miércoles, 28 de octubre de 2009

Las uvas de la ira (Película, 1940)


Las uvas de la ira

(The Grapes of wrath. John Ford. USA, 1940)


Ciclo: La Gran Depresión


-Autor: Fernando Rodríguez Laso-


El mejor retrato de la Gran Depresión

[Este artículo está protegido por derechos de autor. Ver detalles al final del mismo] El 28 de octubre de 1929, hoy hace 80 años, fue denominado Lunes negro por ser uno de los días en que se produjo el colapso de los valores de las acciones de Wall Street, marcando el comienzo de la Gran Depresión estadounidense y mundial que se prolongará durante toda la década de los Años 30. Debido a la especial intensidad de la crisis, numerosos campesinos pierden sus hogares y se ven obligados a emigrar a otros lugares en busca de un trabajo. De todas las películas que han retratado esta situación, la dirigida por John Ford es la que mejor ha sabido hacerlo hasta la fecha.
[Autor: Fernando Rodríguez Laso para www.unmundodecine.com]
El filme que nos ocupa, al igual que todas las creaciones artísticas, es hijo de su tiempo. Fue Friedrich Hegel quien nos puso sobre la pista de que toda obra refleja, en mayor o menor medida, las condiciones materiales que rigen la propia época en que ha sido realizada. Este hecho adquiere una mayor dimensión en esta película, realizada a partir del best-seller de Steinbeck, publicado en abril de 1939, ganador del Pulitzer y estrenado, con velocidad relámpago en los cines, en enero de 1940, y que no trata de una época lejana, sino de unos sucesos que el publico norteamericano aún conservaba en su memoria reciente.

La novela contenía un alto grado de realismo. Steinbeck intentaba reflejar el drama acontecido a centenares de familias de Norteamérica, que hubieron de abandonar sus tierras y marchar hacia California. Todo esta época de la Gran Depresión, que siguió al Crack del 29, propició un rápido proceso de concienciación social que se vio reflejado en el “Nuevo Reparto” (New Deal) que denominaba la política reformista de Franklin Delano Roosevelt, y se caracterizó por una serie de medidas económicas y sociales con las que el estado se introducía y mucho en el arbitrio de la sociedad.
[Autor del artículo: Fernando Rodríguez Laso. Licenciado en Historia]
Una de estas medidas serán los campamentos gubernamentales, que Steinbeck apoyaba y de los que en la película se hace incluso propaganda de ellos, cuando el personaje de Tom Joad exclama ¿Por qué no hay más lugares como éste?.
[Autor: Fernando Rodríguez Laso para www.unmundodecine.com]
La película refleja maravillosamente la desgracia de los campesinos y con la importancia que se le da al viento que ha destrozado sus cosechas y les ha impedido pagar el arriendo de sus tierras. Las escenas de Oklahoma se cierran con el acto de presencia del viento removiendo la árida tierra y en la primera escena de Tom y Casy juntos se encuentra un sauce a su espalda para poder apreciar como el viento mueve sus ramas.

John Ford

John Ford tuvo la oportunidad con esta adaptación de reflejar el pasado de su familia. Los protagonistas de Las Uvas de la Ira eran gente sencilla y la historia que se contaba era muy parecida a la de la Gran Hambruna irlandesa, cuando los campesinos se vieron obligados a abandonar sus tierras y vagabundear por los caminos hasta encontrar la muerte por inanición. Ford consiguió tratar este tema, tan cercano para su familia, enmarcándolo en una historia con diáfanos paralelismos con el éxodo bíblico.
[Autor: Fernando Rodríguez Laso para www.unmundodecine.com]
La familia marcha a California, que es vista como una Tierra Prometida, donde además de obtener trabajo esperan que sea un lugar donde la fruta es abundante y accesible (el abuelo Joad afirma que restregará racimos de uvas contra todo su cuerpo al llegar), en el viaje cruzarán el Mar Rojo (Río Colorado), se bañaran en las aguas de Elim, atravesarán el desierto (Nevada) y al igual que en el relato bíblico, el patriarca, (en este caso matriarca), morirá en su particular Madaba, sin pisar la Tierra Prometida pero cuando se encuentra al alcance de la vista.
[Autor del artículo: Fernando Rodríguez Laso. Licenciado en Historia]
El espectador de la película al observar el discurso social que impera en todo el metraje podría preguntarse si Ford era la persona ideal para hacerse cargo del proyecto, pues hasta ese momento en su filmografía existían películas de tono conservador e incluso reaccionario, por lo que no era el candidato ideal para adaptar la novela emblema de la conciencia social de los 30. Este pudo ser una de los factores que propiciaron que la versión cinematográfica suavizara los aspectos socioeconómicos más radicales de la obra de Steinbeck. Más tarde en La Ruta del Tabaco (1941), Ford ridiculizará a los aparceros mostrándolos como perezosos y estúpidos.
[Este artículo está protegido por derechos de autor. Ver detalles al final del mismo]
Sin embargo este genero no le debía resultar del todo incomodo a Ford porque Las Uvas de la Ira se encuentra cercana en el tiempo a otra película suya de contenido social: ¡Que verde era mi valle! (1941). Si la primera cuenta la desintegración de una familia, la segunda relata la desintegración de todo un valle.
[Autor: Fernando Rodríguez Laso para www.unmundodecine.com]
Valores de la película
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Aunque Ford en los 30 era un Rooseveltiano convencido, se ha referido muchas veces a la película como una obra sobre la familia, dejando a un lado su contenido social y político. Cuando Tom Joad regresa a casa desde la cárcel su familia ha sido expulsada de su hogar y el predicador, Casy, ha perdido su vocación. Valores a los que Ford daba gran importancia, familia y religión, están en crisis.

Ford deja claro desde el principio que la familia es un personaje colectivo. Cuando a Casy le ofrecen ir con él a California se contraponen planos individuales de él con planos de la familia, hasta que finalmente se le integra en ella. En cambio Connie, el marido de Rosasharn, que no es del todo bien visto en la familia, tiene sus propios planos en pantalla, sin introducirse en un plano de conjunto con la familia.
[Autor: Fernando Rodríguez Laso para www.unmundodecine.com]
A Ford le gustaba la idea de la familia que decide abandonar todo para encontrar su lugar en el mundo, y todo sin mirar atrás como hace el personaje de Ma Joad al abandonar Oklahoma. Este personaje es tratado con reverencia en la cinta, es a quien se le otorga el papel de sustentadora de la familia y quien pronuncia el emotivo discurso final, que no por casualidad lo hace la madre, sino para remarcar la importancia que juegan en el seno de las familias.

