(Captain James Cook. Serie de TV. Australia, 1987)
-Autor: José Luis Urraca Casal-
Apasionantes viajes en una de las mejores series de los 80
[Este artículo está protegido por derechos de autor. Ver detalles al final del mismo] Este próximo 29 de abril se cumple el 240 aniversario desde que el explorador inglés James Cook puso por primera vez pie en tierra del continente australiano, en Botany Bay, origen de la actual Sydney. En nuestro mes dedicado en Un Mundo de Cine a Gran Bretaña, hemos querido recuperar una de las miniseries de más alto nivel realizadas en la década de 1980, estrenada en España bajo el título de Capitán Cook, y que nos invita a acompañar mediante una muy fiel adaptación histórica, a este célebre marino, el último grande de la época de los descubrimientos, en unos viajes apasionantes, con un reparto internacional encabezado por Keith Michel, John Gregg, Fernando Rey y Xavier Elorriaga. Sus tres travesías en las que le acompañaron botánicos, naturalistas, artistas y astrónomos causaron gran sensación en la sociedad del momento, y sentaron las bases de los viajes exploratorios, mezcla de espíritu científico e intereses políticos de lo que sería el Imperio Británico en el Pacífico.
[Autor del artículo: José Luis Urraca Casal. Licenciado en Historia]

El 24 de abril de 2008 invitaba a navegar a nuestros lectores por medio de la miniserie To the ends of the earth (2005) basada en las novelas náuticas de William Golding, en lo que era un viaje común a las antípodas del continente europeo a comienzos del Siglo XIX, Australia. Hoy, justamente dos años después, nos remontamos tan sólo unas décadas en el tiempo para recordar a un marino excepcional que guarda especial relación con el continente, James Cook (1728-1779), a su popular gesta, a la vez que extraordinaria aventura, la de “descubrir” los últimos rincones del globo terráqueo que aún quedaban en blanco, llegando más lejos de lo que ningún europeo había llegado hasta entonces.
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No voy a ocultar que para quien escribe estas líneas, Capitán Cook sigue siendo aún a día de hoy, la mejor miniserie de televisión realizada en la década de 1980 y que acompaña siempre a su recuerdo un especial halo romántico y emotivo, propio de la temprana edad con que la vio en su día. Estrenada en 1988, se trató de una coproducción internacional entre la cadena ABC de Australia y Revcom, junto con otros entes televisivos como Televisión Española (TVE). Y es fruto de esta colaboración que podemos disfrutar en su reparto de dos actores españoles de la talla de Fernando Rey y Xavier Elorriaga en papeles de primer orden.
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La era de los descubrimientos
[Autor del artículo: José Luis Urra
ca Casal. Licenciado en Historia]Lo primero que debemos de hacer antes de enfrentarnos a la serie, es ponernos en situación. Desde el Siglo XV, los europeos habían iniciado la búsqueda de nuevas rutas comerciales fuera del continente dando inicio a lo que hoy es conocido como era de los descubrimientos. Ello conllevó la exploración de nuevas tierras, la cartografía de continentes e islas y el consiguiente reparto y progresiva ocupación de los mismos, cuando esto resultaba posible. A la altura del Siglo XVIII, América del Sur y Central estaban bajo el dominio de los reinos de la Península Ibérica, España y Portugal, el este de Norteamérica en manos de ingleses y franceses, se había dibujado el mapa costero de África, y el del sureste asiático, pero aún quedaba por plasmar en los mapas y cartas de navegación de la época aquello que pudiera existir al sur de las indias orientales holandesas (la actual Indonesia) y del Pacífico.
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Sin predicciones metereológicas, expuestos a las tormentas que les sobrevenían si previo aviso, sin la tecnología actual para medir la posición o la velocidad, ayudados por sextantes, capaces de calcular con precisión la latitud, pero no la longitud, y con el riesgo del escorbuto, una mortal enfermedad que aparecía a las seis semanas de estar en altamar por la falta de vitamina C - enfermedad de la que desconocían su origen- los marinos de aquella época que realizaban viajes transoceánicos se lanzaban auténticamente a la aventura.
