lunes, 1 de marzo de 2010

Invictus (Película, Clint Eastwood, 2009)


Invictus

(Invictus. USA, 2009)


-Autor: José Luis Urraca Casal-


Hay ejemplos que merecen ser recordados

[Este artículo está protegido por derechos de autor. Ver detalles al final del mismo] Invictus se trata de un claro y apasionante homenaje a uno de los políticos más reconocidos de nuestro tiempo, el hombre que dirigió la transición desde el régimen del Apartheid que había durado décadas de dominación blanca a una Sudáfrica democrática a cuya población negra se le abrían las puertas para decidir su destino. Clint Eastwood traslada a la pantalla una hermosa y edificante historia de perdón y de reconciliación, un claro ejemplo para el mundo de hoy, donde el deporte, lo mismo que lo hizo para Mandela, se convierte en instrumento de unión y ejemplo de superación. La interpretación que de Nelson Mandela realiza Morgan Freeman nos hará confundir por su parecido al actor y al personaje histórico dentro de una película con momentos de suma emotividad gracias a la sabia concepción de Eastwood, la cual quedará ya ligada para siempre al recuerdo del personaje histórico.

Cuando David Lean llevó finalmente a cabo a comienzos de los 60 Lawrence de Arabia, un proyecto largamente ambicionado y postergado por el cine durante las décadas anteriores, no se decantó por retratar al personaje a través de un biopic al uso, recorriendo todo su periplo vital, sino que tomando como fuente de inspiración Rebelión en el desierto y Los siete pilares de la Sabiduría, obras del propio Lawrence, así como una obra teatral, nos legó un magnífico semblante de lo que había significado aquel hombre en su tiempo recorriendo tan sólo dos años de su vida. Medio siglo después, en el caso que nos ocupa, Morgan Freeman desde hacía algunos años ambicionaba poder trasladar a la pantalla e interpretar en la misma la vida de Nelson Mandela. Inicialmente pensó en hacerlo a través de El largo camino a la libertad, autobiografía del que fuera primer presidente negro de Sudáfrica, pero ante la complejidad de abarcar tantas décadas de su vida, terminó por optar por un libro escrito por el periodista John Carlin, quien había conocido muy de cerca al estadista, sabiendo condensar cual si fuera una fotografía, en un período cronológico de un año, el primero de su mandato, el espíritu de aquel hombre y su política. Salvando las numerosas distancias estilísticas entre las películas de los dos grandes directores Lean y Eastwood, en lo que respecta a ese espejo de la historia que a veces resulta ser el cine, Invictus sale también sumamente airosa, convirtiéndose en toda una lección sobre la reconciliación, el perdón y el afán de superación que caracterizó a uno de los hombres más reconocidos de nuestro tiempo, Nelson Mandela.

Emprender el camino de la reconciliación
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El film nos sitúa en 1994, Nelson Mandela acaba de resultar elegido presidente de Sudáfrica tras décadas de apartheid en las que la población blanca ha ostentado todos los derechos mientras que ha mantenido a las otras razas segregadas, al tiempo que privadas de su participación en la dirección de los asuntos del país. Se trata de un momento crucial de la historia reciente, pero a la vez sumamente crítico. Los blancos, especialmente los afrikaneers, ven con sumo temor y recelo la elección de un negro, y se preguntan ¿qué va a ocurrir ahora? Mientras que desde la otra cara de la moneda, la población de color, quienes han vivido la segregación, la represión, acumulado sufrimiento y en especial las decenas de miles de aquellos que han luchado porque llegase esa hora, acarrean un torrente de expectativas y esperan ver colmadas sus esperanzas. El país está al borde de la división.