Con respecto a la religión, cuando el predicador, Casy, aparece por primera vez en pantalla lo hace agachado en el suelo y descalzo, simbolizando que es un personaje que ha caído en desgracia debido a motivos sexuales, Tom está de pie junto a él, por lo que habla desde abajo hacía arriba, con lo que se ha subvertido totalmente su condición de predicador. Será este personaje el primer mártir de la causa social y a su muerte le sucederá Tom en ese rol, lo que supondrá la partición de la familia, pues Tom debe partir de su lado, recordando las palabras que le dijo Casy “Un hombre no tiene un alma propia, sino un pedazo de un gran alma que pertenece a todos”.
[Autor del artículo: Fernando Rodríguez Laso. Licenciado en Historia]
La cinta puede considerarse también una Road-Movie pues todo es el relato de un trastabillado viaje en un endeble vehículo en que se amontonan tres generaciones de la familia. Dorothea Lange (fotógrafa en que se inspiro Steinbeck para escribir la novela) veía a los campesinos en sus camionetas como heroicos pioneros que trataban de adaptarse a las nuevas condiciones sociales. Volviendo a los paralelismos con la Gran Hambruna irlandesa, el camión recuerda a los barcos-ataúd en los que los irlandeses se hacinaban para cruzar el Atlántico y llegar hasta la costa este de EE.UU. En relación con esto conviene recordar la escena en que Ma Joad está quemando los recuerdos y la memoria de la familia, entre ellos quema una postal con la imagen de la Estatua de la Libertad, lo primero que ven al llegar a EE.UU. los inmigrantes europeos (recordar la prodigiosa escena de El Padrino II) para que recordemos que fueron a América con la promesa de que era la “Tierra de la Oportunidades”.
[Autor: Fernando Rodríguez Laso para www.unmundodecine.com]
Las películas de Ford celebran lo fundamental de los valores de la familia tradicional, pero también lloran el inevitable ocaso y perdida de dichos valores, claro ejemplo en esta película y aún más en ¡Que verde era mi valle!
[Autor del artículo: Fernando Rodríguez Laso. Licenciado en Historia]
Un tema que le recordaba su pasado irlandés era el del desarraigo y la promesa de regreso al paraíso perdido que era un sentimiento extendido en la época y además un tema recurrente en la filmografía de John Ford (no hay más que recordar el personaje de Ethan Edwards en Centauros del Desierto).

Tanto en la película como en la novela hay una sensación de expulsión del paraíso y ambas tienen el sentimiento de la “dignidad en la pobreza” (la familia desea comprar el pan y que no se lo regalen, en la gasolinera no les gusta que se les pregunte si tienen dinero).
[Autor: Fernando Rodríguez Laso para www.unmundodecine.com].
Ford además siempre admiró a los personajes que se sitúan fuera de la ley y que desde esa situación intentan cooperar por el bien de la sociedad a pesar de la marginación a la que se ven sometidos por los supuestamente decentes, un ejemplo de ello además de Tom Joad es el personaje de Tom Doniphon en El Hombre que mató a Liberty Valance.
[Autor del artículo: Fernando Rodríguez Laso. Licenciado en Historia]
Si se observa el film desde una perspectiva marxista también puede verse claro el antagonismo de clase, el poder sobre los trabajadores se ejerce desde posiciones de fuerza y quienes lo realizan aparecen con símbolos de poder (placas de sheriff, porras, pistolas o automóviles caros). Siempre que aparece alguno de estos símbolos una desgracia va a acontecer sobre los trabajadores.

Fotografía

Sin duda uno de las personas claves en la realización de este filme y cuya mano no cesa de notarse es Gregg Toland. Fue escogido de acuerdo con un tipo de película de prestigio y volvería a trabajar con Ford en Hombres Intrépidos (1940), alcanzando la fama definitiva con Orson Welles en Ciudadano Kane. En Las Uvas de la Ira su fuente de inspiración fue la Farm Security Administration (FSA), que a partir de 1935 supervisó el trabajo de varios fotógrafos que recorrían EE.UU. haciendo instantáneas caracterizadas por un estilo desnudo, para documentar las condiciones económicas y los esfuerzos del gobierno federal por la mejora de las mismas. Nunca antes ninguna agencia gubernamental se había encargado de recoger imágenes tanto de pobreza como de prosperidad.
[Autor: Fernando Rodríguez Laso para www.unmundodecine.com]
Ford, gran amante de la fotografía, decidió que ese era el tipo de imagen que necesitaba su película. Toland pudo aplicar también su huella, la expresionista, con juegos de luces y sombras y efectos teatrales, que se aprecian en las escenas oscuras como la del encuentro con Muley. Usó la técnica de profundidad de campo que permite ver nítidos los objetos lejanos de cámara y dar sensación de un “realismo tridimensional”. Se decidió para endurecer las imágenes, prescindir del maquillaje sobre los actores y que la cámara careciera de filtros difusores.
[Autor del artículo: Fernando Rodríguez Laso. Licenciado en Historia]
El Productor
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No se puede hablar de esta película sin comentar el decisivo papel que en ella ejerció el productor Darryl F. Zanuck, quien nunca había mostrado ningún interés por mantener la fidelidad de ningún libro, pero todos coinciden en señalar que esta adaptación mantuvo el espíritu de la novela hasta el máximo grado exigible.
[Autor: Fernando Rodríguez Laso para www.unmundodecine.com]
Zanuck, como productor de la cinta, asumió su montaje, su sonorización y el añadido de la música, hecho que a Ford no pareció contrariarle demasiado, pues consideraba a Zanuck un gran montador.
[Autor del artículo: Fernando Rodríguez Laso. Licenciado en Historia]
Como música en Las Uvas de la Ira Alfred Newman adaptó “Red River Walley”, canción popular norteamericana, con un suave acordeón, interpretado por Danny Borzage sin acompañamiento de orquesta. Era música tradicional americana, que casaba muy bien con el tono general de la película. Además la música describe muy bien el sentimiento anímico de los protagonistas. En los créditos iniciales la misma melodía se alterna en ritmos alegres, tristes, nostálgicos y esperanzadores lo que ya nos anuncia lo que vamos a vivir durante la proyección. A lo largo del metraje podemos saber las sensaciones de los personajes si estamos atentos a la música. Un ejemplo es el inicio de la marcha hacia California, al principio con ritmo alegre, hasta que el abuelo muera, el siguiente tramo del viaje será con la misma melodía pero transmitirá tristeza.
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Zanuck le comento a Steinbeck que contrató detectives para comprobar si las acusaciones que el escritor vertía en la novela eran ciertas y la conclusión final fue que en realidad las condiciones de los campesinos eran todavía peores. Nunnally Johnson (adaptador de la novela) pensaba que la visita del productor a los campamentos de inmigrantes fueron muy reveladoras para él .
[Autor: Fernando Rodríguez Laso para www.unmundodecine.com]
Steinbeck afirmó que Zanuck realizó casi un documental y aprobaba el estilo visual, porque además reconocía en él la inspiración de las fotografías de Dorothea Lange.
[Autor del artículo: Fernando Rodríguez Laso. Licenciado en Historia]
Para la adaptación de la novela el guionista Nunnally Johnson consiguió trasladar admirablemente los personajes y el espíritu del libro, salvo en las secuencias iniciales donde no hay acción directa y es necesario un director de cine. Trabajó estrechamente con Zanuck para suavizar las referencias políticas y eliminar la mayoría de reflexiones sobre la necesidad de una revuelta organizada de las clases explotadas. La obra cinematográfica guardó extrema fidelidad con la obra original. Hubo cambios, sobre todo para introducir una mayor carga de esperanza en el relato, pero se respetó el espíritu de la historia de Steinbeck. Lo que se omitió en el guión se compensó con la dirección de Ford y la labor de Toland y dio como resultado un film que para algunos críticos es incluso más áspero que el libro.
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La novela presentaba primero a los Joad felices, en un agradable campamento gubernamental y más tarde trabajando duramente en la recogida de melocotones a cambio de un exiguo salario. Se dio un aire más optimista de acuerdo con el “New Deal” de Roosevelt, lo cual era una gran concesión por parte de Zanuck, republicano y más cercano al lado del capital. Pudiera ser que el productor, concienciado tras visitar los campamentos de inmigrantes quisiera agradar al Gobierno federal que había establecido un ambicioso programa social y económico bajo el “New Deal”.
[Autor: Fernando Rodríguez Laso para www.unmundodecine.com]
Se introdujo una escena optimista, la del padre con sus dos hijos en la cafetería. Steinbeck aprobó la nueva escena y defendió sin fisuras la película. La novela terminaba con Rosasharn, dando de beber leche de su pecho, con el consentimiento de su madre, a un hombre de 50 años cuya muerte se aproxima, para Steinbeck este final simbolizaba la culminación del camino de los Joad hacia el descubrimiento de la fraternidad más allá del grupo familiar. En el film estaba claro que esa escena no pasaría la censura, y además se quería dar una mayor dosis de esperanza a la adaptación. La escena final de la película en la novela aparece en el 2º tercio cuando la familia se va de Hooverville en el camión porque el campamento se está incendiando, en ella Ma Joad dice “Somos los que vivimos. No nos destruirán. Somos el pueblo, seguimos adelante” en la escena final estas palabras son cogidas prácticamente de forma análoga y así finalizó con un tono esperanzador que gustó incluso a Steinbeck. Esta conclusión a Ford le pareció correcta, su final ponía énfasis en la soledad del personaje y no en la colectividad que representa.
[Autor del artículo: Fernando Rodríguez Laso. Licenciado en Historia]
Años más tarde Ford acusó a Zanuck de “falta de integridad artística” y de que sólo le interesaba hacer “películas de éxito asegurado”, pero la decisión de Zanuck de producir “Las Uvas de la Ira” contradice esta afirmación. Decidió rodarla a pesar de contar con la oposición de la “Cámara de Comercio” y el “Consejo Agrícola de California”, que pidió que fueran boicoteadas todas las películas estrenadas por la Fox.