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Un viaje confluencia de intereses científicos y políticos
[Autor del artículo: José Luis Urraca Casal. Licenciado en Historia]

La Royal Society de Londres que desde su fundación en 1660 se había dedicado a promocionar el saber y la ciencia, en 1768 se propuso fletar un buque para hacerlo llegar hasta la recién descubierta isla de Haití en el Pacífico, pues éste había de ser uno de los 76 puntos del planeta desde los que se observase un fenómeno único, el cruce del planeta Venus por delante del sol, hecho que no se repetiría hasta pasados otros 120 años y que era considerado necesario para establecer la medición del tamaño del sistema solar, algo soñado por la comunidad científica. Al mismo tiempo la Royal Navy estaba particularmente interesada en la expedición, pues el Pacífico Sur era una región inexplorada en la que se creía que debía hallarse una gran continente situado entre las costas de Chile y las Indias Orientales Holandesas (la actual Indonesia), al que denominaban Terra Australis Incognita, territorio sobre el que a Inglaterra se le ofrecía la oportunidad de establecer la hegemonía y extender su Imperio.
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La serie de televisión muestra estos aspectos desde un principio. Sobre quién había de dirigir tal expedición, tanto la marina como la sociedad científica trataron de colocar a sus hombres, de ahí que veamos a Alexander Dalrymple, un reputado geógrafo de la época miembro de la Real Sociedad, quien tenía experiencia en las Indias Orientales y que era el principal defensor de la teoría de la Terra Australis, abogar insistentemente porque se le confiriera el mando absoluto de la expedición. Sin embargo prevaleció el sentir de la marina, y fue escogido un navegante que ni siquiera era oficial, pero que ya había demostrado gran pericia como marino, cartografiando la costa de Québec en Canadá, James Cook.
[Este artículo está protegido por derec
hos de autor. Ver detalles al final del mismo]Dalrymple se quedaría en tierra, pero el carácter científico de la misión quedaría asegurado mediante la presencia del botánico Joseph Banks quien entró a formar parte del viaje, costeando de su propio pecunio el viaje de otros colegas. Entre los mismos se encontraron su amigo el botánico sueco Daniel Solander uno de los alumnos más aventajados de Linneo; el también naturalista finlandés Herman Spöring; el astrónomo Charles Green, el artista escocés Sydney Parkinson, quien realizaría más de 264 dibujos sobre las especies recogidas en la expedición o el pintor de paisajes Alexander Buchan. Algunos de los mismos no regresarían con vida de la expedición.
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James Cook y Joseph Banks
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El título de la serie lleva por nombre el del capitán James Cook, pero sí es necesario precisar que en 1768, en el momento de iniciarse la expedición, Joseph Banks, un noble de 25 años de gran fortuna, le superaba en reconocimiento. Ya había realizado viajes a la región de Labrador en Canadá donde se había destacado como botánico, campo al que se dedicó por completo, además era miembro de la Real Socied
ad. Por el contrario, Cook provenía de una familia humilde –de joven había sido granjero con su padre- lo cual era un gran obstáculo para ascender en el escalafón de la marina real –le oímos decir que el no ser todavía oficial le produce enfado por no haber tenido amigos ricos para llegar a serlo-, a la que había ingresado proveniente de la marina mercante donde tenía experiencia navegando en veleros de carga de carbón, factor determinante a la hora de elegir el Endeavour. El guión de la serie refleja vivamente estos hechos, mientras que Cook tiene un sencillo hogar y sus actitudes son igualmente sencillas, por el contrario a Banks se le muestra con modos refinados propios de la nobleza, elegantemente ataviado, acostumbrado a que se cumpla todo aquello que desea, y manejándose con una gran seguridad de sí mismo. El carácter de ambos hombres proporciona a través de sus frecuentes enfrentamientos algunos de los mejores momentos de los dos primeros capítulos, entre un Cook (Keith Michell) preocupado por la seguridad y los fines exploratorios de la misión, y un Banks (John Gregg) que junto a sus colegas no hacen sino “perder el tiempo” recolectando apasionadamente todo tipo de plantas y fauna, ocupando el espacio de las estancias del barco y cantando y riendo hasta altas horas de la madrugada incomodando con ello a la oficialidad del barco.[Este artículo está protegido por derechos de autor. Ver detalles al final del mismo]
Rumbo hacia donde nadie antes había llegado
[Autor del artículo: José Luis Urraca Ca
sal. Licenciado en Historia]Emitida en su día por televisión en ocho capítulos, su edición en DVD está dividida en cuatro, los dos primeros se corresponden con el primero de los viajes, el realizado entre 1768 y 1771, y quizá sean los mejores del conjunto, siendo el tono desde que el Endeavour zarpa de Plymouth, el más ilusionante, novedoso y aventurero. El tercer capítulo se corresponde con el segundo de los viajes (1772-1775) y el cuarto capítulo con la tercera y última de las travesías (1776-1779), mostrándose progresivamente un tono menos vivaz y sí más fatalista, a la vez que se detallan menos acontecimientos, como la ausencia de la exploración de la costa oeste de Norteamérica.
