miércoles, 14 de diciembre de 2011

La Conspiración (Película, 2011)



La conspiración

(The Conspirador. USA. Robert Redford, 2011)

-Autor: José Luis Urraca Casal*-



Robert Redford comparece de nuevo detrás de la cámara ante la gran pantalla para contarnos un episodio escasamente conocido, el de uno de los procesos judiciales más importantes de la historia de Estados Unidos, el que prosiguió al asesinato del presidente Abraham Lincoln. La Conspiración es una mezcla de drama judicial y thriller político de gran altura, una historia correctamente plasmada en pantalla, una rigurosa recreación de los hechos y al mismo tiempo un ejercicio didáctico de primer orden al situar al espectador ante un dilema de plena actualidad. El film se beneficia de un sólido tandem protagonista de la historia, formado por una magnífica Robin Wright y un correctísimo James McAvoy al que hay que sumarle un reparto de peso formado por Kevin Kline, Tom Wilkinson, Danny Huston o Rachel Ewan Wood. Si a esto le sumamos el trabajado guión de James Solomon, una acertada fotografía de Newton Thomas Sigel, el solemne dramatismo de la composición musical de Mark Isham o la impecable labor de vestuario, de ambientación y de localización de los escenarios donde se desarrolla el film, no podemos sino concluir que estamos ante una loable y didáctica recreación histórica y, sin duda, ante una de las películas del año.

Reciente el 200 aniversario del nacimiento y próximo el 150 aniversario de la muerte del decimosexto presidente de los Estados Unidos, Hollywood vuelve su mirada hacia Abraham Lincoln (1809-1865), una de las figuras más emblemáticas que han ocupado la Casa Blanca y dirigido el rumbo de la gran nación norteamericana. Si Steven Spielberg acaba de comenzar el rodaje de un film sobre los últimos cuatro meses del mandato de Lincoln que estrenará a finales de 2012, tras la celebración de las elecciones presidenciales, Robert Redford acaba de hacer llegar a nuestras pantallas “La Conspiración”. Sin embargo, y aunque el punto de partida es el del magnicidio de Abraham Lincoln, el primer presidente asesinado en la historia de Estados Unidos, el guión de la película donde realmente nos sumerge es en el proceso judicial que se emprendió contra los acusados de participar en la conspiración, y más concretamente en la suerte de Mary Surratt, madre de uno de ellos.

La noche del magnicidio

14 de abril de 1865, los Estados Unidos de América llevan ya cuatro largos y cruentos años de guerra civil, y en Washington comienza a respirarse un aire festivo. Once días antes ha caído Richmond, la capital confederada, y tan sólo han transcurrido 5 jornadas desde la rendición del ejército del General Lee. El final de la contienda se vislumbra cada vez más cercano. Pero esa misma noche, un grupo de defensores de la causa sureña lleva a cabo su plan para asesinar al presidente Abraham Lincoln, al vicepresidente Andrew Johnson y al Secretario de Estado, William H. Seward. El objetivo, acabar con su vida y descabezar al gobierno de la Unión.

El film de Robert Redford, un veterano tras las cámaras desde que en 1980 dirigiera su primera película, “Gente Corriente”, nos hace asistir a la materialización del complot para asesinar al presidente Lincoln y miembros de su gobierno de una manera vívida e intensa sin apenas prolegómenos, haciéndonos partícipes del desconcierto y la sorpresa. La recreación es impecable y rigurosa, con escenas como la de John Wilkes Booth, quien tras disparar al presidente grita desde el escenario del Teatro Ford “Sic Temper Tyrannis” (Así siempre a los tiranos). La cámara, en medio de la confusión que le sucede, nos hace ser testigos de cómo el cuerpo malherido de Lincoln es trasladado por entre la multitud hasta una pensión al otro lado de la calle. La emoción del momento histórico se subraya con la intensidad dramática de la partitura de Mark Isham. Son instantes de conmoción para los presentes, y a medida que se extiende la noticia, para toda la nación. Como los titulares de periódico se encargan de recordarnos, un millón de personas tributará despedida a Lincoln en el viaje que su féretro recorre en ferrocarril hasta el que fuera su hogar en Springfield (Illinois).