Influencia
[Autor: Fernando Rodríguez Laso para www.unmundodecine.com]
Brevemente comentar a grandes rasgos su influencia. Fue un taquillazo en su estreno. En esas fechas se la tachó desde reaccionaria hasta marxista. Pero sin duda caló mucho entre el público comunista, el cantante Woody Guthrue la comentó en el periódico del Partido Comunista recomendándola y compuso la canción “Tom Joad”. La película perdió prestigio cuando dejó de estar de moda el cine social. Además el hecho de basarse en una obra literaria de mucho peso y la gran influencia de Zanuck en su elaboración propició que no estuviera del todo bien vista en la época en que el cine de autor empezó a surgir. Hoy esta situación ha cambiado y es sin duda considerara como uno de los grandes clásicos del cine.

Autor: Fernando Rodríguez Laso. Licenciado en Historia por la Universidad de Cantabria. Para www.unmundodecine.com

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¡Que bello es vivir! (1946)
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A continuación puede verse el trailer original de Las uvas de la ira:

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jueves, 22 de octubre de 2009

Horizontes perdidos (Pelicula, 1937)


Horizontes perdidos

(Lost Horizon. Frank Capra. USA, 1937)


-70 Aniversario de la II Guerra Mundial
Ciclo Período de Entreguerras (1919-1939)-


-Autor: José Felipe Díez Rioz-


Shangri La, ¿un mundo feliz?

[Este artículo está protegido por derechos de autor. Ver detalles al final del mismo] "No hay en la tierra ningún otro valle como el de Shangri La. Situado en las recónditas montañas de Blue Moon, es un lugar mágico, en el que nadie envejece, en el que nadie piensa en la muerte”, así describe James Hilton un lugar paradisíaco cuya historia relata en su novela de 1933 “Horizontes Perdidos”. Frank Capra, uno de los grandes directores de la historia del cine, compra los derechos de la novela y rueda la película manteniendo el mismo título. En ella nos narra las aventuras de Robert Conway, diplomático inglés, y sus acompañantes en ese lugar soñado. Capra refleja en esta película todo su universo fílmico con las características y personajes que le son propios, un cine vital y optimista cargado de valores éticos y morales, donde el hombre y la propia vida se observan desde el lado más positivo posible, realizando también en sus películas un excelente reflejo de la propia América desde los años veinte hasta los cuarenta.
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Tras los títulos de créditos con letras cursivas en el estilo del alfabeto chino sobre el fondo de las grandes montañas, las primeras imágenes de la película nos muestran las páginas de un libro, incidiendo de este modo en el origen literario del film; en ellas nos hablan de ese lugar utópico y soñado por los hombres:

En estos tiempos de guerra y de rumores de guerra, no han soñado nunca con un lugar donde haya paz y seguridad y la vida no sea una continua lucha...
sino un placer sin fin.

Por supuesto que sí, como todo hombre desde el principio de los tiempos. Siempre el mismo sueño, a veces lo llama utopía, a veces fuente de la juventud y otras simplemente esa pequeña granja de gallinas


Nos encontramos en Baskul (China) en 1935, el país se encuentra diezmado por la guerra civil y la amenaza de la invasión japonesa, el diplomático británico Robert Conway es encargado de organizar la evacuación de la población occidental. Con unas excelentes tomas de movimiento de masas que serán homenajeadas en películas posteriores, vemos como los aviones van despegando evacuando a los occidentales, hasta que finalmente será el propio Conway junto con su hermano George, un paleontólogo, un estafador perseguido por la policía y una chica americana enferma terminal de tuberculosis quienes consiguen escapar, pero el piloto no es quien ellos pensaban y su destino no será Shangai, sino ese valle oculto entre las montañas llamado Shangri La. Tras un aterrizaje forzoso en las montañés cubiertas de nieve donde el piloto muere, el grupo es rescatado por una expedición de nativos comandada por Chang que les traslada al valle de Shangri La, un valle entre las montañas con un clima primaveral lejos del frío y la nieve de las montañas. Estos acontecimientos son fruto de la casualidad o quizás de un plan predeterminado, el desarrollo de la película nos aclarará esta incógnita y veremos como Robert Conway deberá de resolver el enorme dilema que se le planteará en este lugar.

[Atención: a partir de aquí el comentario revela detalles importantes de la trama]
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En Shangri La todos los protagonistas de la película encuentran la felicidad, el propio Conway encontrará también el amor; únicamente su hermano George rechaza continuar en Sangri La, vemos como es el único que no se viste con la ropa del lugar sino que continúa con la suya. George manifiesta reiteradamente su deseo de salir del valle acompañado por Margo, una joven que no ha conseguido adaptarse a la vida de Sangri La.

En la primera parte la película se desarrolla como un trepidante film de aventuras pasando, una vez que los protagonistas llegan a Shangri La, a ralentizar su ritmo entrado en un tono filosófico y discursivo sobre la naturaleza de ese lugar, llegando así hasta la excelente última parte de la película donde veremos esa imagen de Conway rodeado de nieve abandonando el edén, que ya forma parte de las imágenes clásicas del cine.
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La película fue galardonada con siete nominaciones a los Oscar de la Academia obteniendo dos: mejor montaje (Gene Havlick y Gene Milford) y mejores decorados (Stephen Gooson). El rodaje fue complejo con la construcción de los espectaculares decorados de Shangri La y por el rodaje de las escenas en la nieve, ello hizo que el coste de producción se elevase a 2,5 millones de dólares, una enorme cantidad para la época que hizo que se agotase el presupuesto de los estudios Columbia para todo el año. A pesar del éxito cosechado por la película no se consiguió recuperar la cantidad invertida.

En cuanto a los actores encabezados por Ronald Colman como Robert Conway, cumplen perfectamente su cometido. Ronald Colman fue un actor británico de teatro, combatiente en la I Guerra Mundial y destacado actor en el cine mudo; obtuvo un Oscar por su interpretación en la película de 1947 dirigida por Geoge CukorDoble vida”. John Howard da vida el hermano de Robert, George, que no acepta vivir en Shangri La; Thomas Mitchell (inolvidable padre de Escarlata O`hara en “Lo que el viento se llevo”) y Edward Everett Horton (actor habitual en las películas de Capra) en los papeles Henry Barnard y de Alexander P. Lovett añaden las notas de humor a la película; Jane Wyatt como Sondra, la chica enamorada de Robert Conway aún sin conocerlo, además H.B. Warner como Chang y Sam Jaffe en el papel del Gran Lama.
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La banda sonora, bastante apropiada a las diferentes fases de la película, fue compuesta por Dimitri Tiomkin. Esta película supuso su primer trabajo en Hollywood de la mano del maestro Max Steiner

Un film clásico, muy bien rodado, interesante y entretenido, que no decepcionará a aquellos que aún no lo hayan visto y, aquellos que lo vuelvan a ver, comprobarán lo bien que soporta el paso del tiempo.