Y es en esa hora en la que la Historia puede escribirse con mayúsculas, donde la habilidad de un hombre que ha permanecido preso durante 27 de los últimos años de su vida, entra, nunca mejor dicho, en juego, enfrentándose tras su elección al reto de gobernar la nave de su país. Morgan Freeman y Clint Eastwood han sabido ver en la obra de John Carlin, la síntesis de lo que caracterizó a Mandela, a través de una historia real, la de su fe en el equipo de rugby nacional –el orgullo de los blancos- para, alcanzando la victoria en el Mundial de 1995, lograr en torno a la ilusión y el orgullo unir a su pueblo y encarar juntos el futuro. No deja de ser una casualidad, cuando el mismo año del estreno de Invictus, era proclamado en los Estados Unidos el primer presidente negro de su historia enfrentándose igualmente a un país notablemente dividido.
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La película sin llegar a ser una obra maestra, nos otorga una apasionante mirada en torno a la figura de Nelson Mandela, la cual emerge en la interpretación de Morgan Freeman, por encima del resto de elementos del film. La maestría de Eastwood y sus colaboradores se traduce en una factura limpia de sentimentalismos épico biográficos y donde los pequeños detalles del día a día del propio Mandela y las personas que guardan relación con él, son lo que convierten al film en una historia que no pierde de vista la dimensión humana que trata de enseñarnos. Acompañando a un Freeman transformado por completo en Mandela, incluido su acento y tono de voz, descubrimos a un hombre sencillo que se hace metódicamente la cama todos los días, que a continuación lo primero que emprende cada mañana aún de madrugada es un paseo –eco del que en su día realizaba también diariamente entre Soweto y Johannesburgo- y que siempre guarda palabras de cariño para quienes le rodean. Puede resultar aparentemente una visión bastante plana del personaje, donde únicamente se resaltan los elementos positivos del mismo, pero donde Eastwood también cruza alguna anécdota que nos deja elegantemente en el aire las sombras de su vida, como cuando al ser preguntado por uno de sus guardaespaldas por su familia, interrumpe el paseo matutino de forma inmediata, reflejo de la separación de su esposa Winnie tras salir de la cárcel en 1990, y haberse visto la imagen de ella seriamente deteriorada por una serie de sucesos que hacían peligrar la causa de Mandela.

[Atención: a partir de aquí el comentario revela detalles importantes de la trama]

La unión a través del deporte

El guión parte en su inicio mostrándonos el recelo mutuo de ambas comunidades, la negra y la blanca, ejemplificado tanto en el grupo de guardaespaldas del presidente, que ha de dar cabida por orden de éste a algunos agentes blancos del mismo anterior sistema que los utilizaba para someterles, como en la familia del capitán del equipo de rugby, donde su padre, un afrikaneer –el sector de la población blanca de actitud más marcadamente racista- soporta difícilmente la nueva situación y desconfía abiertamente del presidente.
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Ante esta situación, la principal preocupación de Madiwa –como le llaman sus conciudadanos- es la de unir frente a lo que parece ser una más que inevitable creciente separación, elemento clave para sacar al país adelante. Y es en el equipo de rugby Springboks, orgullo de la población blanca, el cual no pasa precisamente por su mejor momento ante sus sucesivas derrotas-paralelismo con la victoria del Partido del Congreso de Mandela en las elecciones y la derrota de los principales partidos de los blancos- donde Mandela encuentra el leitmotiv, el instrumento para conseguir aunar a todos los ciudadanos en torno a una misma afición. No lo tendrá nada fácil, como el mismo personaje recuerda en la película, cuando se encontraba preso en la cárcel, él deseaba que perdiera los partidos, lo mismo que el resto de la población negra, pues sus derrotas eran para ellos victorias sobre el régimen que los oprimía.

Y su interlocutor dentro del equipo será el histórico capitán de los Springboks, Francois Pienaar, donde el actor Matt Damon ha conseguido dar la talla, con toda la apariencia propia de un jugador profesional de rugby. Ambos, Madiwa y Pienaar, tendrán algo en común, como responsables de motivar a sus equipos, de empujarles a superar las dificultades, de ver más allá de su actual situación y de mostrarles que entregándose a fondo pueden alcanzar lo aparentemente imposible. Un equipo como los Springboks, apartados de las competiciones internacionales durante los años del Apartheid, parecía contar de entrada con pocas posibilidades en su lucha con otras legendarias formaciones como Francia, Australia, Gran Bretaña o Nueva Zelanda. Pero contaron en el intento con todo el apoyo del presidente.
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Es a partir de entonces cuando se producen algunos de los momentos más emotivos del film. El equipo de los Springboks, formado únicamente por jugadores blancos a excepción del negro Chester Williams, recibirá además del encargo de ganar el Mundial, recorrer previamente escuelas a lo largo del país llevando el rugby a los más jóvenes. Será la forma de entrar en contacto los jugadores con una realidad en los ghettos donde reside la población negra -que los blancos no se aventuraban a pisar- y sus humildes condiciones de vida. Dentro de esa comprensión del otro, el momento quizá mejor logrado de la película de Clint Eastwood lo hallamos cuando Pienaar y el resto del equipo visitan Robben Island, el lugar donde Nelson Mandela pasó 18 de sus 27 años de encarcelamiento. La celda de apenas unos metros cuadrados donde el célebre preso 466/64 se vio privado de la libertad convertido en un símbolo de la opresión de su raza o el campo de trabajo donde picaba piedra cobran vida cuando la película hace a Pienaar imaginar a Mandela en ellos durante su cautiverio.

