lunes, 10 de mayo de 2010

Into the storm (Película, 2009)


Into the storm

(Into the storm: Churchill at war. USA, 2009)


70 Aniversario del nombramiento de W. Churchill

-Autor: José Luis Urraca Casal-


Nacido para liderar a su pueblo en su hora más difícil

[Este artículo está protegido por derechos de autor. Ver detalles al final del mismo] Hoy se cumplen exactamente 70 años desde que el 10 de mayo de 1940, Winston Churchill fuese llamado a formar gobierno como primer ministro de Gran Bretaña. En Un Mundo de Cine repasamos el telefilm Into the Storm producido por la HBO y la BBC -y que cuenta con Ridley y Tony Scott en la producción ejecutiva- el cual nos ofrece un apasionante y cautivador a la vez que edificativo retrato de uno de los hombres más emblemáticos del Siglo XX y del papel que éste representó como adalid de la lucha contra el nazismo en lo que fue uno de los momentos más dramáticos y decisivos de la historia reciente de la humanidad, la Segunda Guerra Mundial. Continuación independiente de Into the storm (2002), el film recibió 13 nominaciones en los premios Emmy del pasado año, recibiendo su protagonista, Brendan Gleeson el de mejor actor de televisión por su realista y humana interpretación del personaje.
[Autor del artículo: José Luis Urraca Casal. Licenciado en Historia]
Julio de 1945, la Segunda Guerra Mundial ha finalizado en Europa. El aún primer ministro Winston Churchill descansa por primera vez unos días junto a su mujer en la costa francesa de Hendaya, fuera del país que durante cinco largos años ha dirigido incansablemente en su lucha contra la amenaza de la Alemania nazi. Y allí, tomando un baño en las ahora tranquilas aguas del Golfo de Vizcaya, mientras aguarda en tensa espera los resultados de las elecciones que acaban de celebrarse y que decidirán su futuro, la mente de Winston viaja en el tiempo y rememora cómo empezó todo, cuando un turbulento 10 de mayo de 1940 fue nombrado Primer Ministro de Gran Bretaña para hacer frente a uno de los mayores desafíos de su Historia.
[Este artículo es una creación original y está protegido por derechos de autor]