Existe una versión posterior dirigida por Charles Jarrott en 1973 y protagonizada por Peter Finch que se encuentra muy lejos de la película de Capra. Este remake aborda la historia con menor profundidad incluyendo hasta algunos números musicales.

La utópica felicidad
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Shangri La representa la felicidad utópica que todo hombre busca. El lugar de la eterna primavera llenó de luz y calor, donde no hay médicos porque las enfermedades no existen, donde, libre de toda contaminación, la vida se prolonga y sus habitantes con más de cien años de edad conservan el mismo aspecto que tenían en la juventud. Un lugar lleno de paz donde existe una convivencia armónica entre sus habitantes. Cuando Conway pregunta a Chang sobre la religión que se profesa en Shangri La respuesta es la moderación, evitar cualquier exceso, algo que favorece la felicidad y evita la existencia de cualquier tipo de delincuencia; “un poco de cortesía ayuda a suavizar los problemas más complicados” le dice a Conway.

Una filosofía basada en la ética cristiana, en la bondad, en una simple regla “sé amable”.

Todas las religiones han creado un paraíso o un edén parecido a Sangri La, el propio hombre ha creados paraísos artificiales utilizando sustancias como las drogas pero quien esto suscribe se une a aquellos que piensan que el único paraíso real es la infancia.

El final del período de entreguerras
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Tanto la novela como la película se realizaron en un tiempo ciertamente convulso en todo el mundo, el final del llamado período de entreguerras culminaría con el mayor conflicto armado de la historia de la Humanidad, la II Guerra Mundial el 1 de septiembre de 1939 cuyo 70 aniversario se conmemora este año y al cual estamos dedicando un Ciclo en Un Mundo de Cine.

Finalizada la I Guerra Mundial, los primeros años veinte estuvieron marcados por la difícil aplicación de los tratados de paz de 1919, mientras que la segunda mitad de la década constituyó un tiempo de armonía internacional.

Una serie de acontecimientos pusieron fin a la concordia existente creando un clima prebélico desde el inicio de los años treinta. La Gran Depresión en Estados Unidos provocada por el crack bursátil de 1929, los conflictos en Asia con la guerra civil en China seguida por la invasión japonesa en 1937, la guerra civil en España iniciada en 1936, el ascenso del fascismo en Italia y, sobre todo, la llegada al poder en Alemania del régimen nazi de la mano de Adolf Hitler llevarían, inevitablemente, a la segunda gran guerra mundial.
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Este clima de inquietud aparece reflejado en la película en la conversación entre el Gran Lama y Conway, “mira el mundo de hoy, ¿hay algo más digno de lástima? ¡Cuanta locura! ¿Cuánta ceguera!” dice el Gran Lama. Unas palabras que presagiaban los acontecimientos que poco después ocurrirían en la vida real.

Con esta situación, no resulta extraño el impacto que produjo en los espectadores el descubrimiento de un lugar como Shangri La, un lugar de paz y felicidad absolutamente contrario al ambiente que se vivía durante estos años.

Milton y Capra

La pluma de James Hilton y la cámara de Frank Capra construyen “Horizontes perdidos”.

James Hilton (1900-1954) fue un escritor británico de temprano éxito, publicó su primera novela “Catherine Herself” en 1920, sus libros tuvieron éxito internacional y desde mediados de los años 30 vivió y trabajo en Hollywood. Además de “Horizontes Perdidos” otras de sus novelas fueron llevadas al cine con bastante repercusión como “Goodbye, Mr. Chips” de 1934 o “Niebla en el pasado (Random Harvest)” publicada en 1941 y llevada la cine por Mervyn LeRoy. Milton fue galardonado con el Oscar en 1942 por su trabajo como guionista en “Señora Miniver” dirigida por Jan Struther.
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Y tras la cámara, Frank Capra (1897-1991), uno de los grandes directores de la historia del cine, de origen italiano emigró a Estados Unidos siendo un niño, desempeñó diversos oficios para costear sus estudios de ingeniero químico hasta que se introdujo en el mundo del cine logrando rodar su primer corto en 1922 “The Ballad of Fultah Fisher's Boarding House”, basado en un poema de Kipling. A partir de ahí, una tremenda carrera, con algunos títulos realmente excelentes, hasta prácticamente finales de los años 50. Su colaboración con Robert Riskin y con Sidney Buchman como guionistas, daría lugar a películas como “La locura del dólar” (1932), “Sucedió una noche” (1934) por la que obtuvo su primer Oscar al mejor director, “El secreto de vivir” (1936), su segundo Oscar también al mejor director, Vive como quieras (1938), tercer Oscar, “Caballero sin espada” (1939), “Juan nadie” (1941), “Arsénico por compasión” (1944) y la magnífica “¡Qué bello es vivir!” (1946). De esta última película y de Juan Nadie recomendamos vivamente la lectura de los comentarios que sobre ellas se realizaron en esta misma página.

Abordando los diferentes géneros desde la comedia hasta el melodrama pasando por el cine de aventuras y trabajando con actores de primera línea, Capra obtuvo una enorme popularidad logrando que su nombre figurase al frente de sus películas, algo que no habitual hasta ese momento. Finalizada la Segunda Guerra Mundial el mensaje de Capra se fue diluyendo, durante los años 50 realizo diversos documentales científicos, hasta que a principios de los años 60 decide poner fin a su carrera insatisfecho por el rumbo que estaba tomando el cine y dedicarse a escribir su biografía. Frank Capra falleció el día 3 de septiembre de 1991
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Como todos los grandes directores, su obra ha sido objeto de numerosos estudios a lo largo del siglo XX dando lugar a muy variadas opiniones, desde los que califican su cine de simple, ingenuo, sentimental e inclusive infantil, resaltando una presunta ideología conservadora y de exaltación de los valores de la iglesia católica hasta aquellos otros que lo consideran como el cineasta que mejor ha sabido retratar la sociedad de su época aportando un mensaje lleno de optimismo, idealismo, canto a la belleza de la vida, vitalidad y valores positivos tan necesarios en los tiempos de dificultades o de amenazas bélicas. Capra realiza una exaltación del poder de la voluntad en el hombre común que le hace poder enfrentarse a situaciones que parece que le superan absolutamente. Con independencia de todo ello, resulta incuestionable que nos encontramos ante un gigante de la dirección cinematográfica y, posiblemente, el mejor director del periodo de entreguerras.

Robert Conway es, aunque pudiera no parecerlo, un personaje capriano, podemos apreciarlo desde la primera vez que aparece en la pantalla transportando en sus brazos a una niña hasta el avión, posteriormente podemos escuchar su discurso humanista y antibélico en el avión cuando su hermano alaba su próximo nombramiento como Secretario de Exteriores. “Un soñador sobre mundos mejores” tal como lo define Chang y su tremenda tenacidad al final de la película.

La restauración de las viejas películas
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El Gran Lama explica a Conway como tuvo una visión en la que en un tiempo en que el hombre, exultante por su dominio de la técnica de matar, atacará al mundo de una forma tan atroz que hasta el último libro, hasta el último tesoro estará condenado a la destrucción.

Uno de los objetivos de las habitantes de Sangri La era preservar los tesoros creadas por el hombre salvándoles de la destrucción que provocaría la inminente gran guerra para recuperarlas en el renacer de la Humanidad. Curiosamente, “Horizontes perdidos” fue desapareciendo con el paso del tiempo hasta estar prácticamente perdida la versión completa.