El partido que salvó una nación

En su segunda parte, es la final del Mundial de rugby jugada entre los All Blacks de Nueva Zelanda y los Springboks de Sudáfrica la que preside la película, rodada en el mismo estadio Ellis Park en la que se celebró, con acontecimientos como el sobrevuelo del avión. Unas gradas que albergaban a 60.000 espectadores, la mayoría de ellos blancos. De nuevo asistimos a momentos emocionantes al tiempo que históricamente reales, como cuando el presidente desciende al campo vestido con los colores del equipo nacional, o cuando desde las gradas el público se une en una sola voz al entonar “Nelson, Nelson”…
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En ese momento la política de Mandela se juega en la arena, residiendo sus esperanzas en la fuerza, la destreza y la valentía de los jugadores capitaneados por Pienaar. Eastwood presta especial y prolongada atención al juego con ángulos y planos que completan unas escenas sumamente realistas, sin duda entre las mejor rodadas en torno a este deporte. Y el partido se decide en el último el último momento gracias al tanto anotado por Joel Stransky, jugador judío que en el film interpreta Scott Eastwood, el propio hijo de Clint Eastwood.

El júbilo se desata en todos los lugares del país y por unos momentos se olvidan las rencillas del pasado. Y eso se acompaña de la camaradería que acaba estableciéndose entre los guardaespaldas de Mandela, preocupados simplemente por hacer bien su trabajo, sin importar de qué raza es cada uno, o en las escenas del niño y los policías. Aunque la cámara nos muestre distintos lugares de celebración donde cada raza lo festeja por separado, reflejo de que aún queda mucho por hacer, pero el gigante que es Mandela ha mostrado el camino, como le dice Francois Pienaar cuando Mandela acude a felicitarle por el triunfo, “No señor presidente, gracias a usted por lo que ha hecho por nuestro país”.

“Soy capitán de mi alma, señor soy de mi destino”
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Las palabras del poema Invictus, escrito por William Ernest Henley en 1875 en momentos de dura enfermedad y que Mandela conoció estando en prisión ayudándole a encarar su largo cautiverio, nos son repetidas en diversos momentos del film, y ejemplifican la voluntad inquebrantable de un hombre y un sueño ausente de miedo y de rencor. Nacido en 1918, Nelson Mandela estaba predestinado a ser jefe de su tribu, pero eligió la abogacía y engrosó las filas del Partido del Congreso Nacional Africano y el movimiento antiapartheid a mediados del Siglo XX. Protagonista de diversas campañas contra el régimen de Pretoria, ilegalizado su partido, pasaría a liderar la lucha armada, eso sí renunciando ésta a cometer delitos de sangre, y en 1962 entraría en prisión para después ser condenado a cadena perpetua. Desde su cautiverio, donde su mejor apoyo lo encontró en su esposa Winnie, se convirtió en símbolo universal de la lucha contra la opresión y el Apartheid. Tras 27 años en prisión, la mayor parte de los mismos en la Isla de Robben, contrajo tuberculosis y pasó a cumplir su pena en una residencia vigilada.

Sería el 11 de febrero de 1990 cuando el gobierno del presidente De Klerk, quien había emprendido complicadas reformas que conducirían a lograr la democracia de Sudáfrica desde su llegada al poder, puso en libertad a Nelson Mandela. Éste desde el primer momento aceptó la mano tendida del presidente, eligiendo el camino de la no violencia para lograr el fin del Apartheid. El 27 de abril de 1994 se convertiría en el primer presidente de Sudáfrica -cargo en el que permanecería hasta el 14 de junio de 1999- con el propio Frederick Willem de Klerk y Thabo Mbeki como vicepresidentes.

Este domingo Morgan Freeman, de quien Mandela dijo que sólo él podría interpretarle, seguramente se alzará merecidamente con el Oscar por la interpretación que hace del mismo.