En tiempos de guerra la Ley enmudece

Paralelamente, a los pocos minutos del magnicidio, el Secretario de Guerra Edwin Stanton toma las medidas necesarias para blindar la seguridad nacional y dirige la persecución de los conspiradores y la detención de todos aquellos sospechosos de haber tenido participación en los hechos. Finalmente 8 acusados son sentados, por decisión presidencial, ante un tribunal militar en lugar de uno civil, entre ellos Mary Surratt, madre de uno de los conspiradores. Y ahí es donde realmente la película de Redford termina por enfrentar al espectador a una situación que por histórica no deja de gozar de plena actualidad, encontrándose claros paralelismos con la situación vivida tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, en que por motivos de seguridad nacional y ante un ataque sin precedentes a la nación norteamericana, se ven sacrificados ciertos derechos constitucionales, anteponiéndose una solución rápida, eficaz y ejemplarizante a la propia búsqueda de la verdad, siendo proseguida por las invasiones de Afganistán e Irak.

Un joven abogado, héroe condecorado del ejército de la Unión, Frederick Aiken interpretrado por un correcto James McAvoy (acostumbrado ya a los papeles de época en películas como La joven Jane Austen o Expiación) será el encargado de defender a Mary Surratt, propietaria de la pensión donde se reunían los conspiradores, y madre del único de ellos que aún no ha sido apresado por la justicia, John H. Surratt. Aiken, participante del mismo sentimiento de la opinión pública que ha condenado ya de antemano a los acusados convencida de su culpabilidad, irá asistiendo a un juicio en el que todo parece estar decidido de antemano y en el que el peso de la administración del estado trata de neutralizar todos sus esfuerzos por realizar su defensa. La entereza y dignidad de esa mujer, brillantemente interpretada por Robin Wright, papel por el que no me cabe duda que recibirá una nominación a los Oscar de la Academia, acabará emplazando a Aiken a proseguir su labor como abogado de quien tiene derecho a ser defendida en un juicio justo, enfrentando los recelos y la incomprensión de su prometida y sus amigos, comprometiendo su posición social y desafiando al poder de la administración, encarnada principalmente en un irreconocible Kevin Kline quien da vida al Secretario de Guerra, Edwin Stanton. Un personaje con bastantes similitudes con miembros de la administración Bush, como el ex vicepresidente Dick Cheney o el ex Secretario de Defensa Donald Rumsfeld.

El final de la historia se lo dejamos descubrir a nuestros lectores de Un Mundo de Cine animándoles a disfrutar de uno de esos films que sin duda engrandecen la historia del séptimo arte y que no hay que dejar pasar. El magnicidio no es sino el pretexto para contarnos una historia escasamente conocida, narrada sin florituras, que para focalizar la atención en la cuestión de las garantías constitucionales, deja al margen cuestiones importantes de fondo como la de la abolición de la esclavitud, la cual exacerbó el odio de personas como John Wilkes Booth hacia el presidente Lincoln, quien tan sólo unos días antes en uno de sus discursos se había pronunciado sobre la posibilidad de concederle el derecho al voto a ciertos negros. Redford y el guión de James Solomon no tratan tanto de decantarse por la culpabilidad o inocencia de Mary Surratt -como el propio personaje de Aiken concluye al final de la película, es algo que posiblemente nunca sabremos- sino de poner el dedo en la llaga, de la falta de un juicio justo que permita hallar la verdad, en la importancia de las garantías constitucionales que salvaguardan los derechos del individuo, y deja en manos del espectador la respuesta a si en situaciones límite y de peligro como la reflejada, en aras de la seguridad y el orden, nuestras sociedades pueden permitirse el lujo de prescindir de ellas.

*Autor: José Luis Urraca Casal. Licenciado en Historia por la Universidad de Cantabria. Para www.unmundodecine.com

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· Lincoln en Illinois (John Cromwell, 1940)
· John Adams (Serie de la HBO, 2008)
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A continuación puede verse el tráiler de la película La Conspiración:


4 comentarios:

Anónimo dijo...

genial, a mí me encantó

isa

Campurriana dijo...

Habrá que ir a verla. A mí también me han hablado bien de ella...
Y, es cierto, es una parte de la historia que no se conoce demasiado por estos lares...

Encantada de leeros de nuevo.

José Luis dijo...

Me alegro de que tuviese tan buena acogida en tí Isa, lo merece. Campurriana, no dejes pasar la oportunidad, de verdad que en este caso merece realmente la pena. Y sí, hemos vuelto, y agradecemos mucho que nos sigas leyendo.

antonio dijo...

Jose Luis me alegro que hayáis vuelto,
Echaba de menos vuestros comentarios.
Esta que analizáis la veré en un día de estos.Felices fiestas para todo el equipo de UN MUNDO DE CINE.