La duración inicial de la película era de seis horas, Capra lo redujo a la mitad y tras la mala recepción producida en el preestreno, el director volvió a editar el film hasta terminar en el estreno oficial en 1937 con una duración final de 132 minutos, esta versión se fue perdiendo en numerosas reediciones de modo que en 1967 no existía una versión completa.
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Afortunadamente en 1973 el American Film Institute inició el proceso de restauración con la búsqueda de todas las versiones existentes obteniendo la banda sonora completa pero siete minutos menos de imágenes, por ello en la restauración se incluyen fotogramas fijos de los actores que hablan en ese momento para completar el metraje, esto junto con la restauración digital de las antiguas imágenes en 16 y 35 mm hicieron posible una buena reconstrucción de la película original constituyendo la versión que, afortunadamente, podemos disfrutar hoy día.

Para los amantes del cine, y también para aquellos que no lo son tanto, las películas constituyen no sólo pequeñas o grandes obras de arte sino un auténtico patrimonio del hombre, es por ello necesario conservarlas y restaurarlas para que constituyan un legado para las futuras generaciones. Es este sentido resulta ciertamente de agradecer la labor que realizar instituciones y personas individuales en pro de esta conservación, siendo “Horizontes perdidos” un buen ejemplo de ello.

Sangri-La, hoy
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Desde la publicación de la novela y, posteriormente, del estreno de la película Sangri La se ha convertido en un icono, el nombre ha sido utilizado repetidamente por grupos musicales o filosóficos, así como para denominar a hoteles o lugares de descanso; como ejemplos podemos citar dos: el lugar de descanso de los presidentes de los Estados Unidos en Camp David se denominó Sangri La y en la canción “Si volvieran los dragones” cantada por Joaquín Sabina y por Fito Páez aparece la siguiente estrofa:

Si el silencio cotizara más que el oro, si encontrara hotel en Shangri-La...

Pero, ¿constituye Sangri-La un anhelo del hombre occidental de comienzos del siglo XXI? Resulta ciertamente difícil contestar a esta pregunta, mientras que vemos como los habitantes de las grandes ciudades, prisioneros del ritmo de las propias urbes, vuelven sus ojos hacia la naturaleza escapando, en cuanto encuentran la menor ocasión, hacia el campo, el mar o la montaña buscando la tranquilidad, el sosiego y el silencio del que carecen en su vida ordinaria; frente a esto, ¿podría vivir el hombre actual sin la prisa, la competencia, el ruido, el strees, los conflictos, el sonido del teléfono móvil, sin Internet, TV u otros dispositivos electrónicos? ¿Y sin el dinero, leiv-motif de la vida de tantas personas?. Dejamos la respuesta a cada uno de los lectores.

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A continuación el único trailer encontrado de Horizontes perdidos:


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jueves, 15 de octubre de 2009

Glee (Serie de la Fox, 2009)


Glee

(Glee. USA. Serie de TV, 2009)


-Autor: José Luis Urraca Casal-


Sin duda, la mejor serie de la temporada

[Este artículo está protegido por derechos de autor. Ver detalles al final del mismo] El creador Ryan Murphy ha pensado que en los tiempos que corren de crisis económica, con suficientes preocupaciones rondando la cabeza de los espectadores, era hora de brindarles un espectáculo capaz de hacernos disfrutar de una agradable serie musical y evadirnos a la vez que entusiasmarnos, a la usanza de la época dorada de Hollywood. Y lo ha conseguido gracias a una refrescante serie en torno al coro de un instituto de educación secundaria que reúne humor, drama y ternura con un positivo mensaje hacia la vida y los sueños de la misma. Su nombre es Glee y está protagonizada tanto por actores jóvenes como adultos que responden a los estereotipos propios de las películas de instituto. Todo un merecido éxito de audiencia en Estados Unidos y prueba de talento del que hoy nos hacemos eco en Un Mundo de Cine, pues no tardará en llegar a la televisión de los países iberoamericanos.
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En los tiempos de la Gran Depresión, durante la década de los Años 30, el género musical cobró alas, gracias a la irrupción del cine sonoro, por su facilidad para hacer disfrutar al público y hacerle olvidar o sobrellevar sus problemas cotidianos. Ginger Rogers y Fred Astaire formaron en aquellos tiempos la pareja por excelencia de un género del que sólo en el año 1930 se produjeron más de 70 películas. De nuevo corren tiempos de crisis económica, y vemos que son acompañados además de por un revival del cine apocalíptico con numerosos títulos en ciernes, como en la década de los 70, por el éxito de diversas películas que giran en torno al musical.

Los fenómenos en esta época también tienen nombre y apellidos, High School Musical y Zac Efron, Hannah Montana y Miley Cirus o Camp Rock y los Jonas Brothers mueven millones de fans en todo el mundo. Aunque de igual manera existen otros intentos que aprovechando la nueva ola han intentado subirse a la misma con menor éxito, caso de Spectacular (2008). Pero aparte de las televisivas Hannah Montana en Estados Unidos y la fallida aunque sorprendente Britannia High en Reino Unido, faltaba su irrupción en la pequeña pantalla, ¿sería capaz una producción musical en formato de serie resultar aceptable para la audiencia de todas las edades y convertirse en todo un éxito? La respuesta no se ha hecho esperar, se llama Glee y va camino de convertirse en todo un fenómeno tras su estreno el pasado mes de septiembre en Estados Unidos.
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Ideada por Ryan Murphy, Brad Falchuk e Ian Brennan inicialmente como una película, pronto vieron la idoneidad de convertirla en serie de televisión, la cual vio estrenar su episodio piloto el pasado mes de mayo (con casi 10 millones de espectadores) y cuya primera temporada de 13 episodios de duración comenzó a emitirse el pasado 9 de septiembre. Murphy, responsable de anteriores series con un ácido y macabro humor negro como Nip/Tuck o Popular, ha apostado en esta ocasión por cambiar totalmente de registro y ofrecer al público algo que le haga sentir realmente bien, dados los tiempos que corren, aunque sin renunciar a cierto toque cruel que sabe respetar el buen gusto.

Por su propia definición, el coro es abrirte a ti mismo la alegría”. Esta frase que puede apreciarse en las escenas iniciales con que da comienzo el episodio piloto de la serie, junto con al retrato de la que fue directora del coro del instituto, Lillian Adler, resumen bien el conjunto de la serie. Podría definirse de muchas maneras, pero no de una manera tan sencilla la esencia de Glee. Y es así de sencillo, Ryan Murphy tiene por objetivo principal hacérnoslo pasar bien, con una comedia que reúne como receta mágica la combinación acertada de música, drama y humor. Porque Glee proporciona momentos de auténtico disfrute musical, pero también nos hace reir e incluso emocionarnos con situaciones enternecedoras.
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Todo ello va acompañado de canciones escogidas por el propio Ryan Murphy y que encajan apropiadamente dentro del argumento de los episodios al tiempo que resultan pegadizas por lo conocidas que son para el público. Las coreografías son obra de Zach Wood, incluyen los ensayos preparativos y guardan ese espíritu de la puesta en escena de shows televisivos como You think you can dance o American Idol, de gran éxito reciente entre el público norteamericano. Como resultado podremos escuchar música de Amy Winehouse, Beyoncé, Rihanna, Billy Joel, Barbra Streisand, Katy Perry, Olivia Newton John… junto a canciones de las grandes bandas de la década de los años 40 y 50, musicales como Cabaret, música disco, new wave o los actuales éxitos del pop

Nunca es tarde para perseguir los sueños

La serie para empezar nos sitúa en un escenario tan explotado como el Instituto, el High School como lo denominan los estadounidenses, lo cual no es un distintivo precisamente de originalidad, si observamos otras series de este año, The vampire diaries, 10 things I hate about you, Aaron Stone, Física o Química y un largo etc. tienen lugar también en este medio adolescente. Pero, y he aquí una de las diferencias, Glee no es sólo para el público adolescente, los personajes adultos, los profesores, cuentan con su cuota de fuerte protagonismo (el profesor de lengua, los entrenadores, la orientadora escolar, el director…) y no les van a la zaga a los teenagers de sus alumnos.
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Junto a esa etapa de adolescentes de “hormonas enloquecidas”, previo paso al mundo de los adultos, Glee juega con temas como la sexualidad, los prejuicios, los miedos y complejos… y, he aquí quizá lo más relevante, con la necesidad de aceptación social y la definición de una identidad propia. Podría hacerse todo un estudio sobre este tema en las películas y series adolescentes anglosajonas y sobretodo norteamericanas, con la preocupación por ser populares (la fama, que tanto atractivo ejerce en nuestros días) o el éxito que lleva, como dice el personajes de Finn Hudson, a no quedarse “en esta ciudad para siempre” o lo que es lo mismo, el miedo, esto es muy común en los guiones hollywoodienses, a no terminar convertidos en lo que llaman perdedores “loosers”.