Otros enlaces recomendados en Un Mundo de Cine:

· En tierra hostil (The hurt locker, Kathryn Bigelow, 2008)
· Amazing Grace (Michael Apted, 2006)
· Malditos bastardos (Quentin Tarantino, 2009)
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A continuación puede verse el tráiler de Invictus:


*Los redactores de Un Mundo de Cine informan de que esta página está bajo licencia de Creative Commons. La cita de partes de este artículo debe hacer constar: 1º) Autor: José Luis Urraca Casal, 2º) Fuente: www.unmundodecine.com, y 3º) incluir un enlace al artículo original. La reproducción total está PROHIBIDA y requiere autorización.

13 comentarios:

Vicente dijo...

Felicidades por el artículo recoge muy bien la naturaleza de esta pelicula y lo q Clint Eastwood trata de transmitirnos con ese gran hombre que es Nelson Mandela.

Anónimo dijo...

Me quedé admirada al ver la peli de como era este hombre y eso que estuvo tantos años en prisión, verdaderamente Jose Luis Mandela es un ejemplo para todos.

Patri

José Luis dijo...

Hola Vicente. Gracias por tu felicitación. Yo creo que la película dirigida por Clint Eastwood ha sido muy honesta con el personaje y con el pasaje de la historia que recoge. Sin artificios, dentro de una mirada limpia y elegante, muy bien rodada y donde eastwood se deja notar sobretodo en los pequeños matices y en los momentos más íntimos de los personajes.

José Luis dijo...

Patricia, Mandela ciertamente es un ejemplo para todos nosotros. Es el político que sabe comprender las necesidades del momento histórico que le toca vivir, y no renuncia a sus principios, a pesar de la adversidad, para lograr su noble propósito. La película en mi opinión capta muy bien el espíritu de su lucha y de su obra.

Toño dijo...

Extraordinaria película del señor Eastwood. Como bien han indicado antes, recoge bien el espíritu del momento (muy complejo y al borde una guerra civil) unidos al deporte.
El poema de William Ernest Henley, nos sirve de vehículo en el pensamiento y el modo de ser de Mandela.
En fin, una gran película que nadie debe perderse.

Un saludo José Luis

Felipe dijo...

José Luis, suscribo el comentario de Toño. Para mi gusto la película es ligeramente inferior a los últimas obras de Eastwood, pletóricas de madurez y sabiduría, quizás el personaje es tan grande que supera al director y al actor principal. En cualquier caso imprescindible. Para la Académica, Morgan Freeman, premio Oscar al mejor actor principal, él es Nelson Mandela.
Un saludo,

José Luis dijo...

Hola Toño. Efectivamente el poema que citas y que Mandela conoció estando en prisión, le serviría para resistir durante su cautiverio y mantener su esperanza, empleado en la película habla de su espíritu. De cómo un hombre, a pesar de las adversidades que puedan cernirse sobre él, no pierde la esperanza de ser dueño de su destino, sin ira y sin miedo.

José Luis dijo...

Felipe, es que hasta ahora Clint Eastwood había retratado personajes a ras de suelo con sus correspondientes historias, no se había puesto ante una figura histórica del calado de Nelson Mandela. El personaje quizás desborda con su sola presencia, hay mitos incontestables y Mandela es uno de ellos. Pero aún así como también apuntas, Invictus es digna de ser vista y confiamos en que la Academia premie la extraordinaria caracterización que obra Morgan Freeman.

Antonio Fernández Munárriz dijo...

Es una película que habla más que de un partido.Se trata de la superación de una división racial,politica,social...de reconciliación.

José Luis dijo...

Así es Antonio.

Cue dijo...

La pelicula me ha parecido magnifica y en ciertos puntos me ha emocionado hasta las lagrimas. Excelente revision.

hideki dijo...

Fue una excelente pelicula. Morgan debio merecer el Oscar por su actuaciòn

antonio dijo...

Me ha gustado;he tardado en verla pero vale la pena este nuevo trabajo de Clint Eastwood.Soy un gran fan de este director-actor, que lo borda en cada nuevo film.Está claro que le hace un homenaje a Nelson Mandela,totalmente merecido.No es de las mejores de este director, pero en todas deja su huella.Muy acertado tu estudio,Jose Luis.