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La trama nos muestra las dificultades a las que se enfrentaban en estos largos viajes, -sólo de Inglaterra a Tahití emplearon 8 meses de travesía- el peligro de las tormentas o el de los arrecifes. La severidad de los castigos habituales en la marina real, impuestos por Cook incluso a quienes no cumplían con sus normas de higiene y alimentación, pues implantó una dieta que incluía chucrut y cítricos que logró el hecho histórico en un viaje de este tipo de no perder una sóla vida a causa del escorbuto, enfermedad morta
l que hasta entonces había llegado a diezmar tripulaciones. Asistimos a los recibimientos que recibían en islas como Tahití por parte de unos nativos que les dispensaban una gran hospitalidad –lo que contrasta con otros aborígenes más belicosos de Nueva Zelanda o Australia- la cual incluía una gran propensión de las mujeres a mantener relaciones con los hombres venidos del mar. Podemos hacernos perfectamente una idea del efecto que la desnudez y el comportamiento de las mismas tenían sobre quienes venían de una puritana sociedad europea, en ambos sentidos, el de que quienes lo abrazaban y quienes por otra parte lo rechazaban por indecoroso - como se hace ver que es el caso del botánico del segundo viaje, Forster-. Asimismo los diferentes conceptos de propiedad, llevaban a los tahitianos a protagonizar lo que los europeos consideraban robos, y que en el caso del sextante astronómico, puso en peligro la propia misión de la expedición. La estrategia para recuperarlo, como en el caso de dos marinos desertores en el momento de partir de la isla, fue la toma como rehenes a bordo del Endeavour de miembros de la realeza local, lo cual fue respondido de modo pacífico y satisfactorio en Tahití pero tendría fatales consecuencias para Cook nueve años más tarde en Hawai.[Este artículo está protegido por derechos de autor. Ver detalles al final del mismo]
En junio de 1769 realizaron en Tahití las mediciones del paso de Venus, y Cook procedió a abrir las órdenes secretas del Almirantazgo, por las que debía explorar el Pacífico Sur en busca de la Terra Australis. Durante seis meses bordeó y cartografió con gran precisión la costa de Nueva Zelanda, determinando que eran dos islas separadas, y en abril de 1770 se puso por primera vez pie en tierra de la costa oriental de la actual Australia, en la bahía que acabaría denominándose Botany Bay en honor de los científicos que tanto trabajaron en la misma y por las especies únicas allí encontradas. En su regreso descubrió la Gran Barrera de Coral al encallar el 11 de junio el Endeavour en el arrecife, hecho que no hundió el barco de manera milagrosa. Durante su estancia en Batavia para realizar reparaciones algunos hombres contraerían enfermedades como la malaria y la disentería lo que tendría efectos devastadores en el viaje de vuelta, pereciendo más de una treintena, entre los que se encontrarían Herman Spöring, Charles Green y Sydney Parkinson.
[Autor del artículo:
José Luis Urraca Casal. Licenciado en Historia]El regreso para Joseph Banks fue triunfal, junto a sus compañeros habían logrado catalogar cientos de nuevas especies y traerlas a Inglaterra, siendo el responsable de introducir en Europa el eucalipto, las acacias y las mimosas. Se pondría al frente de los Reales Jardines Botánicos de Kew, a los que convertiría en los más importantes del mundo, y se convertiría en amigo y asesor científico del rey Jorge III. Para Cook el recibimiento no fue el mismo, dos de sus hijos habían muerto en su ausencia. Banks, ahora una celebridad, trató de tener más peso en la nueva expedición que habría de emprenderse, pero finalmente quedaría fuera de la misma, pues, como vemos graciosamente en el tercer capítulo de la serie, los arreglos que realizó en el Resolution, uno de los dos barcos que habían de protagonizar el segundo viaje, lo hacían totalmente impracticable en el mar. Sólo emprendería un nuevo viaje fuera de Inglaterra a Islandia, en compañía del teniente Gore, el segundo de a bordo de Cook en el Endeavour.