Las elecciones que diseñarán su futuro, sus sueños y lo que más valoran los estudiantes… pero al mismo tiempo dilemas y sueños de los que no están exentos los adultos, que en base a responsabilidades, como el profesor Will a veces renuncian a lo que realmente les hacía sentirse realizados optando por una vida de mayor comfort y dinero. A lo que la serie responde que nunca es tarde para nadie si se tienen agallas para ello. De ahí la fabulosa canción principal de la serie titulada Don´t stop believin’. También previene sobre el éxito fácil que puede confundir a las jóvenes mentes pensando que existen atajos en la vida en lugar del esfuerzo y la preparación o que en la vida hay cosas mucho más importantes que la fama.

Resucitando el Coro del Instituto

La identidad del William McKinley High School se ve puesta a prueba cuando el profesor Will pretende resucitar el Coro del instituto, pues la actividad es propia de un tipo de estudiante estereotipado que responde a unas características que lo situarían en lo más bajo de la pirámide social del Instituto. Los “nerd”, que para que nos entendamos, vienen a ser los excluidos, normalmente empollones, con escasas amistades, y por supuesto que no participan de la actividad deportiva de todo instituto norteamericano que se precie, ya sea baloncesto, béisbol, atletismo, natación o como es el caso del High School de Glee, el rugby, prototipo por excelencia de masculinidad. En ese otro lado, el de la popularidad, encontramos a los atletas y a las animadoras.
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A la llamada inicial del profesor Will para volver a formar el Glee Club responden un chico en silla de ruedas, una chica negra entrada en carnes con una voz que parece la versión juvenil de Aretha Franklin o Gloria Gaynor, una oriental que pronuncia mal el idioma y que viste gótica, un gay de lo más fashion y la niña guapa que sueña con ser popular pero que ha caído en desgracia.

Pero para poder competir en los certámenes regionales de coros de instituto necesitan reunir doces miembros, lo cual resulta a todas luces difícil dado quienes son sus iniciales integrantes. Por ello la clave estará en incorporar a la estrella del equipo de rugby, el quaterback Finn, y así abrir una brecha que permita seguir su ejemplo a otros miembros del equipo, incluidas las animadoras. Lo mismo que le sucedía a Jamie Bell en Billy Elliot (2000), antes tendrán que lidiar con los prejuicios hacia la actividad y la compañía de los “nerds”.
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No serán sus únicos obstáculos, la entrenadora de las animadoras, la profesora Sue Silvester, a quien acompaña en sus apariciones el marcial redoble de tambor, será su principal enemiga, al considerar que el Coro perjudicará la actividad deportiva y a su grupo de animadoras, hasta ahora la más popular en el Instituto y de una masculinidad y aprendizaje más apropiados para sus alumnos. Y el anterior director del coro, el excéntrico y libidinoso profesor Sandy, quien hará lo posible por recuperar su puesto. Además la competición no sólo la tendrán con el resto de institutos, también será con sus propios problemas, desafíos y elecciones.

La crisis económica mundial, que ha hecho especial mella en los Estados Unidos, también está presente en el guión de la serie, a través de los ridículos efectos de los recortes presupuestario que sufre el Instituto y que llevan a su director a economizar a costa de multiemplear al profesorado, como es el caso de Will, que acepta tareas de conserje por la mitad del salario.