La película Into the Storm (2009) –que vendría a traducirse por “En la tormenta”- retoma el pulso de la Historia prácticamente allí donde lo concluía –tan sólo unos meses más tarde- su precuela The Gathering Storm (2002), el film ya abordado por el profesor Gómez Ochoa en nuestra página www.unmundodecine.com. Si el primero de los mismos nos mostraba una apasionante semblanza de Winston Churchill en el Período de Entreguerras durante la década de 1930, en su incansable alerta del peligro, del que estaba profundamente convencido, que representaba la Alemania nazi de Adolf Hitler, Into the storm recorre los años entre 1940 y 1945, circunscribiéndose al tiempo en que se desarrolló el primero de sus mandatos como primer ministro de Gran Bretaña y que se corresponden con el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial.
[Autor del artículo: José Luis Urraca Casal. Licenciado en Historia]
Ambos telefilms, producidos por la HBO en colaboración con la BBC, gozan de una gran calidad cinematográfica, y realizan una asombrosa semblanza del personaje histórico no exenta de los claroscuros inherentes al mismo. Si bien a esta segunda entrega puede achacársele escaso tiempo en sus 100 minutos de duración para abarcar unos años plagados de acontecimientos históricos, muchos de los cuales se echarán en falta, además de ser necesario tener en cuenta que la guerra se aborda desde la perspectiva concreta de Gran Bretaña y no incluye todos los teatros de operaciones. Por el contrario el personaje de Winston Churchill sí es abordado desde diversos ángulos, que incluyen además de los del político conservador y estadista que lideró al país durante la guerra, los de su vida más personal, estando dedicado gran parte del metraje a la relación con la que sin duda fue su más firme apoyo y leal compañera, su esposa Clementine. La labor del guionista Hugh Whitmore siete años después de escribir The gathering storm, ha tratado de retratar el período, y no de cubrir toda la guerra, captando la esencia del personaje, y en vista del resultado final, podemos concluir que ha sabido hacerlo con gran maestría. Aunque bien hubiera merecido un mayor desarrollo en formato de miniserie, tal y como la HBO ya hizo con John Adams (2008)… a quienes puedan quedarse con ganas de más, les queda el consuelo de que Ridley Scott -uno de los productores ejecutivos junto con su hermano Tony Scott- ha anunciado la intención de rodar la vida posterior de Churchill a la contienda en lo que sería una tercera entrega que cerraría la trilogía de uno de los personajes más emblemáticos del Siglo XX, profundizando más en la esencia del personaje y en su lucha contra la depresión que caracterizaría esos años.
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Su hora mejor
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La La mente de Winston Churchill nos remonta al 10 de mayo de 1940, aquella madrugada, los ejércitos alemanes iniciaban la invasión de Bélgica, Holanda y Luxemburgo. El primer ministro Neville Chamberlain había fracasado en su intento de formar un gobierno nacional de coalición con los laboristas, su política de apaciguamiento ante las ambiciones territoriales de Adolf Hitler, y posteriormente los fracasos durante los primeros meses de la guerra iniciada en 1939 le llevaban a presentar su dimisión. Dos hombres de su partido eran las opciones para sucederle, el Ministro de Asuntos Exteriores Lord Halifax, amigo personal del Rey y Winston Churchill, sobre quien finalmente recaería la elección.
[Autor del artículo: José Luis Urraca Casal. Licenciado en Historia]
El film nos muestra a partir de ese día la sucesión de los hechos que sobretodo durante los siguientes meses llevarían a Gran Bretaña a una situación crítica, y lo hace con efectividad a través de grandes y tensos momentos: la rápida e inesperada derrota y rendición de Francia, las reuniones y deliberaciones del gabinete para hacer frente a la situación, el aislamiento del ejército británico en la costa francesa y el milagro de Dunkerque, por el que se logró transportar por mar a 335.000 soldados en una insólita operación que reunió a todas las embarcaciones disponibles del país, o la posterior lucha que en los meses de agosto y septiembre se libró en los cielos británicos entre la RAF y la Lufwafe por la supremacía aérea, decisiva para la invasión alemana de la isla.
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Y a Breendan Gleeson lo vemos como un Winston Churchill que a sus casi 64 años despliega una actividad incansable, trabajando o dictando sus discursos a su secretaria, y pronunciándolos ante el Parlamento o dirigiéndoles a la nación a través de las ondas, logrando el film una concatenación de imágenes loable en el caso de aquel 4 de junio “…lucharemos en las playas, lucharemos en los lugares de aterrizaje, lucharemos en los campos y las calles, lucharemos en las colinas. Jamás nos rendiremos…”, alternando su intervención en el Parlamento, con el estudio de radio y los ciudadanos pendientes de sus palabras en pubs, fábricas, fábricas y hogares, fiel reflejo de cómo su elocuente oratoria fue crucial a la hora de mantener la moral de su pueblo. Pero lo que sobretodo realiza el film es una lectura de un Churchill inquebrantable, que rechaza cualquier tipo de negociación o pacto con Hitler, que habla sin tapujos –las guerras no se ganan con retiradas-, y que logra contagiar a su pueblo la necesidad de sacrificio antes de doblegarse ante la imparable maquinaria de guerra alemana y aquello que representa la victoria del nazismo.
