como por su compromiso con el Tercer Mundo. A nivel interno Palme es el impulsor del llamado “Estado de Bienestar” que busca la protección de aquellos más desfavorecidos. Olof Palme fue asesinado en las calles de Estocolmo en 1986, sin que hasta el momento se haya determinado quienes fueron los autores de su muerte.
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Siempre condicionadas por la dureza del clima, las sociedades nórdicas presentan luces y sombras, aúnan enormes avances sociales, bajos índices de delincuencia, los niveles de calidad más altos en la educación y la igualdad efectiva entre sexos junto con porcentajes elevados de suicidios y de alcoholismo, así como un sentimiento de soledad, incomunicación, rupturas familiares, tristeza y silencios. El silencio como una especial forma de comunicación. Este tipo de sociedad ha sido perfectamente dibujada por Ingmar Bergman, el más famoso director sueco y más recientemente por el finlandés Aki Kaurismäki.
Todos estos aspectos aparecen en la película poniendo Alfredson en cuestión la “feliz” sociedad del bienestar, si bien como ya hemos indicado en un plano secundario; los propios personajes adultos de la película se mueven en un segundo plano como en una dimensión ajena a la de los niños, de hecho Alfredson filma muchas secuencias con la cámara a la altura de los ojos de los niños.
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En la película vemos aspectos como un escenario de escasa belleza, el barrio de Blackeberg definido por el autor de la novela en el inicio del libro: "Blackberg. Puede que pienses en trufas de coco, tal vez en drogas. Te imaginas una estación de metro, extrarradio. Después no hay mucho más que pensar. sin duda vive gente allí, como en otros sitios. Para eso se construyó, para que la gente tuviera algún sitio donde vivir."
Temas como el alcoholismo, latente en varios de los personajes de la película, el acoso escolar al que ya nos hemos referido o la ruptura matrimonial también aparecen en la película. Vemos como los padres de Oskar están separados, él vive con su madre, aunque parece que los momentos de mayor felicidad les obtiene cuando está con su padre, como en toda la película el director permite al espectador imaginar cuáles son los motivos de la ruptura del matrimonio. En general unos personajes solitarios y tristes.
Canción de amor para una niña vampiro
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Annie Lennox cantaba “Love song for a Vampire” en la notable revisión del Drácula de Bram Stoker que filmó Francis Ford Coppola en 1992, una hermosa canción dedicada al amor inmortal y que podríamos colocar también como banda sonora de la historia de amor inocente entre Eli y Oskar.
Columna vertebral de la película, el trabajo de los dos niños, Kåre Hedebrant y Lina Leandersson, resulta espléndido, desde la primera escena donde aparece Eli con el giro de cámara que nos permite apreciar su inquietante presencia hasta la escena final pasando por todos las secuencias que comparten juntos parece que se ha establecido una, tan perfecta como inquietante, conexión entre ambos. Todo ello nos indica que el duro trabajo del equipo de casting entrevistando a 400 niños de toda Suecia para elegir a los dos protagonistas y que, además, cumpliesen el requisito del director de que “parecieran el reflejo de una misma persona” resultó un verdadero éxito.
Beso
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Beso es la última palabra de la película, una palabra sin sonido, únicamente con la comunicación cómplice que, en lenguaje morse, mantienen los dos protagonistas. Como en muchas de las grandes películas de la historia del cine, un excelente final pone el broche de oro a la película, por ello resulta difícil sustraerse a comentarlo siempre procurando no desvelarlo. El final de la película se estructura en tres secuencias, la primera de ellas sucede en la piscina siendo filmada con un espectacular fuera de campo con lo que la técnica de sugerir sin mostrar multiplica su potencia, a continuación, de nuevo la nieve que cae inundando la pantalla, tal como se nos mostraba al comienzo de la película, cerrando el círculo narrativo y por último, la escena del tren como símbolo de huída esperanzadora hacia no se sabe que destino, corresponderá al espectador imaginar cuál será el futuro de estos dos seres que nos han conmovido durante los últimos 114 minutos.
Aurora boreal
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La aurora boreal es un fenómeno meteorológico que sucede en las regiones polares consistente en la aparición de unas hermosas luces de variadas formas y colores en mitad de la oscuridad propia del invierno nórdico. Como la luz de la aurora boreal “Déjame entrar” ha irrumpido en el actual panorama cinematográfico, plagado de escasez de ideas y con una alarmante falta de historias y personajes de interés, aportando el interés, la originalidad, los personajes y la buena forma de narrar que toda buena película debe tener. Como sucede algunas veces, aparece una película de una cinematografía diferente a la americana que, por su calidad, se impone a toda la producción de ese año, ejemplos recientes pueden ser “Napola” (Dennis Gansel, 2004-Alemania), “La vida de los otros” (Florian Henckel-Donnersmarcko, 2006-Alemania) o “Cuatro meses, tres semanas y dos días” (Cristian Mungiu, 2007-Rumania).
Desde su aparición la película ha cosechado admiración y fuertes adhesiones en un segundo nivel de popularidad, obteniendo un elevado número de premios en diversos festivales, tanto para la película como para su director, "Premio Founders al mejor guión adaptado" en el Festival Cinematográfico de Triveca del año 2008 o el Méliès de Oro de la Federación de Festivales de Cine Fantástico Europeo por la "Mejor Película Fantástica Europea”. Por ello ya la industria americana, auténticos vampiros, ha iniciado el rodaje de un, absolutamente innecesario, remake americano que dirigirá Matt Reeves y que se estrenará, previsiblemente, a principios del año 2010 o en el momento más conveniente para la recaudación de la taquilla o para la consecución de premios en festivales. En este caso, sí es destacable la visión de los directivos de Hammer Films que adquirieron los derechos de la película antes de su estreno en los cines.
Cuando se estrene este remake quien esto escribe no empleará ni su tiempo ni su dinero en acudir a la sala de cine, sino que volveré a disfrutar, una vez más, de la película original.

Dado el enorme talento que ha demostrado en esta película, sí merece atención especial la trayectoria como cineasta de Tomas Alfredson; en estos momentos está preparando el que será su segundo largometraje una nueva adaptación de la novela de John Le Carré “Tinker, taylor, soldier, spy” (1974) que en España se tituló “El topo”, mejorando notablemente el título original. Esta novela ya fue adaptada para una serie de la BBC británica en el año 1979 protagonizada por Alec Guinness. Producirá la película Working Title y el guión correrá a cargo de Peter Morgan, reputado guionista de películas como “The Queen” (Stephen Frears, 2006-GB) o “El último rey de Escocia” (Kevin Macdonald, 2006-GB), con ella afrontará Alfredson la dificultad propia de aquellos directores que iniciaron su carrera en un nivel tan alto que provoca que tengan que luchar contra el recuerdo y la comparación con su primera obra.
Mientras todo ello llega, saciemos nuestra sed, en este caso no de sangre, sino de buen cine con este diamante nórdico llamado “Déjame entrar”.
Otros enlaces relacionados en Un Mundo de Cine:
· True Blood (Serie de la HBO)
· Blood Ties (Serie, 2006-2008)
· The vampire diaries (Serie de la CW, 2009)
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A continuación puede verse el trailer de Déjame entrar:
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