Un reparto nuevo y entusiasta

Will Schuester es el profesor de lengua española del Instituto de Educación Secundaria William McKinley. Un hombre en la treintena dedicado a sus alumnos que en su día formó parte del Coro del instituto en la mejor época de éste. Ahora, con las responsabilidades del matrimonio, se debate entre continuar la enseñanza o asumir un nuevo trabajo de carácter comercial mucho más rentable que haga mejorar la economía de su hogar, satisfaciendo los deseos de su esposa. Sin embargo, la destitución repentina del director del Coro le abre la posibilidad de ocupar su lugar y recuperar una actividad con la que se sentía verdaderamente realizado. El personaje, interpretado por el actor Matthew Morrison, bien parecido, es quien lidera el reparto, adoptando el papel de un profesor comprensivo y que se esfuerza por sacar lo mejor de todos y cada uno de sus alumnos. Morrison ha sido seleccionado tras haber participado en musicales de Broadway como Hairspray o South Pacific.
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En frente se encontrará a la entrenadora Sue Silvester, una especie de sargento encargada del grupo de animadoras del Instituto, quien ve desde el primer momento en el Glee Club a un grupo de fracasados que puede poner en peligro la primacía del deporte, del equipo de rugby y de sus animadoras. Perteneció a las fuerzas especiales del ejército, participó en el ataque a Panamá para derrocar a Noriega y su filosofía es de lo más agresiva, si uno quiere algo en la vida, debe hacer cualquier cosa para conseguirlo. Se trata de uno de los personajes más caricaturizados, sonando el redoble de tambor cuando aparece en escena, siempre tomando batidos proteínicos o realizando gimnasia. Además padece escoliosis, hepatitis y otras enfermedades. La actriz Jane Lynch compone a la perfección el personaje haciendo del mismo uno de los más crueles, ácidos y divertidos de la serie.
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Rachel Berry es una chica con el convencimiento de haber nacido para convertirse en una estrella. Talento no le falta, lo mismo que ingenuidad, y posee una maravillosa voz, por eso cuando descubre el anuncio pidiendo voluntarios para integrar el Glee Club no lo duda ni por un momento. Ve en ello la posibilidad no sólo de lograr su sueño sino de alcanzar la popularidad dentro del Instituto, donde ha caído en desgracia debido a su carácter de niña guapa algo creída, y es objeto de la burla y desprecio de los jugadores de rugby y las animadoras. Toda una perfecta diva, cree que el mundo gira en torno a ella, su relación dentro del coro no será fácil pues no está dispuesta a ceder el papel protagonista que por sus cualidades considera merecer. La actriz Lea Michelle también posee experiencia en musicales como Spring Awakening o The King and I en Broadway.
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Finn Hudson es el quaterback y la estrella del equipo de rugby del Instituto, aunque desea ser algo más en la vida y hacer algo que le permita salir algún día de la ciudad. Se convertirá en el reclamo que el Glee Club necesita para animar a otros estudiantes a unirse. Finn, de carácter noble y sensible a los demás, descubrirá que cantar con el coro le gusta, arriesgando su reputación y debiendo lidiar con los reparos y prejuicios de sus compañeros de equipo. Su novia es la guapa Quinn Fabray, líder del equipo de animadoras, pero también se sentirá atraído por Rachel, su nueva compañera de coro. Junto a la actriz Lea Michelle forma una efectiva pareja en pantalla donde funciona la química necesaria de cara al público. El personaje es interpretado por el joven canadiense Cory Monteith, quien ya ha aparecido en numerosos títulos (aunque hasta ahora en pequeños papeles), como las series Supernatural o Kyle XY.
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La orientadora escolar Emma Pillsbury es una persona comprensiva y con un gran sentido común, pero vive suspirando por un hombre casado como es su compañero de trabajo el profesor Will Schuester. No duda en ayudarle todo lo que puede a pesar de que cuanto más cerca está de él más sufre su amor imposible. Lo mismo le ocurre al entrenador Ken Tanaka, un hombre que siempre está disponible para ella, pero a quien a su vez, no corresponde. El personaje está interpretado por Jayma Mays, quien lo dota de un carácter tan frágil como sensible aunque certero en sus asesoramientos a amigos y alumnos.
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El personaje de Kurt interpretado por el actor Chris Colfer es un auténtico crack dentro de la serie. Se trata de un alumno gay con voz de soprano y debe aguantar el bullying de los integrantes del equipo de rugby. Viste de lo más fashion, tiene estilo y personalidad, convirtiéndose en uno de los cinco primeros alumnos en formar el nuevo Glee Club. Proporciona algunos de los mejores y más espectaculares momentos de la serie, como cuando para convencer de su hombría a su padre, entra a participar del equipo de rugby con su particular y espectacular estilo al ritmo de Beyonce.
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Mercedes Jones es una estudiante negra entrada en carnes con una personalidad que nunca está dispuesta a que la releguen a un segundo puesto, pues es consciente de su valía. Otra diva en ciernes. Una voz portentosa y dinamismo al más puro estilo de Gloria Gaynor (a quien emula en una canción) hacen de ella pieza clave del nuevo Glee Club resucitado por el profesor Will Schuester. Viste moderna, y no se corta un pelo a la hora de decir lo que piensa. El personaje es encarnado por la actriz Amber Riley en su primer gran papel en televisión.
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Artie Abrams es un chico inválido en silla de ruedas pero perfectamente capaz de aportar su valía como cantante y guitarrista eléctrico al Glee Club. Con buen humor, el personaje, interpretado por el actor Kevin McHale, es víctima junto a sus compañeros de formar un grupo que podría ser propio de una campaña publicitaria de la marca Benetton, pues es la antítesis de lo que se espera encontrar entre los cantantes de un coro.
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El High School William McKinley además de su equipo de rugby, cuenta con el consiguiente grupo de animadoras, las Cheerios, capitaneadas por la bellísima y atractiva rubia Quinn Fabray, quien como no podía ser de otra manera, es la novia del quaterback Finn. Aunque su relación es bastante peculiar, porque Quinn también es la presidente del Club de Celibato, cuyo lema es “Hay que provocar y provocar, sin nada de placer dar”. Dianna Agron, quien ha intervenido con papeles en series como Veronica Mars o Heroes, es la encargada de dar vida a esta guapa animadora.
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Noah “Puck” Puckerman es un estudiante con el cabello afeitado al estilo de los indios Mohawk, revelador de su aparente carácter de chico duro, siendo el principal acosador de los sufridos Artie y Kurt. De él suele decirse que responde al prototipo de futuro fracasado, apodándole en su caso Lima-Looser. Perteneciente al equipo de rugby, es uno de los principales atletas del Instituto y su éxito entre las mujeres, en especial las adultas, gracias a su cuerpo bien formado, no le resulta difícil en su trabajo como limpiador de piscinas. También posee buena voz y es el mejor amigo de su compañero de equipo Finn. Mark Salling es el actor que interpreta a este personaje.
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Tina Cohen-Chang es una estudiante asiática americana que viste de estilo gótico. Se trata de una chica con baja autoestima y una de las cinco primeras personas en unirse al Glee Club. Aunque tiene valía se ve a sí misma menos capacitada que su compañera Rachel para interpretar solos de la altura de la canción Tonyght, del musical West Side Story. Jenna Ushkowitz interpreta en esta serie su primer papel protagonista.
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El profesor Sandy Ryerson, interpretado talentosamente por el actor Stephen Tobolowsky, uno de los rostros más conocidos de la serie, es un personaje de lo más esperpéntico y gracioso, debido a sus gustos y obsesiones sexuales, como el cantante y promotor Josh Groban. Era el director del Glee Club previo a Will, hasta que por una denuncia de su alumna Rachel, fue despedido, no estando desde entonces autorizado a permanecer a menos de 20 metros de niños. Aunque su objetivo es poder volver a recuperar su puesto al precio que sea.

Terri Schuester es la esposa de Will, una mujer estresada por tener que trabajar cuatro horas diarias tres días a la semana y encima llegar a casa y verse obligada a hacerse la cena para ella misma. En su juventud fue miembro del equipo de animadoras. Ahora se muestra obsesionada por retener a su marido, a quien quiere para ella sola y desea que asuma una profesión que les reporte el dinero necesario para conseguir todas las cosas que ansía en su vida familiar. Conocida sobretodo por su personaje de Lauren Davis en la serie Boston Public, la actriz Jessalyn Gilsig es aquí la posesiva mujer del profesor Will.

El rudo y bienintencionado Ken Tanaka es el entrenador del equipo de rugby, interpretado por el actor Patrick Gallagher. Su personaje integrará el grupo vocal Acafellas junto al profesor Will Schuester. Vive perdidamente enamorado de la orientadora escolar Emma Pillsbury.

Otros enlaces relacionados en Un Mundo de Cine:

· Cabaret (1972)
· Muchas gracias Mr. Scrooge (1970)
· Billy Elliot (2000)
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A continuación el video promocional de la serie Glee:

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*Los redactores de Un Mundo de Cine informan de que esta página está bajo licencia de Creative Commons. La cita de partes de este artículo debe hacer constar: 1º) Autor: José Luis Urraca Casal, 2º) Fuente: www.unmundodecine.com, y 3º) incluir un enlace al artículo original. La reproducción total está PROHIBIDA y requiere autorización.

sábado, 10 de octubre de 2009

Katyn (Película de Andrzej Wajda, 2007)


Katyn

(Katyn. Polonia, 2007)


Estrenada ayer en Cines

-Autor: José Luis Urraca Casal-


Historia de una masacre silenciada por el régimen soviético

[Este artículo está protegido por derechos de autor. Ver detalles al final del mismo] Nominada al Oscar a la mejor Película extranjera en 2007, Katyn, dirigida por el veterano y laureado director polaco Andrzej Wazda, recupera para la memoria histórica la matanza de 22.000 polacos llevada a cabo por el estado soviético en 1940. Y lo hace desde una mirada impecable y no revanchista a través de las historias de una serie de militares y sus familiares, gozando de una notable presencia el punto de vista femenino, narrándonos los momentos previos a la masacre y la no menor dureza del posterior silencio al que fueron sometidos los familiares y Polonia bajo el Telón de Acero. Sin caer en el melodrama fácil, el film ofrece momentos que invitan a nuestra reflexión dentro de una lección histórica que posee un final realmente estremecedor.
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Durante medio siglo el pueblo polaco se vio obligado bajo la opresión del régimen comunista soviético a aceptar la versión falsificada de uno de los hechos más trágicos y funestos de la historia reciente del continente europeo. La rápida derrota de Polonia ante la invasión del ejército alemán en septiembre de 1939 se saldó aquel mismo mes con la materialización del reparto acordado entre nazis y soviéticos del suelo polaco. Siete meses más tarde, el ejército rojo llevó a cabo la matanza indiscriminada de 22.000 polacos, la mayoría de ellos oficiales hechos prisioneros durante la ocupación, los cuales fueron enterrados en fosas comunales en la región de Katyn en Ucrania. Pertenecían a los campos de Kozielsk, Starobielsk y Ostashkov. El método utilizado para quitarles la vida fue un tiro en la nuca. Los hechos se conocieron tras la invasión de la URSS por el ejército nazi, pero finalizada la guerra en 1945, el estado soviético estableció una diferente versión oficial, adjudicando la matanza a los alemanes. El silencio fue implantado en Polonia a base de hacer desaparecer a quienes hubieran tenido contacto con la primera exhumación de los cadáveres o discutieran la versión oficial, incluidos los familiares de las víctimas.