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La relación con el presidente Franklin Delano Roosevelt y la necesidad de la ayuda estadounidense; algunas de las Conferencias entre los tres grandes (Roosevelt, Stalin y Churchill) como Teherán o Yalta; la guerra submarina en el Atlántico que privaba a Gran Bretaña de suministros; tensos debates, como el que tuvo lugar tras la pérdida inimaginable de Singapur… son otros de los momentos por los que atraviesa Into the storm. Sin eludir y contextualizar controvertidas decisiones como los bombardeos de las ciudades alemanas y más concretamente la destrucción de Dresde. En el plano de las ausencias, las victorias del norte de África –se pone fundamentalmente el acento en los reveses, hasta que llega el Día D- o la Conferencia de Postdam de 1945, donde conoció realmente su derrota electoral, y no en sus vacaciones en Hendaya, como hace ver el film. Añadido al exiguo trasfondo de lo tratado –apenas unas pinceladas- en esas conferencias donde se decidiría el mundo de la posguerra, con decisiones cruciales, como dejar Polonia en manos de los soviéticos, algo que Churchill no pudo evitar.
[Autor del artículo: José Luis Urraca Casal. Licenciado en Historia]
Into the storm también nos muestra y permite conocer –con limitaciones- a algunos de los principales colaboradores del primer ministro y de las personas con las que mantuvo una estrecha relación, destacando la ausencia de quien su fuera su delfín y ministro de Asuntos Exteriores, Anthony Eden. Así en su equipo más cercano, el general Ismay (Robert Pugh), su secretario privado Jock Colville (James D’Arcy), el capitán Pim (Terrence Hardiman), su ayuda de cámara Sawyers (Adrian Scarborough) o su médico, el doctor Moran (Michael Elwyn). En el plano de su gabinete, inicialmente Lord Halifax (Donald Sumpter) y el líder laborista Clement Atlee (Bill Paterson) muy bien caracterizado y con importante presencia en la película. En el terreno militar, el general del aire Arthur Bomber Harris (Michael Pennington), el general Alan Brooke (Geoffrey Kirkness) o el mismísimo General Montgomery (Patrick Malahide), aunque sólo en una escena referente a la defensa de la costa sureste de Gran Bretaña en 1940. Importante papel y no menos importantes escenas la de Iain Glen como el Rey Jorge VI, la excelente caracterización de Aleksei Petrenko como Josef Stalin o la de Len Cariou como el presidente Roosevelt.
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Luces y sombras del león
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Y a ese Winston Churchill interrogando por dónde está su siesta en la apretada agenda de su primer día como premier británico; subiendo a la azotea del edificio para contemplar el bombardeo de Londres desafiando el peligro mientras los demás bajan al refugio; acudiendo a visitar a los pilotos un aeródromo; imponer –emotiva y singular escena- la Cruz Victoria a un piloto herido, el guión no oculta su temperamento impulsivo y visceral en su actuación, ni su conservadurismo –no cree en el Estado de Bienestar que propugnan los laboristas, y a veces descarga su mal humor en su ayuda de cámara (porque al valet no le importa, al ser un sirviente, piensa él)-, retratándole como un hombre que había nacido destinado para librar esa batalla guiando a su amada Inglaterra y al Imperio Británico, pero que de acuerdo se vislumbra el final de la misma, va perdiendo el interés por los temas ordinarios de tiempos de paz, y ese mismo espíritu indómito, beligerante, confiado y personal suyo que ha resultado se tan crucial, se vuelve entonces contra si mismo.
[Autor del artículo: José Luis Urraca Casal. Licenciado en Historia]
Un hombre igualmente vulnerable, que nunca ha viajado –como cuenta su esposa- en autobús, y que cuando una sola vez lo hizo en el metro –durante la huelga general de 1926- tuvo finalmente que pedir ayuda porque no sabía dónde tenía que bajarse; que no recibió la atención y el cariño suficientes por parte de sus padres; que acostumbra a recordar experiencias de su dilatada vida – en 1895 estuvo presente como corresponsal en la Guerra de Cuba, participó a los 23 años en la batalla de Omdurman (1898), combatió en Sudáfrica contra los boers, se convirtió en diputado a los 25 años, ministro a los 31, primer Lord del Almirantazgo durante la I Guerra Mundial, dirigió la lucha contra el IRA…-, cuya salud se resiente y que en ocasiones, en privado, se ve angustiado y pesaroso, lo que muestra indicios de su lucha contra la depresión años más tarde.
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Y esa faceta igualmente humana del personaje se pone especialmente de relieve a través de las escenas que comparte con su mujer Clemmie (interpretada por Janet McTeer) vivo ejemplo de esa tarea muchas veces olvidada del importante papel que juegan las a veces sacrificadas y sufridas mujeres de los grandes hombres, y que en este caso se nos muestra como su mejor confidente y protectora, así como quien mejor le conoce. Es en ausencia de los flashback que nos transportan al inmediato pasado de la guerra, junto a Clementine en esos días de descanso soleados en la costa francesa, el recurso que el director Thaddeus Sullivan utiliza para despojarse del mito épico y mostrarnos a un hombre.

Autor: José Luis Urraca Casal. Licenciado en Historia por la Universidad de Cantabria. Para
www.unmundodecine.com

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A continuación puede verse el tráiler de Into the storm (2009):


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2 comentarios:

Anónimo dijo...

Churchill es un personaje historico que desde siempre se ha sentido atraido Jose Luis.
Esto se nota a la hora de escribir lo que hemos leido.
Churchill es un politico clave en Reino Unido y no esta mal que le vuelvan a recordar.

Anónimo dijo...

He visto esta noche el film en ARTE y creo que es una recreación magnífica. Y el artículo que comento igualmente capta tanto el sentido último como los principales capítulos del film. Debería poder verse en los cines comerciales.