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Lo que sigue a continuación, se lo dejamos descubrir a ustedes si tienen oportunidad de ver esta miniserie que muestra al navegante cuyos viajes sentaron la base para enviar botánicos y científicos en los viajes exploratorios a partir de entonces. Cook todavía habría de descubrir un buen número de nuevas islas, como Hawai en 1768, probar la inexistencia de la Tierra Australis Incognita, cruzar el Círculo Polar Antártico, ser nombrado miembro de la Royal Society, dar tres veces la vuelta al globo terráqueo, o intentar encontrar un paso navegable entre los Océanos Atlántico y Pacífico por el norte de América, expedición en la que le acompañaría un avezado marino de 21 años llamado William Bligh, quien años más tarde pasaría a la historia al comandar el viaje de La Bounty.
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Un reparto de australianos y españoles
[Autor del artículo: José Luis Urraca Casal. Licenciado en Historia]

Uno de los aspectos más cuidados de la serie dirigida por un veterano de la televisión inglesa como Lawrence Gordon Clark, aparte de su fotografía y de su sensacional banda sonora, obra del español José Nieto, es el referente al reparto. El carácter internacional de la producción permite disfrutar de actores de muy diversa nacionalidad. El papel principal, el de James Cook, lo interpreta el actor de origen australiano hoy retirado, Keith Michell, uno de los grandes de la pequeña pantalla anglosajona durante las décadas de 1970 y 1980, baste recordar su interpretación en Las seis esposas de Enrique VIII en el papel del monarca. Nos lega un Cook temperamental, hecho para la vida en la mar, preocupado por el éxito de sus misiones y lograr nuevas hazañas para asegurar su carrera y el futuro de su familia, a la que apenas vería durante los últimos 11 años de su vida. El también australiano John Gregg, quien acaba de participar en la miniserie Darwin’s Brave New World, da vida con soltura y un aura genuinamente nobiliario y científico al botánico Joseph Banks, quien habría de ostentar la presidencia más larga de la Royal Society durante nada menos que 42 años. Tanto Michel como Banks sin embargo presentan un desfase de 20 y 27 años respectivamente en las edades reales de sus personajes (25 años tenía Banks y 39 Cook en el momento del primer viaje).
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El español Fernando Rey encarna a Lord Hawke, primer Lord del Almirantazgo durante la primera expedición de Cook, y lo hace otorgándole un porte venerable al reputado almirante, a la vez que el actor muestra un solvente uso del inglés, hasta el punto de no necesitar ser doblado en la versión original. Xavier Elorriaga da vida a Lord Johnny Sándwich, a quien Cook se encontró dirigiendo el Almirantazgo al regreso de su primer viaje. Elorriaga igualmente aporta un semblante y una caracterización extraordinaria de este personaje que ocupó en tres ocasiones este cargo a lo largo de su vida y al que se muestra como directamente responsable de que Cook aceptase realizar el tercero y último de sus viajes cuando ya se había retirado y con cuyo nombre bautizó al archipiélago de las islas Hawai.
[Autor del artículo: José Luis U
rraca Casal. Licenciado en Historia]La británica Carol Drinkwater encarna a Elizabeth Batts, la mujer con la que Cook contrajo matrimonio a los 34 años de edad y con la que tendría seis hijos. La dura vida de la mujer de un marino queda reflejada en su personaje, quien ha de quedarse cuidando de sus hijos durante las largas ausencias de su marido, tres de los cuales no sobrepasarían la edad de la infancia. De hecho Elizabeth sobreviviría a su Cook y a todos sus hijos, muriendo en 1835 a la edad de 93 años.
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Entre el resto del reparto los alemanes Erich Hallhuber como el teniente John Gore, y Udo Vioof como el naturalista Johann Reinhold Forster; el francés Jacques Penot como el teniente Charles Clerke; el británico Steven Grives como el sargento de marines Samuel Gibson, quien lo acompañaría en sus tres viajes; el neozelandés Noel Trevarthen como el almirante Sir Hugh Palliser; y los australianos Barry Quin (el teniente Hicks), David Whitney (el maestro de navegación William Bligh), Peter Carroll (el botánico Daniel Solander), Benjamín Franklin (el geógrafo Alexander Dalrymple).
Autor: José Luis Urraca Casal. Licenciado en Historia por la Universidad de Cantabria. Para www.unmundodecine.com
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A continuación puede verse en alemán de la llegada a Tahití y el tema de la banda sonora compuesto por José Nieto:










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