17 años han tenido que transcurrir para que desde la caída de la Unión Soviética, (momento en que Rusia reconociera en 1990 la autoría de los hechos), el director Andrzej Wajda, hijo de una de las víctimas de Katyn, llevase la historia de la matanza al cine. Uno de los más conocidos y reconocidos cinematógrafos polacos (ganador de un Oscar honorífico de la Academia de Hollywood), quien ya ha tratado el tema de la guerra en sus films, y que siempre ha estado comprometido con la historia de su país (recordemos esa sinfonía en celuloide del salvaje capitalismo industrial que representa La tierra de la gran promesa), a sus 81 años (no sólo Eastwood es capaz de hacerlo) nos ofrece un film plenamente respetuoso con los hechos, sin caer en la sensiblería o las concesiones melodramáticas de un cine más comercial.
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Su visión de lo sucedido reviste un gran respeto, mostrándonos la evolución de los hechos a través de la mirada de los oficiales y sus familias, caracterizados éstos por un gran sentido del honor y los principios, así como del sacrificio, cualidades que en el film van intrínsecamente acompañadas. Katyn intercala imágenes de archivo, fundamentalmente las correspondientes a las exhumaciones practicadas por nazis primero y soviéticos después de una manera que encajan perfectamente en el discurrir de la película. El reparto resulta excelente, ajustándose a lo que es una película coral, donde sin embargo las diversas historias y personajes, tal y como son recogidas sus historias, pueden causar cierta confusión en el espectador.

El film se inicia con una imagen muy simbólica y muy parecida a la que viven Solomon Perel y su hermano en la película Europa, Europa. Una marea de refugiados cruza un puente huyendo de los alemanes, pero desde el otro lado se les anuncia que desde el Este llegan los soviéticos. Es el 17 de septiembre de 1939 y el ejército rojo, en virtud del pacto Ribentrop-Molotov, el acuerdo secreto firmado entre nazis y comunistas, toma posesión de la parte de Polonia que le corresponde. El 1 de septiembre Alemania ha comenzado la invasión de Polonia, arrollando por completo al ejército defensor, que ve desaparecer sus últimas esperanzas cuando es traicionado por su otro vecino, la Unión Soviética.
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Asistimos a la tragedia que se gesta desde ese momento y que desemboca en la matanza de Katyn, y lo hacemos a través de una serie de oficiales polacos ficticios y, desde un principio, he aquí la peculiaridad, sus familiares, entre los que encontramos hijas, hermanas, esposas y madres, pues la tragedia también lo fue para ellas. Primero al ser separadas de sus maridos, hechos prisioneros, luego angustiadas por el misterio de la falta de noticias, más tarde en 1943 recibiendo la noticia de su exterminio pero conservando en muchos casos todavía la esperanza de su regreso, y por último sometidas a tener que comulgar con la falsedad que supuso la imposición de la versión oficial soviética, atribuyendo el crimen a los alemanes.

Wajda muestra en diversas escenas la buena relación existente en esos momentos de la invasión entre rivales tan opuestos como nazis y comunistas, decidiendo entre sí el destino de una Polonia que a lo largo de su historia ha padecido numerosas ocupaciones y que ha tenido difícil el sobrevivir como nación independiente. Y nos habla de la barbarie ejercida por ambos regímenes totalitarios. En ese sentido resulta novedoso, y en la película del todo impactante, ese momento tan poco conocido en que el 6 de noviembre de 1939 el Claustro de profesores de la Universidad de Cracovia, que ha continuado impartiendo su labor académica a pesar de la ocupación nazi, es reunido para comunicársele los planes de educación de los ocupantes. Pero en su lugar, el Obersturmbannführer Bruno Müller le explica al Claustro que su actitud es considerada por Alemania un acto hostil y a continuación todos los profesores son arrestados y metidos sin más dilación en camiones. Fueron enviados a los campos de concentración de Sachsenhausen y Dachau, en los que algunos no sobrevivirían ni llegarían a ver su liberación por la presión internacional.
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Es aquí donde la película hace especial incidencia, en la intelectualidad que todo país necesita para construir su presente y futuro independiente como nación. Y como en Polonia fue cercenada por completo de forma premeditada. Es el caso de los oficiales cautivos, como su General les recuerda “Hay aquí estudiantes, profesores, ingenieros y también un pintor. Deben perseverar. Porque sin ustedes, la Polonia libre no existe”. Y los soviéticos es a ellos a quienes eliminan, para someter así a Polonia bajo su yugo. Hay atisbos también de la lucha de clases. En un momento de cautiverio el capitán Andrzej y su amigo comentan como los alemanes se quedan con los soldados y los soviéticos con los oficiales.

La película salta de 1940, no mostrándonos la masacre y sumiéndonos en la ignorancia del destino sufrido por los familiares para trasladarnos a 1943. Es el segundo año de la invasión alemana de Polonia, y las fosas de Katyn en Ucrania son descubiertas, siendo utilizadas propagandísticamente por los alemanes en su lucha contra el ahora convertido en enemigo ejército rojo. Las listas de encontrados en las fosas son publicadas por la prensa y comunicadas por la radio y los altavoces situados en las calles.
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Los aliados ceden a La URSS en Yalta todo el Este de Europa como área de influencia, y Polonia es uno de los países que finalizada la guerra queda bajo el manto del comunismo. Ahora, Stalin, diseña toda una campaña para enmascarar lo sucedido, y con documentos gráficos incluidos muestran a los polacos y al mundo como la masacre fue cometida por los alemanes en 1941, (y no en 1940 como realmente fue, pues en ese año Alemania todavía no había invadido la URSS y por tanto no había llegado a la región de Ucrania donde yacen los cadáveres en fosas). Se elimina a todo aquel que ha tenido un contacto directo con la exhumación practicada por los alemanes en 1943, en la película el propio párroco que ofició la ceremonia por los muertos en Katyn.

La película hasta al final muestra el dolor de unos familiares que se debaten entre aceptar la versión oficial soviética, porque lo que se impone es seguir viviendo y quienes se niegan a aceptar semejante ultraje, incapaces de no honrar y hacer descansar en paz debidamente a sus muertos, conocedores como son de la verdad.
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La escena final es estremecedora (no la revelaremos) y la única frase que rompiendo el silencio alcanza a pronunciar uno de los oficiales entonando el Padre Nuestro “…Perdona nuestras culpas como también nosotros perdonamos a nuestros deudores” revela el perdón que junto a la recuperación de este pasaje trágico de la historia ha querido acompañar su director, de acuerdo a la característica e histórica fe cristiana del pueblo polaco, tan presente en diversos momentos del film, como consuelo del alma y esperanza en el futuro, de sus personajes.

Otros enlaces recomendados en Un Mundo de Cine:

· Europa, Europa (1989)
· Ciudad de vida y muerte (2009)
· John Rabe (2009)
· Síguenos ahora en Facebook

A continuación puede verse el trailer de la película:

*Los redactores de Un Mundo de Cine informan de que esta página está bajo licencia de Creative Commons. La cita de partes de este artículo debe hacer constar: 1º) Autor: José Luis Urraca Casal, 2º) Fuente: www.unmundodecine.com, y 3º) incluir un enlace al artículo original. La reproducción total está PROHIBIDA y requiere autorización.